Hasta que no acabe la final de este Roland Garros, hasta que no levante la Copa de los Mosqueteros y se haga fotos con ella, descorche el champán en el vestuario y se marche a celebrarlo en algún restaurante chic de París, quedará la duda de si Alexander Zverev es capaz de ganar un Grand Slam. Finalista aquí en 2024, en el US Open de 2020 y en el Open de Australia de 2025, arrastra desde hace años esa etiqueta de tenista maldito. Cuando apareció en el circuito ATP se topó con Novak Djokovic y Rafa Nadal —no tanto con Roger Federer— y su madurez coincidió con la eclosión de Carlos Alcaraz y Jannik Sinner. Así, imposible.
El alemán firmó en semifinales su mejor partido del torneo para vencer por 7-6, 6-2, 3-6 y 6-3, donde se enfrentrá al ganador del duelo entre Cobolli y Arnaldi
Hasta que no acabe la final de este Roland Garros, hasta que no levante la Copa de los Mosqueteros y se haga fotos con ella, descorche el champán en el vestuario y se marche a celebrarlo en algún restaurante chic de París, quedará la duda de si Alexander Zverev es capaz de ganar un Grand Slam. Finalista aquí en 2024, en el US Open de 2020 y en el Open de Australia de 2025, arrastra desde hace años esa etiqueta de tenista maldito. Cuando apareció en el circuito ATP se topó con Novak Djokovic y Rafa Nadal —no tanto con Roger Federer— y su madurez coincidió con la eclosión de Carlos Alcaraz y Jannik Sinner. Así, imposible.
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