Para entenderlo hay que cruzar sus puertas. Desde fuera, la Ermita de Nuestra Señora del Ara parece una más de las muchas que salpican las sierras del sur de Extremadura: paredes blancas, sencillas, casi austeras. Todo cambia cuando estás dentro. Las paredes desaparecen bajo la pintura. La bóveda se convierte prácticamente en un relato. El ‘Génesis’ toma forma sobre las cabezas de quienes entran. La Creación, Adán y Eva, el Paraíso, Noé, Isaac y Rebeca. La Biblia se despliega sobre los muros de una pequeña ermita, para muchos, perdida, en la Sierra de la Jayona. Desde dentro es más fácil entender el porqué del sobrenombre de ‘la Capilla Sixtina extremeña’. La comparación con la obra de Miguel Ángel puede parecer -seguramente lo sea- excesiva, pero tiene su propia razón de ser. El programa iconográfico de la ermita cuenta, a través de sus pinturas, los primeros pasajes del Antiguo Testamento, y su interior está prácticamente cubierto de decoración pictórica. «No hay ningún rincón de la ermita sin pintar» , explica Ara María Martín, informadora turística de la ermita. No es, además, un conjunto nacido de una sola vez. Las pinturas pertenecen a diferentes épocas. Las más antiguas pueden situarse entre los siglos XIV y XV, mientras que otras están fechadas en 1736. Sus autores siguen siendo desconocidos, aunque los trabajos de restauración han permitido distinguir, al menos, seis manos de pintores diferentes.Una leyenda tras la ermita El anonimato de los autores es uno de los muchos misterios que guarda el santuario. Porque, todavía hoy, nadie puede explicar con absoluta certeza cuándo nació la ermita ni por qué se levantó exactamente en ese lugar. Existen hipótesis que apuntan a antiguos cultos relacionados con la naturaleza y el agua. No faltan manantiales alrededor del templo, algunos de los cuales, cuenta Martín, siguen brotando incluso después de años de sequía. La primera referencia documental conocida aparece en el siglo XIV, en el ‘Libro de la Montería de Alfonso XI’, donde ya se menciona un lugar de culto dedicado a Santa María.Más allá de los documentos, también está la leyenda tras la ermita. Cuenta la tradición que, en la Sierra de la Jayona, vivía el rey Jayón, ciego, y su hija, la princesa Erminda. Ambos eran musulmanes. Un día, junto a un manantial y una encina, la joven vio aparecer a una muchacha vestida de blanco que resultó ser, según la leyenda, la Virgen María. La hija le pidió que le devolviera la vista a su padre. La Virgen accedió, pero con una condición: que se convirtieran al cristianismo. Como agradecimiento, el rey Jayón ordenó construir una ermita. Sin embargo, lo que los hombres levantaban durante el día se derrumbaba por la noche hasta que la Virgen volvió a aparecerse e indicó el lugar exacto donde debía construirse. La historia se representa incluso en una tabla gótica conservada en el interior del santuario.Imágenes del interior y exterior de la ermita CedidasSímbolo de la zonaAl margen de la leyenda y de su origen desconocido, la ermita es mucho más que un conjunto monumental para Fuente del Arco, municipio de unos 700 habitantes de la humilde Campiña Sur de Badajoz. Para los fuentelarqueños allí está la casa común de todo el pueblo: «Significa todo para el pueblo de Fuente del Arco: es la patrona y la madre de todos», resume Ángel Cabeza, hermano mayor de la Hermandad de la Virgen del Ara.La devoción, sin duda, también se hereda. Pasa de padres a hijos y de hijos a nietos. Además, acompaña a quienes tuvieron que marcharse. Los emigrantes regresan para reencontrarse con la Virgen. Algunos llegan para cumplir promesas; otros, para rezar en silencio. «Algunos vienen descalzos, otros lo hacen sin ni siquiera hablar. Hacen su particular penitencia», cuenta Cabeza.Cada septiembre, esa devoción se convierte en una de las estampas más singulares de la localidad. En la noche del 7 de septiembre, previa al Día de Extremadura y después de la misa, llega