Había coronado Pogačar las montañas de Cantal, la Selección salía camino de Arlington y David Sánchez cambiaba la danza de las chirimoyas por el nocturno a la prevaricación. Sobre todo esto último copó la atención informativa dentro del hemiciclo, con sus señorías pasando la sentencia a la Inteligencia Artificial con un ‘prompt’ que quiero imaginar parecido a: «Analiza esta sentencia desde una tesis de que confirme la existencia de una persecución judicial y mediática contra el entorno del Gobierno, destaca los elementos que apoyen esa interpretación, minimiza los aspectos que la contradigan y redacta el análisis con el tono persuasivo, macarra y ventajista propio de una dictadura centroamericana». O algo así. Así que, en resumidas cuentas, nadie se había leído la sentencia , pero todos cruzaban valoraciones como poseídos por el manual de Mir Puig. Y en la tribuna de oradores un Vía Crucis interminable de convalidaciones de decretos-leyes, uno para garantizar el funcionamiento de RTVE y otro con medidas para reforzar el sistema de dependencia; la aprobación del dictamen de la reforma de la Ley General de Discapacidad y de la Ley de Dependencia y el debate de la proposición de ley para reformar el Código Penal en materia de protección de la libertad de expresión. Como ven, una hemorragia de diversión, altura dialéctica y homenajes a don Emilio Castelar. Tan apasionante fue la jornada que el legislativo se echó en brazos del absentismo laboral -algunos solo aparecieron por su escaño para votar– y, por momentos, el aforo no superaba el diez por ciento. Algunos a eso lo llaman fraude.Pero antes de ello, el debate sobre los objetivos de estabilidad presupuestaria: el segundo paso, tras la publicación del cuadro macroeconómico, para la tramitación de los presupuestos generales del estado. No tiene demasiada importancia porque su decaimiento solo implica que estos se realizarán sobre el último techo de gasto aprobado. Así que todo sigue su cauce, tras el paripé. Lo que interesaba era la posición del gobierno, representado por Arcadi España. Por cierto, en solitario: Sánchez estaba en París, contraponiendo a Marianne con Mariano. Así que ahí estaba el ministro, que está mutando en Berto Romero, descorbatado como el resto del grupo socialista. Algunos sin americana y varios directamente en manga corta: estamos a media hora de verlos con bermudas, un sombrero de paja y la camiseta de los Lakers. Aun así, el debate sirvió para tres cosas. En primer lugar, para intuir que el PSOE va a utilizar los presupuestos para culpar a la derecha de todos los males del país. Empezando –me temo– por los trenes; en segundo lugar, para confirmar que en el PP siguen a lo suyo, que es a quitarse del medio estas intervenciones con faenas de aliño y sin trabajo. Habló Marí Bosó –¿dónde está Juan Bravo cuando se le necesita? –, como podría haber hablado un tertuliano al azar; y, en tercer lugar, para constatar que frente a un PP cada vez más desdibujado, vemos a un Vox cada vez más crecido. Uno puede estar de acuerdo o no con las posiciones de Figaredo, pero su intervención fue objetivamente buena, trasladó una propuesta clara y, al contrario que el PP, supo confrontar su visión con la del PSOE. «Si tal y como dice el ministro, los presupuestos ‘mueven el país’, ¿qué han estado haciendo hasta ahora?», preguntó. Pero, sobre todo, planteó un debate oportuno, que es el de la inmigración desde el punto de vista económico y no desde el identitario. Si alguien quiere saber por qué la gente de izquierdas vota a Vox, que escuche a Figaredo contraponer su modelo a la socialdemocracia. Mientras unos hablan de dinero y de la competencia por los recursos del estado, otros hablan de gordofobia. Y, ya que estaba, volvió a atizar a Ayuso. En el grupo Popular esto no importa porque probablemente ni lo escuchen. Como muestra, hace unas semanas votaron a favor de una moción de Vox en cuya exposición de motivos criticaba los requisitos de la Comunidad de Madrid para acceder a la Renta Mínima de Inserción.En cualquier caso, la senda de estabilidad fue tumbada según lo esperado, siguiendo los plazos previstos para que el relato derive en la convocatoria de elecciones. Y como el pleno fue más largo de lo previsto, lío final de trenes, aviones y cambios de billetes. Por no hablar de los futboleros, nerviosos porque no llegaban al himno. Al menos así pensarán en España, aunque sea una vez en el día. Había coronado Pogačar las