El Rocío Chico de 2026 culminó ayer con la salida de la Blanca Paloma para iniciar el traslado que cada siete años le lleva a hombros de los almonteños a su pueblo. Un traslado histórico por ser el primero al que la Santa Sede ha concedido un Año Jubilar y porque podá cuantificarse la multitud dispuesta a acompañar a la imagen durante toda la noche en el recorrido que le lleva desde su Santuario al Chaparral en Almonte. Allí llegará hoy, al amanecer, para que las camaristas le retiren el guardapolvo y el pañito con que la protegieron y seguir entre salvas de escopeta en jubilosa procesión el camino hasta la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, donde permanecerá hasta la semana anterior al Rocío 2027 y donde recibirá a las peregrinaciones anuales de las hermandades filiales. Fue la de ayer una jornada de emociones y sentimientos desbocados en la aldea de El Rocío. El rito se cumplió y siete años después, los almonteños alzaron en volandas a su patrona para iniciar ese soñado traslado hacia su pueblo. Minutos antes de las tres y media de la tarde (a las 15.27 minutos), se detuvo el tiempo en el interior del Santuario. Tras varios amagos y mucho nerviosismo, los almonteños saltaron la reja para acceder al presbiterio del templo y agarrarse con toda su alma a las andas de la Virgen. Eran tres cuartos de hora más tarde que en la venida de 2019 pero antes de lo que la Hermandad Matriz había solicitado.. Los grandes candelabros que rodeaban a las andas casi volaron por la avalancha.Apenas unos cinco minutos transcurrieron desde el salto hasta que el sol iluminó el rostro de la Pastora. Fuera del Santuario, miles de devotos abarrotaban ya las arenas entre vivas, lágrimas de emoción y corazones llenos de fe. Miles de almas buscando acercarse a la Virgen para pedir y dar gracias. El sonido de los trabucos se mezclaban con el del baile de las campanas que replicaban a júbilo. Palmas, vivas y cantes tornaban en la más absoluta algarabía el bucólico y privilegiado entorno marismeño, al que los hombres de la Virgen acercaron las andas para la despedida hasta mayo de la marisma , mientras las yeguas pastaban en una tarde que prometía buen tiempo y una temperatura no excesiva para caminar. La lluvia de pétalos, de los balcones de las dependencias del Santuario ponía luego una nota de color sobre el nuevo terno pastoril de la Virgen.EPSe iniciaba así un recorrido por la aldea de casi cinco horas que tendría su momento destacado en la llegada de la Virgen del Rocío al altar del pañito a la caída de la tarde. Mientras tanto, los momentos de pura emoción se sucedían, con los almonteños bregando bajo las andas para mantener firme el caminar y la Virgen visitando las casas que pueblan su camino bajo los arcos de flores de papel, con las casas y hermandades adornadas para la ocasión.Despedida de la AldeaUnas horas después de la salida, la Virgen se adentraba en el Real de la aldea para visitar la casa de las camaristas. Aupada por su pueblo, la camarista se elevó en las andas junto a la Virgen del Rocío para rezar la salve y gritar vivas sentidos. Desde allí se escuchaban las palmas a compás que junto a la casa de Huelva los onubenses hacían sonar llamando a la Blanca Paloma. Ante una casa hermandad a medio derribar, la filial de Huelva erigía un artístico arco bajo el que la Virgen del Rocío pasaba justo antes de embocar la calle cubierta al completo por un túnel de papelillos.Gines, con un impresionate exorno, Granada, Trigueros, Bonares… y un sinfín de casas de hermandad se adornaban a lo largo de todo el camino con artísticos mosaicos de flores y papelillos y cadenetas de flores de papel. Las horas iban pasando y el calor de la tarde se hacía notar alrededor de la Virgen , en ese círculo de fuerza en torno a la patrona que hacen los almonteños y que parecía alimentarse del sol y la arena cuando la imagen avanzaba lentamente por el Camino de los Llanos. Cuatro minutos faltaban para las ocho de la tarde cuando los almonteños posaron a su patrona bajo el templete entre palmas y salvas de escopetas y trabucos. Con el sol aún dominando los cielos de la aldea, Apenas quince minutos después, las camaristas tras dar los vivas y rezar la salve cubrían el nacarado rostros de la patrona de Almonte con el pañito, una pieza que en este traslado recoge una escena del rey Alfonso X. Instantes después, la Virgen se cubría con su nuevo capote de traslado y daba inicio a la noche de camino.El pueblo cumplió el voto del Rocío Chico Por la mañana, como cada 19 de agosto desde 1813, Almonte renovó con la Hermandad Matriz al frente y las autoridades el solmene voto de acción de gracias a la Virgen del Rocío por su mediación y salvaguarda durante la invasión napoleónica. A la