«En lo institucional el PNV irá con el Partido Socialista de Euskadi (PSE). En lo identitario irá con Bildu» . Hace ya dos años, durante la investidura del lendakari Imanol Pradales, un trabajador con décadas de experiencia en los pasillos del Parlamento vasco hacía su predicción para lo que estaba por venir en Vitoria. Hoy, la reforma de la Ley de Empleo Público Vasco la demuestra cierta, pues son los partidos nacionalistas quienes tratan de protagonizar este cambio normativo para el que se necesitan mutuamente y con el que quieren blindar la exigencia del euskera en las Ofertas de Empleo Público (OPE). En ese pulso, es la coalición de Arnaldo Otegi quien mira más allá, habiendo deslizado en medio del debate un plan para los próximos diez años con el que crear «euskaldunes integrales» y que supera con mucho al ámbito de la Administración. Las diferencias entre socios del Gobierno vasco (PNV y PSE) en torno a esta cuestión pasaron de las palabras a los hechos el verano pasado. Entonces, el euskera ocupaba titulares en medios digitales e impresos, pues en la Conferencia de Presidentes celebrada el 9 de junio en Barcelona, Isabel Díaz Ayuso había dejado plantado a Pradales al empezar su intervención en vascuence. Con ese clima de fondo, el PNV trataba de alcanzar un acuerdo con los socialistas para modificar la ley de empleo vasca. Una medida dirigida a sortear la cascada de sentencias de los tribunales que vienen declarando ilegales múltiples OPE, al apreciar «discriminación» en la exigencia de perfiles lingüísticos de euskera (acreditación del conocimiento de la lengua) en todas las plazas.No hubo entendimiento y EH Bildu decidió adelantarse registrando en Vitoria su propia proposición de ley. Un movimiento que provocó la reacción del partido de Aitor Esteban, que el 20 de junio presentaba en solitario su texto , sin el refrendo de los socialistas. La tramitación siguió adelante tras el verano, y el pasado 3 de octubre se produjo una alianza inédita esta legislatura en el País Vasco. El texto del PNV, que proponía eliminar los ‘índices de obligado cumplimiento’ (fijan los perfiles exigibles con carácter general y fueron aprobados por decreto con el PSE en abril de 2024), salía adelante gracias al apoyo de EH Bildu. Por su parte, la propuesta de la izquierda independentista, que buscaba que la exigencia del euskera fuese general , también lo hacía con la abstención del PNV. La votación en octubre para tramitar la ley de empleo supuso el primer desencuentro entre los socios del Gobierno vasco que iba más allá de las palabras«La foto de hoy no es bonita», decía entonces un diputado del PSE. Desde entonces, el tira y afloja entre socios ha sido constante. Hasta el martes de la semana pasada, cuando el líder de los socialistas vascos, Eneko Andueza, anunciaba que rompía las negociaciones con el PNV días antes de que venciera el plazo de presentación de enmiendas el 30 de abril. Bildu y el PNV, por su parte, se mostraban abiertos al entendimiento. «EH Bildu da la bienvenida a la decisión del PNV de explorar un acuerdo con la izquierda soberanista», decían unos. «Nos vamos a sentar y vamos a hablar con todas aquellas fuerzas dispuestas a negociar honestamente. No obstante, consideramos inadecuado generar excesivas expectativas», trasladaban desde Sabin Etxea. Esta nueva aproximación derivó el miércoles en una publicación del PSE en X (antiguo Twitter) ridiculizando con un meme a Aitor Esteban a cuenta de sus palabras sobre los presuntos avances entorno a la negociación del nuevo Estatuto vasco. «Vaya. Ahora hay agua en la piscina del nuevo Estatuto… dice el PNV. Aunque ya es casualidad que coincida con un momento difícil para su partido, cuando han decidido seguir la estela de EH Bildu , aumentar la exigencia del euskera en las oposiciones y abandonar los consensos recientes, de hace dos años, trabajados con los y las socialistas», denunciaban sobre su acuerdo de 2024 en torno a los ‘índices de obligado cumplimiento’. Un conflicto sin cerrar En un primer momento, el PNV trasladó que la reunión cancelada era con Moncloa. Sin embargo, los socialistas se afanaron en desvelar que esta iba a producirse en Bilbao y que la interlocución no era directa con Pedro Sánchez, sino con Antonio Hernando, el designado por el PSOE para