La de Veintiuno es una de esas historias que empiezan con un grupo actuando ante cuatro o cinco personas, que pronto se convierten en veinte o treinta, luego en ochenta o cien, y acaban con un Movistar Arena lleno de gente coreando sus canciones a pleno pulmón. El cuarteto toledano formado por Diego Arroyo (voz, guitarra y teclados), Yago Banet (bajo), Pepe Narváez (batería y percusión) y Rafa Pachón (guitarra) llegó a esa meta volante este martes en la primera de sus actuaciones teloneras en la capital como acompañantes de la gira de La Oreja de Van Gogh , dos citas en las que a pesar de no ser los protagonistas principales de la velada, van a ser recibidos con honores por los fans de Amaia Montero y compañía, que han demostrado con su entusiasta reacción en otras escalas del tour que Veintiuno es una de sus nuevas bandas favoritas.Eso precisamente, el camino para llegar hasta aquí, es el leitmotiv de su primera entrevista con ABC, que también sirve para celebrar el lanzamiento de ‘El último baile de Delirio y Equilibrio’, una relectura artística de sus canciones a cargo de amigos como Rufus T. Firefly, Repion, Yarea, Malmö 040 o Grande Amore, empaquetada en una fortísima apuesta por el formato físico: el propio Diego ha escrito a mano las letras y ha ilustrado el arte del vinilo, que además incluye una canción inédita que no se podrá escuchar de ninguna otra manera.—¿Os sentís ante un cierre de ciclo para intentar dar un salto cualitativo?—(Diego) Intentarlo, siempre. Para mí, este álbum marca el final de la adolescencia de la banda.—Habéis hecho un gran esfuerzo con el disco en formato vinilo, que por cierto sigue en auge.—(Diego) Para mí el formato vinilo no es tanto una cuestión de escucha, sino por una cuestión de recuerdo. Lo que más me agobia de la era del streaming es el tecno-feudalismo al que estamos sometidos con los sistemas de suscripción. El sistema se ha estandarizado tanto que ya ni siquiera posees una copia del disco, algo que parecía algo razonable. Solo puedes consumir un disco mientras tengas una suscripción, y en el momento en que dejas de pagarla, ya no existe. Ya no tienes ese testimonio de que te gustó ese disco.—Quizá por eso haya tanto furor por el directo, ¿no? El recuerdo de haber vivido un concierto de tu artista favorito llena el hueco de la ausencia del recuerdo del elepé entre tus manos. —(Diego) Creo que las drogas del futuro recrearán la emoción que te provocó el estímulo artístico del concierto que te flipó, el chute de dopamina que tuviste cuando viste en directo a tu artista favorito, volver a esa sensación.—Hay músicos que están en esto por diversión, o por amor a la música, pero vuestros conciertos tienen una intensidad que da la impresión de que os va la vida en ello. Eso supone un desgaste distinto, ¿no?—(Diego) El amor a la música es la puerta de entrada para todos nosotros. Luego hay una segunda puerta, que es donde se ve si te puedes permitir tener un carrera. Hay gente que no puede. Nosotros llevamos tocando juntos desde el final del instituto, y hemos visto a grupos que crecían con nosotros y luego se han quedado por el camino. Luego hemos visto a otros que explotaron enseguida, y de esos ha habido algunos que se han quedado arriba y otros que han bajado. Nosotros tenemos una carrera muy chula porque estamos pudiendo hacerlo, con más o menos esfuerzo, más o menos popularidad, pero estamos. Quizá otros lo consigan con menos esfuerzo, y puedo llegar a envidiarlo, pero probablemente el esfuerzo que merezca la pena es crear un corpus artístico que cuando lo mires, digas «vale, está bastante guay».«En esta industria nadie dice todo lo que piensa, porque sabe que puede tener un problema»—¿Hubo algún día concreto en vuestra carrera en el que pensasteis, «esto marcha»?