el momento del rosario de antorchas. La Virgen sale de la ermita y comienza entonces una peregrinación de siete kilómetros a pie hasta Fuente del Arco. La noche avanza mientras los peregrinos caminan. Cuando amanece, la patrona ya está en el pueblo.Atractivo turísticoEn los últimos años, el santuario también ha empezado a atraer a quienes llegan buscando patrimonio y no necesariamente devoción. La declaración como Bien de Interés Cultural en 2018 contribuyó a aumentar las visitas. Y la proximidad con la Mina de la Jayona, otro de los grandes tesoros del municipio, ha convertido ambos espacios en una pareja habitual para quienes recorren esta ‘esquinita’ de la Campiña Sur. La transformación ha obligado incluso a buscar un equilibrio. La Hermandad ha establecido horarios de culto para preservar momentos en los que la ermita vuelva a ser únicamente un lugar de oración: «Los mismos fuentelarqueños han empezado a tener que convivir entre fe y turismo», dice Martín. En 2024, además, la Junta de Extremadura destinó cerca de 900.000 euros a la restauración integral del santuario. Las obras actuaron sobre cubiertas y muros, problemas de humedad, accesibilidad e iluminación, pero también sobre aquello que convierte la ermita en un lugar excepcional, que son sus pinturas murales. Los trabajos incluyeron documentación, consolidación, limpieza, eliminación de grafitis, reposición de morteros y reintegración cromática. También se recuperó el histórico órgano realejo, restaurando sus elementos mecánicos y sonoros originales.La inversión ha permitido que el templo recupere parte de su esplendor, aunque la conservación de la ermita no depende únicamente de las grandes obras. La Hermandad está formada por siete personas que organizan las fiestas, llevan las cuentas, mantienen limpio el santuario y gestionan la pequeña tienda con cuyos ingresos ayudan a sostener su actividad. La humildad es también la esencia y parte del encanto de la ermita, que tiene la capacidad de generar distintos sentimientos dependiendo de quién la visite. Quien llega atraído por el arte se encuentra una verdadera sorpresa. Quien busca historia se lleva muchas preguntas. Los que hacen simple turismo se van siendo conscientes de que en medio de la sierra hay una joya escondida. Y para los hijos e hijas -muchas de nombre Ara- de Fuente del Arco es simplemente su casa. El apelativo de ‘la Capilla Sixtina Extremeña’ no ha evitado que todavía sea una gran desconocida, incluso para algunos extremeños. Y, quizás, ese sea su mayor milagro: que, después de tantos siglos, la ermita tenga todavía mucho que revelar. Para entenderlo hay que cruzar sus puertas. Desde fuera, la Ermita de Nuestra Señora del Ara parece una más de las muchas que salpican las sierras del sur de Extremadura: paredes blancas, sencillas, casi austeras. Todo cambia cuando estás dentro. Las paredes desaparecen bajo la pintura. La bóveda se convierte prácticamente en un relato. El ‘Génesis’ toma forma sobre las cabezas de quienes entran. La Creación, Adán y Eva, el Paraíso, Noé, Isaac y Rebeca. La Biblia se despliega sobre los muros de una pequeña ermita, para muchos, perdida, en la Sierra de la Jayona. Desde dentro es más fácil entender el porqué del sobrenombre de ‘la Capilla Sixtina extremeña’. La comparación con la obra de Miguel Ángel puede parecer -seguramente lo sea- excesiva, pero tiene su propia razón de ser. El programa iconográfico de la ermita cuenta, a través de sus pinturas, los primeros pasajes del Antiguo Testamento, y su interior está prácticamente cubierto de decoración pictórica. «No hay ningún rincón de la ermita sin pintar» , explica Ara María Martín, informadora turística de la ermita. No es, además, un conjunto nacido de una sola vez. Las pinturas pertenecen a diferentes épocas. Las más antiguas pueden situarse entre los siglos XIV y XV, mientras que otras están fechadas en 1736. Sus autores siguen siendo desconocidos, aunque los trabajos