misa, previa a la procesión con el Santísimo, asistieron también el vicepresidente de la Junta de Andalucía y consejero de Presidencia, Sanidad y Emergencias, Antonio Sanz, así como la consejera de Cultura, Patrimonio Histórico y Deporte, Patricia del Pozo.Unas muchedumbre, ataviada en su mayoría con camisetas blancas, mochila y el tradicional pañuelo de hierba, ya se había adentrado en el recorrido. En torno a la Virgen, las abuelas almonteñas y su descendencia portaban, cubiertas de plásticos transparente, la corona, ráfagas, la medida luna y otros símbolos y enseres de la Virgen, como séquito privilegiado y comprometido de la divina dama viajera que lleva consigo su ajuar. Por delante, tres leguas, quince kilómetros bajo la luna entre pinos y oscuridad, rota por la potente luz de los focos de los tractores que marcan el recorrido de las andas sobre las que avanza la Virgen tapada, convertida en una silueta fantasmal entre el ‘humo’ que parece levantar la polvareda, que no deja de ser una metáfora para el rociero que siempre busca a la Virgen en cualquier momento y circunstancia en el camino de la vida. Almonte la esperaba con júbilo, con casas adornadas y familias preparando las guardias nocturna que le dejarán a solas con la patrona en la parroquia durante los nueve meses en los que Almonte ejerce de anfitrión del orbe rociero, dispuesto a alcanzar las indulgencias del Año Jubilar. En El Rocío, el vacío del Santuario auguraba un amanecer distinto, marcado por un sentimiento de orfandad. Una larga víspera de la ansiada primavera. El Rocío Chico de 2026 culminó ayer con la salida de la Blanca Paloma para iniciar el traslado que cada siete años le lleva a hombros de los almonteños a su pueblo. Un traslado histórico por ser el primero al que la Santa Sede ha concedido un Año Jubilar y porque podá cuantificarse la multitud dispuesta a acompañar a la imagen durante toda la noche en el recorrido que le lleva desde su Santuario al Chaparral en Almonte. Allí llegará hoy, al amanecer, para que las camaristas le retiren el guardapolvo y el pañito con que la protegieron y seguir entre salvas de escopeta en jubilosa procesión el camino hasta la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, donde permanecerá hasta la semana anterior al Rocío 2027 y donde recibirá a las peregrinaciones anuales de las hermandades filiales. Fue la de ayer una jornada de emociones y sentimientos desbocados en la aldea de El Rocío. El rito se cumplió y siete años después, los almonteños alzaron en volandas a su patrona para iniciar ese soñado traslado hacia su pueblo. Minutos antes de las tres y media de la tarde (a las 15.27 minutos), se detuvo el tiempo en el interior del Santuario. Tras varios amagos y mucho nerviosismo, los almonteños saltaron la reja para acceder al presbiterio del templo y agarrarse con toda su alma a las andas de la Virgen. Eran tres cuartos de hora más tarde que en la venida de 2019 pero antes de lo que la Hermandad Matriz había solicitado.. Los grandes candelabros que rodeaban a las andas casi volaron por la avalancha.Apenas unos cinco minutos transcurrieron desde el salto hasta que el sol iluminó el rostro de la Pastora. Fuera del Santuario, miles de devotos abarrotaban ya las arenas entre vivas, lágrimas de emoción y corazones llenos de fe. Miles de almas buscando acercarse a la Virgen para pedir y dar gracias. El sonido de los trabucos se mezclaban con el del baile de las campanas que replicaban a júbilo. Palmas, vivas y cantes tornaban en la más absoluta algarabía el bucólico y privilegiado entorno marismeño, al que los hombres de la Virgen acercaron las andas para la despedida hasta mayo de la marisma , mientras las yeguas pastaban en una tarde que prometía buen tiempo y una temperatura no excesiva para caminar. La lluvia de pétalos, de los balcones de las dependencias del Santuario ponía luego una nota de color sobre el nuevo terno pastoril de la Virgen.EPSe iniciaba así un recorrido por la aldea de casi cinco horas que tendría su momento destacado en la llegada de la Virgen del Rocío al altar del pañito a la caída de la tarde. Mientras tanto, los momentos de pura emoción se sucedían, con los almonteños bregando bajo las andas para mantener firme el caminar y la Virgen visitando las casas que pueblan su camino bajo los arcos de flores de papel, con las casas y hermandades adornadas para la ocasión.Despedida de la AldeaUnas horas después de la salida, la Virgen se adentraba en el Real de la aldea para visitar la casa de las camaristas. Aupada por su pueblo, la camarista se elevó en las andas junto a la Virgen del Rocío para rezar la salve y gritar vivas sentidos. Desde allí se escuchaban las palmas a compás que junto a la casa de Huelva los onubenses hacían