Hay repeticiones que duelen más del doble. Adamuz, Urda. Al menos 115 ausencias. Irreparables. ¿Evitables? Nada que en Japón conozcan, suerte la suya, tras seis décadas de alta velocidad sin una sola víctima mortal. Preguntamos sobre semejante logro a Kana Azuma, especialista en la materia y fundadora del Instituto de Investigación de Tendencias Ferroviarias (Railway Trend Research Institute), en pos de respuestas para que el dolor deje de una vez de multiplicarse. — ¿Qué impresión le ha provocado el accidente de Urda? ¿Hay algún detalle que le haya llamado la atención?—El accidente ha ocupado un lugar destacado en la televisión de nuestro país. Estoy profundamente conmocionada. Como experta en el ‘Shinkansen’ (alta velocidad japonesa), me cuesta entender cómo ha podido producirse un accidente tan devastador. Resulta especialmente alarmante que se hayan producido varios grandes accidentes en España en un periodo tan breve de tiempo. Creo que es importante examinar no solo los posibles errores individuales, sino también las hipotéticas deficiencias del sistema en su conjunto.— En esta etapa inicial, ¿cuál es la primera pregunta que los investigadores deberían tratar de responder?—La prioridad es reconstruir con exactitud lo que ocurrió antes de la colisión. La cuestión fundamental no es solo por qué se produjo el accidente, sino también por qué los sistemas de seguridad y los procedimientos operativos no lograron evitarlo. La seguridad ferroviaria depende de múltiples niveles de protección. Incluso cuando alguien comete un error o falla algún equipo, los mecanismos de seguridad deberían impedir que se produzca una gran catástrofe. Los investigadores deben determinar en qué punto fallaron.— Las reacciones iniciales han tratado de caracterizar lo sucedido como consecuencia del error de un controlador.—Los seres humanos cometen errores. Precisamente por eso, los trenes necesitan múltiples mecanismos de seguridad que garanticen que un solo fallo no desemboque en una catástrofe. Aquí en Japón también se producen accidentes relacionados con errores humanos, pero no podemos limitarnos a atribuirlos a eso y dar el asunto por zanjado. Debemos preguntarnos por qué la organización y sus sistemas de seguridad fueron incapaces de evitar que un error se convirtiera en una tragedia.«Aquí en Japón también se producen accidentes relacionados con errores humanos, pero no podemos limitarnos a atribuirlos a eso y dar el asunto por zanjado»— Japón es un ejemplo en materia de fiabilidad ferroviaria. A la vista de lo sucedido, ¿qué lecciones podría incorporar un país como España?—Son varios los factores que contribuyen al historial de seguridad del ‘Shinkansen’, entre ellos la utilización de vías exclusivas separadas de las convencionales, la ausencia de pasos a nivel y el control automático de velocidad mediante el sistema ATC. Otra característica importante es la disposición a detener los trenes ante cualquier duda. Por ejemplo, los servicios pueden suspenderse si alguien accede a las vías, si se detecta un ruido inexplicable, si las precipitaciones superan los umbrales de seguridad establecidos o si los sistemas emiten una alerta por actividad sísmica. Como pasajeros, a veces podemos sentirnos frustrados por los retrasos, pero creo que estas interrupciones reflejan hasta qué punto está arraigado el principio de anteponer la seguridad a cualquier otra consideración. Ese compromiso es una de las lecciones más importantes que puede ofrecer el ‘Shinkansen’.— ¿Cuánto hay de tecnología y cuánto de cultura?—Ambas son indispensables. El ‘Shinkansen’ cuenta con infraestructuras muy sofisticadas, pero incluso la tecnología más avanzada depende de personas que la operen, la supervisen y la mantengan correctamente. Como especialista, he entrevistado a numerosos empleados ferroviarios, y siempre me impresiona el rigor con el que siguen los procedimientos establecidos y la seriedad con la que asumen su responsabilidad. Muchos me aseguran que la seguridad de los pasajeros es su máxima prioridad. La seguridad ferroviaria depende tanto de la excelencia tecnológica como de las personas que operan los sistemas con un profundo sentido de la responsabilidad. Ninguno de estos dos elementos puede sustituir al otro.— ¿Qué importancia tiene el mantenimiento a la hora de prevenir accidentes? Según estimaciones, España gasta la mitad de la media europea.