La noche se detuvo unos instantes a las puertas de la ermita cuando Toledo apareció por el Real. A las 20:48 horas, incluso dos minutos antes de lo previsto, la Hermandad de la Virgen del Rocío de Toledo, filial número 72, alcanzó la concha de la ermita entre palmas, sevillanas y el temblor contenido de quienes aguardaban uno de los momentos más especiales. No era una presentación más. Era el regreso de Toledo ante la Blanca Paloma en un año señalado para siempre en la memoria rociera de la hermandad: el del 40 aniversario de su reconocimiento como filial de la Hermandad Matriz de Almonte.Muchos peregrinos aguardaban desde minutos antes la llegada de la hermandad toledana a las puertas del santuario. Entre abanicos, móviles levantados y promesas susurradas, la filial castellanomanchega avanzó abriéndose paso con la solemnidad que solo tienen las presentaciones rocieras. La noche almonteña, todavía cargada del calor acumulado durante toda la jornada, olía a polvo y a flores recién cortadas.La carreta del simpecado avanzó por la aldea adornada con flores en tonos rojos y dorados, una combinación vibrante y con personalidad. Rosas y distintas variedades florales para un exorno elegante proyectado por el presidente, Adolfo del Cerro.Noticia relacionada general No No Adolfo del Cerro, 28 años de Rocío: «Vine a trabajar y ya nunca quise irme» J. GuayerbasTodas las miradas se dirigían así hacia el nuevo simpecado de Toledo. Era la primera vez que la insignia mariana se presentaba oficialmente ante la Virgen del Rocío. La pieza, bordada por el cordobés Francisco Mira y presidida por la imagen de la Virgen realizada por el imaginero David Valenciano, ha supuesto un importante salto artístico para la hermandad sin perder la esencia de sus orígenes. El diseño mantiene el alma del histórico simpecado concebido en los años ochenta por Pablo Hungría, aunque enriquecido ahora con una mayor calidad artística.Cuando la carreta subió hacia la concha de la ermita tirada por los bueyes, la tensión emocional terminó por desbordarse. Desde abajo comenzaron a escucharse los ánimos de los almonteños: «¡Vamos Toledo! ¡Vamos Toledo!». Las palmas marcaban el compás mientras los animales avanzaban entre el gentío, en una de esas escenas imposibles de separar del imaginario del Rocío.La presentación dejó además imágenes de enorme belleza plástica. Las flores rojas y fucsias resaltaban bajo la iluminación de la ermita mientras el dorado del nuevo bordado brillaba entre el movimiento constante de peregrinos. Por momentos, el tiempo parecía detenerse frente a la Virgen.La presentación cumplió con el horario establecido, incluso con dos minutos de antelación. J. G.Hasta que llegó el instante más esperado. Toledo se postró ante la Blanca Paloma mientras sonaba el himno nacional y los rocieros levantaban vivas a la Virgen del Rocío, a la Hermandad Matriz y a Toledo. Las voces resonaban en la recién estrenada noche almonteña mezclándose con aplausos y lágrimas. Había emoción en los rostros, también en los de quienes vivían por primera vez la presentación ante la patrona de Almonte.En la puerta del santuario aguardaban el presidente de la Hermandad Matriz, Santiago Padilla, y el hermano mayor de Almonte, Juan de los Santos Cano. Ambos se fundieron en un abrazo con el presidente de la Hermandad de Toledo, Adolfo del Cerro, y con el hermano mayor toledano, Francisco Fernández, conocido cariñosamente por todos como Paco Portillo. Un gesto sencillo, pero cargado de simbolismo entre dos hermandades unidas por 40 años de filiación y devoción compartida.El Rocío, una forma de sentirNo faltaron las sevillanas interpretadas por el coro de la hermandad, que acompañaron el momento y la espera con letras cargadas de sentimiento rociero. La música envolvió la presentación en esa mezcla tan propia del Rocío donde conviven la oración, la alegría popular y el orgullo de pertenencia a una hermandad.En la presentación participaron también los sacerdotes diocesanos Juan Ignacio López, delegado diocesano de hermandades y cofradías, y Adrián Carpio, acompañando espiritualmente a los peregrinos toledanos.La Hermandad de la Virgen del Rocío de Toledo formó parte este sábado de la segunda jornada de presentaciones ante la Hermandad Matriz, reservada a las 80 hermandades más antiguas. Toledo ocupa el número 72 entre las filiales de Almonte, una posición que habla de cuatro décadas de historia construidas a base de fe, caminos, convivencia y amor a la Virgen