sonar llamando a la Blanca Paloma. Ante una casa hermandad a medio derribar, la filial de Huelva erigía un artístico arco bajo el que la Virgen del Rocío pasaba justo antes de embocar la calle cubierta al completo por un túnel de papelillos.Gines, con un impresionate exorno, Granada, Trigueros, Bonares… y un sinfín de casas de hermandad se adornaban a lo largo de todo el camino con artísticos mosaicos de flores y papelillos y cadenetas de flores de papel. Las horas iban pasando y el calor de la tarde se hacía notar alrededor de la Virgen , en ese círculo de fuerza en torno a la patrona que hacen los almonteños y que parecía alimentarse del sol y la arena cuando la imagen avanzaba lentamente por el Camino de los Llanos. Cuatro minutos faltaban para las ocho de la tarde cuando los almonteños posaron a su patrona bajo el templete entre palmas y salvas de escopetas y trabucos. Con el sol aún dominando los cielos de la aldea, Apenas quince minutos después, las camaristas tras dar los vivas y rezar la salve cubrían el nacarado rostros de la patrona de Almonte con el pañito, una pieza que en este traslado recoge una escena del rey Alfonso X. Instantes después, la Virgen se cubría con su nuevo capote de traslado y daba inicio a la noche de camino.El pueblo cumplió el voto del Rocío Chico Por la mañana, como cada 19 de agosto desde 1813, Almonte renovó con la Hermandad Matriz al frente y las autoridades el solmene voto de acción de gracias a la Virgen del Rocío por su mediación y salvaguarda durante la invasión napoleónica. A la misa, previa a la procesión con el Santísimo, asistieron también el vicepresidente de la Junta de Andalucía y consejero de Presidencia, Sanidad y Emergencias, Antonio Sanz, así como la consejera de Cultura, Patrimonio Histórico y Deporte, Patricia del Pozo.Unas muchedumbre, ataviada en su mayoría con camisetas blancas, mochila y el tradicional pañuelo de hierba, ya se había adentrado en el recorrido. En torno a la Virgen, las abuelas almonteñas y su descendencia portaban, cubiertas de plásticos transparente, la corona, ráfagas, la medida luna y otros símbolos y enseres de la Virgen, como séquito privilegiado y comprometido de la divina dama viajera que lleva consigo su ajuar. Por delante, tres leguas, quince kilómetros bajo la luna entre pinos y oscuridad, rota por la potente luz de los focos de los tractores que marcan el recorrido de las andas sobre las que avanza la Virgen tapada, convertida en una silueta fantasmal entre el ‘humo’ que parece levantar la polvareda, que no deja de ser una metáfora para el rociero que siempre busca a la Virgen en cualquier momento y circunstancia en el camino de la vida. Almonte la esperaba con júbilo, con casas adornadas y familias preparando las guardias nocturna que le dejarán a solas con la patrona en la parroquia durante los nueve meses en los que Almonte ejerce de anfitrión del orbe rociero, dispuesto a alcanzar las indulgencias del Año Jubilar. En El Rocío, el vacío del Santuario auguraba un amanecer distinto, marcado por un sentimiento de orfandad. Una larga víspera de la ansiada primavera. El Rocío Chico de 2026 culminó ayer con la salida de la Blanca Paloma para iniciar el traslado que cada siete años le lleva a hombros de los almonteños a su pueblo. Un traslado histórico por ser el primero al que la Santa Sede ha concedido un Año Jubilar y porque podá cuantificarse la multitud dispuesta a acompañar a la imagen durante toda la noche en el recorrido que le lleva desde su Santuario al Chaparral en Almonte. Allí llegará hoy, al amanecer, para que las camaristas le retiren el guardapolvo y el pañito con que la protegieron y seguir entre salvas de escopeta en jubilosa procesión el camino hasta la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, donde permanecerá hasta la semana anterior al Rocío 2027 y donde recibirá a las peregrinaciones anuales de las hermandades filiales. Fue la de ayer una jornada de emociones y sentimientos desbocados en la aldea de El Rocío. El rito se cumplió y siete años después, los almonteños alzaron en volandas a su patrona para iniciar ese soñado traslado hacia su pueblo. Minutos antes de las tres y media de la tarde (a las 15.27 minutos), se detuvo el tiempo en el interior del Santuario. Tras varios amagos y mucho nerviosismo, los almonteños saltaron la reja para acceder al presbiterio del templo y agarrarse con toda su alma a las andas de la Virgen. Eran tres cuartos de hora más tarde que en la venida de 2019 pero antes de lo que la Hermandad Matriz había solicitado.. Los grandes candelabros que rodeaban a las andas casi volaron por la avalancha.Apenas unos cinco minutos transcurrieron desde el salto hasta que el sol iluminó el rostro de la Pastora. Fuera del