—Nunca se debe comprometer el mantenimiento esencial con el fin de reducir costes. La seguridad ferroviaria depende del correcto funcionamiento de las vías, los sistemas de señalización, los equipos eléctricos, el material rodante y muchos otros componentes. Descuidar las inspecciones o la renovación puede provocar accidentes graves. Las compañías japonesas invierten sumas considerables en mantenimiento y modernización de sus infraestructuras. La disparidad que menciona merece un análisis riguroso.«Nunca se debe comprometer el mantenimiento esencial con el fin de reducir costes. Descuidar las inspecciones o la renovación puede provocar accidentes graves»— Dos catástrofes en nueve meses…—Debería considerarse un asunto de extrema gravedad a nivel nacional. Investigar cada accidente es fundamental, pero no basta con eso. La revisión debe abarcar todo el sistema ferroviario. Una investigación independiente debe determinar si existen deficiencias estructurales en los presupuestos de mantenimiento, el estado de las infraestructuras o la gestión operativa, y sus conclusiones deben traducirse en mejoras concretas. No es el problema aislado de una compañía, es una responsabilidad nacional que afecta a la protección de vidas humanas. — Imaginemos un escenario similar en Japón. ¿Cómo reaccionaría la sociedad? ¿Qué tipo de responsabilidad política exigiría?—Estarían furiosos. Sería un asunto de máxima importancia nacional, acapararía la atención de los medios de comunicación y provocaría una oleada de críticas. Los directivos de las compañías ferroviarias se enfrentarían, sin duda, a exigencias de responsabilidades y explicaciones. El Ministerio de Transportes tendría que responder a serios interrogantes sobre la supervisión regulatoria. Japón sufrió una tragedia ferroviaria en 2005, cuando 107 personas murieron en el descarrilamiento de una línea convencional. Más de veinte años después, la compañía sigue expresando su pesar y pidiendo disculpas por aquella tragedia. A través de mis conversaciones con sus empleados he podido comprobar hasta qué punto siguen tomándose en serio aquel accidente y su responsabilidad en materia de seguridad. Las lecciones continúan presentes en la formación de los trabajadores. La responsabilidad por un accidente grave no termina cuando se supera la crisis inmediata. Incluso décadas después, es fundamental preservar la memoria de lo ocurrido.— La alta velocidad española, antes motivo de orgullo, ahora da miedo. ¿Cómo arreglarlo?—No hay atajos para recuperar la confianza de la ciudadanía. Los primeros pasos consisten en investigar exhaustivamente las causas de los accidentes, explicar las conclusiones con transparencia a la opinión pública y acometer las mejoras de seguridad necesarias. A partir de ahí, la confianza debe reconstruirse día a día, mediante la prestación constante de un servicio seguro. También es fundamental impedir que el recuerdo de estas tragedias y sus lecciones caigan en el olvido. Espero sinceramente que marquen un punto de inflexión que impulse reformas significativas en materia de seguridad ferroviaria en España y los pasajeros puedan volver a viajar en tren con confianza. Hay repeticiones que duelen más del doble. Adamuz, Urda. Al menos 115 ausencias. Irreparables. ¿Evitables? Nada que en Japón conozcan, suerte la suya, tras seis décadas de alta velocidad sin una sola víctima mortal. Preguntamos sobre semejante logro a Kana Azuma, especialista en la materia y fundadora del Instituto de Investigación de Tendencias Ferroviarias (Railway Trend Research Institute), en pos de respuestas para que el dolor deje de una vez de multiplicarse. — ¿Qué impresión le ha provocado el accidente de Urda? ¿Hay algún detalle que le haya llamado la atención?—El accidente ha ocupado un lugar destacado en la televisión de nuestro país. Estoy profundamente conmocionada. Como experta en el ‘Shinkansen’ (alta velocidad japonesa), me cuesta entender cómo ha podido producirse un accidente tan devastador. Resulta especialmente alarmante que se hayan producido varios grandes accidentes en España en un periodo tan breve de tiempo. Creo que es importante examinar no solo los posibles errores individuales, sino también las hipotéticas deficiencias del sistema en su conjunto.— En esta etapa inicial, ¿cuál es la primera pregunta que los investigadores deberían tratar de responder?—La prioridad es reconstruir con exactitud lo que ocurrió antes de la colisión. La cuestión fundamental no es solo por qué se produjo el accidente, sino también por qué los sistemas de seguridad y los procedimientos operativos no lograron evitarlo. La seguridad ferroviaria depende de múltiples niveles de protección. Incluso cuando alguien comete un error o falla algún equipo, los mecanismos de seguridad deberían impedir que se produzca una gran catástrofe. Los investigadores deben determinar en qué punto fallaron.