Me gusta imaginar a Eduardo Galeano siguendo su viejo ritual. Cuando empezaba cada Mundial, el escritor uruguayo salía a la puerta de casa y colgaba un cartel, plastificado contra la lluvia y en letras mayúsculas contra los molestadores, que decía: “Cerrado por fútbol”. Hoy Galeano tendría 86 años y las venas abiertas por el trumpismo y sus trombos. Él definió el fútbol como la única religión que no tiene ateos. Seguramente, por lo imposible que es mantenerse al margen —ni a favor ni en contra— de esta pasión colectiva, de este delirio emocional.
Javier Marías definió el fútbol como la recuperación semanal de la infancia. Yo hace tiempo que entiendo el fútbol como el regreso imposible a la despreocupación. Cuestión de matices
Me gusta imaginar a Eduardo Galeano siguendo su viejo ritual. Cuando empezaba cada Mundial, el escritor uruguayo salía a la puerta de casa y colgaba un cartel, plastificado contra la lluvia y en letras mayúsculas contra los molestadores, que decía: “Cerrado por fútbol”. Hoy Galeano tendría 86 años y las venas abiertas por el trumpismo y sus trombos. Él definió el fútbol como la única religión que no tiene ateos. Seguramente, por lo imposible que es mantenerse al margen —ni a favor ni en contra— de esta pasión colectiva, de este delirio emocional.
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