El enorme presupuesto destinado desde la Unión Europea al sector de la Defensa (454.000 millones de euros para 2026), con el argumento de consolidar la autonomía estratégica, está orientado a la producción y tiene como eje a la industria. La narrativa del gasto se centra en los procesos de compra, dando a entender, como ocurre en la OTAN, que lo relevante es la cifra, el porcentaje del presupuesto sobre el PIB que cada Estado miembro destina a esta partida. Si no se tiene en cuenta una visión que integre el propósito global del poder militar, la dinámica cortoplacista de la agenda política tiende a dejar de lado aspectos esenciales que garantizan esa capacidad. La educación es uno de ellos.Septiembre es el mes del regreso a las aulas. Uno de los asuntos de fondo en el diseño de la política de Defensa es la formación, concretamente, en su dimensión técnica y superior. España sufre una deficiencia grave en este aspecto. La falta de personal capacitado afecta a la contratación de personal de las empresas, a la generación de centros especializados de I+D+i y a la cadena de suministro de la industria. La demanda esencial, además de perfiles de Ingeniería, es la Formación Profesional. Se hace necesario poner en valor el ‘pupitre estratégico’, expresión de un diseño orientado a largo plazo. Aulas, campus y talleres deben miran hoy al sector de la Defensa. La era digital lo ha cambiado todo. Los programas tecnológicos deberían ser un polo de atracción del talento, pues son también el canal de innovación orientado al ámbito civil, que es donde está el verdadero impacto global. Teniendo en cuenta el liderazgo de Estados Unidos (DARPA) o Israel (Mafat), hay casos donde se pueden encontrar modelos apropiados, como es Turquía (SSB) o Corea del Sur (ADD).Lo esencial del diseño educativo es que las aulas técnicas y superiores puedan estar integradas en conglomerados público-privados y parques tecnológicos. Nuestro reto no es competir en tamaño con grandes multinacionales, sino fomentar y consolidar pequeñas y medianas empresas especializadas, que puedan asegurar capacidades nacionales y salir al mercado global mediante la cooperación en programas. La FP y Universidad necesitan el sello de la Defensa porque los libros de texto deben estar asociados a la soberanía tecnológica. Las aulas de hoy deben responder a la seguridad del mañana porque talento y estrategia van de la mano. Esta es una asignatura pendiente para el curso que comienza. El enorme presupuesto destinado desde la Unión Europea al sector de la Defensa (454.000 millones de euros para 2026), con el argumento de consolidar la autonomía estratégica, está orientado a la producción y tiene como eje a la industria. La narrativa del gasto se centra en los procesos de compra, dando a entender, como ocurre en la OTAN, que lo relevante es la cifra, el porcentaje del presupuesto sobre el PIB que cada Estado miembro destina a esta partida. Si no se tiene en cuenta una visión que integre el propósito global del poder militar, la dinámica cortoplacista de la agenda política tiende a dejar de lado aspectos esenciales que garantizan esa capacidad. La educación es uno de ellos.Septiembre es el mes del regreso a las aulas. Uno de los asuntos de fondo en el diseño de la política de Defensa es la formación, concretamente, en su dimensión técnica y superior. España sufre una deficiencia grave en este aspecto. La falta de personal capacitado afecta a la contratación de personal de las empresas, a la generación de centros especializados de I+D+i y a la cadena de suministro de la industria. La demanda esencial, además de perfiles de Ingeniería, es la Formación Profesional. Se hace necesario poner en valor el ‘pupitre estratégico’, expresión de un diseño orientado a largo plazo. Aulas, campus y talleres deben miran hoy al sector de la Defensa. La era digital lo ha cambiado todo. Los programas tecnológicos deberían ser un polo de atracción del talento, pues son también el canal de innovación orientado al ámbito civil, que es donde está el verdadero impacto global. Teniendo en cuenta el liderazgo de Estados Unidos (DARPA) o Israel (Mafat), hay casos donde se pueden encontrar modelos apropiados, como es Turquía (SSB) o Corea del Sur (ADD).Lo esencial del diseño educativo es que las aulas técnicas y superiores puedan estar integradas en conglomerados público-privados y parques tecnológicos. Nuestro reto no es competir en tamaño con grandes multinacionales, sino fomentar y consolidar pequeñas y medianas empresas especializadas, que puedan asegurar capacidades nacionales y salir al mercado global mediante la cooperación en programas. La FP y Universidad necesitan el sello de la Defensa porque los libros de texto deben estar asociados a la soberanía tecnológica. Las aulas de hoy deben responder a la seguridad del mañana porque talento y estrategia van de la mano. Esta es una asignatura pendiente para el curso que comienza. El enorme presupuesto destinado desde la Unión Europea al sector de la Defensa (454.000 millones de euros para 2026), con el argumento de consolidar la autonomía estratégica, está orientado a la producción y tiene como eje a la industria. La narrativa del gasto se centra en los procesos de compra, dando a entender, como ocurre en la OTAN, que lo relevante es la cifra, el porcentaje del presupuesto sobre el PIB que cada Estado miembro destina a esta partida. Si no se tiene en cuenta una visión que integre el propósito global del poder militar, la dinámica cortoplacista de la agenda política tiende a dejar de lado aspectos esenciales que garantizan esa capacidad. La educación es uno de ellos.Septiembre es el mes del regreso a las aulas. Uno de los asuntos de fondo en el diseño de la política de Defensa es la formación, concretamente, en su dimensión técnica y superior. España sufre una deficiencia grave en este aspecto. La falta de personal capacitado afecta a la contratación de personal de las empresas, a la generación de centros especializados de I+D+i y a la cadena de suministro de la industria. La demanda esencial, además de perfiles de Ingeniería, es la Formación Profesional. Se hace necesario poner en valor el ‘pupitre estratégico’, expresión de un diseño orientado a largo plazo. Aulas, campus y talleres deben miran hoy al sector de la Defensa. La era digital lo ha cambiado todo. Los programas tecnológicos deberían ser un polo de atracción del talento, pues son también el canal de innovación orientado al ámbito civil, que es donde está el verdadero impacto global. Teniendo en cuenta el liderazgo de Estados Unidos (DARPA) o Israel (Mafat), hay casos donde se pueden encontrar modelos apropiados, como es Turquía (SSB) o Corea del Sur (ADD).Lo esencial del diseño educativo es que las aulas técnicas y superiores puedan estar integradas en conglomerados público-privados y parques tecnológicos. Nuestro reto no es competir en tamaño con grandes multinacionales, sino fomentar y consolidar pequeñas y medianas empresas especializadas, que puedan asegurar capacidades nacionales y salir al mercado global mediante la cooperación en programas. La FP y Universidad necesitan el sello de la Defensa porque los libros de texto deben estar asociados a la soberanía tecnológica. Las aulas de hoy deben responder a la seguridad del mañana porque talento y estrategia van de la mano. Esta es una asignatura pendiente para el curso que comienza. RSS de noticias de espana
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