No hay Semana Santa que no empiece por Ella. No hay fiesta que no escriba una primera página de oraciones que miran a lo alto, del negro luto que resplandece, de lágrimas que se enjugan por mirar a las suyas. De flores blancas que resplandecen de la primavera que brilla fuera.En un año de luz y de cielo impoluto como éste o en aquellos que traen lluvia o su amenaza, no falta la Virgen de los Dolores para decir desde su altura que llega la Semana Santa de Córdoba y que será Ella misma quien tenga que despedirla, después de muchos días de oraciones y gozos. Ni siquiera en aquel de encierro faltó su presencia y el rezo del obispo a su nombre, aunque casi nadie pudiera verla. Nunca había faltado antes o después, en realidad, pero desde entonces hay que ir todavía con más convencimiento, porque sabe el alma lo que la echa de menos en su día.Noticia relacionada galeria No No Fotogalería El Viernes de Dolores a los pies de la Virgen, en imágenes Fran PérezEs Viernes de Dolores en Córdoba y empieza al amanecer y hasta al acercarse por la calle Torres Cabrera, al llegar por la plaza de Colón, al pisar las piedras de la plaza y pegarse a la pared para hacer la cola y no separarse de su vera. Todo lo que la rodea es Ella, no hay paso en el día que no conduzca hasta sus plantas o que no esté impregnado ya por su recuerdo. Por su añoranza.Amanece el día radiante y algo fresco, como tienen que ser los días puros que luego dejan los mejores recuerdos de cada Semana Santa y una fuerza empieza a atraer hacia el rectángulo de cal en que la Virgen espera. Espera Ella y como el alma sabe que son muchos los que quieren verla también hay que tener paciencia hasta llegar.Un paso detrás de otro. Hay ir y venir de corazones que se acercan con el pellizco de llegar y que se marchan con el alivio de que lo han hecho y de que lo que han escuchado con el alma les ha servido. Qué error comete quien piense que allí nada cambia.OracionesSe repetirán muchas cosas, pero nada es igual aunque lo parezca porque no son iguales las cuitas de los que llegan. Para eso está el Viernes de Dolores, para contar y también para escuchar y no marcharse hasta que se han secado las lágrimas.Espera la Virgen de los Dolores con un brillo que parece nuevo en el oro antiguo del manto de las estrellas que donó el obispo Alburquerque y en la saya del cordero, como si hubiera algo inédito en el corazón de las siete espadas y en la mano derecha siempre baja y atenta a recibir.El que ha subido los escalones y la encuentra no sabe si avanzar o no desenclavar la mirada, ahora que ha empezado a repartir dulzura. La iglesia es pequeña y en horario de misa no se podrá llegar justo a sus plantas, aunque sí cerca. Por la tarde si es posible pasar cerca.Noticia relacionada general No No El obispo, sobre Noelia: «Como sociedad hemos fallado y no le hemos facilitado vivir sin dolor» Luis MirandaRezan los que han llegado con palabras que sólo conocerá la Virgen de los Dolores y a las 11.00 comienza la Fiesta de Regla, que por primera vez preside Jesús Fernández como obispo de Córdoba, y que confiesa que llega «con gran emoción y devoción».Recuerda cómo María acompaña a Jesús, que siempre «está dispuesto a cumplir con la voluntad del Padre». Fue atractivo por sus milagros, pero llegó al mundo «para compartir lo más trágico del hombre», y le entregó «lo más querido, que era su madre». Pudo, dice, haber tenido una vida de fama con sus milagros, y de hecho muchos lo seguían entonces, pero en la cruz sí que estaba su Madre. De ello, del pasaje del Evangelio de San Juan al pie de la cruz, habla el Evangelio del día.Cuando incluso los apóstoles más cercanos han desaparecido tras la detención de Jesús, la Virgen permanece. «Estamos aquí para acompañar a la Madre de Jesús en sus padecimientos , que es también una creyente que aunque no entienda lo que suceda no ha perdido la fe», resume.