de restauración han permitido distinguir, al menos, seis manos de pintores diferentes.Una leyenda tras la ermita El anonimato de los autores es uno de los muchos misterios que guarda el santuario. Porque, todavía hoy, nadie puede explicar con absoluta certeza cuándo nació la ermita ni por qué se levantó exactamente en ese lugar. Existen hipótesis que apuntan a antiguos cultos relacionados con la naturaleza y el agua. No faltan manantiales alrededor del templo, algunos de los cuales, cuenta Martín, siguen brotando incluso después de años de sequía. La primera referencia documental conocida aparece en el siglo XIV, en el ‘Libro de la Montería de Alfonso XI’, donde ya se menciona un lugar de culto dedicado a Santa María.Más allá de los documentos, también está la leyenda tras la ermita. Cuenta la tradición que, en la Sierra de la Jayona, vivía el rey Jayón, ciego, y su hija, la princesa Erminda. Ambos eran musulmanes. Un día, junto a un manantial y una encina, la joven vio aparecer a una muchacha vestida de blanco que resultó ser, según la leyenda, la Virgen María. La hija le pidió que le devolviera la vista a su padre. La Virgen accedió, pero con una condición: que se convirtieran al cristianismo. Como agradecimiento, el rey Jayón ordenó construir una ermita. Sin embargo, lo que los hombres levantaban durante el día se derrumbaba por la noche hasta que la Virgen volvió a aparecerse e indicó el lugar exacto donde debía construirse. La historia se representa incluso en una tabla gótica conservada en el interior del santuario.Imágenes del interior y exterior de la ermita CedidasSímbolo de la zonaAl margen de la leyenda y de su origen desconocido, la ermita es mucho más que un conjunto monumental para Fuente del Arco, municipio de unos 700 habitantes de la humilde Campiña Sur de Badajoz. Para los fuentelarqueños allí está la casa común de todo el pueblo: «Significa todo para el pueblo de Fuente del Arco: es la patrona y la madre de todos», resume Ángel Cabeza, hermano mayor de la Hermandad de la Virgen del Ara.La devoción, sin duda, también se hereda. Pasa de padres a hijos y de hijos a nietos. Además, acompaña a quienes tuvieron que marcharse. Los emigrantes regresan para reencontrarse con la Virgen. Algunos llegan para cumplir promesas; otros, para rezar en silencio. «Algunos vienen descalzos, otros lo hacen sin ni siquiera hablar. Hacen su particular penitencia», cuenta Cabeza.Cada septiembre, esa devoción se convierte en una de las estampas más singulares de la localidad. En la noche del 7 de septiembre, previa al Día de Extremadura y después de la misa, llega el momento del rosario de antorchas. La Virgen sale de la ermita y comienza entonces una peregrinación de siete kilómetros a pie hasta Fuente del Arco. La noche avanza mientras los peregrinos caminan. Cuando amanece, la patrona ya está en el pueblo.Atractivo turísticoEn los últimos años, el santuario también ha empezado a atraer a quienes llegan buscando patrimonio y no necesariamente devoción. La declaración como Bien de Interés Cultural en 2018 contribuyó a aumentar las visitas. Y la proximidad con la Mina de la Jayona, otro de los grandes tesoros del municipio, ha convertido ambos espacios en una pareja habitual para quienes recorren esta ‘esquinita’ de la Campiña Sur. La transformación ha obligado incluso a buscar un equilibrio. La Hermandad ha establecido horarios de culto para preservar momentos en los que la ermita vuelva a ser únicamente un lugar de oración: «Los mismos fuentelarqueños han empezado a tener que convivir entre fe y turismo», dice Martín. En 2024, además, la Junta de Extremadura destinó cerca de 900.000 euros a la restauración integral del santuario. Las obras actuaron sobre cubiertas y muros, problemas de humedad, accesibilidad e iluminación, pero también sobre aquello que convierte la ermita en un lugar excepcional, que son sus pinturas murales. Los trabajos incluyeron documentación, consolidación, limpieza, eliminación