En los últimos años, muchos españoles han descubierto que viajar a Japón no solo era atractivo por su cultura, su gastronomía o su tecnología, sino también por una razón financiera: el yen está barato. Para un turista europeo que cobra en euros, comer sushi en Tokio, montarse en el tren bala, alojarse en Kioto o comprar productos tecnológicos japoneses genera una atracción difícil de ignorar y máxime si está “en descuento”. Pero detrás de esta situación se esconde uno de los grandes desequilibrios macroeconómicos actuales: la debilidad estructural del yen.
Estados Unidos muestra interés en elevar el precio del yen como demostró con su intervención en el mercado a finales de julio
En los últimos años, muchos españoles han descubierto que viajar a Japón no solo era atractivo por su cultura, su gastronomía o su tecnología, sino también por una razón financiera: el yen está barato. Para un turista europeo que cobra en euros, comer sushi en Tokio, montarse en el tren bala, alojarse en Kioto o comprar productos tecnológicos japoneses genera una atracción difícil de ignorar y máxime si está “en descuento”. Pero detrás de esta situación se esconde uno de los grandes desequilibrios macroeconómicos actuales: la debilidad estructural del yen.
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