—(Rafa Pachón) Yo tengo una broma interna sobre eso. El año que yo entré en el grupo, que fue en 2021, fue cuando dije: «Oye, ahora sí que viene gente a vernos». Tocar en un festival a las cuatro de la tarde y ver que tienes las primeras filas llenas, o que vayas donde vayas ya hay siempre un mínimo de gente que va a verte y conoce las canciones, eso empezó a pasar ese año. Yo antes de entrar en la banda la seguía como público, y les he visto en Sevilla tocar para dos personas.—La validación del público es importante, pero no lo es menos la de los compañeros de oficio. Y ya habéis colaborado con algunos de vuestros ídolos, ¿cómo se incorpora eso al ego?—(Pepe Narváez) Hacemos mucha terapia grupal. Al final la gracia de esto es que tienes que ser consciente del momento, y en esas situaciones no lo eres mucho. Cuando tocas con un músico que es tu ídolo y al final es casi tu amigo, genera algo que no se puede explicar. Cuando hablamos de que la escena se tiene que aupar, es que crezcamos todos juntos, sin competir sino cooperando.—En la música hay un sentido de comunidad, pero luego no hay tanta acción colectiva.—(Yago Banet) En esta profesión a veces creemos que vamos todos por a misma escalera, donde solo cabe uno en cada escalón. Pero eso no es verdad, esto es una plaza en la que estamos todos. No hay un sindicalismo pero sí un sentimiento de comunidad en el que si puedes ayudar a tus colegas, lo haces.—(Diego) Voy a ser un poquito más agresivo en esto. La industria musical se beneficia de la ‘omertà’, del silencio. Cuando haces una propuesta artística corres el riesgo de que choque contra intereses cruzados, y por eso tan poca gente habla. Yo entiendo que muchos compañeros no hablen, y los que hablamos, no decimos todo lo que pensamos. Nadie lo dice. Hasta la persona más vehemente está eligiendo sus palabras, y lo sé porque algunos somos muy procaces en nuestras opiniones, pero luego, dentro, tenemos conversaciones sobre lo que podemos y no podemos decir, porque sabemos que podemos tener un problema. Y el que tengamos esa conversación, es llamativo. Hasta los artistas que te parecen más punkis tienen una agenda. Algunos hablamos más, y parece que nos la suda. Pero no es verdad. Hay batallas en las que me encantaría opinar, y no lo hago. Y hay otras en las que sé que si hablo, me cierro puertas. A esta banda le ha pasado. Estamos en una industria en la que el que se mueve de la fila, puede tener una movida.—¿Diríais que los invitados a vuestro disco comparten vuestra misma filosofía respecto a la profesión?—(Diego) Sí, de hecho hay algunos que han sido un faro para tomar decisiones, como Rufus. Nosotros firmamos con Warner porque no teníamos dinero para pagar nuestros discos. Y es que el indie a veces es tener padres ricos. Cuando descubres el camino de autogestión lo hemos aplicado cuando hemos podido.«Las críticas a Amaia han hecho más fuertes a La Oreja de Van Gogh»—¿Y se puede hablar de en qué punto está vuestra batalla para recuperar el dinero que se quedó la ticketera Wegow?—(Diego) Sí, se puede. Punto muerto. Estamos en algo muy parecido a la estafa del Fórum Filatélico, es terrible. Lo digo porque les molesta que lo diga. Se han quedado el dinero, han vendido la empresa a unos que dicen que iban a pagar, pero no pagan.—¿Cómo veis la polémica por el uso de secuencias, los conocidos como ‘pregrabados’, en los conciertos?