“Gracias a nuestros queridos soldados. Os esperamos en nuestra inquebrantable ciudad”, reza una nota manuscrita junto a latas y otros alimentos recibidos para hacer frente al hambre en Oleshki, ciudad ocupada por Rusia. “Gracias”, repite otra junto a un envío de café, infusiones y chocolatinas. Las fotos con estos mensajes y otras con diversas muestras de gratitud han llegado al móvil de Roman Chuhalov, de 44 años, uno de los militares ucranios que, mediante el envío de ayuda con drones, tratan de romper el cerco por la falta de comida en esta localidad de la región meridional de Jersón, en la que sobreviven unas 2.000 personas.




Algunos vecinos narran cómo es sobrevivir en Oleshki sin víveres, entre las minas y bajo la amenaza de aviones no tripulados antes de lograr escapar a “vida o muerte”
“Gracias a nuestros queridos soldados. Os esperamos en nuestra inquebrantable ciudad”, reza una nota manuscrita junto a latas y otros alimentos recibidos para hacer frente al hambre en Oleshki, ciudad ocupada por Rusia. “Gracias”, repite otra junto a un envío de café, infusiones y chocolatinas. Las fotos con estos mensajes y otras con diversas muestras de gratitud han llegado al móvil de Roman Chuhalov, de 44 años, uno de los militares ucranios que, mediante el envío de ayuda con drones, tratan de romper el cerco por la falta de comida en esta localidad de la región meridional de Jersón, en la que sobreviven unas 2.000 personas.




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