Hace 26 años, Gael García Bernal (Guadalajara, 1978) despertaba al cine de la mejor de las maneras. Amores perros, de Alejandro González Iñárritu, convertía para siempre a un joven actor de apenas 21 años en Octavio, en el dueño del irredento perro Cofi, en el hombre que apuñaló a El Jarocho, en el enamorado de Susana… en Gael García Bernal. Y hasta ahora. «Una empresa como el cine no es tan diferente de la que emprende alguien que se aventura al fin del mundo convencido de que al otro lado hay algo nuevo por descubrir», dice también él al otro lado de la pantalla y del zoom, se toma un segundo y sigue: «Tanto para lo uno como lo otro, tienes que convencer al que pone el dinero, al productor, de que vas a dar con algo nunca visto. Y quién sabe, quizá lo que encuentras finalmente no tiene nada que ver con lo que imaginabas. Para todos los que estamos en el barco de hacer una película, no hay nada más importante. Nos va la vida en la aventura». Pausa para otear el horizonte. «Y puede que cuando llegas al otro lado, la historia cambie completamente. Es entonces cuando te dices a ti mismo: ‘Cabrón, valió la pena’. Puede que México y el mundo hubieran seguido siendo los mismos sin, por ejemplo, Amores perros.Pero lo cierto es que hoy día es imposible entender México sin Amores perros. Digo esta película, pero ¿cómo entiendes España sin Jamón, jamón?». Queda claro.
El actor, que da vida a Magallanes en la nueva película del filipino Lav Díaz, reflexiona sobre las huellas del colonialismo, sobre el poder del cine y sobre la obligación de arriesgarse en tiempos «ridículos»
Hace 26 años, Gael García Bernal (Guadalajara, 1978) despertaba al cine de la mejor de las maneras. Amores perros, de Alejandro González Iñárritu, convertía para siempre a un joven actor de apenas 21 años en Octavio, en el dueño del irredento perro Cofi, en el hombre que apuñaló a El Jarocho, en el enamorado de Susana… en Gael García Bernal. Y hasta ahora. «Una empresa como el cine no es tan diferente de la que emprende alguien que se aventura al fin del mundo convencido de que al otro lado hay algo nuevo por descubrir», dice también él al otro lado de la pantalla y del zoom, se toma un segundo y sigue: «Tanto para lo uno como lo otro, tienes que convencer al que pone el dinero, al productor, de que vas a dar con algo nunca visto. Y quién sabe, quizá lo que encuentras finalmente no tiene nada que ver con lo que imaginabas. Para todos los que estamos en el barco de hacer una película, no hay nada más importante. Nos va la vida en la aventura». Pausa para otear el horizonte. «Y puede que cuando llegas al otro lado, la historia cambie completamente. Es entonces cuando te dices a ti mismo: ‘Cabrón, valió la pena’. Puede que México y el mundo hubieran seguido siendo los mismos sin, por ejemplo, Amores perros.Pero lo cierto es que hoy día es imposible entender México sin Amores perros. Digo esta película, pero ¿cómo entiendes España sin Jamón, jamón?». Queda claro.
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