montañas de Cantal, la Selección salía camino de Arlington y David Sánchez cambiaba la danza de las chirimoyas por el nocturno a la prevaricación. Sobre todo esto último copó la atención informativa dentro del hemiciclo, con sus señorías pasando la sentencia a la Inteligencia Artificial con un ‘prompt’ que quiero imaginar parecido a: «Analiza esta sentencia desde una tesis de que confirme la existencia de una persecución judicial y mediática contra el entorno del Gobierno, destaca los elementos que apoyen esa interpretación, minimiza los aspectos que la contradigan y redacta el análisis con el tono persuasivo, macarra y ventajista propio de una dictadura centroamericana». O algo así. Así que, en resumidas cuentas, nadie se había leído la sentencia , pero todos cruzaban valoraciones como poseídos por el manual de Mir Puig. Y en la tribuna de oradores un Vía Crucis interminable de convalidaciones de decretos-leyes, uno para garantizar el funcionamiento de RTVE y otro con medidas para reforzar el sistema de dependencia; la aprobación del dictamen de la reforma de la Ley General de Discapacidad y de la Ley de Dependencia y el debate de la proposición de ley para reformar el Código Penal en materia de protección de la libertad de expresión. Como ven, una hemorragia de diversión, altura dialéctica y homenajes a don Emilio Castelar. Tan apasionante fue la jornada que el legislativo se echó en brazos del absentismo laboral -algunos solo aparecieron por su escaño para votar– y, por momentos, el aforo no superaba el diez por ciento. Algunos a eso lo llaman fraude.Pero antes de ello, el debate sobre los objetivos de estabilidad presupuestaria: el segundo paso, tras la publicación del cuadro macroeconómico, para la tramitación de los presupuestos generales del estado. No tiene demasiada importancia porque su decaimiento solo implica que estos se realizarán sobre el último techo de gasto aprobado. Así que todo sigue su cauce, tras el paripé. Lo que interesaba era la posición del gobierno, representado por Arcadi España. Por cierto, en solitario: Sánchez estaba en París, contraponiendo a Marianne con Mariano. Así que ahí estaba el ministro, que está mutando en Berto Romero, descorbatado como el resto del grupo socialista. Algunos sin americana y varios directamente en manga corta: estamos a media hora de verlos con bermudas, un sombrero de paja y la camiseta de los Lakers. Aun así, el debate sirvió para tres cosas. En primer lugar, para intuir que el PSOE va a utilizar los presupuestos para culpar a la derecha de todos los males del país. Empezando –me temo– por los trenes; en segundo lugar, para confirmar que en el PP siguen a lo suyo, que es a quitarse del medio estas intervenciones con faenas de aliño y sin trabajo. Habló Marí Bosó –¿dónde está Juan Bravo cuando se le necesita? –, como podría haber hablado un tertuliano al azar; y, en tercer lugar, para constatar que frente a un PP cada vez más desdibujado, vemos a un Vox cada vez más crecido. Uno puede estar de acuerdo o no con las posiciones de Figaredo, pero su intervención fue objetivamente buena, trasladó una propuesta clara y, al contrario que el PP, supo confrontar su visión con la del PSOE. «Si tal y como dice el ministro, los presupuestos ‘mueven el país’, ¿qué han estado haciendo hasta ahora?», preguntó. Pero, sobre todo, planteó un debate oportuno, que es el de la inmigración desde el punto de vista económico y no desde el identitario. Si alguien quiere saber por qué la gente de izquierdas vota a Vox, que escuche a Figaredo contraponer su modelo a la socialdemocracia. Mientras unos hablan de dinero y de la competencia por los recursos del estado, otros hablan de gordofobia. Y, ya que estaba, volvió a atizar a Ayuso. En el grupo Popular esto no importa porque probablemente ni lo escuchen. Como muestra, hace unas semanas votaron a favor de una moción de Vox en cuya exposición de motivos criticaba los requisitos de la Comunidad de Madrid para acceder a la Renta Mínima de Inserción.En cualquier caso, la senda de estabilidad fue tumbada según lo esperado, siguiendo los plazos previstos para que el relato derive en la convocatoria de elecciones. Y como el pleno fue más largo de lo previsto, lío final de trenes, aviones y cambios de billetes. Por no hablar de los futboleros, nerviosos porque no llegaban al himno. Al menos así pensarán en España, aunque sea una vez en el día. Había coronado Pogačar las montañas de Cantal, la