—(Diego) A nosotros no nos gusta mucho la presencia de música pregrabada. Hay propuestas más interesantes, y otras menos. Nos gusta que haya imperfecciones. Pro lo que me hace gracia es ver a gente descubriendo ahora las secuencias pregrabadas, incluyendo críticos que ponen el grito en el cielo diciendo que son la muerte de la música en directo, y que en otras ocasiones han celebrado conciertos que yo sabía que llevaban un ochenta por ciento de pregrabados. Eso me divierte. También sé de bandas que en público juran no llevar secuencias, pero yo conozco a su técnico de secuencias…MÁS INFORMACIÓN Opinión Ls afectados por el crack de Wegow: «Es importante que el público entienda que la solución no está garantizada»—Esto enlaza con una polémica que ha habido en la gira de La Oreja de Van Gogh, en la que sois teloneros de varias fechas. Se ha criticado mucho a Amaia por desafinar en algunos momentos, eso da pie a la pregunta: ¿Se critica más a alguien que comete imperfecciones, que a quienes directamente, no cantan? Ella podría disimular sus errores con autotune si quisiera.—(Pepe) Hay gente que está deseando verte caer. No tiene sentido la voracidad con la que se ataca a ciertos artistas.—(Diego) La crítica a Amaia se hace desde la idea de que es una estrella mainstream . Amaia es enorme, es inmensa, es intergeneracional. Lo que quieres es derribar a alguien que es popular porque matarías a tu madre por tener cinco ‘likes’.—¿Todo esto ha generado desasosiego a nivel interno en la gira’—(Pepe) Al revés, los ha hecho más fuertes. La de Veintiuno es una de esas historias que empiezan con un grupo actuando ante cuatro o cinco personas, que pronto se convierten en veinte o treinta, luego en ochenta o cien, y acaban con un Movistar Arena lleno de gente coreando sus canciones a pleno pulmón. El cuarteto toledano formado por Diego Arroyo (voz, guitarra y teclados), Yago Banet (bajo), Pepe Narváez (batería y percusión) y Rafa Pachón (guitarra) llegó a esa meta volante este martes en la primera de sus actuaciones teloneras en la capital como acompañantes de la gira de La Oreja de Van Gogh , dos citas en las que a pesar de no ser los protagonistas principales de la velada, van a ser recibidos con honores por los fans de Amaia Montero y compañía, que han demostrado con su entusiasta reacción en otras escalas del tour que Veintiuno es una de sus nuevas bandas favoritas.Eso precisamente, el camino para llegar hasta aquí, es el leitmotiv de su primera entrevista con ABC, que también sirve para celebrar el lanzamiento de ‘El último baile de Delirio y Equilibrio’, una relectura artística de sus canciones a cargo de amigos como Rufus T. Firefly, Repion, Yarea, Malmö 040 o Grande Amore, empaquetada en una fortísima apuesta por el formato físico: el propio Diego ha escrito a mano las letras y ha ilustrado el arte del vinilo, que además incluye una canción inédita que no se podrá escuchar de ninguna otra manera.—¿Os sentís ante un cierre de ciclo para intentar dar un salto cualitativo?—(Diego) Intentarlo, siempre. Para mí, este álbum marca el final de la adolescencia de la banda.—Habéis hecho un gran esfuerzo con el disco en formato vinilo, que por cierto sigue en auge.—(Diego) Para mí el formato vinilo no es tanto una cuestión de escucha, sino por una cuestión de recuerdo. Lo que más me agobia de la era del streaming es el tecno-feudalismo al que estamos sometidos con los sistemas de suscripción. El sistema se ha estandarizado tanto que ya ni siquiera posees una copia del disco, algo que parecía algo razonable. Solo puedes consumir un disco mientras tengas una suscripción, y en el momento en que dejas de pagarla, ya no existe. Ya no tienes ese testimonio de que te gustó ese disco.—Quizá por eso haya tanto furor por el directo, ¿no? El recuerdo de haber vivido un concierto de tu artista favorito llena el hueco de la ausencia del recuerdo del elepé entre tus manos. —(Diego) Creo que las drogas del futuro recrearán la emoción que te provocó el estímulo artístico del concierto que te flipó, el chute de dopamina que tuviste cuando viste en directo a tu artista favorito, volver a esa sensación.