En la calle Madrid , un sol de primavera se ciñe sobre una patrulla que vigila. Dentro, saber si es de día o de noche es como lanzar una moneda al aire. Cara o cruz. Dos hombres duermen mientras otros tres se reúnen en torno a una mesa baja y admiten, sin recato, haber caído en las drogas. Un par de linternas, acompañadas por limitadas velas, alumbran el interior de este local okupado de Alcorcón. Pero su luz es escasa porque las pilas ya se agotan. «No voy a estar como un pordiosero si vendo droga. Ni de coña», asegura Edwin que, aunque antes vivía aquí, hace poco se ha mudado a un piso. Abrir las puertas a este periódico es su manera de demostrar que ahí no se trafica, aunque desde el ayuntamiento aseguran que se realizan actividades ilegales. Este no es el único local okupado en Alcorcón. Vecinos, trabajadores y los propios okupas afirman que hay alrededor de quince en esta zona, entre los que la convivencia dista mucho de ser buena. En esta suerte de trastero de la calle Madrid viven unos cinco, pero el trasiego de personas es una constante. Cuentan que son amigos que se reúnen para fumar y pasar las horas. Quienes lo consideran su residencia permanente apenas salen, salvo para comprar comida. Hace ya una semana que les cortaron la luz y viven sin agua, llenando un barril a base de botellas. «Es una putada lo que nos han hecho, no estamos haciendo daño a nadie», asegura Lalo, residente del lugar. Permanece sentado todo el tiempo, agazapado sobre su abrigo y pendiente de los dibujos animados que emana una tablet cuya batería cargan fuera. El brillo de la pantalla, siempre encendida, también sirve para alumbrar una estancia en la que se acumulan cacharros y una vajilla sin lavar desde hace días. Lalo apenas sale del reducto, pues le incomoda la patrulla de vigilancia que permanece fuera día y noche, parando a unos y otros cuando van a entrar. Al resto no parece importarles, incluso bromean con las dos agentes que esa mañana se encargan de la vigilancia. Ya son viejos conocidos. Noticia relacionada general No No Un salvavidas para madres jóvenes sin recursos: «Llegué con miedo, pero ahora es hogar» Enia GómezLa Policía Municipal de Alcorcón hace allí una guardia permanente desde hace alrededor de un mes. Se ha puesto también en marcha un Plan Integral de Seguridad hasta «desalojar el local cuanto antes y evitar que se enquiste el problema», según palabras de la propia alcaldesa, Candelaria Testa, el día del anuncio de estas medidas. Se trata de una colaboración con los comercios de la zona, de los que muchos han sufrido robos, además del acompañamiento de niños en los centros educativos cercanos y la presencia policial permanente. Todo esto mientras se aguarda a la resolución del juzgado para intervenir en el local.Edwin dice haber adquirido el espacio en septiembre del año pasado tras salir de prisión, donde pasó más de diez años. Asegura que fue estafado, incluso se llevó a cabo un juicio que terminó perdiendo. «Pero a mí nadie me vino a echar», relata. «Esto lleva más de 25 años y aquí no entra ni dios, y ahora vienen a reclamar. Hay un colegio enfrente, entiendo que ven gente así y dicen que no se puede estar así», admite. Aunque Edwin ahora se ha trasladado a un piso, su hermano sigue viviendo ahí, incluso cuando él le ha ofrecido su casa. «Le digo que salga de este hoyo y a él no lo sacas tú de aquí ni lo saca nadie. No quiere salir ni a la calle», cuenta. Viene a verlo a menudo, cuando en su sueño se desvela, «porque es consumidor, a ver si le va a pasar algo y se va a quedar ahí».La entrada y el interior del local de la calle Madrid, vigilado día y noche por la Policía Municipal de Alcorcón. José Ramón Ladra Hace un mes que la alcaldesa anunció la detención de tres de ellos tras implementar el refuerzo policial para evitar reyertas y garantizar la seguridad. Quienes fueron detenidos ahora han vuelto porque, según su testimonio, no encontraron nada con lo que incriminarlos: «Pensaban que iban a encontrar toneladas de droga y no encontraron ni un gramo de