Hay muchas mujeres y también hombres, sí, que piensan que han dejado de funcionar porque no les apetece, si también a los hombres les pasa. Siempre hay alguna experiencia que el cerebro no olvidó y como yo pienso y digo: el mayor órgano sexual no está entre las piernas, está en el cerebro y aquí hay un archivo de todo lo vivido con otros.El deseo sexual no es un impulso automático que surge solo, es una interpretación que la memoria emocional gestiona . Se recibe un estímulo visual, físico o imaginado y esta memoria le compara con aprendizajes, vínculos y heridas del pasado, y a partir de ahí, se activa como deseo o se bloquea como amenaza. Por eso una misma caricia puede ser maravillosa o traumática.Cada encuentro sexual deja huella , no solo en el recuerdo consciente, sino en la manera en que el cuerpo se prepara para el siguiente. Si en el pasado el sexo estuvo asociado a sentirse juzgado, a un rechazo, a una comparación o a una pareja que no cuidaba esos momentos, el cerebro guarda esa asociación y la activa, sin darnos cuenta , con alguien nuevo que no tiene nada que ver con aquello. No es algo adrede , es una memoria emocional que en parte nos protege.Esa es la anticipación, uno de los factores que más deseo destruye . Antes de que ocurra nada, nuestra cabecita ya está imaginando cómo saldrá, comparando con experiencias previas, previendo un posible fallo o una posible decepción. Vamos a un examen en toda regla, y el cuerpo, que no distingue bien entre peligro real y peligro imaginado, reacciona ante una amenaza. Cuanto más se piensa en cómo saldrá, más nos metemos en la profecía autocumplida y menos en el momento real.En nuestro cerebro todo queda aprendido, sobre todo si nos crea alguna emoción . Pero en la actualidad, para disfrutar, debemos plantearnos qué nos gusta realmente. Hay prácticas que ya no hacemos, por incomodidad con alguna persona que ya no está en nuestra vida, o cosas que hacemos que otra persona reforzó….. por eso hay que distinguir lo que uno desea realmente de lo que se repite por costumbre o que no se hace por miedo a la novedad. ¿Esto me gusta a mi o me acostumbré a hacerlo con otra persona?La fantasía, por el contrario, funciona como contrapeso de todo lo anterior. Es el único espacio privado del deseo «limpio» que no depende de lo vivido, sino de lo deseado y creado ahí, en la imaginación. Es lo más poderoso para reactivar lo que la experiencia real ha ido apagando. Fantasear con libertad, sin autocensura ni comparación con otros momentos pasados, hace que el cerebro renueve la erótica que la ansiedad y el recuerdo habían bloqueado, mantiene viva la excitación cuando la rutina apaga la novedad. Quien se prohíbe fantasear por razones educacionales, religiosas o de deslealtad , va a quedarse en el pasado, sin nada nuevo que lo compense. La imaginación erótica no traiciona a nadie, sostiene el vínculo con el propio placer.Y ahora independientemente de la experiencias pasadas, el máximo miedo sobre todo en los hombres es el miedo a no estar a la altura de lo que aquella otra persona le exigió , o a que la comparación esté sucediendo en la mente de la pareja actual aunque no se diga en voz alta. Ese miedo, es una de las formas más silenciosas de ansiedad sexual, y basta con hablarlo en pareja, sin dramatismo, para que pierda gran parte de su fuerza. Lo que no se habla , actúa en el cuerpo, y el cuerpo, en el sexo, no sabe mentir, y expresa en forma de ansiedad lo que no hace en forma de palabras y confianza. Entonces trabajar el deseo consiste en revisar qué experiencias pasadas siguen decidiendo por nosotros en el presente , qué anticipaciones ansiosas repetimos sin darnos cuenta, qué prácticas mantenemos por costumbre y cuánta fantasía utilizamos para sentirnos vivos. Hecho esto , nuestra actividad sexual será la que ocurre aquí y ahora con un disfrute más auténtico e intenso, el que elegimos, el nuestro. Hay muchas mujeres y también