—Hay músicos que están en esto por diversión, o por amor a la música, pero vuestros conciertos tienen una intensidad que da la impresión de que os va la vida en ello. Eso supone un desgaste distinto, ¿no?—(Diego) El amor a la música es la puerta de entrada para todos nosotros. Luego hay una segunda puerta, que es donde se ve si te puedes permitir tener un carrera. Hay gente que no puede. Nosotros llevamos tocando juntos desde el final del instituto, y hemos visto a grupos que crecían con nosotros y luego se han quedado por el camino. Luego hemos visto a otros que explotaron enseguida, y de esos ha habido algunos que se han quedado arriba y otros que han bajado. Nosotros tenemos una carrera muy chula porque estamos pudiendo hacerlo, con más o menos esfuerzo, más o menos popularidad, pero estamos. Quizá otros lo consigan con menos esfuerzo, y puedo llegar a envidiarlo, pero probablemente el esfuerzo que merezca la pena es crear un corpus artístico que cuando lo mires, digas «vale, está bastante guay».«En esta industria nadie dice todo lo que piensa, porque sabe que puede tener un problema»—¿Hubo algún día concreto en vuestra carrera en el que pensasteis, «esto marcha»?—(Rafa Pachón) Yo tengo una broma interna sobre eso. El año que yo entré en el grupo, que fue en 2021, fue cuando dije: «Oye, ahora sí que viene gente a vernos». Tocar en un festival a las cuatro de la tarde y ver que tienes las primeras filas llenas, o que vayas donde vayas ya hay siempre un mínimo de gente que va a verte y conoce las canciones, eso empezó a pasar ese año. Yo antes de entrar en la banda la seguía como público, y les he visto en Sevilla tocar para dos personas.—La validación del público es importante, pero no lo es menos la de los compañeros de oficio. Y ya habéis colaborado con algunos de vuestros ídolos, ¿cómo se incorpora eso al ego?—(Pepe Narváez) Hacemos mucha terapia grupal. Al final la gracia de esto es que tienes que ser consciente del momento, y en esas situaciones no lo eres mucho. Cuando tocas con un músico que es tu ídolo y al final es casi tu amigo, genera algo que no se puede explicar. Cuando hablamos de que la escena se tiene que aupar, es que crezcamos todos juntos, sin competir sino cooperando.—En la música hay un sentido de comunidad, pero luego no hay tanta acción colectiva.—(Yago Banet) En esta profesión a veces creemos que vamos todos por a misma escalera, donde solo cabe uno en cada escalón. Pero eso no es verdad, esto es una plaza en la que estamos todos. No hay un sindicalismo pero sí un sentimiento de comunidad en el que si puedes ayudar a tus colegas, lo haces.—(Diego) Voy a ser un poquito más agresivo en esto. La industria musical se beneficia de la ‘omertà’, del silencio. Cuando haces una propuesta artística corres el riesgo de que choque contra intereses cruzados, y por eso tan poca gente habla. Yo entiendo que muchos compañeros no hablen, y los que hablamos, no decimos todo lo que pensamos. Nadie lo dice. Hasta la persona más vehemente está eligiendo sus palabras, y lo sé porque algunos somos muy procaces en nuestras opiniones, pero luego, dentro, tenemos conversaciones sobre lo que podemos y no podemos decir, porque sabemos que podemos tener un problema. Y el que tengamos esa conversación, es llamativo. Hasta los artistas que te parecen más punkis tienen una agenda. Algunos hablamos más, y parece que nos la suda. Pero no es verdad. Hay batallas en las que me encantaría opinar, y no lo hago. Y hay otras en las que sé que si hablo, me cierro puertas. A esta banda le ha pasado. Estamos en una industria en la que el que se mueve de la fila, puede tener una movida.