arroz».Para sus moradores, salir de este sitio no es una opción y, si les desalojan, solo ven una opción viable: entregarse a la delincuencia. Sería, dicen, su forma de sobrevivir sin un techo. «¿Qué prefieren, que estemos en la calle haciendo cosas en vez de aquí jugando a la ‘play’?», asegura Lalo que, hasta que cortaron la luz, pasaba los días sumido en mundos digitales. Coincide su amigo Israel que cuenta, sonriente, que no tiene hogar pero acude allí a consumir para evitar hacerlo a la intemperie. «Estamos mejor aquí que no liándola por la calle», sostiene. Parecen saber que sus vidas incomodan. Desde el Ayuntamiento de Alcorcón no les han ofrecido alternativas habitacionales, alegando que son personas que están cometiendo delitos en el local, no individuos con problemas de acceso a la vivienda.Inquietud entre vecinos y comerciosLa calle Hogar 68 es también testigo de la okupación de un local. Uno de los que allí habita fue antes morador del local de la calle Madrid, pero fue expulsado por uno de sus actuales ocupantes. Aquel fue el germen de un conflicto entre ellos que se ha reducido tras la vigilancia policial.«Cuatro gatos» tiraban piedras ocasionalmente sobre el portón de la calle Madrid ante la preocupación de unos vecinos que hace semanas salían a aplaudir cuando la policía llegaba y amainaba la tormenta. Y «los chavales se van a defender», comenta Edwin. «Cada uno por su lado y todos en el mismo lado, para que lo entiendas», asegura Israel mientras se lía un cigarro. En el exterior del local de la calle Hogar 68, varias camisas arrugadas tapan agujeros en un cristal roto por lo que parecen pedradas. Exterior del local okupado de la calle Hogar 68, cerrado por fuera con una cadena. José Ramón LadraLos de Madrid dicen que los de Hogar dañan los locales que okupan, que no les duran ni tres meses porque lo llenan de basura y suciedad, incluso de deshechos humanos. El interior del establecimiento está quemado por un incendio del que ambos atribuyen al otro la autoría.Sin embargo, el trabajador de un comercio cercano sostiene que estos son simpáticos y que es la calle Madrid el foco del problema. «Ellos son los que mandan, allí guardan las cosas que roban, como patinetes que nos robaron a nosotros», asegura, sobre un robo producido el 2 de mayo que les achacan. La operación se repitió en una panadería y en el despacho de abogados cercano, donde se presentó un joven empuñando un cuchillo. «Con nosotros son muy majetes porque les hemos hecho algún favor, como cargarles el móvil. Un día, no nos robaron porque nos avisó ‘el morito’», cuenta, sobre sus vecinos de enfrente. Una vecina asegura que, cuando atraviesan Hogar 68, lo hacen con miedo. «Sé que no les gusta que pasemos por aquí», dice. En el barrio es un tema recurrente, y un par de vecinos comentan la situación frente a las tablas de madera que blindan el espacio. «El otro día salía uno de ellos con unos pantalones bajados andando con el culo al aire», recuerda esta mujer, que apunta que la obra del bloque no puede concluirse porque ellos no lo permiten. Todos los vecinos consultados coinciden en que hacia ellos no ha habido disputa alguna, sino que es entre los okupas de diferentes locales entre quienes se forja un conflicto que se extiende a los comercios de la zona.Cristales rotos en el local okupado de la calle Hogar 68. José Ramón Ladra«La colonia no ha estado nunca como está ahora», admite la vecina. En Alcorcón, son numerosos los pisos cuyas ventanas están tapizadas con un muro de ladrillo y cemento. Edwin defiende que es lícito entrar a esos hogares vacíos, sobre todo si no es de un particular sino del banco. «Los vecinos lo ven mal, pero cómo se puede ver mal si hay gente viviendo en la calle», reflexiona, sobre la situación en el municipio.Edwin sale a despedirse y en la oscuridad del sótano quedan Lalo, sus amigos y quienes, sumidos en un sueño profundo, parecen no haberse percatado de la visita. El sol, que parecía olvidado tras esa puerta, todavía centellea sobre la ciudad. En la calle Madrid , un sol