Mi abuela Cuca solo odiaba dos cosas en su vida: viajar en coche y las altas temperaturas veraniegas. Cuando llegaba el periodo vacacional se trasladaba en avión y encasquetaba en los coches de sus hijos seis ventiladores que distribuiría a su antojo en el apartamento de su descanso. El calor podía con ella y Cuca trataba de combatirlo de la mejor manera. A la suya. Si hacía calor le cambiaba el carácter, dejaba de ser ella misma. Y yo soy su vivo retrato en la cuestión: una persona tolerante y respetuosa con todo menos con los termómetros que registran más de 30 grados.
El calor saca lo peor de mí. Me vuelvo antipático y desaparece mi incontenencia verbal. Sudo, se me riza el pelo, temo oler mal.
Mi abuela Cuca solo odiaba dos cosas en su vida: viajar en coche y las altas temperaturas veraniegas. Cuando llegaba el periodo vacacional se trasladaba en avión y encasquetaba en los coches de sus hijos seis ventiladores que distribuiría a su antojo en el apartamento de su descanso. El calor podía con ella y Cuca trataba de combatirlo de la mejor manera. A la suya. Si hacía calor le cambiaba el carácter, dejaba de ser ella misma. Y yo soy su vivo retrato en la cuestión: una persona tolerante y respetuosa con todo menos con los termómetros que registran más de 30 grados.
Noticias de Cultura