— Las reacciones iniciales han tratado de caracterizar lo sucedido como consecuencia del error de un controlador.—Los seres humanos cometen errores. Precisamente por eso, los trenes necesitan múltiples mecanismos de seguridad que garanticen que un solo fallo no desemboque en una catástrofe. Aquí en Japón también se producen accidentes relacionados con errores humanos, pero no podemos limitarnos a atribuirlos a eso y dar el asunto por zanjado. Debemos preguntarnos por qué la organización y sus sistemas de seguridad fueron incapaces de evitar que un error se convirtiera en una tragedia.«Aquí en Japón también se producen accidentes relacionados con errores humanos, pero no podemos limitarnos a atribuirlos a eso y dar el asunto por zanjado»— Japón es un ejemplo en materia de fiabilidad ferroviaria. A la vista de lo sucedido, ¿qué lecciones podría incorporar un país como España?—Son varios los factores que contribuyen al historial de seguridad del ‘Shinkansen’, entre ellos la utilización de vías exclusivas separadas de las convencionales, la ausencia de pasos a nivel y el control automático de velocidad mediante el sistema ATC. Otra característica importante es la disposición a detener los trenes ante cualquier duda. Por ejemplo, los servicios pueden suspenderse si alguien accede a las vías, si se detecta un ruido inexplicable, si las precipitaciones superan los umbrales de seguridad establecidos o si los sistemas emiten una alerta por actividad sísmica. Como pasajeros, a veces podemos sentirnos frustrados por los retrasos, pero creo que estas interrupciones reflejan hasta qué punto está arraigado el principio de anteponer la seguridad a cualquier otra consideración. Ese compromiso es una de las lecciones más importantes que puede ofrecer el ‘Shinkansen’.— ¿Cuánto hay de tecnología y cuánto de cultura?—Ambas son indispensables. El ‘Shinkansen’ cuenta con infraestructuras muy sofisticadas, pero incluso la tecnología más avanzada depende de personas que la operen, la supervisen y la mantengan correctamente. Como especialista, he entrevistado a numerosos empleados ferroviarios, y siempre me impresiona el rigor con el que siguen los procedimientos establecidos y la seriedad con la que asumen su responsabilidad. Muchos me aseguran que la seguridad de los pasajeros es su máxima prioridad. La seguridad ferroviaria depende tanto de la excelencia tecnológica como de las personas que operan los sistemas con un profundo sentido de la responsabilidad. Ninguno de estos dos elementos puede sustituir al otro.— ¿Qué importancia tiene el mantenimiento a la hora de prevenir accidentes? Según estimaciones, España gasta la mitad de la media europea.—Nunca se debe comprometer el mantenimiento esencial con el fin de reducir costes. La seguridad ferroviaria depende del correcto funcionamiento de las vías, los sistemas de señalización, los equipos eléctricos, el material rodante y muchos otros componentes. Descuidar las inspecciones o la renovación puede provocar accidentes graves. Las compañías japonesas invierten sumas considerables en mantenimiento y modernización de sus infraestructuras. La disparidad que menciona merece un análisis riguroso.«Nunca se debe comprometer el mantenimiento esencial con el fin de reducir costes. Descuidar las inspecciones o la renovación puede provocar accidentes graves»— Dos catástrofes en nueve meses…—Debería considerarse un asunto de extrema gravedad a nivel nacional. Investigar cada accidente es fundamental, pero no basta con eso. La revisión debe abarcar todo el sistema ferroviario. Una investigación independiente debe determinar si existen deficiencias estructurales en los presupuestos de mantenimiento, el estado de las infraestructuras o la gestión operativa, y sus conclusiones deben traducirse en mejoras concretas. No es el problema aislado de una compañía, es una responsabilidad nacional que afecta a la protección de vidas humanas. — Imaginemos un escenario similar en Japón. ¿Cómo reaccionaría la sociedad? ¿Qué tipo de responsabilidad política exigiría?