de grafitis, reposición de morteros y reintegración cromática. También se recuperó el histórico órgano realejo, restaurando sus elementos mecánicos y sonoros originales.La inversión ha permitido que el templo recupere parte de su esplendor, aunque la conservación de la ermita no depende únicamente de las grandes obras. La Hermandad está formada por siete personas que organizan las fiestas, llevan las cuentas, mantienen limpio el santuario y gestionan la pequeña tienda con cuyos ingresos ayudan a sostener su actividad. La humildad es también la esencia y parte del encanto de la ermita, que tiene la capacidad de generar distintos sentimientos dependiendo de quién la visite. Quien llega atraído por el arte se encuentra una verdadera sorpresa. Quien busca historia se lleva muchas preguntas. Los que hacen simple turismo se van siendo conscientes de que en medio de la sierra hay una joya escondida. Y para los hijos e hijas -muchas de nombre Ara- de Fuente del Arco es simplemente su casa. El apelativo de ‘la Capilla Sixtina Extremeña’ no ha evitado que todavía sea una gran desconocida, incluso para algunos extremeños. Y, quizás, ese sea su mayor milagro: que, después de tantos siglos, la ermita tenga todavía mucho que revelar. Para entenderlo hay que cruzar sus puertas. Desde fuera, la Ermita de Nuestra Señora del Ara parece una más de las muchas que salpican las sierras del sur de Extremadura: paredes blancas, sencillas, casi austeras. Todo cambia cuando estás dentro. Las paredes desaparecen bajo la pintura. La bóveda se convierte prácticamente en un relato. El ‘Génesis’ toma forma sobre las cabezas de quienes entran. La Creación, Adán y Eva, el Paraíso, Noé, Isaac y Rebeca. La Biblia se despliega sobre los muros de una pequeña ermita, para muchos, perdida, en la Sierra de la Jayona. Desde dentro es más fácil entender el porqué del sobrenombre de ‘la Capilla Sixtina extremeña’. La comparación con la obra de Miguel Ángel puede parecer -seguramente lo sea- excesiva, pero tiene su propia razón de ser. El programa iconográfico de la ermita cuenta, a través de sus pinturas, los primeros pasajes del Antiguo Testamento, y su interior está prácticamente cubierto de decoración pictórica. «No hay ningún rincón de la ermita sin pintar» , explica Ara María Martín, informadora turística de la ermita. No es, además, un conjunto nacido de una sola vez. Las pinturas pertenecen a diferentes épocas. Las más antiguas pueden situarse entre los siglos XIV y XV, mientras que otras están fechadas en 1736. Sus autores siguen siendo desconocidos, aunque los trabajos de restauración han permitido distinguir, al menos, seis manos de pintores diferentes.Una leyenda tras la ermita El anonimato de los autores es uno de los muchos misterios que guarda el santuario. Porque, todavía hoy, nadie puede explicar con absoluta certeza cuándo nació la ermita ni por qué se levantó exactamente en ese lugar. Existen hipótesis que apuntan a antiguos cultos relacionados con la naturaleza y el agua. No faltan manantiales alrededor del templo, algunos de los cuales, cuenta Martín, siguen brotando incluso después de años de sequía. La primera referencia documental conocida aparece en el siglo XIV, en el ‘Libro de la Montería de Alfonso XI’, donde ya se menciona un lugar de culto dedicado a Santa María.Más allá de los documentos, también está la leyenda tras la ermita. Cuenta la tradición que, en la Sierra de la Jayona, vivía el rey Jayón, ciego, y su hija, la princesa Erminda. Ambos eran musulmanes. Un día, junto a un manantial y una encina, la joven vio aparecer a una muchacha vestida de blanco que resultó ser, según la leyenda, la Virgen María. La hija le pidió que le devolviera la vista a su padre. La Virgen accedió, pero con una condición: que se convirtieran al cristianismo. Como agradecimiento, el rey Jayón ordenó construir una ermita. Sin embargo, lo que los hombres levantaban durante el día se