de primavera se ciñe sobre una patrulla que vigila. Dentro, saber si es de día o de noche es como lanzar una moneda al aire. Cara o cruz. Dos hombres duermen mientras otros tres se reúnen en torno a una mesa baja y admiten, sin recato, haber caído en las drogas. Un par de linternas, acompañadas por limitadas velas, alumbran el interior de este local okupado de Alcorcón. Pero su luz es escasa porque las pilas ya se agotan. «No voy a estar como un pordiosero si vendo droga. Ni de coña», asegura Edwin que, aunque antes vivía aquí, hace poco se ha mudado a un piso. Abrir las puertas a este periódico es su manera de demostrar que ahí no se trafica, aunque desde el ayuntamiento aseguran que se realizan actividades ilegales. Este no es el único local okupado en Alcorcón. Vecinos, trabajadores y los propios okupas afirman que hay alrededor de quince en esta zona, entre los que la convivencia dista mucho de ser buena. En esta suerte de trastero de la calle Madrid viven unos cinco, pero el trasiego de personas es una constante. Cuentan que son amigos que se reúnen para fumar y pasar las horas. Quienes lo consideran su residencia permanente apenas salen, salvo para comprar comida. Hace ya una semana que les cortaron la luz y viven sin agua, llenando un barril a base de botellas. «Es una putada lo que nos han hecho, no estamos haciendo daño a nadie», asegura Lalo, residente del lugar. Permanece sentado todo el tiempo, agazapado sobre su abrigo y pendiente de los dibujos animados que emana una tablet cuya batería cargan fuera. El brillo de la pantalla, siempre encendida, también sirve para alumbrar una estancia en la que se acumulan cacharros y una vajilla sin lavar desde hace días. Lalo apenas sale del reducto, pues le incomoda la patrulla de vigilancia que permanece fuera día y noche, parando a unos y otros cuando van a entrar. Al resto no parece importarles, incluso bromean con las dos agentes que esa mañana se encargan de la vigilancia. Ya son viejos conocidos. Noticia relacionada general No No Un salvavidas para madres jóvenes sin recursos: «Llegué con miedo, pero ahora es hogar» Enia GómezLa Policía Municipal de Alcorcón hace allí una guardia permanente desde hace alrededor de un mes. Se ha puesto también en marcha un Plan Integral de Seguridad hasta «desalojar el local cuanto antes y evitar que se enquiste el problema», según palabras de la propia alcaldesa, Candelaria Testa, el día del anuncio de estas medidas. Se trata de una colaboración con los comercios de la zona, de los que muchos han sufrido robos, además del acompañamiento de niños en los centros educativos cercanos y la presencia policial permanente. Todo esto mientras se aguarda a la resolución del juzgado para intervenir en el local.Edwin dice haber adquirido el espacio en septiembre del año pasado tras salir de prisión, donde pasó más de diez años. Asegura que fue estafado, incluso se llevó a cabo un juicio que terminó perdiendo. «Pero a mí nadie me vino a echar», relata. «Esto lleva más de 25 años y aquí no entra ni dios, y ahora vienen a reclamar. Hay un colegio enfrente, entiendo que ven gente así y dicen que no se puede estar así», admite. Aunque Edwin ahora se ha trasladado a un piso, su hermano sigue viviendo ahí, incluso cuando él le ha ofrecido su casa. «Le digo que salga de este hoyo y a él no lo sacas tú de aquí ni lo saca nadie. No quiere salir ni a la calle», cuenta. Viene a verlo a menudo, cuando en su sueño se desvela, «porque es consumidor, a ver si le va a pasar algo y se va a quedar ahí».La entrada y el interior del local de la calle Madrid, vigilado día y noche por la Policía Municipal de Alcorcón. José Ramón Ladra Hace un mes que la alcaldesa anunció la detención de tres de ellos tras implementar el refuerzo policial para evitar reyertas y garantizar la seguridad. Quienes fueron detenidos ahora han vuelto porque, según su testimonio, no encontraron nada con lo que incriminarlos: «Pensaban que iban a encontrar toneladas de droga y no encontraron ni un gramo de arroz».Para sus moradores, salir