—Estarían furiosos. Sería un asunto de máxima importancia nacional, acapararía la atención de los medios de comunicación y provocaría una oleada de críticas. Los directivos de las compañías ferroviarias se enfrentarían, sin duda, a exigencias de responsabilidades y explicaciones. El Ministerio de Transportes tendría que responder a serios interrogantes sobre la supervisión regulatoria. Japón sufrió una tragedia ferroviaria en 2005, cuando 107 personas murieron en el descarrilamiento de una línea convencional. Más de veinte años después, la compañía sigue expresando su pesar y pidiendo disculpas por aquella tragedia. A través de mis conversaciones con sus empleados he podido comprobar hasta qué punto siguen tomándose en serio aquel accidente y su responsabilidad en materia de seguridad. Las lecciones continúan presentes en la formación de los trabajadores. La responsabilidad por un accidente grave no termina cuando se supera la crisis inmediata. Incluso décadas después, es fundamental preservar la memoria de lo ocurrido.— La alta velocidad española, antes motivo de orgullo, ahora da miedo. ¿Cómo arreglarlo?—No hay atajos para recuperar la confianza de la ciudadanía. Los primeros pasos consisten en investigar exhaustivamente las causas de los accidentes, explicar las conclusiones con transparencia a la opinión pública y acometer las mejoras de seguridad necesarias. A partir de ahí, la confianza debe reconstruirse día a día, mediante la prestación constante de un servicio seguro. También es fundamental impedir que el recuerdo de estas tragedias y sus lecciones caigan en el olvido. Espero sinceramente que marquen un punto de inflexión que impulse reformas significativas en materia de seguridad ferroviaria en España y los pasajeros puedan volver a viajar en tren con confianza. Hay repeticiones que duelen más del doble. Adamuz, Urda. Al menos 115 ausencias. Irreparables. ¿Evitables? Nada que en Japón conozcan, suerte la suya, tras seis décadas de alta velocidad sin una sola víctima mortal. Preguntamos sobre semejante logro a Kana Azuma, especialista en la materia y fundadora del Instituto de Investigación de Tendencias Ferroviarias (Railway Trend Research Institute), en pos de respuestas para que el dolor deje de una vez de multiplicarse. — ¿Qué impresión le ha provocado el accidente de Urda? ¿Hay algún detalle que le haya llamado la atención?—El accidente ha ocupado un lugar destacado en la televisión de nuestro país. Estoy profundamente conmocionada. Como experta en el ‘Shinkansen’ (alta velocidad japonesa), me cuesta entender cómo ha podido producirse un accidente tan devastador. Resulta especialmente alarmante que se hayan producido varios grandes accidentes en España en un periodo tan breve de tiempo. Creo que es importante examinar no solo los posibles errores individuales, sino también las hipotéticas deficiencias del sistema en su conjunto.— En esta etapa inicial, ¿cuál es la primera pregunta que los investigadores deberían tratar de responder?—La prioridad es reconstruir con exactitud lo que ocurrió antes de la colisión. La cuestión fundamental no es solo por qué se produjo el accidente, sino también por qué los sistemas de seguridad y los procedimientos operativos no lograron evitarlo. La seguridad ferroviaria depende de múltiples niveles de protección. Incluso cuando alguien comete un error o falla algún equipo, los mecanismos de seguridad deberían impedir que se produzca una gran catástrofe. Los investigadores deben determinar en qué punto fallaron.— Las reacciones iniciales han tratado de caracterizar lo sucedido como consecuencia del error de un controlador.—Los seres humanos cometen errores. Precisamente por eso, los trenes necesitan múltiples mecanismos de seguridad que garanticen que un solo fallo no desemboque en una catástrofe. Aquí en Japón también se producen accidentes relacionados con errores humanos, pero no podemos limitarnos a atribuirlos a eso y dar el asunto por zanjado. Debemos preguntarnos por qué la organización y sus sistemas de seguridad fueron incapaces de evitar que un error se convirtiera en una tragedia.«Aquí en Japón también se producen accidentes relacionados con errores humanos, pero no podemos limitarnos a atribuirlos a eso y dar el asunto por zanjado»— Japón es un ejemplo en materia de fiabilidad ferroviaria. A la vista de lo sucedido, ¿qué lecciones podría incorporar un país como España?—Son varios los factores que contribuyen al historial de seguridad del ‘Shinkansen’, entre ellos la utilización de vías exclusivas separadas de las convencionales, la ausencia de pasos a nivel y el control automático de velocidad mediante el sistema ATC. Otra característica importante es la disposición a detener los trenes ante cualquier duda. Por ejemplo, los servicios pueden suspenderse si alguien accede a las vías, si se detecta un ruido inexplicable, si las precipitaciones superan los umbrales de seguridad establecidos o si los sistemas emiten una alerta por actividad sísmica. Como pasajeros, a veces podemos sentirnos frustrados por los retrasos, pero creo que estas interrupciones reflejan hasta qué punto está arraigado el principio de anteponer la seguridad a cualquier otra consideración. Ese compromiso es una de las lecciones más importantes que puede ofrecer el ‘Shinkansen’.