La manto violeta (Lycaena helle), una mariposa de tonos violáceos, ha desaparecido este año de España. Aún no lo han hecho oficial, pero llevan cuatro años buscándola sin suerte en la última pradera del norte de León donde sobrevivía. En paralelo, la mariposa del madroño (Charaxes jasius), una de las más exuberantes de la región mediterránea, ya la están viendo en el País Vasco. En el sureste, la cuatro ocelos de Sierra Nevada (Pseudochazara williamsi), lepidóptero de colores tierra, lleva décadas subiendo cada vez más arriba la montaña buscando el clima que ya no tiene más abajo. Aún más al sur, a la blanca canaria (Pieris cheiranthi), endémica de las islas, le queda La Palma como último refugio. Extinción, conquista del norte y el oeste, huida a las montañas o reducción de su territorio: cuatro historias que ilustran el drama global de las mariposas.
Centenares de especies han cambiado sus territorios, mientras que otras suben a las montañas en un mundo que está transformando sus paisajes
La manto violeta (Lycaena helle), una mariposa de tonos violáceos, ha desaparecido este año de España. Aún no lo han hecho oficial, pero llevan cuatro años buscándola sin suerte en la última pradera del norte de León donde sobrevivía. En paralelo, la mariposa del madroño (Charaxes jasius), una de las más exuberantes de la región mediterránea, ya la están viendo en el País Vasco. En el sureste, la cuatro ocelos de Sierra Nevada (Pseudochazara williamsi), lepidóptero de colores tierra, lleva décadas subiendo cada vez más arriba la montaña buscando el clima que ya no tiene más abajo. Aún más al sur, a la blanca canaria (Pieris cheiranthi), endémica de las islas, le queda La Palma como último refugio. Extinción, conquista del norte y el oeste, huida a las montañas o reducción de su territorio: cuatro historias que ilustran el drama global de las mariposas.
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