de este sitio no es una opción y, si les desalojan, solo ven una opción viable: entregarse a la delincuencia. Sería, dicen, su forma de sobrevivir sin un techo. «¿Qué prefieren, que estemos en la calle haciendo cosas en vez de aquí jugando a la ‘play’?», asegura Lalo que, hasta que cortaron la luz, pasaba los días sumido en mundos digitales. Coincide su amigo Israel que cuenta, sonriente, que no tiene hogar pero acude allí a consumir para evitar hacerlo a la intemperie. «Estamos mejor aquí que no liándola por la calle», sostiene. Parecen saber que sus vidas incomodan. Desde el Ayuntamiento de Alcorcón no les han ofrecido alternativas habitacionales, alegando que son personas que están cometiendo delitos en el local, no individuos con problemas de acceso a la vivienda.Inquietud entre vecinos y comerciosLa calle Hogar 68 es también testigo de la okupación de un local. Uno de los que allí habita fue antes morador del local de la calle Madrid, pero fue expulsado por uno de sus actuales ocupantes. Aquel fue el germen de un conflicto entre ellos que se ha reducido tras la vigilancia policial.«Cuatro gatos» tiraban piedras ocasionalmente sobre el portón de la calle Madrid ante la preocupación de unos vecinos que hace semanas salían a aplaudir cuando la policía llegaba y amainaba la tormenta. Y «los chavales se van a defender», comenta Edwin. «Cada uno por su lado y todos en el mismo lado, para que lo entiendas», asegura Israel mientras se lía un cigarro. En el exterior del local de la calle Hogar 68, varias camisas arrugadas tapan agujeros en un cristal roto por lo que parecen pedradas. Exterior del local okupado de la calle Hogar 68, cerrado por fuera con una cadena. José Ramón LadraLos de Madrid dicen que los de Hogar dañan los locales que okupan, que no les duran ni tres meses porque lo llenan de basura y suciedad, incluso de deshechos humanos. El interior del establecimiento está quemado por un incendio del que ambos atribuyen al otro la autoría.Sin embargo, el trabajador de un comercio cercano sostiene que estos son simpáticos y que es la calle Madrid el foco del problema. «Ellos son los que mandan, allí guardan las cosas que roban, como patinetes que nos robaron a nosotros», asegura, sobre un robo producido el 2 de mayo que les achacan. La operación se repitió en una panadería y en el despacho de abogados cercano, donde se presentó un joven empuñando un cuchillo. «Con nosotros son muy majetes porque les hemos hecho algún favor, como cargarles el móvil. Un día, no nos robaron porque nos avisó ‘el morito’», cuenta, sobre sus vecinos de enfrente. Una vecina asegura que, cuando atraviesan Hogar 68, lo hacen con miedo. «Sé que no les gusta que pasemos por aquí», dice. En el barrio es un tema recurrente, y un par de vecinos comentan la situación frente a las tablas de madera que blindan el espacio. «El otro día salía uno de ellos con unos pantalones bajados andando con el culo al aire», recuerda esta mujer, que apunta que la obra del bloque no puede concluirse porque ellos no lo permiten. Todos los vecinos consultados coinciden en que hacia ellos no ha habido disputa alguna, sino que es entre los okupas de diferentes locales entre quienes se forja un conflicto que se extiende a los comercios de la zona.Cristales rotos en el local okupado de la calle Hogar 68. José Ramón Ladra«La colonia no ha estado nunca como está ahora», admite la vecina. En Alcorcón, son numerosos los pisos cuyas ventanas están tapizadas con un muro de ladrillo y cemento. Edwin defiende que es lícito entrar a esos hogares vacíos, sobre todo si no es de un particular sino del banco. «Los vecinos lo ven mal, pero cómo se puede ver mal si hay gente viviendo en la calle», reflexiona, sobre la situación en el municipio.Edwin sale a despedirse y en la oscuridad del sótano quedan Lalo, sus amigos y quienes, sumidos en un sueño profundo, parecen no haberse percatado de la visita. El sol, que parecía olvidado tras esa puerta, todavía centellea sobre la ciudad. En la calle Madrid , un sol de primavera se ciñe sobre