Podemos engañar muy bien a nuestro cerebro y sentirnos mejor. Así de segura lo afirma Ana Ibáñez, una neurocientífica e ingeniera química española que ha estudiado la relación entre el rostro y la producción hormonal del cerebro.La clave de esta frase está en la conexión única entre la cara y el cerebro, alfo que no se da en otras zonas del cuerpo. «Fijaos que todo el movimiento de nuestro rostro, el movimiento muscular, tiene una conexión directa con nuestro cerebro. El rostro es la única parte que comunica directo con el cerebro sin pasar por la médula espinal».Conociendo esta realidad de nuestra anatomía, podemos aprender a utilizarla a nuestro favor, por ejemplo, para hacernos más alegre s. Que nuestra sonrisa comunique alegría y que no sea sólo una apariencia. La experta propone un simple experimento : tú, un espejo y algo de confianza. «Os ponéis delante de un espejo y, aunque no tengáis ganas, os forzáis a sonreír durante un tiempo», eso es todo. «Cuando lo haces, tu cerebro recibe que ese movimiento morfológico que está haciendo está asociado a estar alegre» y trabaja para encajar este gesto en el estado emocional de la persona.Cuenta la neurocientífica que el cerebro «entra en un dilema y dice, ‘Uy, espera, estoy produciendo la electroquímica de la ‘no’ alegría pero, sin embargo, morfológicamente estoy viendo que está moviendo los músculos de la alegría. Algo aquí no funciona». Este diálogo imaginario genera una respuesta hormonal que trata de cohesionar la imagen con la actividad cerebral. Una cara feliz pide al cerebro que produzca felicidad hormonal«Lo que hace es empezar a cambiar la activación y empieza a producir más neuroquímica, en este caso, de nuevo, para producir más alegría», concluye la experta. Viéndote feliz, el cerebro te ha hecho más feliz.Esta es la explciación detrás de la creencia popular de que sonreír te hace más feliz. «Así que a través de nuestros movimientos faciales, si tú adoptas un movimiento de sonrisa, vas a hacer que tu cerebro se ponga más alegre», insiste la experta. Podemos engañar muy bien a nuestro cerebro y sentirnos mejor. Así de segura lo afirma Ana Ibáñez, una neurocientífica e ingeniera química española que ha estudiado la relación entre el rostro y la producción hormonal del cerebro.La clave de esta frase está en la conexión única entre la cara y el cerebro, alfo que no se da en otras zonas del cuerpo. «Fijaos que todo el movimiento de nuestro rostro, el movimiento muscular, tiene una conexión directa con nuestro cerebro. El rostro es la única parte que comunica directo con el cerebro sin pasar por la médula espinal».Conociendo esta realidad de nuestra anatomía, podemos aprender a utilizarla a nuestro favor, por ejemplo, para hacernos más alegre s. Que nuestra sonrisa comunique alegría y que no sea sólo una apariencia. La experta propone un simple experimento : tú, un espejo y algo de confianza. «Os ponéis delante de un espejo y, aunque no tengáis ganas, os forzáis a sonreír durante un tiempo», eso es todo. «Cuando lo haces, tu cerebro recibe que ese movimiento morfológico que está haciendo está asociado a estar alegre» y trabaja para encajar este gesto en el estado emocional de la persona.Cuenta la neurocientífica que el cerebro «entra en un dilema y dice, ‘Uy, espera, estoy produciendo la electroquímica de la ‘no’ alegría pero, sin embargo, morfológicamente estoy viendo que está moviendo los músculos de la alegría. Algo aquí no funciona». Este diálogo imaginario genera una respuesta hormonal que trata de cohesionar la imagen con la actividad cerebral. Una cara feliz pide al cerebro que produzca felicidad hormonal«Lo que hace es empezar a cambiar la activación y empieza a producir más neuroquímica, en este caso, de nuevo, para producir más alegría», concluye la experta. Viéndote feliz, el cerebro te ha hecho más feliz.Esta es la explciación detrás de la creencia popular de que sonreír te hace más feliz. «Así que a través de nuestros movimientos faciales, si tú adoptas un movimiento de sonrisa, vas a hacer que tu cerebro se ponga más alegre», insiste la experta. Podemos engañar muy bien a nuestro cerebro y sentirnos mejor. Así de segura lo afirma Ana Ibáñez, una neurocientífica e ingeniera química española que ha estudiado la relación entre el rostro y la producción hormonal del cerebro.La clave de esta frase está en la conexión única entre la cara y el cerebro, alfo que no se da en otras zonas del cuerpo. «Fijaos que todo el movimiento de nuestro rostro, el movimiento muscular, tiene una conexión directa con nuestro cerebro. El rostro es la única parte que comunica directo con el cerebro sin pasar por la médula espinal».Conociendo esta realidad de nuestra anatomía, podemos aprender a utilizarla a nuestro favor, por ejemplo, para hacernos más alegre s. Que nuestra sonrisa comunique alegría y que no sea sólo una apariencia. La experta propone un simple experimento : tú, un espejo y algo de confianza. «Os ponéis delante de un espejo y, aunque no tengáis ganas, os forzáis a sonreír durante un tiempo», eso es todo. «Cuando lo haces, tu cerebro recibe que ese movimiento morfológico que está haciendo está asociado a estar alegre» y trabaja para encajar este gesto en el estado emocional de la persona.Cuenta la neurocientífica que el cerebro «entra en un dilema y dice, ‘Uy, espera, estoy produciendo la electroquímica de la ‘no’ alegría pero, sin embargo, morfológicamente estoy viendo que está moviendo los músculos de la alegría. Algo aquí no funciona». Este diálogo imaginario genera una respuesta hormonal que trata de cohesionar la imagen con la actividad cerebral. Una cara feliz pide al cerebro que produzca felicidad hormonal«Lo que hace es empezar a cambiar la activación y empieza a producir más neuroquímica, en este caso, de nuevo, para producir más alegría», concluye la experta. Viéndote feliz, el cerebro te ha hecho más feliz.Esta es la explciación detrás de la creencia popular de que sonreír te hace más feliz. «Así que a través de nuestros movimientos faciales, si tú adoptas un movimiento de sonrisa, vas a hacer que tu cerebro se ponga más alegre», insiste la experta. RSS de noticias de bienestar
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