El socialista Gustavo Petro conquistó en 2022 el Palacio de Nariño con la promesa del «cambio»: de pasar de la denostada política de los partidos tradicionales a una gobernanza pulcra y diferente, y de una nación largamente acosada por las bandas criminales y el narcotráfico a otra donde reinara su propuesta de Paz Total. Cuatro años después, la Colombia que deja el hasta hoy presidente a su sucesor, Abelardo de la Espriella -que asumirá el bastón de mando mañana viernes- dista mucho de aquel anhelo colectivo que le llevó al poder. Porque los grupos armados han extendido sus dominios en el país y la corrupción campa a sus anchas. Son sólo dos de las lacras que destacan en el balance de Petro.
Los escándalos de corrupción se han disparado en el mandato que hoy concluye del presidente izquierdistas. Y, lejos de la ‘Paz Total’, los grupos armados siguen extendiendo sus dominios
El socialista Gustavo Petro conquistó en 2022 el Palacio de Nariño con la promesa del «cambio»: de pasar de la denostada política de los partidos tradicionales a una gobernanza pulcra y diferente, y de una nación largamente acosada por las bandas criminales y el narcotráfico a otra donde reinara su propuesta de Paz Total. Cuatro años después, la Colombia que deja el hasta hoy presidente a su sucesor, Abelardo de la Espriella -que asumirá el bastón de mando mañana viernes- dista mucho de aquel anhelo colectivo que le llevó al poder. Porque los grupos armados han extendido sus dominios en el país y la corrupción campa a sus anchas. Son sólo dos de las lacras que destacan en el balance de Petro.
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