Crítica de teatro ‘Farsa y licencia de la reina castiza’ Texto Ramón María del Valle-Inclán Versión y dirección Ana Zamora Dirección musical Víctor Pliego de Andrés Voz y palabra Vicente Fuentes Vestuario Deborah Macías Espacio escénico y trabajo de objetos David Faraco Iluminación Juan Gómez Cornejo Coreografía Javier García Ávila Intérpretes Miguel Ángel Amor, Paula Iwasaki, Alejandro Pau, Aisa Pérez, Rafael Ortiz y Isabel Zamora Lugar Teatro Español (Sala Margarita Xirgu) ****El Diccionario de la RAE define ‘farsa’ como «Obra de teatro cómica, generalmente breve y de carácter satírico». Y los tres adjetivos: cómica, breve y satírica se pueden aplicar perfectamente a la obra que acaba de estrenarse en la Sala Margarita Xirgu del Teatro Español , ‘Farsa y licencia de la reina castiza’, y que cierra la temporada en este espacio. Se trata, vaya por delante, de un magnífico espectáculo, que huye del trazo grueso -tan tentador en estos casos-, elegantemente vulgar y cuidado al máximo en todos los detalles.Hay autores, como Valle-Inclán, que merecerían estar permanentemente en cartel. Por eso cada vez que una obra del que muchos consideran el mayor dramaturgo español del siglo XX sube a escena hay que saludarlo con alegría. Más si se trata de una obra como ‘Farsa y licencia de la reina castiza’, publicada por primera vez en 1920, estrenada once años más tarde en el Teatro Muñoz Seca de Madrid, y que se considera como un ‘protoesperpento’ -‘Luces de bohemia’, el máximo exponente de este género, se publicaría completo cuatro años después-, y con la garantía que ofrece siempre el trabajo de Ana Zamora y su compañía Nao d’Amores .No es frecuente que la directora segoviana y su equipo salgan «de la cueva renacentista» -Eduardo Vasco dixit-, pero a la vista de los resultados no estaría mal que lo hiciera más a menudo. Sobre una versión propia reducida a una hora, Ana Zamora construye una función tan esencial como profunda, tan ligera como reflexiva, tan divertida como ácida; y, sobre todo, viva, muy viva.Noticia relacionada general No No Vuelve ‘La escopeta nacional’ «Más allá de la corrupción y el puterío, hay algo claro: siempre pagan los ciudadanos» Julio BravoSe suele decir que los borrachos y los niños siempre dicen la verdad, y algo de infantil hay en el juego que propone Ana Zamora, con una puesta en escena guiñolesca y ferozmente ‘inocente’. Valle-Inclán cuenta en esta farsa el hallazgo de unas cartas sexualmente comprometedoras de la Reina Isabel II y el posterior chantaje por parte de unos pícaros, y a través de este episodio traza un grotesco retrato de aquella corte llena de aduladores, de arribistas y de corruptos (cualquier parecido con la realidad actual es pura coincidencia). Con esta historia, escrita en verso, la directora crea un espectáculo lleno de gracia, de garbo y de inteligencia, sobrio y entretenido, desvergonzado y elegantemente procaz; tiene Ana Zamora la inteligencia de no subrayar ni buscar la fácil complicidad de las similitudes con la actualidad. Así, sobre todo brilla la palabra resplandeciente de Valle-Inclán, con un lenguaje -acotaciones incluidas- que son fuegos artificiales, especialmente en estos tiempos en los que tanto se ha degradado. Solo por escuchar frases como ésta: «El Lucero del Alba, si se ajuma, / es más lino que el Rey de los gabachos» merece la pena estar sentado en la butaca.Sobre todo si se dice con la preciosidad con la que lo hacen los intérpretes de este montaje, afinados todoterrenos que se expresan a través de la palabra, la música y el baile convertidos en guiñoles bufonescos, en caricaturas vistas a través de los espejos del Callejón del Gato, y que convierten el cuidadísimo espectáculo en una fiesta teatral de primer orden. Crítica de teatro ‘Farsa y