—¿Diríais que los invitados a vuestro disco comparten vuestra misma filosofía respecto a la profesión?—(Diego) Sí, de hecho hay algunos que han sido un faro para tomar decisiones, como Rufus. Nosotros firmamos con Warner porque no teníamos dinero para pagar nuestros discos. Y es que el indie a veces es tener padres ricos. Cuando descubres el camino de autogestión lo hemos aplicado cuando hemos podido.«Las críticas a Amaia han hecho más fuertes a La Oreja de Van Gogh»—¿Y se puede hablar de en qué punto está vuestra batalla para recuperar el dinero que se quedó la ticketera Wegow?—(Diego) Sí, se puede. Punto muerto. Estamos en algo muy parecido a la estafa del Fórum Filatélico, es terrible. Lo digo porque les molesta que lo diga. Se han quedado el dinero, han vendido la empresa a unos que dicen que iban a pagar, pero no pagan.—¿Cómo veis la polémica por el uso de secuencias, los conocidos como ‘pregrabados’, en los conciertos?—(Diego) A nosotros no nos gusta mucho la presencia de música pregrabada. Hay propuestas más interesantes, y otras menos. Nos gusta que haya imperfecciones. Pro lo que me hace gracia es ver a gente descubriendo ahora las secuencias pregrabadas, incluyendo críticos que ponen el grito en el cielo diciendo que son la muerte de la música en directo, y que en otras ocasiones han celebrado conciertos que yo sabía que llevaban un ochenta por ciento de pregrabados. Eso me divierte. También sé de bandas que en público juran no llevar secuencias, pero yo conozco a su técnico de secuencias…MÁS INFORMACIÓN Opinión Ls afectados por el crack de Wegow: «Es importante que el público entienda que la solución no está garantizada»—Esto enlaza con una polémica que ha habido en la gira de La Oreja de Van Gogh, en la que sois teloneros de varias fechas. Se ha criticado mucho a Amaia por desafinar en algunos momentos, eso da pie a la pregunta: ¿Se critica más a alguien que comete imperfecciones, que a quienes directamente, no cantan? Ella podría disimular sus errores con autotune si quisiera.—(Pepe) Hay gente que está deseando verte caer. No tiene sentido la voracidad con la que se ataca a ciertos artistas.—(Diego) La crítica a Amaia se hace desde la idea de que es una estrella mainstream . Amaia es enorme, es inmensa, es intergeneracional. Lo que quieres es derribar a alguien que es popular porque matarías a tu madre por tener cinco ‘likes’.—¿Todo esto ha generado desasosiego a nivel interno en la gira’—(Pepe) Al revés, los ha hecho más fuertes. La de Veintiuno es una de esas historias que empiezan con un grupo actuando ante cuatro o cinco personas, que pronto se convierten en veinte o treinta, luego en ochenta o cien, y acaban con un Movistar Arena lleno de gente coreando sus canciones a pleno pulmón. El cuarteto toledano formado por Diego Arroyo (voz, guitarra y teclados), Yago Banet (bajo), Pepe Narváez (batería y percusión) y Rafa Pachón (guitarra) llegó a esa meta volante este martes en la primera de sus actuaciones teloneras en la capital como acompañantes de la gira de La Oreja de Van Gogh , dos citas en las que a pesar de no ser los protagonistas principales de la velada, van a ser recibidos con honores por los fans de Amaia Montero y compañía, que han demostrado con su entusiasta reacción en otras escalas del tour que Veintiuno es una de sus nuevas bandas favoritas.Eso precisamente, el camino para llegar hasta aquí, es el leitmotiv de su primera entrevista con ABC, que también sirve para celebrar el lanzamiento de ‘El último baile de Delirio y Equilibrio’, una relectura artística de sus canciones a cargo de amigos como Rufus T. Firefly, Repion, Yarea, Malmö 040 o Grande Amore, empaquetada en una fortísima apuesta por el formato físico: el propio Diego ha escrito a mano las letras y ha ilustrado el arte del vinilo, que además incluye una canción inédita que no se podrá escuchar de ninguna otra manera.