«Lo de fuera queda afuera», decía Mauricio Pochettino antes de que el balón echara a rodar en Seattle, en el partido de octavos entre EE.UU. y Bélgica. Lo de afuera, claro, es el escándalo que se ha llevado buena parte de la atención en los tres últimos días de Mundial: la decisión de la FIFA de suspender la sanción a un jugador estadounidense después de las presiones de Donald Trump al presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Pero lo de afuera sí afectaba a lo de dentro, a un partido histórico para EE.UU., que se jugaba igualar su mejor resultado en un Mundial, si no se tiene en cuenta el tercer puesto de la cita inaugural en Uruguay en 1930, cuando el torneo estaba en pañales. Los de Pochettino saltaron al terreno en medio de una presión formidable: con la atención de todo un país -también el que no tiene interés por el fútbol- por la intervención de Trump , entre la irritación en su contra del mundo del fútbol, ante 70.000 espectadores exaltados en Seattle, que se desgañitaron en la interpretación del himno, y en plena efusividad patriótica, con los fastos por el 250º aniversario de la independencia todavía calientes . El resultado fue un EE.UU. desarbolado, desquiciado, que se perdió en errores groseros, que desperdició el mayor momento de atención que ha tenido el fútbol en este país en décadas. Bélgica, con su generación de oro casi desparecida, la goleó con facilidad (4-1).«Por supuesto, es muy bueno que tengamos a todos nuestros jugadores», había dicho Pochettino. «Y que Balo esté disponible es importante para el equipo», añadió sobre Folarin Balogun, su mejor delantero, indultado por la FIFA, obra y gracia de Trump, pese a haber visto una roja directa en el partido de dieciseisavos.Noticia relacionada general No No Mundial 2026 Cristiano, más rémora que amenaza, se marcha del Mundial llorando Javier AsprónQuizá al equipo le hubiera sentado mejor jugar sin su mejor delantero -Balogun llevaba tres goles en el Mundial- y ahorrarse las turbulencias que rodean al presidente de EE.UU. Sus jugadores salieron hechos un flan. Después de un par de despistes defensivos, se dejaron marcar en un error garrafal. Hasta tres defensores yanquis dudaron en un despeje en el área: dejaron botar el balón, lo aprovechó Raskin, que centró para un remate a puerta vacía de De Ketelaere . La fiesta estadounidense empezaba mal. En el palco, Infantino tenía el gesto torcido .A favor de Trump, hay que reconocer que Balogun fue lo más potable de EE.UU. en el primer tiempo. Incisivo, rápido, siempre ofreciendo el desmarque. Y se inventó una falta en el balcón del área que le compró el árbitro. Tillman , también de lo mejor de los estadounidenses, golpeó bien y, sobre todo, tuvo la fortuna de que la pelota rozó la cabeza de un belga en la barrera, cambió su trayectoria e hizo inútil la estirada de Courtois. Era lo mejor que lo podía pasar a EE.UU., un golpe de suerte que devolvía la igualdad. Pero los de Pochettino no tardaron en pegarse un tiro en el pie. Tras el saque de centro, Bélgica empató por otro ejemplo de tibieza defensiva de los anfitriones. Fue el doblete de De Ketelaere, que remató de cabeza.Bélgica podría haber incluso aumentado la ventaja antes del descanso, con la defensa americana hecha un coladero. Solo Balogun achuchó, con más empeño que acierto.EE.UU. salió mejor en el segundo tiempo, pero del tiro en el pie se pasó al suicidio. Freese, su guardameta, se hizo un lío en un despeje y se la regaló a Vanaken para que disparase, otra vez, a puerta vacía. Todavía el capitán estadounidense, Ream, pudo despejar el golpeo flojo del belga, pero no acertó. Pese a tanta expectación, pese a tanta ilusión futbolera repentina de los aliados de Trump que desconocen el fuera de juego, pese al agotamiento de las camisetas en las tiendas , a EE.UU. se le veían las costuras. Por su condición de anfitrión, el equipo de Pochettino disfrutó de un grupo asequible, lo que le permitió clasificar como primero. Pero sufrió con Bosnia-Herzegovina en dieciseisavos. Y se diluyó ante un equipo en horas bajas como Bélgica.El achuchón final estadounidense fue más de corazón que de fútbol. Cuando hubo alguna ocasión aislada, como una carrera de Balogun, Courtois -este sí, un jugador de talla mundial- lo solventó con suficiencia. Para rematar la debacle, la defensa de EE.UU. regaló un balón en el área, otro más, que Lukaku aprovechó con un disparo violento cruzado, que fue el cuarto. Es probable que para entonces Trump, ante la humillación, ya hubiera apagado la televisión. «Lo de fuera queda afuera», decía