derrumbaba por la noche hasta que la Virgen volvió a aparecerse e indicó el lugar exacto donde debía construirse. La historia se representa incluso en una tabla gótica conservada en el interior del santuario.Imágenes del interior y exterior de la ermita CedidasSímbolo de la zonaAl margen de la leyenda y de su origen desconocido, la ermita es mucho más que un conjunto monumental para Fuente del Arco, municipio de unos 700 habitantes de la humilde Campiña Sur de Badajoz. Para los fuentelarqueños allí está la casa común de todo el pueblo: «Significa todo para el pueblo de Fuente del Arco: es la patrona y la madre de todos», resume Ángel Cabeza, hermano mayor de la Hermandad de la Virgen del Ara.La devoción, sin duda, también se hereda. Pasa de padres a hijos y de hijos a nietos. Además, acompaña a quienes tuvieron que marcharse. Los emigrantes regresan para reencontrarse con la Virgen. Algunos llegan para cumplir promesas; otros, para rezar en silencio. «Algunos vienen descalzos, otros lo hacen sin ni siquiera hablar. Hacen su particular penitencia», cuenta Cabeza.Cada septiembre, esa devoción se convierte en una de las estampas más singulares de la localidad. En la noche del 7 de septiembre, previa al Día de Extremadura y después de la misa, llega el momento del rosario de antorchas. La Virgen sale de la ermita y comienza entonces una peregrinación de siete kilómetros a pie hasta Fuente del Arco. La noche avanza mientras los peregrinos caminan. Cuando amanece, la patrona ya está en el pueblo.Atractivo turísticoEn los últimos años, el santuario también ha empezado a atraer a quienes llegan buscando patrimonio y no necesariamente devoción. La declaración como Bien de Interés Cultural en 2018 contribuyó a aumentar las visitas. Y la proximidad con la Mina de la Jayona, otro de los grandes tesoros del municipio, ha convertido ambos espacios en una pareja habitual para quienes recorren esta ‘esquinita’ de la Campiña Sur. La transformación ha obligado incluso a buscar un equilibrio. La Hermandad ha establecido horarios de culto para preservar momentos en los que la ermita vuelva a ser únicamente un lugar de oración: «Los mismos fuentelarqueños han empezado a tener que convivir entre fe y turismo», dice Martín. En 2024, además, la Junta de Extremadura destinó cerca de 900.000 euros a la restauración integral del santuario. Las obras actuaron sobre cubiertas y muros, problemas de humedad, accesibilidad e iluminación, pero también sobre aquello que convierte la ermita en un lugar excepcional, que son sus pinturas murales. Los trabajos incluyeron documentación, consolidación, limpieza, eliminación de grafitis, reposición de morteros y reintegración cromática. También se recuperó el histórico órgano realejo, restaurando sus elementos mecánicos y sonoros originales.La inversión ha permitido que el templo recupere parte de su esplendor, aunque la conservación de la ermita no depende únicamente de las grandes obras. La Hermandad está formada por siete personas que organizan las fiestas, llevan las cuentas, mantienen limpio el santuario y gestionan la pequeña tienda con cuyos ingresos ayudan a sostener su actividad. La humildad es también la esencia y parte del encanto de la ermita, que tiene la capacidad de generar distintos sentimientos dependiendo de quién la visite. Quien llega atraído por el arte se encuentra una verdadera sorpresa. Quien busca historia se lleva muchas preguntas. Los que hacen simple turismo se van siendo conscientes de que en medio de la sierra hay una joya escondida. Y para los hijos e hijas -muchas de nombre Ara- de Fuente del Arco es simplemente su casa. El apelativo de ‘la Capilla Sixtina Extremeña’ no ha evitado que todavía sea una gran desconocida, incluso para algunos extremeños. Y, quizás, ese sea su mayor milagro: que, después de tantos siglos, la ermita tenga todavía mucho que revelar. RSS de noticias de espana
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