—¿Os sentís ante un cierre de ciclo para intentar dar un salto cualitativo?—(Diego) Intentarlo, siempre. Para mí, este álbum marca el final de la adolescencia de la banda.—Habéis hecho un gran esfuerzo con el disco en formato vinilo, que por cierto sigue en auge.—(Diego) Para mí el formato vinilo no es tanto una cuestión de escucha, sino por una cuestión de recuerdo. Lo que más me agobia de la era del streaming es el tecno-feudalismo al que estamos sometidos con los sistemas de suscripción. El sistema se ha estandarizado tanto que ya ni siquiera posees una copia del disco, algo que parecía algo razonable. Solo puedes consumir un disco mientras tengas una suscripción, y en el momento en que dejas de pagarla, ya no existe. Ya no tienes ese testimonio de que te gustó ese disco.—Quizá por eso haya tanto furor por el directo, ¿no? El recuerdo de haber vivido un concierto de tu artista favorito llena el hueco de la ausencia del recuerdo del elepé entre tus manos. —(Diego) Creo que las drogas del futuro recrearán la emoción que te provocó el estímulo artístico del concierto que te flipó, el chute de dopamina que tuviste cuando viste en directo a tu artista favorito, volver a esa sensación.—Hay músicos que están en esto por diversión, o por amor a la música, pero vuestros conciertos tienen una intensidad que da la impresión de que os va la vida en ello. Eso supone un desgaste distinto, ¿no?—(Diego) El amor a la música es la puerta de entrada para todos nosotros. Luego hay una segunda puerta, que es donde se ve si te puedes permitir tener un carrera. Hay gente que no puede. Nosotros llevamos tocando juntos desde el final del instituto, y hemos visto a grupos que crecían con nosotros y luego se han quedado por el camino. Luego hemos visto a otros que explotaron enseguida, y de esos ha habido algunos que se han quedado arriba y otros que han bajado. Nosotros tenemos una carrera muy chula porque estamos pudiendo hacerlo, con más o menos esfuerzo, más o menos popularidad, pero estamos. Quizá otros lo consigan con menos esfuerzo, y puedo llegar a envidiarlo, pero probablemente el esfuerzo que merezca la pena es crear un corpus artístico que cuando lo mires, digas «vale, está bastante guay».«En esta industria nadie dice todo lo que piensa, porque sabe que puede tener un problema»—¿Hubo algún día concreto en vuestra carrera en el que pensasteis, «esto marcha»?—(Rafa Pachón) Yo tengo una broma interna sobre eso. El año que yo entré en el grupo, que fue en 2021, fue cuando dije: «Oye, ahora sí que viene gente a vernos». Tocar en un festival a las cuatro de la tarde y ver que tienes las primeras filas llenas, o que vayas donde vayas ya hay siempre un mínimo de gente que va a verte y conoce las canciones, eso empezó a pasar ese año. Yo antes de entrar en la banda la seguía como público, y les he visto en Sevilla tocar para dos personas.—La validación del público es importante, pero no lo es menos la de los compañeros de oficio. Y ya habéis colaborado con algunos de vuestros ídolos, ¿cómo se incorpora eso al ego?—(Pepe Narváez) Hacemos mucha terapia grupal. Al final la gracia de esto es que tienes que ser consciente del momento, y en esas situaciones no lo eres mucho. Cuando tocas con un músico que es tu ídolo y al final es casi tu amigo, genera algo que no se puede explicar. Cuando hablamos de que la escena se tiene que aupar, es que crezcamos todos juntos, sin competir sino cooperando.—En la música hay un sentido de comunidad, pero luego no hay tanta acción colectiva.