del Rocío.Toledo ocupa el número 72 entre las filiales de Almonte, una posición que habla de cuatro décadas de historia construidas a base de fe, caminos, convivencia y amor a la Virgen del RocíoY precisamente ese poso de los años era el que parecía respirarse durante toda la presentación. Muchos rocieros veteranos observaban emocionados el nuevo simpecado recordando aquellos primeros caminos de los años ochenta, cuando la hermandad comenzaba a abrirse paso en la devoción rociera desde Castilla-La Mancha. Cuatro décadas después, Toledo llega al Rocío con personalidad propia , consolidada como una hermandad profundamente querida y respetada en la aldea.La celebración continuó más tarde en la casa de hermandad. Allí regresaron los abrazos, los vivas y las sevillanas. La tensión emocional dejó paso a la alegría compartida después de cumplir, un año más, con la cita más importante del calendario rociero. Porque en Toledo el Rocío no se entiende solo como una peregrinación. Es una manera de sentir, de convivir y de oración.Cuatro décadas después, Toledo llega al Rocío con personalidad propia, consolidada como una hermandad profundamente querida y respetada en la aldeaPorque el Rocío tiene mucho de reencuentro. Y Toledo, esta noche, ha vuelto a encontrarse consigo misma delante de la Virgen. Entre vivas, sevillanas y lágrimas, la filial toledana dejó claro que 40 años después sigue caminando hacia la Blanca Paloma con la misma fe del primer día. La noche se detuvo unos instantes a las puertas de la ermita cuando Toledo apareció por el Real. A las 20:48 horas, incluso dos minutos antes de lo previsto, la Hermandad de la Virgen del Rocío de Toledo, filial número 72, alcanzó la concha de la ermita entre palmas, sevillanas y el temblor contenido de quienes aguardaban uno de los momentos más especiales. No era una presentación más. Era el regreso de Toledo ante la Blanca Paloma en un año señalado para siempre en la memoria rociera de la hermandad: el del 40 aniversario de su reconocimiento como filial de la Hermandad Matriz de Almonte.Muchos peregrinos aguardaban desde minutos antes la llegada de la hermandad toledana a las puertas del santuario. Entre abanicos, móviles levantados y promesas susurradas, la filial castellanomanchega avanzó abriéndose paso con la solemnidad que solo tienen las presentaciones rocieras. La noche almonteña, todavía cargada del calor acumulado durante toda la jornada, olía a polvo y a flores recién cortadas.La carreta del simpecado avanzó por la aldea adornada con flores en tonos rojos y dorados, una combinación vibrante y con personalidad. Rosas y distintas variedades florales para un exorno elegante proyectado por el presidente, Adolfo del Cerro.Noticia relacionada general No No Adolfo del Cerro, 28 años de Rocío: «Vine a trabajar y ya nunca quise irme» J. GuayerbasTodas las miradas se dirigían así hacia el nuevo simpecado de Toledo. Era la primera vez que la insignia mariana se presentaba oficialmente ante la Virgen del Rocío. La pieza, bordada por el cordobés Francisco Mira y presidida por la imagen de la Virgen realizada por el imaginero David Valenciano, ha supuesto un importante salto artístico para la hermandad sin perder la esencia de sus orígenes. El diseño mantiene el alma del histórico simpecado concebido en los años ochenta por Pablo Hungría, aunque enriquecido ahora con una mayor calidad artística.Cuando la carreta subió hacia la concha de la ermita tirada por los bueyes, la tensión emocional terminó por desbordarse. Desde abajo comenzaron a escucharse los ánimos de los almonteños: «¡Vamos Toledo! ¡Vamos Toledo!». Las palmas marcaban el compás mientras los animales avanzaban entre el gentío, en una de esas escenas imposibles de separar del imaginario del Rocío.La presentación dejó además imágenes de enorme belleza plástica. Las flores rojas y fucsias resaltaban bajo la iluminación de la ermita mientras el dorado del nuevo bordado brillaba entre el movimiento constante de peregrinos. Por momentos, el tiempo parecía detenerse frente a la Virgen.La presentación cumplió con el horario establecido, incluso con dos minutos de antelación. J. G.Hasta que llegó el instante más esperado. Toledo se postró ante la Blanca Paloma mientras sonaba el himno nacional y los rocieros levantaban vivas a la Virgen del Rocío, a la Hermandad Matriz y a Toledo. Las voces resonaban en la recién estrenada noche almonteña mezclándose con aplausos y lágrimas. Había emoción en los rostros, también