una patrulla que vigila. Dentro, saber si es de día o de noche es como lanzar una moneda al aire. Cara o cruz. Dos hombres duermen mientras otros tres se reúnen en torno a una mesa baja y admiten, sin recato, haber caído en las drogas. Un par de linternas, acompañadas por limitadas velas, alumbran el interior de este local okupado de Alcorcón. Pero su luz es escasa porque las pilas ya se agotan. «No voy a estar como un pordiosero si vendo droga. Ni de coña», asegura Edwin que, aunque antes vivía aquí, hace poco se ha mudado a un piso. Abrir las puertas a este periódico es su manera de demostrar que ahí no se trafica, aunque desde el ayuntamiento aseguran que se realizan actividades ilegales. Este no es el único local okupado en Alcorcón. Vecinos, trabajadores y los propios okupas afirman que hay alrededor de quince en esta zona, entre los que la convivencia dista mucho de ser buena. En esta suerte de trastero de la calle Madrid viven unos cinco, pero el trasiego de personas es una constante. Cuentan que son amigos que se reúnen para fumar y pasar las horas. Quienes lo consideran su residencia permanente apenas salen, salvo para comprar comida. Hace ya una semana que les cortaron la luz y viven sin agua, llenando un barril a base de botellas. «Es una putada lo que nos han hecho, no estamos haciendo daño a nadie», asegura Lalo, residente del lugar. Permanece sentado todo el tiempo, agazapado sobre su abrigo y pendiente de los dibujos animados que emana una tablet cuya batería cargan fuera. El brillo de la pantalla, siempre encendida, también sirve para alumbrar una estancia en la que se acumulan cacharros y una vajilla sin lavar desde hace días. Lalo apenas sale del reducto, pues le incomoda la patrulla de vigilancia que permanece fuera día y noche, parando a unos y otros cuando van a entrar. Al resto no parece importarles, incluso bromean con las dos agentes que esa mañana se encargan de la vigilancia. Ya son viejos conocidos. Noticia relacionada general No No Un salvavidas para madres jóvenes sin recursos: «Llegué con miedo, pero ahora es hogar» Enia GómezLa Policía Municipal de Alcorcón hace allí una guardia permanente desde hace alrededor de un mes. Se ha puesto también en marcha un Plan Integral de Seguridad hasta «desalojar el local cuanto antes y evitar que se enquiste el problema», según palabras de la propia alcaldesa, Candelaria Testa, el día del anuncio de estas medidas. Se trata de una colaboración con los comercios de la zona, de los que muchos han sufrido robos, además del acompañamiento de niños en los centros educativos cercanos y la presencia policial permanente. Todo esto mientras se aguarda a la resolución del juzgado para intervenir en el local.Edwin dice haber adquirido el espacio en septiembre del año pasado tras salir de prisión, donde pasó más de diez años. Asegura que fue estafado, incluso se llevó a cabo un juicio que terminó perdiendo. «Pero a mí nadie me vino a echar», relata. «Esto lleva más de 25 años y aquí no entra ni dios, y ahora vienen a reclamar. Hay un colegio enfrente, entiendo que ven gente así y dicen que no se puede estar así», admite. Aunque Edwin ahora se ha trasladado a un piso, su hermano sigue viviendo ahí, incluso cuando él le ha ofrecido su casa. «Le digo que salga de este hoyo y a él no lo sacas tú de aquí ni lo saca nadie. No quiere salir ni a la calle», cuenta. Viene a verlo a menudo, cuando en su sueño se desvela, «porque es consumidor, a ver si le va a pasar algo y se va a quedar ahí».La entrada y el interior del local de la calle Madrid, vigilado día y noche por la Policía Municipal de Alcorcón. José Ramón Ladra Hace un mes que la alcaldesa anunció la detención de tres de ellos tras implementar el refuerzo policial para evitar reyertas y garantizar la seguridad. Quienes fueron detenidos ahora han vuelto porque, según su testimonio, no encontraron nada con lo que incriminarlos: «Pensaban que iban a encontrar toneladas de droga y no encontraron ni un gramo de arroz».Para sus moradores, salir de este sitio no es una