Mauricio Pochettino antes de que el balón echara a rodar en Seattle, en el partido de octavos entre EE.UU. y Bélgica. Lo de afuera, claro, es el escándalo que se ha llevado buena parte de la atención en los tres últimos días de Mundial: la decisión de la FIFA de suspender la sanción a un jugador estadounidense después de las presiones de Donald Trump al presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Pero lo de afuera sí afectaba a lo de dentro, a un partido histórico para EE.UU., que se jugaba igualar su mejor resultado en un Mundial, si no se tiene en cuenta el tercer puesto de la cita inaugural en Uruguay en 1930, cuando el torneo estaba en pañales. Los de Pochettino saltaron al terreno en medio de una presión formidable: con la atención de todo un país -también el que no tiene interés por el fútbol- por la intervención de Trump , entre la irritación en su contra del mundo del fútbol, ante 70.000 espectadores exaltados en Seattle, que se desgañitaron en la interpretación del himno, y en plena efusividad patriótica, con los fastos por el 250º aniversario de la independencia todavía calientes . El resultado fue un EE.UU. desarbolado, desquiciado, que se perdió en errores groseros, que desperdició el mayor momento de atención que ha tenido el fútbol en este país en décadas. Bélgica, con su generación de oro casi desparecida, la goleó con facilidad (4-1).«Por supuesto, es muy bueno que tengamos a todos nuestros jugadores», había dicho Pochettino. «Y que Balo esté disponible es importante para el equipo», añadió sobre Folarin Balogun, su mejor delantero, indultado por la FIFA, obra y gracia de Trump, pese a haber visto una roja directa en el partido de dieciseisavos.Noticia relacionada general No No Mundial 2026 Cristiano, más rémora que amenaza, se marcha del Mundial llorando Javier AsprónQuizá al equipo le hubiera sentado mejor jugar sin su mejor delantero -Balogun llevaba tres goles en el Mundial- y ahorrarse las turbulencias que rodean al presidente de EE.UU. Sus jugadores salieron hechos un flan. Después de un par de despistes defensivos, se dejaron marcar en un error garrafal. Hasta tres defensores yanquis dudaron en un despeje en el área: dejaron botar el balón, lo aprovechó Raskin, que centró para un remate a puerta vacía de De Ketelaere . La fiesta estadounidense empezaba mal. En el palco, Infantino tenía el gesto torcido .A favor de Trump, hay que reconocer que Balogun fue lo más potable de EE.UU. en el primer tiempo. Incisivo, rápido, siempre ofreciendo el desmarque. Y se inventó una falta en el balcón del área que le compró el árbitro. Tillman , también de lo mejor de los estadounidenses, golpeó bien y, sobre todo, tuvo la fortuna de que la pelota rozó la cabeza de un belga en la barrera, cambió su trayectoria e hizo inútil la estirada de Courtois. Era lo mejor que lo podía pasar a EE.UU., un golpe de suerte que devolvía la igualdad. Pero los de Pochettino no tardaron en pegarse un tiro en el pie. Tras el saque de centro, Bélgica empató por otro ejemplo de tibieza defensiva de los anfitriones. Fue el doblete de De Ketelaere, que remató de cabeza.Bélgica podría haber incluso aumentado la ventaja antes del descanso, con la defensa americana hecha un coladero. Solo Balogun achuchó, con más empeño que acierto.EE.UU. salió mejor en el segundo tiempo, pero del tiro en el pie se pasó al suicidio. Freese, su guardameta, se hizo un lío en un despeje y se la regaló a Vanaken para que disparase, otra vez, a puerta vacía. Todavía el capitán estadounidense, Ream, pudo despejar el golpeo flojo del belga, pero no acertó. Pese a tanta expectación, pese a tanta ilusión futbolera repentina de los aliados de Trump que desconocen el fuera de juego, pese al agotamiento de las camisetas en las tiendas , a EE.UU. se le veían las costuras. Por su condición de anfitrión, el equipo de Pochettino disfrutó de un grupo asequible, lo que le permitió clasificar como primero. Pero sufrió con Bosnia-Herzegovina en dieciseisavos. Y se diluyó ante un equipo en horas bajas como Bélgica.El achuchón final estadounidense fue más de corazón que de fútbol. Cuando hubo alguna ocasión aislada, como una carrera de Balogun, Courtois -este sí, un jugador de talla mundial- lo solventó con suficiencia. Para rematar la debacle, la defensa de EE.UU. regaló un balón en el área, otro más, que Lukaku aprovechó con un disparo violento cruzado, que fue el cuarto. Es probable que para entonces Trump, ante la humillación, ya hubiera apagado la televisión. «Lo de fuera queda afuera», decía Mauricio Pochettino