<p>Probablemente, cuando <strong>Zapatero</strong> nos distrajo en 2011 con sus propósitos tras su renuncia a la reelección y retirada de la política y, con desapego y fingida sobriedad, nos dijo que viviría en León y viajaría en tren a Madrid para asistir a las sesiones del Consejo de Estado, ya amasaba otras intenciones. Probablemente ganó tiempo y anonimato. Dejamos de prestarle atención. Zapatero fue un fiasco y, en general, los españoles acabaron hasta el gorro de él. A nadie, ni a la prensa en papel cuché, le interesaría una vida tan prosaica, monótona y carente de glamur. Apagó deliberadamente su interruptor y comenzaron -o continuó con- sus negocios.</p>
Probablemente, cuando Zapatero nos distrajo en 2011 con sus propósitos tras su renuncia a la reelección y retirada de la política y, con desapego y fingida sobr
<p>Probablemente, cuando <strong>Zapatero</strong> nos distrajo en 2011 con sus propósitos tras su renuncia a la reelección y retirada de la política y, con desapego y fingida sobriedad, nos dijo que viviría en León y viajaría en tren a Madrid para asistir a las sesiones del Consejo de Estado, ya amasaba otras intenciones. Probablemente ganó tiempo y anonimato. Dejamos de prestarle atención. Zapatero fue un fiasco y, en general, los españoles acabaron hasta el gorro de él. A nadie, ni a la prensa en papel cuché, le interesaría una vida tan prosaica, monótona y carente de glamur. Apagó deliberadamente su interruptor y comenzaron -o continuó con- sus negocios.</p>
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