opción y, si les desalojan, solo ven una opción viable: entregarse a la delincuencia. Sería, dicen, su forma de sobrevivir sin un techo. «¿Qué prefieren, que estemos en la calle haciendo cosas en vez de aquí jugando a la ‘play’?», asegura Lalo que, hasta que cortaron la luz, pasaba los días sumido en mundos digitales. Coincide su amigo Israel que cuenta, sonriente, que no tiene hogar pero acude allí a consumir para evitar hacerlo a la intemperie. «Estamos mejor aquí que no liándola por la calle», sostiene. Parecen saber que sus vidas incomodan. Desde el Ayuntamiento de Alcorcón no les han ofrecido alternativas habitacionales, alegando que son personas que están cometiendo delitos en el local, no individuos con problemas de acceso a la vivienda.Inquietud entre vecinos y comerciosLa calle Hogar 68 es también testigo de la okupación de un local. Uno de los que allí habita fue antes morador del local de la calle Madrid, pero fue expulsado por uno de sus actuales ocupantes. Aquel fue el germen de un conflicto entre ellos que se ha reducido tras la vigilancia policial.«Cuatro gatos» tiraban piedras ocasionalmente sobre el portón de la calle Madrid ante la preocupación de unos vecinos que hace semanas salían a aplaudir cuando la policía llegaba y amainaba la tormenta. Y «los chavales se van a defender», comenta Edwin. «Cada uno por su lado y todos en el mismo lado, para que lo entiendas», asegura Israel mientras se lía un cigarro. En el exterior del local de la calle Hogar 68, varias camisas arrugadas tapan agujeros en un cristal roto por lo que parecen pedradas. Exterior del local okupado de la calle Hogar 68, cerrado por fuera con una cadena. José Ramón LadraLos de Madrid dicen que los de Hogar dañan los locales que okupan, que no les duran ni tres meses porque lo llenan de basura y suciedad, incluso de deshechos humanos. El interior del establecimiento está quemado por un incendio del que ambos atribuyen al otro la autoría.Sin embargo, el trabajador de un comercio cercano sostiene que estos son simpáticos y que es la calle Madrid el foco del problema. «Ellos son los que mandan, allí guardan las cosas que roban, como patinetes que nos robaron a nosotros», asegura, sobre un robo producido el 2 de mayo que les achacan. La operación se repitió en una panadería y en el despacho de abogados cercano, donde se presentó un joven empuñando un cuchillo. «Con nosotros son muy majetes porque les hemos hecho algún favor, como cargarles el móvil. Un día, no nos robaron porque nos avisó ‘el morito’», cuenta, sobre sus vecinos de enfrente. Una vecina asegura que, cuando atraviesan Hogar 68, lo hacen con miedo. «Sé que no les gusta que pasemos por aquí», dice. En el barrio es un tema recurrente, y un par de vecinos comentan la situación frente a las tablas de madera que blindan el espacio. «El otro día salía uno de ellos con unos pantalones bajados andando con el culo al aire», recuerda esta mujer, que apunta que la obra del bloque no puede concluirse porque ellos no lo permiten. Todos los vecinos consultados coinciden en que hacia ellos no ha habido disputa alguna, sino que es entre los okupas de diferentes locales entre quienes se forja un conflicto que se extiende a los comercios de la zona.Cristales rotos en el local okupado de la calle Hogar 68. José Ramón Ladra«La colonia no ha estado nunca como está ahora», admite la vecina. En Alcorcón, son numerosos los pisos cuyas ventanas están tapizadas con un muro de ladrillo y cemento. Edwin defiende que es lícito entrar a esos hogares vacíos, sobre todo si no es de un particular sino del banco. «Los vecinos lo ven mal, pero cómo se puede ver mal si hay gente viviendo en la calle», reflexiona, sobre la situación en el municipio.Edwin sale a despedirse y en la oscuridad del sótano quedan Lalo, sus amigos y quienes, sumidos en un sueño profundo, parecen no haberse percatado de la visita. El sol, que parecía olvidado tras esa puerta, todavía centellea sobre la ciudad. RSS de noticias de espana
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