antes de que el balón echara a rodar en Seattle, en el partido de octavos entre EE.UU. y Bélgica. Lo de afuera, claro, es el escándalo que se ha llevado buena parte de la atención en los tres últimos días de Mundial: la decisión de la FIFA de suspender la sanción a un jugador estadounidense después de las presiones de Donald Trump al presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Pero lo de afuera sí afectaba a lo de dentro, a un partido histórico para EE.UU., que se jugaba igualar su mejor resultado en un Mundial, si no se tiene en cuenta el tercer puesto de la cita inaugural en Uruguay en 1930, cuando el torneo estaba en pañales. Los de Pochettino saltaron al terreno en medio de una presión formidable: con la atención de todo un país -también el que no tiene interés por el fútbol- por la intervención de Trump , entre la irritación en su contra del mundo del fútbol, ante 70.000 espectadores exaltados en Seattle, que se desgañitaron en la interpretación del himno, y en plena efusividad patriótica, con los fastos por el 250º aniversario de la independencia todavía calientes . El resultado fue un EE.UU. desarbolado, desquiciado, que se perdió en errores groseros, que desperdició el mayor momento de atención que ha tenido el fútbol en este país en décadas. Bélgica, con su generación de oro casi desparecida, la goleó con facilidad (4-1).«Por supuesto, es muy bueno que tengamos a todos nuestros jugadores», había dicho Pochettino. «Y que Balo esté disponible es importante para el equipo», añadió sobre Folarin Balogun, su mejor delantero, indultado por la FIFA, obra y gracia de Trump, pese a haber visto una roja directa en el partido de dieciseisavos.Noticia relacionada general No No Mundial 2026 Cristiano, más rémora que amenaza, se marcha del Mundial llorando Javier AsprónQuizá al equipo le hubiera sentado mejor jugar sin su mejor delantero -Balogun llevaba tres goles en el Mundial- y ahorrarse las turbulencias que rodean al presidente de EE.UU. Sus jugadores salieron hechos un flan. Después de un par de despistes defensivos, se dejaron marcar en un error garrafal. Hasta tres defensores yanquis dudaron en un despeje en el área: dejaron botar el balón, lo aprovechó Raskin, que centró para un remate a puerta vacía de De Ketelaere . La fiesta estadounidense empezaba mal. En el palco, Infantino tenía el gesto torcido .A favor de Trump, hay que reconocer que Balogun fue lo más potable de EE.UU. en el primer tiempo. Incisivo, rápido, siempre ofreciendo el desmarque. Y se inventó una falta en el balcón del área que le compró el árbitro. Tillman , también de lo mejor de los estadounidenses, golpeó bien y, sobre todo, tuvo la fortuna de que la pelota rozó la cabeza de un belga en la barrera, cambió su trayectoria e hizo inútil la estirada de Courtois. Era lo mejor que lo podía pasar a EE.UU., un golpe de suerte que devolvía la igualdad. Pero los de Pochettino no tardaron en pegarse un tiro en el pie. Tras el saque de centro, Bélgica empató por otro ejemplo de tibieza defensiva de los anfitriones. Fue el doblete de De Ketelaere, que remató de cabeza.Bélgica podría haber incluso aumentado la ventaja antes del descanso, con la defensa americana hecha un coladero. Solo Balogun achuchó, con más empeño que acierto.EE.UU. salió mejor en el segundo tiempo, pero del tiro en el pie se pasó al suicidio. Freese, su guardameta, se hizo un lío en un despeje y se la regaló a Vanaken para que disparase, otra vez, a puerta vacía. Todavía el capitán estadounidense, Ream, pudo despejar el golpeo flojo del belga, pero no acertó. Pese a tanta expectación, pese a tanta ilusión futbolera repentina de los aliados de Trump que desconocen el fuera de juego, pese al agotamiento de las camisetas en las tiendas , a EE.UU. se le veían las costuras. Por su condición de anfitrión, el equipo de Pochettino disfrutó de un grupo asequible, lo que le permitió clasificar como primero. Pero sufrió con Bosnia-Herzegovina en dieciseisavos. Y se diluyó ante un equipo en horas bajas como Bélgica.El achuchón final estadounidense fue más de corazón que de fútbol. Cuando hubo alguna ocasión aislada, como una carrera de Balogun, Courtois -este sí, un jugador de talla mundial- lo solventó con suficiencia. Para rematar la debacle, la defensa de EE.UU. regaló un balón en el área, otro más, que Lukaku aprovechó con un disparo violento cruzado, que fue el cuarto. Es probable que para entonces Trump, ante la humillación, ya hubiera apagado la televisión. RSS de noticias de deportes
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