Santuario, miles de devotos abarrotaban ya las arenas entre vivas, lágrimas de emoción y corazones llenos de fe. Miles de almas buscando acercarse a la Virgen para pedir y dar gracias. El sonido de los trabucos se mezclaban con el del baile de las campanas que replicaban a júbilo. Palmas, vivas y cantes tornaban en la más absoluta algarabía el bucólico y privilegiado entorno marismeño, al que los hombres de la Virgen acercaron las andas para la despedida hasta mayo de la marisma , mientras las yeguas pastaban en una tarde que prometía buen tiempo y una temperatura no excesiva para caminar. La lluvia de pétalos, de los balcones de las dependencias del Santuario ponía luego una nota de color sobre el nuevo terno pastoril de la Virgen.EPSe iniciaba así un recorrido por la aldea de casi cinco horas que tendría su momento destacado en la llegada de la Virgen del Rocío al altar del pañito a la caída de la tarde. Mientras tanto, los momentos de pura emoción se sucedían, con los almonteños bregando bajo las andas para mantener firme el caminar y la Virgen visitando las casas que pueblan su camino bajo los arcos de flores de papel, con las casas y hermandades adornadas para la ocasión.Despedida de la AldeaUnas horas después de la salida, la Virgen se adentraba en el Real de la aldea para visitar la casa de las camaristas. Aupada por su pueblo, la camarista se elevó en las andas junto a la Virgen del Rocío para rezar la salve y gritar vivas sentidos. Desde allí se escuchaban las palmas a compás que junto a la casa de Huelva los onubenses hacían sonar llamando a la Blanca Paloma. Ante una casa hermandad a medio derribar, la filial de Huelva erigía un artístico arco bajo el que la Virgen del Rocío pasaba justo antes de embocar la calle cubierta al completo por un túnel de papelillos.Gines, con un impresionate exorno, Granada, Trigueros, Bonares… y un sinfín de casas de hermandad se adornaban a lo largo de todo el camino con artísticos mosaicos de flores y papelillos y cadenetas de flores de papel. Las horas iban pasando y el calor de la tarde se hacía notar alrededor de la Virgen , en ese círculo de fuerza en torno a la patrona que hacen los almonteños y que parecía alimentarse del sol y la arena cuando la imagen avanzaba lentamente por el Camino de los Llanos. Cuatro minutos faltaban para las ocho de la tarde cuando los almonteños posaron a su patrona bajo el templete entre palmas y salvas de escopetas y trabucos. Con el sol aún dominando los cielos de la aldea, Apenas quince minutos después, las camaristas tras dar los vivas y rezar la salve cubrían el nacarado rostros de la patrona de Almonte con el pañito, una pieza que en este traslado recoge una escena del rey Alfonso X. Instantes después, la Virgen se cubría con su nuevo capote de traslado y daba inicio a la noche de camino.El pueblo cumplió el voto del Rocío Chico Por la mañana, como cada 19 de agosto desde 1813, Almonte renovó con la Hermandad Matriz al frente y las autoridades el solmene voto de acción de gracias a la Virgen del Rocío por su mediación y salvaguarda durante la invasión napoleónica. A la misa, previa a la procesión con el Santísimo, asistieron también el vicepresidente de la Junta de Andalucía y consejero de Presidencia, Sanidad y Emergencias, Antonio Sanz, así como la consejera de Cultura, Patrimonio Histórico y Deporte, Patricia del Pozo.Unas muchedumbre, ataviada en su mayoría con camisetas blancas, mochila y el tradicional pañuelo de hierba, ya se había adentrado en el recorrido. En torno a la Virgen, las abuelas almonteñas y su descendencia portaban, cubiertas de plásticos transparente, la corona, ráfagas, la medida luna y otros símbolos y enseres de la Virgen, como séquito privilegiado y comprometido de la divina dama viajera que lleva consigo su ajuar. Por delante, tres leguas, quince kilómetros bajo la luna entre pinos y oscuridad, rota por la potente luz de los focos de los tractores que marcan el recorrido de las andas sobre las que avanza la Virgen tapada, convertida en una silueta fantasmal entre el ‘humo’ que parece levantar la polvareda, que no deja de ser una metáfora para el rociero que siempre busca a la Virgen en cualquier momento y circunstancia en el camino de la vida. Almonte la esperaba con júbilo, con casas adornadas y familias preparando las guardias nocturna que le dejarán a solas con la patrona en la parroquia durante los nueve meses en los que Almonte ejerce de anfitrión del orbe rociero, dispuesto a alcanzar las indulgencias del Año Jubilar. En El Rocío, el vacío del Santuario auguraba un amanecer distinto, marcado por un sentimiento de orfandad. Una larga víspera de la ansiada primavera. RSS de noticias de espana/andalucia
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