hombres, sí, que piensan que han dejado de funcionar porque no les apetece, si también a los hombres les pasa. Siempre hay alguna experiencia que el cerebro no olvidó y como yo pienso y digo: el mayor órgano sexual no está entre las piernas, está en el cerebro y aquí hay un archivo de todo lo vivido con otros.El deseo sexual no es un impulso automático que surge solo, es una interpretación que la memoria emocional gestiona . Se recibe un estímulo visual, físico o imaginado y esta memoria le compara con aprendizajes, vínculos y heridas del pasado, y a partir de ahí, se activa como deseo o se bloquea como amenaza. Por eso una misma caricia puede ser maravillosa o traumática.Cada encuentro sexual deja huella , no solo en el recuerdo consciente, sino en la manera en que el cuerpo se prepara para el siguiente. Si en el pasado el sexo estuvo asociado a sentirse juzgado, a un rechazo, a una comparación o a una pareja que no cuidaba esos momentos, el cerebro guarda esa asociación y la activa, sin darnos cuenta , con alguien nuevo que no tiene nada que ver con aquello. No es algo adrede , es una memoria emocional que en parte nos protege.Esa es la anticipación, uno de los factores que más deseo destruye . Antes de que ocurra nada, nuestra cabecita ya está imaginando cómo saldrá, comparando con experiencias previas, previendo un posible fallo o una posible decepción. Vamos a un examen en toda regla, y el cuerpo, que no distingue bien entre peligro real y peligro imaginado, reacciona ante una amenaza. Cuanto más se piensa en cómo saldrá, más nos metemos en la profecía autocumplida y menos en el momento real.En nuestro cerebro todo queda aprendido, sobre todo si nos crea alguna emoción . Pero en la actualidad, para disfrutar, debemos plantearnos qué nos gusta realmente. Hay prácticas que ya no hacemos, por incomodidad con alguna persona que ya no está en nuestra vida, o cosas que hacemos que otra persona reforzó….. por eso hay que distinguir lo que uno desea realmente de lo que se repite por costumbre o que no se hace por miedo a la novedad. ¿Esto me gusta a mi o me acostumbré a hacerlo con otra persona?La fantasía, por el contrario, funciona como contrapeso de todo lo anterior. Es el único espacio privado del deseo «limpio» que no depende de lo vivido, sino de lo deseado y creado ahí, en la imaginación. Es lo más poderoso para reactivar lo que la experiencia real ha ido apagando. Fantasear con libertad, sin autocensura ni comparación con otros momentos pasados, hace que el cerebro renueve la erótica que la ansiedad y el recuerdo habían bloqueado, mantiene viva la excitación cuando la rutina apaga la novedad. Quien se prohíbe fantasear por razones educacionales, religiosas o de deslealtad , va a quedarse en el pasado, sin nada nuevo que lo compense. La imaginación erótica no traiciona a nadie, sostiene el vínculo con el propio placer.Y ahora independientemente de la experiencias pasadas, el máximo miedo sobre todo en los hombres es el miedo a no estar a la altura de lo que aquella otra persona le exigió , o a que la comparación esté sucediendo en la mente de la pareja actual aunque no se diga en voz alta. Ese miedo, es una de las formas más silenciosas de ansiedad sexual, y basta con hablarlo en pareja, sin dramatismo, para que pierda gran parte de su fuerza. Lo que no se habla , actúa en el cuerpo, y el cuerpo, en el sexo, no sabe mentir, y expresa en forma de ansiedad lo que no hace en forma de palabras y confianza. Entonces trabajar el deseo consiste en revisar qué experiencias pasadas siguen decidiendo por nosotros en el presente , qué anticipaciones ansiosas repetimos sin darnos cuenta, qué prácticas mantenemos por costumbre y cuánta fantasía utilizamos para sentirnos vivos. Hecho esto , nuestra actividad sexual será la que ocurre aquí y ahora con un disfrute más auténtico e intenso, el que elegimos, el nuestro. Hay muchas mujeres y también hombres, sí, que piensan