licencia de la reina castiza’ Texto Ramón María del Valle-Inclán Versión y dirección Ana Zamora Dirección musical Víctor Pliego de Andrés Voz y palabra Vicente Fuentes Vestuario Deborah Macías Espacio escénico y trabajo de objetos David Faraco Iluminación Juan Gómez Cornejo Coreografía Javier García Ávila Intérpretes Miguel Ángel Amor, Paula Iwasaki, Alejandro Pau, Aisa Pérez, Rafael Ortiz y Isabel Zamora Lugar Teatro Español (Sala Margarita Xirgu) ****El Diccionario de la RAE define ‘farsa’ como «Obra de teatro cómica, generalmente breve y de carácter satírico». Y los tres adjetivos: cómica, breve y satírica se pueden aplicar perfectamente a la obra que acaba de estrenarse en la Sala Margarita Xirgu del Teatro Español , ‘Farsa y licencia de la reina castiza’, y que cierra la temporada en este espacio. Se trata, vaya por delante, de un magnífico espectáculo, que huye del trazo grueso -tan tentador en estos casos-, elegantemente vulgar y cuidado al máximo en todos los detalles.Hay autores, como Valle-Inclán, que merecerían estar permanentemente en cartel. Por eso cada vez que una obra del que muchos consideran el mayor dramaturgo español del siglo XX sube a escena hay que saludarlo con alegría. Más si se trata de una obra como ‘Farsa y licencia de la reina castiza’, publicada por primera vez en 1920, estrenada once años más tarde en el Teatro Muñoz Seca de Madrid, y que se considera como un ‘protoesperpento’ -‘Luces de bohemia’, el máximo exponente de este género, se publicaría completo cuatro años después-, y con la garantía que ofrece siempre el trabajo de Ana Zamora y su compañía Nao d’Amores .No es frecuente que la directora segoviana y su equipo salgan «de la cueva renacentista» -Eduardo Vasco dixit-, pero a la vista de los resultados no estaría mal que lo hiciera más a menudo. Sobre una versión propia reducida a una hora, Ana Zamora construye una función tan esencial como profunda, tan ligera como reflexiva, tan divertida como ácida; y, sobre todo, viva, muy viva.Noticia relacionada general No No Vuelve ‘La escopeta nacional’ «Más allá de la corrupción y el puterío, hay algo claro: siempre pagan los ciudadanos» Julio BravoSe suele decir que los borrachos y los niños siempre dicen la verdad, y algo de infantil hay en el juego que propone Ana Zamora, con una puesta en escena guiñolesca y ferozmente ‘inocente’. Valle-Inclán cuenta en esta farsa el hallazgo de unas cartas sexualmente comprometedoras de la Reina Isabel II y el posterior chantaje por parte de unos pícaros, y a través de este episodio traza un grotesco retrato de aquella corte llena de aduladores, de arribistas y de corruptos (cualquier parecido con la realidad actual es pura coincidencia). Con esta historia, escrita en verso, la directora crea un espectáculo lleno de gracia, de garbo y de inteligencia, sobrio y entretenido, desvergonzado y elegantemente procaz; tiene Ana Zamora la inteligencia de no subrayar ni buscar la fácil complicidad de las similitudes con la actualidad. Así, sobre todo brilla la palabra resplandeciente de Valle-Inclán, con un lenguaje -acotaciones incluidas- que son fuegos artificiales, especialmente en estos tiempos en los que tanto se ha degradado. Solo por escuchar frases como ésta: «El Lucero del Alba, si se ajuma, / es más lino que el Rey de los gabachos» merece la pena estar sentado en la butaca.Sobre todo si se dice con la preciosidad con la que lo hacen los intérpretes de este montaje, afinados todoterrenos que se expresan a través de la palabra, la música y el baile convertidos en guiñoles bufonescos, en caricaturas vistas a través de los espejos del Callejón del Gato, y que convierten el cuidadísimo espectáculo en una fiesta teatral de primer orden. Crítica de teatro ‘Farsa y licencia de la reina castiza’ Texto Ramón María del Valle-Inclán Versión y dirección Ana Zamora Dirección musical Víctor Pliego de Andrés Voz y palabra Vicente Fuentes Vestuario Deborah Macías Espacio escénico y trabajo de objetos David Faraco Iluminación Juan Gómez Cornejo Coreografía Javier García Ávila Intérpretes Miguel Ángel Amor, Paula Iwasaki, Alejandro Pau, Aisa Pérez, Rafael Ortiz y Isabel Zamora Lugar Teatro Español (Sala Margarita Xirgu) ****El Diccionario de la RAE define ‘farsa’ como «Obra de teatro cómica, generalmente breve y de carácter satírico». Y los tres adjetivos: cómica, breve y satírica se pueden aplicar perfectamente a la obra que acaba de estrenarse en la Sala Margarita Xirgu del Teatro Español , ‘Farsa y licencia de la reina castiza’, y que cierra la temporada en este espacio. Se trata, vaya por delante, de un magnífico espectáculo, que huye del trazo grueso -tan tentador en estos casos-, elegantemente vulgar y cuidado al máximo en todos los detalles.Hay autores, como Valle-Inclán, que merecerían estar permanentemente en cartel. Por eso cada vez que una obra del que muchos consideran el mayor dramaturgo español del siglo XX sube a escena hay que saludarlo con alegría. Más si se trata de una obra como ‘Farsa y licencia de la reina castiza’, publicada por primera vez en 1920, estrenada once años más tarde en el Teatro Muñoz Seca de Madrid, y que se considera como un ‘protoesperpento’ -‘Luces de bohemia’, el máximo exponente de este género, se publicaría completo cuatro años después-, y con la garantía que ofrece siempre el trabajo de Ana Zamora y su compañía Nao d’Amores .No es frecuente que la directora segoviana y su equipo salgan «de la cueva renacentista» -Eduardo Vasco dixit-, pero a la vista de los resultados no estaría mal que lo hiciera más a menudo. Sobre una versión propia reducida a una hora, Ana Zamora construye una función tan esencial como profunda, tan ligera como reflexiva, tan divertida como ácida; y, sobre todo, viva, muy viva.Noticia relacionada general No No Vuelve ‘La escopeta nacional’ «Más allá de la corrupción y el puterío, hay algo claro: siempre pagan los ciudadanos» Julio BravoSe suele decir que los borrachos y los niños siempre dicen la verdad, y algo de infantil hay en el juego que propone Ana Zamora, con una puesta en escena guiñolesca y ferozmente ‘inocente’. Valle-Inclán cuenta en esta farsa el hallazgo de unas cartas sexualmente comprometedoras de la Reina Isabel II y el posterior chantaje por parte de unos pícaros, y a través de este episodio traza un grotesco retrato de aquella corte llena de aduladores, de arribistas y de corruptos (cualquier parecido con la realidad actual es pura coincidencia). Con esta historia, escrita en verso, la directora crea un espectáculo lleno de gracia, de garbo y de inteligencia, sobrio y entretenido, desvergonzado y elegantemente procaz; tiene Ana Zamora la inteligencia de no subrayar ni buscar la fácil complicidad de las similitudes con la actualidad. Así, sobre todo brilla la palabra resplandeciente de Valle-Inclán, con un lenguaje -acotaciones incluidas- que son fuegos artificiales, especialmente en estos tiempos en los que tanto se ha degradado. Solo por escuchar frases como ésta: «El Lucero del Alba, si se ajuma, / es más lino que el Rey de los gabachos» merece la pena estar sentado en la butaca.Sobre todo si se dice con la preciosidad con la que lo hacen los intérpretes de este montaje, afinados todoterrenos que se expresan a través de la palabra, la música y el baile convertidos en guiñoles bufonescos, en caricaturas vistas a través de los espejos del Callejón del Gato, y que convierten el cuidadísimo espectáculo en una fiesta teatral de primer orden. RSS de noticias de cultura
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