abordar las negociaciones sobre la reforma del Estatuto. «Ya veremos. No nos esperábamos ese tuit», decían esta semana fuentes del equipo de Aitor Esteban sobre los esfuerzos por recomponer las relaciones. Tras ver la imagen generada con IA de Aitor Esteban lanzándose sonriente a una piscina (todavía sigue en las redes sociales del PSE), el PNV cancelaba una reunión prevista con emisarios de Pedro Sánchez en Bilbao. Así, al filo de la fecha límite, cada uno de los partidos (incluidos los dos proponentes más el resto de los representados en la Cámara autonómica) acababa presentado enmiendas contrarias a los dos textos de reforma de la ley de empleo. El partido de Aitor Esteban, abandonando definitivamente las esperanzas de acordar con los socialistas, pedía ayuda a Bildu para sacar adelante su propuesta. «Este comportamiento no es serio», salía al corte la coalición de Arnaldo Otegi: «Nos piden que nos abstengamos sin iniciar ninguna negociación». Lejos de solventarse, al serial parecen quedarle más capítulos por delante. Ambos partidos, mirándose de reojo en cada palabra y propuesta, protagonizan un pulso ya con la vista puesta en las elecciones municipales y forales de mayo de 2027 en el País Vasco. Y es a ese medio plazo (también al largo) a donde mira Bildu que, en medio del frenesí de la última semana, ha presentado un plan que sobrepasa con mucho el debate sobre la ley de empleo. Orillado entre declaraciones cruzadas, intentos de acuerdo, tuits con memes y reuniones canceladas, este presenta una nueva estrategia para seguir utilizando el euskera en el camino hacia la «construcción nacional» de Euskal Herria. Es decir, aplicable no solo al País Vasco, también a Navarra e Iparralde (País Vasco francés, en el imaginario nacionalista). Una hoja de ruta que coincide con la línea política de futuro marcada por Bildu en su III Congreso. Con el PNV «abierto en canal», a causa de la guerra fratricida entre las facciones partidarias de Andoni Ortuzar y Aitor Esteban para liderar el partido, en febrero del año pasado Bildu reelegía sin oposición a Arnaldo Otegi como su secretario general. En la ponencia de su Mesa Política, el partido reconocía una falta de pulsión independentista entre la sociedad vasca y llamaba a iniciar un «proceso gradual» en la construcción de la República Confederal de Euskal Herria. Una postura más pragmática que maximalista, que también recogía cómo «el proceso de revitalización del euskera está inmerso en una fase de estancamiento».Un nuevo AranzazuEn ese marco y aprovechando el debate la ley de empleo, el martes de esta semana la responsable de programa de Bildu, Nerea Kortajarena, presentaba el documento que resume la nueva política lingüística del partido para la próxima década. En su análisis reconocen que «si no se hace nada radical» el «estancamiento» en el proceso de «normalización» del euskera «se convertirá en recesión». Recuperando la referencia de Aranzazu, el Congreso que en 1968 sentó las bases del euskera ‘batua’ o unificado, explican que la «nueva transformación» necesita el empuje de la conciencia nacional activa, al mismo tiempo que esta «será un combustible para la reactivación de la conciencia nacional».La nueva política lingüística de Bildu critica abiertamente la libertad individual de las personas para decidir en qué lengua se expresanLa tesis principal es que la política seguida hasta el momento es insuficiente y la «euskaldunización de adultos» exige adaptaciones para crear «euskaldun osoak» (euskaldun integrales o completos), incidiendo en el uso del euskera más que en su conocimiento. Para eso, rechazan la libre elección de las personas, «sin condicionamientos externos», para usar una lengua u otra, y defienden directamente una mayor intervención de las instituciones públicas: «Se ha puesto en las personas la carga y la responsabilidad principal de la normalización lingüística». El giro para convertir al euskera «jurídicamente» en la lengua «nacional», superando la «hegemonía» del castellano, es transversal. Así, la citada intervención para que el «euskera sea la lengua habitual», va desde servicios públicos como la Educación y la Salud hasta los espacios de ocio de bebés y niños o las empresas. «La persona euskaldun no nace, se hace aquí , en Euskal Herria, todos