en los de quienes vivían por primera vez la presentación ante la patrona de Almonte.En la puerta del santuario aguardaban el presidente de la Hermandad Matriz, Santiago Padilla, y el hermano mayor de Almonte, Juan de los Santos Cano. Ambos se fundieron en un abrazo con el presidente de la Hermandad de Toledo, Adolfo del Cerro, y con el hermano mayor toledano, Francisco Fernández, conocido cariñosamente por todos como Paco Portillo. Un gesto sencillo, pero cargado de simbolismo entre dos hermandades unidas por 40 años de filiación y devoción compartida.El Rocío, una forma de sentirNo faltaron las sevillanas interpretadas por el coro de la hermandad, que acompañaron el momento y la espera con letras cargadas de sentimiento rociero. La música envolvió la presentación en esa mezcla tan propia del Rocío donde conviven la oración, la alegría popular y el orgullo de pertenencia a una hermandad.En la presentación participaron también los sacerdotes diocesanos Juan Ignacio López, delegado diocesano de hermandades y cofradías, y Adrián Carpio, acompañando espiritualmente a los peregrinos toledanos.La Hermandad de la Virgen del Rocío de Toledo formó parte este sábado de la segunda jornada de presentaciones ante la Hermandad Matriz, reservada a las 80 hermandades más antiguas. Toledo ocupa el número 72 entre las filiales de Almonte, una posición que habla de cuatro décadas de historia construidas a base de fe, caminos, convivencia y amor a la Virgen del Rocío.Toledo ocupa el número 72 entre las filiales de Almonte, una posición que habla de cuatro décadas de historia construidas a base de fe, caminos, convivencia y amor a la Virgen del RocíoY precisamente ese poso de los años era el que parecía respirarse durante toda la presentación. Muchos rocieros veteranos observaban emocionados el nuevo simpecado recordando aquellos primeros caminos de los años ochenta, cuando la hermandad comenzaba a abrirse paso en la devoción rociera desde Castilla-La Mancha. Cuatro décadas después, Toledo llega al Rocío con personalidad propia , consolidada como una hermandad profundamente querida y respetada en la aldea.La celebración continuó más tarde en la casa de hermandad. Allí regresaron los abrazos, los vivas y las sevillanas. La tensión emocional dejó paso a la alegría compartida después de cumplir, un año más, con la cita más importante del calendario rociero. Porque en Toledo el Rocío no se entiende solo como una peregrinación. Es una manera de sentir, de convivir y de oración.Cuatro décadas después, Toledo llega al Rocío con personalidad propia, consolidada como una hermandad profundamente querida y respetada en la aldeaPorque el Rocío tiene mucho de reencuentro. Y Toledo, esta noche, ha vuelto a encontrarse consigo misma delante de la Virgen. Entre vivas, sevillanas y lágrimas, la filial toledana dejó claro que 40 años después sigue caminando hacia la Blanca Paloma con la misma fe del primer día. La noche se detuvo unos instantes a las puertas de la ermita cuando Toledo apareció por el Real. A las 20:48 horas, incluso dos minutos antes de lo previsto, la Hermandad de la Virgen del Rocío de Toledo, filial número 72, alcanzó la concha de la ermita entre palmas, sevillanas y el temblor contenido de quienes aguardaban uno de los momentos más especiales. No era una presentación más. Era el regreso de Toledo ante la Blanca Paloma en un año señalado para siempre en la memoria rociera de la hermandad: el del 40 aniversario de su reconocimiento como filial de la Hermandad Matriz de Almonte.Muchos peregrinos aguardaban desde minutos antes la llegada de la hermandad toledana a las puertas del santuario. Entre abanicos, móviles levantados y promesas susurradas, la filial castellanomanchega avanzó abriéndose paso con la solemnidad que solo tienen las presentaciones rocieras. La noche almonteña, todavía cargada del calor acumulado durante toda la jornada, olía a polvo y a flores recién cortadas.La carreta del simpecado avanzó por la aldea adornada con flores en tonos rojos y dorados, una combinación vibrante y con personalidad. Rosas y distintas variedades florales para un exorno elegante proyectado por el presidente, Adolfo del Cerro.Noticia relacionada general No No Adolfo del Cerro, 28 años de Rocío: «Vine a trabajar y ya nunca quise irme» J. GuayerbasTodas las miradas se dirigían así hacia el nuevo simpecado de Toledo. Era la primera vez que la insignia mariana se presentaba oficialmente ante la Virgen del Rocío. La