«No queremos abandonarla en el dolor, por eso estamos aquí, con la Señora de Córdoba», dice el obispo, que insiste en que María «ayuda a ser discípulos» que permanecen al lado del Señor. Insiste en la necesidad de no caer en ese riesgo.En la misa, la Hermandad Nacional Monárquica impone además a la Virgen el Lazo Gran Cruz, su máxima distinción, por su vinculacion con la cofradía. En su primer Viernes de Dolores como obispo de Córdoba, Jesús Fernández ha pedido «acompañar a la Virgen en sus padecimientos»Continúa la misa, siguen las visitas y la plaza no deja de resplandecer. Está en besamanos la Virgen de la Paz , en la iglesia de Capuchinos. Hay también cola hasta llegar a estar delante y espera con el blanco que ya la identifica y también con oro en la corona que se le impuso el 15 de octubre de 2022.El blanco y la plata brillan en el manto y en la saya; el oro, en los filos del tocado y en muchos detalles. A los devotos, los jóvenes les invitan a comprar un clavel blanco para dejarlo a sus plantas y al llegar lo dejan, besan la mano y no quieren marcharse del todo.La finura, el ajuar cuidado y la belleza con que la hermandad la ha dispuesto al pie de la iglesia de los Capuchinos no abruman su estampa delicada y dulce, que se impone a todo lo que hay a su alrededor. A sus pies, encima de la peana, han colocado azahares , que este año han llegado de forma providencial a la cita con la Semana Santa de Córdoba y que hace días que ofrecen su canto en los naranjos.Tiemblan las hermandades, los cofrades, quizá la ciudad entera cuando va llegando la fiesta. Por la tarde se retirarán algunos bancos y será posible acercarse mucho más a la Virgen de los Dolores. Irán saliendo los vía crucis por las naves de las iglesias, por las calles y hasta la Catedral llegará el Cristo de la Providencia .Los que han ido a ver a la Virgen de los Dolores se han quedado un largo rato, sin querer despegarse de su lado, como para hacer una fotografía, mental mucho mejor que física, que les va a servir para todos estos días y que van a llevar en el corazón como una estampa . No hay Semana Santa que no empiece por Ella. No hay fiesta que no escriba una primera página de oraciones que miran a lo alto, del negro luto que resplandece, de lágrimas que se enjugan por mirar a las suyas. De flores blancas que resplandecen de la primavera que brilla fuera.En un año de luz y de cielo impoluto como éste o en aquellos que traen lluvia o su amenaza, no falta la Virgen de los Dolores para decir desde su altura que llega la Semana Santa de Córdoba y que será Ella misma quien tenga que despedirla, después de muchos días de oraciones y gozos. Ni siquiera en aquel de encierro faltó su presencia y el rezo del obispo a su nombre, aunque casi nadie pudiera verla. Nunca había faltado antes o después, en realidad, pero desde entonces hay que ir todavía con más convencimiento, porque sabe el alma lo que la echa de menos en su día.Noticia relacionada galeria No No Fotogalería El Viernes de Dolores a los pies de la Virgen, en imágenes Fran PérezEs Viernes de Dolores en Córdoba y empieza al amanecer y hasta al acercarse por la calle Torres Cabrera, al llegar por la plaza de Colón, al pisar las piedras de la plaza y pegarse a la pared para hacer la cola y no separarse de su vera. Todo lo que la rodea es Ella, no hay paso en el día que no conduzca hasta sus plantas o que no esté impregnado ya por su recuerdo. Por su añoranza.Amanece el día radiante y algo fresco, como tienen que ser los días puros que luego dejan los mejores recuerdos de cada Semana Santa y una fuerza empieza a atraer hacia el rectángulo de cal en que la Virgen espera. Espera Ella y como el alma sabe que son muchos los que quieren verla también hay que tener paciencia hasta llegar.Un paso detrás de otro. Hay ir y venir de corazones que se acercan con el pellizco de llegar y que se marchan con el alivio de que lo han hecho y de que lo que han escuchado con el alma les ha servido. Qué error comete quien piense que allí nada cambia.OracionesSe repetirán muchas cosas, pero nada es igual aunque lo parezca porque no son iguales las cuitas de los que llegan. Para eso está el Viernes de Dolores, para contar y también para escuchar y no marcharse hasta que se han secado las lágrimas.Espera la Virgen de los Dolores con un brillo que parece nuevo en el oro antiguo del manto de las estrellas que donó el obispo Alburquerque y en la saya del cordero, como si hubiera algo inédito en el corazón de las siete espadas y en la mano derecha siempre baja y atenta a recibir.El que ha subido los escalones y la encuentra no sabe si avanzar o no desenclavar la mirada, ahora que ha empezado a repartir dulzura. La iglesia es pequeña y en horario de misa no se podrá llegar justo a sus plantas, aunque sí cerca. Por la tarde si es posible pasar cerca.Noticia relacionada general No No El obispo, sobre Noelia: «Como sociedad hemos fallado y no le hemos facilitado vivir sin dolor» Luis MirandaRezan los que han llegado con palabras que sólo conocerá la Virgen de los Dolores y a las 11.00 comienza la Fiesta de Regla, que por primera vez