Mientras Bea Ferrón, propietaria de una farmacia en Ceuta, dormía esta mañana, no podía imaginar ni en sus peores pesadillas el traumático suceso que iba a sucederle minutos después. Sobre las siete de la mañana, cuando su marido ya se había levantado para comenzar su día y ella continuaba despertándose, notó como alguien entraba en su cama. Algo raro, ya que su pareja no suele volver a la habitación tras iniciar su mañana. Cuando Bea, tumbada de espaldas a su balcón, abrió los ojos y se giró para ver quien le acompañaba en su habitación, observó algo que nunca pensó tener que vivir: un chico inmigrante «en calzoncillos» dentro de su cama.Lógicamente, la denunciante, según comenta en conversación con ABC, comenzó a gritar buscando socorro, alertando a su marido, que se encontraba desayunando, y a su hijo. Entonces, el joven, mayor de edad, salió «por donde ha entrado: el balcón, que da a una azotea». No era la primera vez que observaban como los inmigrantes ocupaban los altos de los edificios. En este caso, esta azotea está compartida con un hotel, siendo un espacio ideal para esconderse. El marido de Bea, minutos después de levantarse, había alertado a la Policía Nacional de la presencia de inmigrantes en esta zona. Tras el traumático suceso, los agentes se personaron en la casa, identificaron al joven gracias a las indicaciones de Bea y, tras conseguir entrar a la azotea vía el hotel, lograron arrestar al denunciado.Aún con el susto en el cuerpo, Bea reconoce que se ha sentido «muy agredida como ciudadana y como mujer». Se pregunta, con miedo y pena, qué podría haber ocurrido si hubiese estado sola en su casa sin su marido y su hijo en casa: «Me ha dado tiempo a reaccionar cuando me he girado en la cama. Si no reacciono con tanta rapidez, no se qué hubiera pasado, porque no le he visto entrar». Mañana se celebrará el juicio rápido contra el joven agresor.Sin normalidad en la ciudadLa ciudadana de Ceuta ha querido agradecer el trabajo y la velocidad de la Policía Nacional para arrestar al incursor, aunque dice que faltan muchos refuerzos para poder volver a la normalidad en la ciudad autónoma. Bea confirma que la situación no ha mejorado desde la avalancha de personas que accedió a territorio español la semana pasada desde Marruecos. «Estamos compungidos, preocupados. No se puede dar un paso por las afueras de la ciudad, y, en el centro, la gente queda con amigos para acompañarse mutuamente a casa», lamenta, achacando que aún hay un gran número de inmigrantes que permanecen en la ciudad autónoma. A las mujeres, prosigue, «no las agreden, pero las miran y les hablan para que se sienta incómodas»: «No tienen respeto por nada, se vive muy incómodo. ¿Qué normalidad es esta?», reclama Bea a las instituciones, mientras confiesa que muchos productos básicos en el supermercado se encuentran agotados.«No tienen respeto por nada, se vive muy incómodo. ¿Qué normalidad es esta?»La realidad, según dice, es que estas personas, tras lograr cruzar la frontera la pasada semana, no están controladas por la administración local y se dedican a estar tumbados «en rincones» y dar vueltas por la ciudad sin respetar a los ciudadanos. Una situación que ha afectado en todos los niveles a Ceuta. Bea recuerda que la feria se ha cancelado por la crisis migratoria, que ya ni pueden acudir a la playa durante la época de más calor y que, en general, se vive con miedo durante el día y la noche. La ciudad autónoma, para Bea, ya no es un sitio seguro y tiene que lamentar situaciones de tensión incluso en su propia casa. Un episodio que seguramente tarde mucho en olvidar. Mientras Bea Ferrón, propietaria de una farmacia en Ceuta, dormía esta mañana, no podía imaginar ni en sus peores pesadillas el traumático suceso que iba a sucederle minutos después. Sobre las siete de la mañana, cuando su marido ya se había levantado para comenzar su día y ella continuaba despertándose, notó como alguien entraba en su cama. Algo raro, ya que su pareja no suele volver a la habitación tras iniciar su mañana. Cuando Bea, tumbada de espaldas a su balcón, abrió los ojos y se giró para ver quien le acompañaba en su habitación, observó algo que nunca pensó tener que vivir: un chico inmigrante «en calzoncillos» dentro de su cama.Lógicamente, la denunciante, según comenta en conversación con ABC, comenzó a gritar buscando socorro, alertando a su marido, que se encontraba desayunando, y a su hijo. Entonces, el joven, mayor de edad, salió «por donde ha entrado: el balcón, que da a una azotea». No era la primera vez que observaban como los inmigrantes ocupaban los altos de los edificios. En este caso, esta azotea está compartida con un hotel, siendo un espacio ideal para esconderse. El marido de Bea, minutos después de levantarse, había alertado a la Policía Nacional de la presencia de inmigrantes en esta zona. Tras el traumático suceso, los agentes se personaron en la casa, identificaron al joven gracias a las indicaciones de Bea y, tras conseguir entrar a la azotea vía el hotel, lograron arrestar al denunciado.Aún con el susto en el cuerpo, Bea reconoce que se ha sentido «muy agredida como ciudadana y como mujer». Se pregunta, con miedo y pena, qué podría haber ocurrido si hubiese estado sola en su casa sin su marido y su hijo en casa: «Me ha dado tiempo a reaccionar cuando me he girado en la cama. Si no reacciono con tanta rapidez, no se qué hubiera pasado, porque no le he visto entrar». Mañana se celebrará