Selección salía camino de Arlington y David Sánchez cambiaba la danza de las chirimoyas por el nocturno a la prevaricación. Sobre todo esto último copó la atención informativa dentro del hemiciclo, con sus señorías pasando la sentencia a la Inteligencia Artificial con un ‘prompt’ que quiero imaginar parecido a: «Analiza esta sentencia desde una tesis de que confirme la existencia de una persecución judicial y mediática contra el entorno del Gobierno, destaca los elementos que apoyen esa interpretación, minimiza los aspectos que la contradigan y redacta el análisis con el tono persuasivo, macarra y ventajista propio de una dictadura centroamericana». O algo así. Así que, en resumidas cuentas, nadie se había leído la sentencia , pero todos cruzaban valoraciones como poseídos por el manual de Mir Puig. Y en la tribuna de oradores un Vía Crucis interminable de convalidaciones de decretos-leyes, uno para garantizar el funcionamiento de RTVE y otro con medidas para reforzar el sistema de dependencia; la aprobación del dictamen de la reforma de la Ley General de Discapacidad y de la Ley de Dependencia y el debate de la proposición de ley para reformar el Código Penal en materia de protección de la libertad de expresión. Como ven, una hemorragia de diversión, altura dialéctica y homenajes a don Emilio Castelar. Tan apasionante fue la jornada que el legislativo se echó en brazos del absentismo laboral -algunos solo aparecieron por su escaño para votar– y, por momentos, el aforo no superaba el diez por ciento. Algunos a eso lo llaman fraude.Pero antes de ello, el debate sobre los objetivos de estabilidad presupuestaria: el segundo paso, tras la publicación del cuadro macroeconómico, para la tramitación de los presupuestos generales del estado. No tiene demasiada importancia porque su decaimiento solo implica que estos se realizarán sobre el último techo de gasto aprobado. Así que todo sigue su cauce, tras el paripé. Lo que interesaba era la posición del gobierno, representado por Arcadi España. Por cierto, en solitario: Sánchez estaba en París, contraponiendo a Marianne con Mariano. Así que ahí estaba el ministro, que está mutando en Berto Romero, descorbatado como el resto del grupo socialista. Algunos sin americana y varios directamente en manga corta: estamos a media hora de verlos con bermudas, un sombrero de paja y la camiseta de los Lakers. Aun así, el debate sirvió para tres cosas. En primer lugar, para intuir que el PSOE va a utilizar los presupuestos para culpar a la derecha de todos los males del país. Empezando –me temo– por los trenes; en segundo lugar, para confirmar que en el PP siguen a lo suyo, que es a quitarse del medio estas intervenciones con faenas de aliño y sin trabajo. Habló Marí Bosó –¿dónde está Juan Bravo cuando se le necesita? –, como podría haber hablado un tertuliano al azar; y, en tercer lugar, para constatar que frente a un PP cada vez más desdibujado, vemos a un Vox cada vez más crecido. Uno puede estar de acuerdo o no con las posiciones de Figaredo, pero su intervención fue objetivamente buena, trasladó una propuesta clara y, al contrario que el PP, supo confrontar su visión con la del PSOE. «Si tal y como dice el ministro, los presupuestos ‘mueven el país’, ¿qué han estado haciendo hasta ahora?», preguntó. Pero, sobre todo, planteó un debate oportuno, que es el de la inmigración desde el punto de vista económico y no desde el identitario. Si alguien quiere saber por qué la gente de izquierdas vota a Vox, que escuche a Figaredo contraponer su modelo a la socialdemocracia. Mientras unos hablan de dinero y de la competencia por los recursos del estado, otros hablan de gordofobia. Y, ya que estaba, volvió a atizar a Ayuso. En el grupo Popular esto no importa porque probablemente ni lo escuchen. Como muestra, hace unas semanas votaron a favor de una moción de Vox en cuya exposición de motivos criticaba los requisitos de la Comunidad de Madrid para acceder a la Renta Mínima de Inserción.En cualquier caso, la senda de estabilidad fue tumbada según lo esperado, siguiendo los plazos previstos para que el relato derive en la convocatoria de elecciones. Y como el pleno fue más largo de lo previsto, lío final de trenes, aviones y cambios de billetes. Por no hablar de los futboleros, nerviosos porque no llegaban al himno. Al menos así pensarán en España, aunque sea una vez en el día. RSS de noticias de espana
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