preside Jesús Fernández como obispo de Córdoba, y que confiesa que llega «con gran emoción y devoción».Recuerda cómo María acompaña a Jesús, que siempre «está dispuesto a cumplir con la voluntad del Padre». Fue atractivo por sus milagros, pero llegó al mundo «para compartir lo más trágico del hombre», y le entregó «lo más querido, que era su madre». Pudo, dice, haber tenido una vida de fama con sus milagros, y de hecho muchos lo seguían entonces, pero en la cruz sí que estaba su Madre. De ello, del pasaje del Evangelio de San Juan al pie de la cruz, habla el Evangelio del día.Cuando incluso los apóstoles más cercanos han desaparecido tras la detención de Jesús, la Virgen permanece. «Estamos aquí para acompañar a la Madre de Jesús en sus padecimientos , que es también una creyente que aunque no entienda lo que suceda no ha perdido la fe», resume.«No queremos abandonarla en el dolor, por eso estamos aquí, con la Señora de Córdoba», dice el obispo, que insiste en que María «ayuda a ser discípulos» que permanecen al lado del Señor. Insiste en la necesidad de no caer en ese riesgo.En la misa, la Hermandad Nacional Monárquica impone además a la Virgen el Lazo Gran Cruz, su máxima distinción, por su vinculacion con la cofradía. En su primer Viernes de Dolores como obispo de Córdoba, Jesús Fernández ha pedido «acompañar a la Virgen en sus padecimientos»Continúa la misa, siguen las visitas y la plaza no deja de resplandecer. Está en besamanos la Virgen de la Paz , en la iglesia de Capuchinos. Hay también cola hasta llegar a estar delante y espera con el blanco que ya la identifica y también con oro en la corona que se le impuso el 15 de octubre de 2022.El blanco y la plata brillan en el manto y en la saya; el oro, en los filos del tocado y en muchos detalles. A los devotos, los jóvenes les invitan a comprar un clavel blanco para dejarlo a sus plantas y al llegar lo dejan, besan la mano y no quieren marcharse del todo.La finura, el ajuar cuidado y la belleza con que la hermandad la ha dispuesto al pie de la iglesia de los Capuchinos no abruman su estampa delicada y dulce, que se impone a todo lo que hay a su alrededor. A sus pies, encima de la peana, han colocado azahares , que este año han llegado de forma providencial a la cita con la Semana Santa de Córdoba y que hace días que ofrecen su canto en los naranjos.Tiemblan las hermandades, los cofrades, quizá la ciudad entera cuando va llegando la fiesta. Por la tarde se retirarán algunos bancos y será posible acercarse mucho más a la Virgen de los Dolores. Irán saliendo los vía crucis por las naves de las iglesias, por las calles y hasta la Catedral llegará el Cristo de la Providencia .Los que han ido a ver a la Virgen de los Dolores se han quedado un largo rato, sin querer despegarse de su lado, como para hacer una fotografía, mental mucho mejor que física, que les va a servir para todos estos días y que van a llevar en el corazón como una estampa . No hay Semana Santa que no empiece por Ella. No hay fiesta que no escriba una primera página de oraciones que miran a lo alto, del negro luto que resplandece, de lágrimas que se enjugan por mirar a las suyas. De flores blancas que resplandecen de la primavera que brilla fuera.En un año de luz y de cielo impoluto como éste o en aquellos que traen lluvia o su amenaza, no falta la Virgen de los Dolores para decir desde su altura que llega la Semana Santa de Córdoba y que será Ella misma quien tenga que despedirla, después de muchos días de oraciones y gozos. Ni siquiera en aquel de encierro faltó su presencia y el rezo del obispo a su nombre, aunque casi nadie pudiera verla. Nunca había faltado antes o después, en realidad, pero desde entonces hay que ir todavía con más convencimiento, porque sabe el alma lo que la echa de menos en su día.Noticia relacionada galeria No No Fotogalería El Viernes de Dolores a los pies de la Virgen, en imágenes Fran PérezEs Viernes de Dolores en Córdoba y empieza al amanecer y hasta al acercarse por la calle Torres Cabrera, al llegar por la plaza de Colón, al pisar las piedras de la plaza y pegarse a la pared para hacer la cola y no separarse de su vera. Todo lo que la rodea es Ella, no hay paso en el día que no conduzca hasta sus plantas o que no esté impregnado ya por su recuerdo. Por su añoranza.Amanece el día radiante y algo fresco, como tienen que ser los días puros que luego dejan los mejores recuerdos de cada Semana Santa y una fuerza empieza a atraer hacia el rectángulo de cal en que la Virgen