Turquía aprobó el mes pasado una ley que, en apariencia, podría marcar el fin de uno de los conflictos más longevos de Oriente Próximo. La legislación establece un marco para la suspensión de penas y reintegración de miles de militantes del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), la guerrilla considerada organización terrorista en Turquía, la Unión Europea y Estados Unidos. La normativa ha sido recibida con esperanza y escepticismo por partes iguales, pero el texto, calibrado para no irritar al electorado nacionalista, deja fuera al líder del PKK, Abdullah Öcalan, y no aborda las causas estructurales que alimentaron medio siglo de violencia.
El país asiático aprueba una ley que permitirá la liberación de miles de militantes kurdos, en el mayor paso hacia el fin de una insurgencia que ha marcado su historia moderna
Turquía aprobó el mes pasado una ley que, en apariencia, podría marcar el fin de uno de los conflictos más longevos de Oriente Próximo. La legislación establece un marco para la suspensión de penas y reintegración de miles de militantes del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), la guerrilla considerada organización terrorista en Turquía, la Unión Europea y Estados Unidos. La normativa ha sido recibida con esperanza y escepticismo por partes iguales, pero el texto, calibrado para no irritar al electorado nacionalista, deja fuera al líder del PKK, Abdullah Öcalan, y no aborda las causas estructurales que alimentaron medio siglo de violencia.
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