Hasta el domingo pasado, la narración más popular del deporte austriaco pertenecía a Edi Finger con su relato radiofónico del gol de Hans Krankl a la Alemania Federal en el Mundial de Argentina 1978: “¡Gol! ¡Gol! ¡Gol! ¡Me estoy volviendo loco!”. La selección austriaca derrotaba a sus vecinos, vigentes campeones del mundo, y lo hacía por primera vez desde el Anschluss, cuando el Tercer Reich había engullido al wunderteam de Matthias Sindelar. Pocos lo saben, pero en Viena hay una plaza dedicada al Milagro de Córdoba, Cordobaplatz, aledaña a una calle dedicada al reportero, Edi-Finger-Straße.
La rival de España que sonríe y trabaja de la mano del alemán Rangnick, un técnico de prestigio silencioso, avanzó de ronda en un Mundial por primera vez en 44 años
Hasta el domingo pasado, la narración más popular del deporte austriaco pertenecía a Edi Finger con su relato radiofónico del gol de Hans Krankl a la Alemania Federal en el Mundial de Argentina 1978: “¡Gol! ¡Gol! ¡Gol! ¡Me estoy volviendo loco!”. La selección austriaca derrotaba a sus vecinos, vigentes campeones del mundo, y lo hacía por primera vez desde el Anschluss, cuando el Tercer Reich había engullido al wunderteam de Matthias Sindelar. Pocos lo saben, pero en Viena hay una plaza dedicada al Milagro de Córdoba, Cordobaplatz, aledaña a una calle dedicada al reportero, Edi-Finger-Straße.
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