espera. Espera Ella y como el alma sabe que son muchos los que quieren verla también hay que tener paciencia hasta llegar.Un paso detrás de otro. Hay ir y venir de corazones que se acercan con el pellizco de llegar y que se marchan con el alivio de que lo han hecho y de que lo que han escuchado con el alma les ha servido. Qué error comete quien piense que allí nada cambia.OracionesSe repetirán muchas cosas, pero nada es igual aunque lo parezca porque no son iguales las cuitas de los que llegan. Para eso está el Viernes de Dolores, para contar y también para escuchar y no marcharse hasta que se han secado las lágrimas.Espera la Virgen de los Dolores con un brillo que parece nuevo en el oro antiguo del manto de las estrellas que donó el obispo Alburquerque y en la saya del cordero, como si hubiera algo inédito en el corazón de las siete espadas y en la mano derecha siempre baja y atenta a recibir.El que ha subido los escalones y la encuentra no sabe si avanzar o no desenclavar la mirada, ahora que ha empezado a repartir dulzura. La iglesia es pequeña y en horario de misa no se podrá llegar justo a sus plantas, aunque sí cerca. Por la tarde si es posible pasar cerca.Noticia relacionada general No No El obispo, sobre Noelia: «Como sociedad hemos fallado y no le hemos facilitado vivir sin dolor» Luis MirandaRezan los que han llegado con palabras que sólo conocerá la Virgen de los Dolores y a las 11.00 comienza la Fiesta de Regla, que por primera vez preside Jesús Fernández como obispo de Córdoba, y que confiesa que llega «con gran emoción y devoción».Recuerda cómo María acompaña a Jesús, que siempre «está dispuesto a cumplir con la voluntad del Padre». Fue atractivo por sus milagros, pero llegó al mundo «para compartir lo más trágico del hombre», y le entregó «lo más querido, que era su madre». Pudo, dice, haber tenido una vida de fama con sus milagros, y de hecho muchos lo seguían entonces, pero en la cruz sí que estaba su Madre. De ello, del pasaje del Evangelio de San Juan al pie de la cruz, habla el Evangelio del día.Cuando incluso los apóstoles más cercanos han desaparecido tras la detención de Jesús, la Virgen permanece. «Estamos aquí para acompañar a la Madre de Jesús en sus padecimientos , que es también una creyente que aunque no entienda lo que suceda no ha perdido la fe», resume.«No queremos abandonarla en el dolor, por eso estamos aquí, con la Señora de Córdoba», dice el obispo, que insiste en que María «ayuda a ser discípulos» que permanecen al lado del Señor. Insiste en la necesidad de no caer en ese riesgo.En la misa, la Hermandad Nacional Monárquica impone además a la Virgen el Lazo Gran Cruz, su máxima distinción, por su vinculacion con la cofradía. En su primer Viernes de Dolores como obispo de Córdoba, Jesús Fernández ha pedido «acompañar a la Virgen en sus padecimientos»Continúa la misa, siguen las visitas y la plaza no deja de resplandecer. Está en besamanos la Virgen de la Paz , en la iglesia de Capuchinos. Hay también cola hasta llegar a estar delante y espera con el blanco que ya la identifica y también con oro en la corona que se le impuso el 15 de octubre de 2022.El blanco y la plata brillan en el manto y en la saya; el oro, en los filos del tocado y en muchos detalles. A los devotos, los jóvenes les invitan a comprar un clavel blanco para dejarlo a sus plantas y al llegar lo dejan, besan la mano y no quieren marcharse del todo.La finura, el ajuar cuidado y la belleza con que la hermandad la ha dispuesto al pie de la iglesia de los Capuchinos no abruman su estampa delicada y dulce, que se impone a todo lo que hay a su alrededor. A sus pies, encima de la peana, han colocado azahares , que este año han llegado de forma providencial a la cita con la Semana Santa de Córdoba y que hace días que ofrecen su canto en los naranjos.Tiemblan las hermandades, los cofrades, quizá la ciudad entera cuando va llegando la fiesta. Por la tarde se retirarán algunos bancos y será posible acercarse mucho más a la Virgen de los Dolores. Irán saliendo los vía crucis por las naves de las iglesias, por las calles y hasta la Catedral llegará el Cristo de la Providencia .Los que han ido a ver a la Virgen de los Dolores se han quedado un largo rato, sin querer despegarse de su lado, como para hacer una fotografía, mental mucho mejor que física, que les va a servir para todos estos días y que van a llevar en el corazón como una estampa . RSS de noticias de espana/andalucia
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