que han dejado de funcionar porque no les apetece, si también a los hombres les pasa. Siempre hay alguna experiencia que el cerebro no olvidó y como yo pienso y digo: el mayor órgano sexual no está entre las piernas, está en el cerebro y aquí hay un archivo de todo lo vivido con otros.El deseo sexual no es un impulso automático que surge solo, es una interpretación que la memoria emocional gestiona . Se recibe un estímulo visual, físico o imaginado y esta memoria le compara con aprendizajes, vínculos y heridas del pasado, y a partir de ahí, se activa como deseo o se bloquea como amenaza. Por eso una misma caricia puede ser maravillosa o traumática.Cada encuentro sexual deja huella , no solo en el recuerdo consciente, sino en la manera en que el cuerpo se prepara para el siguiente. Si en el pasado el sexo estuvo asociado a sentirse juzgado, a un rechazo, a una comparación o a una pareja que no cuidaba esos momentos, el cerebro guarda esa asociación y la activa, sin darnos cuenta , con alguien nuevo que no tiene nada que ver con aquello. No es algo adrede , es una memoria emocional que en parte nos protege.Esa es la anticipación, uno de los factores que más deseo destruye . Antes de que ocurra nada, nuestra cabecita ya está imaginando cómo saldrá, comparando con experiencias previas, previendo un posible fallo o una posible decepción. Vamos a un examen en toda regla, y el cuerpo, que no distingue bien entre peligro real y peligro imaginado, reacciona ante una amenaza. Cuanto más se piensa en cómo saldrá, más nos metemos en la profecía autocumplida y menos en el momento real.En nuestro cerebro todo queda aprendido, sobre todo si nos crea alguna emoción . Pero en la actualidad, para disfrutar, debemos plantearnos qué nos gusta realmente. Hay prácticas que ya no hacemos, por incomodidad con alguna persona que ya no está en nuestra vida, o cosas que hacemos que otra persona reforzó….. por eso hay que distinguir lo que uno desea realmente de lo que se repite por costumbre o que no se hace por miedo a la novedad. ¿Esto me gusta a mi o me acostumbré a hacerlo con otra persona?La fantasía, por el contrario, funciona como contrapeso de todo lo anterior. Es el único espacio privado del deseo «limpio» que no depende de lo vivido, sino de lo deseado y creado ahí, en la imaginación. Es lo más poderoso para reactivar lo que la experiencia real ha ido apagando. Fantasear con libertad, sin autocensura ni comparación con otros momentos pasados, hace que el cerebro renueve la erótica que la ansiedad y el recuerdo habían bloqueado, mantiene viva la excitación cuando la rutina apaga la novedad. Quien se prohíbe fantasear por razones educacionales, religiosas o de deslealtad , va a quedarse en el pasado, sin nada nuevo que lo compense. La imaginación erótica no traiciona a nadie, sostiene el vínculo con el propio placer.Y ahora independientemente de la experiencias pasadas, el máximo miedo sobre todo en los hombres es el miedo a no estar a la altura de lo que aquella otra persona le exigió , o a que la comparación esté sucediendo en la mente de la pareja actual aunque no se diga en voz alta. Ese miedo, es una de las formas más silenciosas de ansiedad sexual, y basta con hablarlo en pareja, sin dramatismo, para que pierda gran parte de su fuerza. Lo que no se habla , actúa en el cuerpo, y el cuerpo, en el sexo, no sabe mentir, y expresa en forma de ansiedad lo que no hace en forma de palabras y confianza. Entonces trabajar el deseo consiste en revisar qué experiencias pasadas siguen decidiendo por nosotros en el presente , qué anticipaciones ansiosas repetimos sin darnos cuenta, qué prácticas mantenemos por costumbre y cuánta fantasía utilizamos para sentirnos vivos. Hecho esto , nuestra actividad sexual será la que ocurre aquí y ahora con un disfrute más auténtico e intenso, el que elegimos, el nuestro. RSS de noticias de espana
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