pieza, bordada por el cordobés Francisco Mira y presidida por la imagen de la Virgen realizada por el imaginero David Valenciano, ha supuesto un importante salto artístico para la hermandad sin perder la esencia de sus orígenes. El diseño mantiene el alma del histórico simpecado concebido en los años ochenta por Pablo Hungría, aunque enriquecido ahora con una mayor calidad artística.Cuando la carreta subió hacia la concha de la ermita tirada por los bueyes, la tensión emocional terminó por desbordarse. Desde abajo comenzaron a escucharse los ánimos de los almonteños: «¡Vamos Toledo! ¡Vamos Toledo!». Las palmas marcaban el compás mientras los animales avanzaban entre el gentío, en una de esas escenas imposibles de separar del imaginario del Rocío.La presentación dejó además imágenes de enorme belleza plástica. Las flores rojas y fucsias resaltaban bajo la iluminación de la ermita mientras el dorado del nuevo bordado brillaba entre el movimiento constante de peregrinos. Por momentos, el tiempo parecía detenerse frente a la Virgen.La presentación cumplió con el horario establecido, incluso con dos minutos de antelación. J. G.Hasta que llegó el instante más esperado. Toledo se postró ante la Blanca Paloma mientras sonaba el himno nacional y los rocieros levantaban vivas a la Virgen del Rocío, a la Hermandad Matriz y a Toledo. Las voces resonaban en la recién estrenada noche almonteña mezclándose con aplausos y lágrimas. Había emoción en los rostros, también en los de quienes vivían por primera vez la presentación ante la patrona de Almonte.En la puerta del santuario aguardaban el presidente de la Hermandad Matriz, Santiago Padilla, y el hermano mayor de Almonte, Juan de los Santos Cano. Ambos se fundieron en un abrazo con el presidente de la Hermandad de Toledo, Adolfo del Cerro, y con el hermano mayor toledano, Francisco Fernández, conocido cariñosamente por todos como Paco Portillo. Un gesto sencillo, pero cargado de simbolismo entre dos hermandades unidas por 40 años de filiación y devoción compartida.El Rocío, una forma de sentirNo faltaron las sevillanas interpretadas por el coro de la hermandad, que acompañaron el momento y la espera con letras cargadas de sentimiento rociero. La música envolvió la presentación en esa mezcla tan propia del Rocío donde conviven la oración, la alegría popular y el orgullo de pertenencia a una hermandad.En la presentación participaron también los sacerdotes diocesanos Juan Ignacio López, delegado diocesano de hermandades y cofradías, y Adrián Carpio, acompañando espiritualmente a los peregrinos toledanos.La Hermandad de la Virgen del Rocío de Toledo formó parte este sábado de la segunda jornada de presentaciones ante la Hermandad Matriz, reservada a las 80 hermandades más antiguas. Toledo ocupa el número 72 entre las filiales de Almonte, una posición que habla de cuatro décadas de historia construidas a base de fe, caminos, convivencia y amor a la Virgen del Rocío.Toledo ocupa el número 72 entre las filiales de Almonte, una posición que habla de cuatro décadas de historia construidas a base de fe, caminos, convivencia y amor a la Virgen del RocíoY precisamente ese poso de los años era el que parecía respirarse durante toda la presentación. Muchos rocieros veteranos observaban emocionados el nuevo simpecado recordando aquellos primeros caminos de los años ochenta, cuando la hermandad comenzaba a abrirse paso en la devoción rociera desde Castilla-La Mancha. Cuatro décadas después, Toledo llega al Rocío con personalidad propia , consolidada como una hermandad profundamente querida y respetada en la aldea.La celebración continuó más tarde en la casa de hermandad. Allí regresaron los abrazos, los vivas y las sevillanas. La tensión emocional dejó paso a la alegría compartida después de cumplir, un año más, con la cita más importante del calendario rociero. Porque en Toledo el Rocío no se entiende solo como una peregrinación. Es una manera de sentir, de convivir y de oración.Cuatro décadas después, Toledo llega al Rocío con personalidad propia, consolidada como una hermandad profundamente querida y respetada en la aldeaPorque el Rocío tiene mucho de reencuentro. Y Toledo, esta noche, ha vuelto a encontrarse consigo misma delante de la Virgen. Entre vivas, sevillanas y lágrimas, la filial toledana dejó claro que 40 años después sigue caminando hacia la Blanca Paloma con la misma fe del primer día. RSS de noticias de espana
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