Pasar unas horas en Barcelona durante una escala de crucero supondrá pagar una tasa turística de 30 euros por persona en 2030, frente a los 11 actuales. El Ayuntamiento ha aprobado inicialmente una subida progresiva que comenzará en 2027 y afectará a los pasajeros de los barcos que permanezcan doce horas o menos en el puerto. La medida, impulsada por el PSC y respaldada por Junts y ERC, busca desincentivar estas visitas breves que, según sus promotores, saturan el espacio público y dejan un gasto limitado en los comercios de la ciudad.Según las proyecciones del gobierno municipal, el recargo a estos pasajeros permitirá elevar la recaudación de unos 4,5 millones de euros a 9,2 millones en 2027 y a 22,3 millones en 2030, tomando como referencia el volumen actual de visitantes. El objetivo declarado, eso sí, sería esa afluencia, pues el teniente de alcalde de Economía, Jordi Valls, ha defendido que el número de cruceristas de esta modalidad «tienda a cero» en los próximos años. En cualquier caso, el dinero recaudado irá destinado a reforzar equipamiento municipal, así como comedores escolares y otras actividades.Para entender la dimensión económica del asunto cabe tener en cuenta que solo en agosto el Puerto de Barcelona contabilizó 193.500 cruceristas en tránsito, equivalentes a una media diaria de 6.200. Aunque pueda parecer una cifra soportable para una ciudad como Barcelona, las críticas se centran en la concentración de visitantes durante horas muy concretas en espacios igualmente muy determinados, con un retorno económico que el gobierno municipal considera limitado. Según las estimaciones del consistorio, los cruceristas de escala permanecen unas cinco horas en la ciudad y gastan entre 45 y 65 euros por persona, además de los 11 euros del impuesto turístico. Con la subida a treinta euros prevista para 2030, suponiendo que no afectara al volumen de visitantes, esas cantidades representarían en agosto entre 14,5 y 18,4 millones. Tasa turística en ascensoLa medida se suma al aumento del recargo turístico general de Barcelona, que pasó de cuatro a cinco euros por persona y noche el pasado abril y seguirá subiendo un euro al año hasta alcanzar los ocho en 2029. En el caso del puerto, además, el Ayuntamiento y la Autoridad Portuaria llevan años impulsando el traslado de las terminales más próximas al centro. En octubre de 2023 dejaron de operar los cruceros en el muelle Barcelona Nord, junto al World Trade Center, y su actividad se trasladó al muelle Adossat. El cierre de la terminal del muelle Barcelona Sud está previsto para finales de este año. Pasar unas horas en Barcelona durante una escala de crucero supondrá pagar una tasa turística de 30 euros por persona en 2030, frente a los 11 actuales. El Ayuntamiento ha aprobado inicialmente una subida progresiva que comenzará en 2027 y afectará a los pasajeros de los barcos que permanezcan doce horas o menos en el puerto. La medida, impulsada por el PSC y respaldada por Junts y ERC, busca desincentivar estas visitas breves que, según sus promotores, saturan el espacio público y dejan un gasto limitado en los comercios de la ciudad.Según las proyecciones del gobierno municipal, el recargo a estos pasajeros permitirá elevar la recaudación de unos 4,5 millones de euros a 9,2 millones en 2027 y a 22,3 millones en 2030, tomando como referencia el volumen actual de visitantes. El objetivo declarado, eso sí, sería esa afluencia, pues el teniente de alcalde de Economía, Jordi Valls, ha defendido que el número de cruceristas de esta modalidad «tienda a cero» en los próximos años. En cualquier caso, el dinero recaudado irá destinado a reforzar equipamiento municipal, así como comedores escolares y otras actividades.Para entender la dimensión económica del asunto cabe tener en cuenta que solo en agosto el Puerto de Barcelona contabilizó 193.500 cruceristas en tránsito, equivalentes a una media diaria de 6.200. Aunque pueda parecer una cifra soportable para una ciudad como Barcelona, las críticas se centran en la concentración de visitantes durante horas muy concretas en espacios igualmente muy determinados, con un retorno económico que el gobierno municipal considera limitado. Según las estimaciones del consistorio, los cruceristas de escala permanecen unas cinco horas en la ciudad y gastan entre 45 y 65 euros por persona, además de los 11 euros del impuesto turístico. Con la subida a treinta euros prevista para 2030, suponiendo que no afectara al volumen de visitantes, esas cantidades representarían en agosto entre 14,5 y 18,4 millones. Tasa turística en ascensoLa medida se suma al aumento del recargo turístico general de Barcelona, que pasó de cuatro a cinco euros por persona y noche el pasado abril y seguirá subiendo un euro al año hasta alcanzar los ocho en 2029. En el caso del puerto, además, el Ayuntamiento y la Autoridad Portuaria llevan años impulsando el traslado de las terminales más próximas al centro. En octubre de 2023 dejaron de operar los cruceros en el muelle Barcelona Nord, junto al World Trade Center, y su actividad se trasladó al muelle Adossat. El cierre de la terminal del muelle Barcelona Sud está previsto para finales de este año. Pasar unas horas en Barcelona durante una escala de crucero supondrá pagar una tasa turística de 30 euros por persona en 2030, frente a los 11 actuales. El Ayuntamiento ha aprobado inicialmente una subida progresiva que comenzará en 2027 y afectará a los pasajeros de los barcos que permanezcan doce horas o menos en el puerto. La medida, impulsada por el PSC y respaldada por Junts y ERC, busca desincentivar estas visitas breves que, según sus promotores, saturan el espacio público y dejan un gasto limitado en los comercios de la ciudad.Según las proyecciones del gobierno municipal, el recargo a estos pasajeros permitirá elevar la recaudación de unos 4,5 millones de euros a 9,2 millones en 2027 y a 22,3 millones en 2030, tomando como referencia el volumen actual de visitantes. El objetivo declarado, eso sí, sería esa afluencia, pues el teniente de alcalde de Economía, Jordi Valls, ha defendido que el número de cruceristas de esta modalidad «tienda a cero» en los próximos años. En cualquier caso, el dinero recaudado irá destinado a reforzar equipamiento municipal, así como comedores escolares y otras actividades.Para entender la dimensión económica del asunto cabe tener en cuenta que solo en agosto el Puerto de Barcelona contabilizó 193.500 cruceristas en tránsito, equivalentes a una media diaria de 6.200. Aunque pueda parecer una cifra soportable para una ciudad como Barcelona, las críticas se centran en la concentración de visitantes durante horas muy concretas en espacios igualmente muy determinados, con un retorno económico que el gobierno municipal considera limitado. Según las estimaciones del consistorio, los cruceristas de escala permanecen unas cinco horas en la ciudad y gastan entre 45 y 65 euros por persona, además de los 11 euros del impuesto turístico. Con la subida a treinta euros prevista para 2030, suponiendo que no afectara al volumen de visitantes, esas cantidades representarían en agosto entre 14,5 y 18,4 millones. Tasa turística en ascensoLa medida se suma al aumento del recargo turístico general de Barcelona, que pasó de cuatro a cinco euros por persona y noche el pasado abril y seguirá subiendo un euro al año hasta alcanzar los ocho en 2029. En el caso del puerto, además, el Ayuntamiento y la Autoridad Portuaria llevan años impulsando el traslado de las terminales más próximas al centro. En octubre de 2023 dejaron de operar los cruceros en el muelle Barcelona Nord, junto al World Trade Center, y su actividad se trasladó al muelle Adossat. El cierre de la terminal del muelle Barcelona Sud está previsto para finales de este año. RSS de noticias de espana
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