—(Yago Banet) En esta profesión a veces creemos que vamos todos por a misma escalera, donde solo cabe uno en cada escalón. Pero eso no es verdad, esto es una plaza en la que estamos todos. No hay un sindicalismo pero sí un sentimiento de comunidad en el que si puedes ayudar a tus colegas, lo haces.—(Diego) Voy a ser un poquito más agresivo en esto. La industria musical se beneficia de la ‘omertà’, del silencio. Cuando haces una propuesta artística corres el riesgo de que choque contra intereses cruzados, y por eso tan poca gente habla. Yo entiendo que muchos compañeros no hablen, y los que hablamos, no decimos todo lo que pensamos. Nadie lo dice. Hasta la persona más vehemente está eligiendo sus palabras, y lo sé porque algunos somos muy procaces en nuestras opiniones, pero luego, dentro, tenemos conversaciones sobre lo que podemos y no podemos decir, porque sabemos que podemos tener un problema. Y el que tengamos esa conversación, es llamativo. Hasta los artistas que te parecen más punkis tienen una agenda. Algunos hablamos más, y parece que nos la suda. Pero no es verdad. Hay batallas en las que me encantaría opinar, y no lo hago. Y hay otras en las que sé que si hablo, me cierro puertas. A esta banda le ha pasado. Estamos en una industria en la que el que se mueve de la fila, puede tener una movida.—¿Diríais que los invitados a vuestro disco comparten vuestra misma filosofía respecto a la profesión?—(Diego) Sí, de hecho hay algunos que han sido un faro para tomar decisiones, como Rufus. Nosotros firmamos con Warner porque no teníamos dinero para pagar nuestros discos. Y es que el indie a veces es tener padres ricos. Cuando descubres el camino de autogestión lo hemos aplicado cuando hemos podido.«Las críticas a Amaia han hecho más fuertes a La Oreja de Van Gogh»—¿Y se puede hablar de en qué punto está vuestra batalla para recuperar el dinero que se quedó la ticketera Wegow?—(Diego) Sí, se puede. Punto muerto. Estamos en algo muy parecido a la estafa del Fórum Filatélico, es terrible. Lo digo porque les molesta que lo diga. Se han quedado el dinero, han vendido la empresa a unos que dicen que iban a pagar, pero no pagan.—¿Cómo veis la polémica por el uso de secuencias, los conocidos como ‘pregrabados’, en los conciertos?—(Diego) A nosotros no nos gusta mucho la presencia de música pregrabada. Hay propuestas más interesantes, y otras menos. Nos gusta que haya imperfecciones. Pro lo que me hace gracia es ver a gente descubriendo ahora las secuencias pregrabadas, incluyendo críticos que ponen el grito en el cielo diciendo que son la muerte de la música en directo, y que en otras ocasiones han celebrado conciertos que yo sabía que llevaban un ochenta por ciento de pregrabados. Eso me divierte. También sé de bandas que en público juran no llevar secuencias, pero yo conozco a su técnico de secuencias…MÁS INFORMACIÓN Opinión Ls afectados por el crack de Wegow: «Es importante que el público entienda que la solución no está garantizada»—Esto enlaza con una polémica que ha habido en la gira de La Oreja de Van Gogh, en la que sois teloneros de varias fechas. Se ha criticado mucho a Amaia por desafinar en algunos momentos, eso da pie a la pregunta: ¿Se critica más a alguien que comete imperfecciones, que a quienes directamente, no cantan? Ella podría disimular sus errores con autotune si quisiera.—(Pepe) Hay gente que está deseando verte caer. No tiene sentido la voracidad con la que se ataca a ciertos artistas.—(Diego) La crítica a Amaia se hace desde la idea de que es una estrella mainstream . Amaia es enorme, es inmensa, es intergeneracional. Lo que quieres es derribar a alguien que es popular porque matarías a tu madre por tener cinco ‘likes’.—¿Todo esto ha generado desasosiego a nivel interno en la gira’—(Pepe) Al revés, los ha hecho más fuertes. RSS de noticias de espana
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