el juicio rápido contra el joven agresor.Sin normalidad en la ciudadLa ciudadana de Ceuta ha querido agradecer el trabajo y la velocidad de la Policía Nacional para arrestar al incursor, aunque dice que faltan muchos refuerzos para poder volver a la normalidad en la ciudad autónoma. Bea confirma que la situación no ha mejorado desde la avalancha de personas que accedió a territorio español la semana pasada desde Marruecos. «Estamos compungidos, preocupados. No se puede dar un paso por las afueras de la ciudad, y, en el centro, la gente queda con amigos para acompañarse mutuamente a casa», lamenta, achacando que aún hay un gran número de inmigrantes que permanecen en la ciudad autónoma. A las mujeres, prosigue, «no las agreden, pero las miran y les hablan para que se sienta incómodas»: «No tienen respeto por nada, se vive muy incómodo. ¿Qué normalidad es esta?», reclama Bea a las instituciones, mientras confiesa que muchos productos básicos en el supermercado se encuentran agotados.«No tienen respeto por nada, se vive muy incómodo. ¿Qué normalidad es esta?»La realidad, según dice, es que estas personas, tras lograr cruzar la frontera la pasada semana, no están controladas por la administración local y se dedican a estar tumbados «en rincones» y dar vueltas por la ciudad sin respetar a los ciudadanos. Una situación que ha afectado en todos los niveles a Ceuta. Bea recuerda que la feria se ha cancelado por la crisis migratoria, que ya ni pueden acudir a la playa durante la época de más calor y que, en general, se vive con miedo durante el día y la noche. La ciudad autónoma, para Bea, ya no es un sitio seguro y tiene que lamentar situaciones de tensión incluso en su propia casa. Un episodio que seguramente tarde mucho en olvidar. Mientras Bea Ferrón, propietaria de una farmacia en Ceuta, dormía esta mañana, no podía imaginar ni en sus peores pesadillas el traumático suceso que iba a sucederle minutos después. Sobre las siete de la mañana, cuando su marido ya se había levantado para comenzar su día y ella continuaba despertándose, notó como alguien entraba en su cama. Algo raro, ya que su pareja no suele volver a la habitación tras iniciar su mañana. Cuando Bea, tumbada de espaldas a su balcón, abrió los ojos y se giró para ver quien le acompañaba en su habitación, observó algo que nunca pensó tener que vivir: un chico inmigrante «en calzoncillos» dentro de su cama.Lógicamente, la denunciante, según comenta en conversación con ABC, comenzó a gritar buscando socorro, alertando a su marido, que se encontraba desayunando, y a su hijo. Entonces, el joven, mayor de edad, salió «por donde ha entrado: el balcón, que da a una azotea». No era la primera vez que observaban como los inmigrantes ocupaban los altos de los edificios. En este caso, esta azotea está compartida con un hotel, siendo un espacio ideal para esconderse. El marido de Bea, minutos después de levantarse, había alertado a la Policía Nacional de la presencia de inmigrantes en esta zona. Tras el traumático suceso, los agentes se personaron en la casa, identificaron al joven gracias a las indicaciones de Bea y, tras conseguir entrar a la azotea vía el hotel, lograron arrestar al denunciado.Aún con el susto en el cuerpo, Bea reconoce que se ha sentido «muy agredida como ciudadana y como mujer». Se pregunta, con miedo y pena, qué podría haber ocurrido si hubiese estado sola en su casa sin su marido y su hijo en casa: «Me ha dado tiempo a reaccionar cuando me he girado en la cama. Si no reacciono con tanta rapidez, no se qué hubiera pasado, porque no le he visto entrar». Mañana se celebrará el juicio rápido contra el joven agresor.Sin normalidad en la ciudadLa ciudadana de Ceuta ha querido agradecer el trabajo y la velocidad de la Policía Nacional para arrestar al incursor, aunque dice que faltan muchos refuerzos para poder volver a la normalidad en la ciudad autónoma. Bea confirma que la situación no ha mejorado desde la avalancha de personas que accedió a territorio español la semana pasada desde Marruecos. «Estamos compungidos, preocupados. No se puede dar un paso por las afueras de la ciudad, y, en el centro, la gente queda con amigos para acompañarse mutuamente a casa», lamenta, achacando que aún hay un gran número de inmigrantes que permanecen en la ciudad autónoma. A las mujeres, prosigue, «no las agreden, pero las miran y les hablan para que se sienta incómodas»: «No tienen respeto por nada, se vive muy incómodo. ¿Qué normalidad es esta?», reclama Bea a las instituciones, mientras confiesa que muchos productos básicos en el supermercado se encuentran agotados.«No tienen respeto por nada, se vive muy incómodo. ¿Qué normalidad es esta?»La realidad, según dice, es que estas personas, tras lograr cruzar la frontera la pasada semana, no están controladas por la administración local y se dedican a estar tumbados «en rincones» y dar vueltas por la ciudad sin respetar a los ciudadanos. Una situación que ha afectado en todos los niveles a Ceuta. Bea recuerda que la feria se ha cancelado por la crisis migratoria, que ya ni pueden acudir a la playa durante la época de más calor y que, en general, se vive con miedo durante el día y la noche. La ciudad autónoma, para Bea, ya no es un sitio seguro y tiene que lamentar situaciones de tensión incluso en su propia casa. Un episodio que seguramente tarde mucho en olvidar. RSS de noticias de espana/andalucia
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