— ¿Cuánto hay de tecnología y cuánto de cultura?—Ambas son indispensables. El ‘Shinkansen’ cuenta con infraestructuras muy sofisticadas, pero incluso la tecnología más avanzada depende de personas que la operen, la supervisen y la mantengan correctamente. Como especialista, he entrevistado a numerosos empleados ferroviarios, y siempre me impresiona el rigor con el que siguen los procedimientos establecidos y la seriedad con la que asumen su responsabilidad. Muchos me aseguran que la seguridad de los pasajeros es su máxima prioridad. La seguridad ferroviaria depende tanto de la excelencia tecnológica como de las personas que operan los sistemas con un profundo sentido de la responsabilidad. Ninguno de estos dos elementos puede sustituir al otro.— ¿Qué importancia tiene el mantenimiento a la hora de prevenir accidentes? Según estimaciones, España gasta la mitad de la media europea.—Nunca se debe comprometer el mantenimiento esencial con el fin de reducir costes. La seguridad ferroviaria depende del correcto funcionamiento de las vías, los sistemas de señalización, los equipos eléctricos, el material rodante y muchos otros componentes. Descuidar las inspecciones o la renovación puede provocar accidentes graves. Las compañías japonesas invierten sumas considerables en mantenimiento y modernización de sus infraestructuras. La disparidad que menciona merece un análisis riguroso.«Nunca se debe comprometer el mantenimiento esencial con el fin de reducir costes. Descuidar las inspecciones o la renovación puede provocar accidentes graves»— Dos catástrofes en nueve meses…—Debería considerarse un asunto de extrema gravedad a nivel nacional. Investigar cada accidente es fundamental, pero no basta con eso. La revisión debe abarcar todo el sistema ferroviario. Una investigación independiente debe determinar si existen deficiencias estructurales en los presupuestos de mantenimiento, el estado de las infraestructuras o la gestión operativa, y sus conclusiones deben traducirse en mejoras concretas. No es el problema aislado de una compañía, es una responsabilidad nacional que afecta a la protección de vidas humanas. — Imaginemos un escenario similar en Japón. ¿Cómo reaccionaría la sociedad? ¿Qué tipo de responsabilidad política exigiría?—Estarían furiosos. Sería un asunto de máxima importancia nacional, acapararía la atención de los medios de comunicación y provocaría una oleada de críticas. Los directivos de las compañías ferroviarias se enfrentarían, sin duda, a exigencias de responsabilidades y explicaciones. El Ministerio de Transportes tendría que responder a serios interrogantes sobre la supervisión regulatoria. Japón sufrió una tragedia ferroviaria en 2005, cuando 107 personas murieron en el descarrilamiento de una línea convencional. Más de veinte años después, la compañía sigue expresando su pesar y pidiendo disculpas por aquella tragedia. A través de mis conversaciones con sus empleados he podido comprobar hasta qué punto siguen tomándose en serio aquel accidente y su responsabilidad en materia de seguridad. Las lecciones continúan presentes en la formación de los trabajadores. La responsabilidad por un accidente grave no termina cuando se supera la crisis inmediata. Incluso décadas después, es fundamental preservar la memoria de lo ocurrido.— La alta velocidad española, antes motivo de orgullo, ahora da miedo. ¿Cómo arreglarlo?—No hay atajos para recuperar la confianza de la ciudadanía. Los primeros pasos consisten en investigar exhaustivamente las causas de los accidentes, explicar las conclusiones con transparencia a la opinión pública y acometer las mejoras de seguridad necesarias. A partir de ahí, la confianza debe reconstruirse día a día, mediante la prestación constante de un servicio seguro. También es fundamental impedir que el recuerdo de estas tragedias y sus lecciones caigan en el olvido. Espero sinceramente que marquen un punto de inflexión que impulse reformas significativas en materia de seguridad ferroviaria en España y los pasajeros puedan volver a viajar en tren con confianza. RSS de noticias de espana
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