los días y en todos los sitios», dicen. De esta forma, proponen pasar de un modelo de política lingüística «basado en la euskaldunización individual» a uno orientado a la «euskaldunización de espacios o ámbitos». Por ejemplo, a través de medidas todavía por determinar (el documento habla en términos generales), «protegiendo» y «conectando» entre ellos a los ‘arnasgune’ (zonas donde la densidad de hablantes es mayor) y prestando especial interés a los que se ubican en núcleos urbanos con poblaciones elevadas. El plan no deja de lado fenómenos actuales como el de la integración de la inmigración, que pasaría por el mismo proceso de «euskaldunización». Tampoco la creación y difusión de discursos favorables en la defensa de este plan, con especial mención a los medios de comunicación y a la esfera digital con los creadores de contenido, o el componente motivacional: «El euskera debe asegurar una aportación positiva al hablante, hay que fomentar que ésta persona quiera vivir en euskera. ¿Cómo? Creando espacios para expresarse en euskera; enlazando con los mensajes positivos; asociando con la acogida ( este mi pueblo y mi lengua, acércate ); poniéndote en contacto con la solidaridad y la comunidad (si vienes, no estarás sola)». «En lo institucional el PNV irá con el Partido Socialista de Euskadi (PSE). En lo identitario irá con Bildu» . Hace ya dos años, durante la investidura del lendakari Imanol Pradales, un trabajador con décadas de experiencia en los pasillos del Parlamento vasco hacía su predicción para lo que estaba por venir en Vitoria. Hoy, la reforma de la Ley de Empleo Público Vasco la demuestra cierta, pues son los partidos nacionalistas quienes tratan de protagonizar este cambio normativo para el que se necesitan mutuamente y con el que quieren blindar la exigencia del euskera en las Ofertas de Empleo Público (OPE). En ese pulso, es la coalición de Arnaldo Otegi quien mira más allá, habiendo deslizado en medio del debate un plan para los próximos diez años con el que crear «euskaldunes integrales» y que supera con mucho al ámbito de la Administración. Las diferencias entre socios del Gobierno vasco (PNV y PSE) en torno a esta cuestión pasaron de las palabras a los hechos el verano pasado. Entonces, el euskera ocupaba titulares en medios digitales e impresos, pues en la Conferencia de Presidentes celebrada el 9 de junio en Barcelona, Isabel Díaz Ayuso había dejado plantado a Pradales al empezar su intervención en vascuence. Con ese clima de fondo, el PNV trataba de alcanzar un acuerdo con los socialistas para modificar la ley de empleo vasca. Una medida dirigida a sortear la cascada de sentencias de los tribunales que vienen declarando ilegales múltiples OPE, al apreciar «discriminación» en la exigencia de perfiles lingüísticos de euskera (acreditación del conocimiento de la lengua) en todas las plazas.No hubo entendimiento y EH Bildu decidió adelantarse registrando en Vitoria su propia proposición de ley. Un movimiento que provocó la reacción del partido de Aitor Esteban, que el 20 de junio presentaba en solitario su texto , sin el refrendo de los socialistas. La tramitación siguió adelante tras el verano, y el pasado 3 de octubre se produjo una alianza inédita esta legislatura en el País Vasco. El texto del PNV, que proponía eliminar los ‘índices de obligado cumplimiento’ (fijan los perfiles exigibles con carácter general y fueron aprobados por decreto con el PSE en abril de 2024), salía adelante gracias al apoyo de EH Bildu. Por su parte, la propuesta de la izquierda independentista, que buscaba que la exigencia del euskera fuese general , también lo hacía con la abstención del PNV. La votación en octubre para tramitar la ley de empleo supuso el primer desencuentro entre los socios del Gobierno vasco que iba más allá de las palabras«La foto de hoy no es bonita», decía entonces un diputado del PSE. Desde entonces, el tira y afloja entre socios ha sido constante. Hasta el martes de la semana pasada, cuando el líder de los socialistas vascos, Eneko Andueza, anunciaba que rompía las negociaciones con el PNV días antes de que venciera el plazo de presentación de enmiendas el 30 de abril. Bildu y el PNV, por su parte, se mostraban abiertos al entendimiento. «EH Bildu da la bienvenida a la decisión del PNV de explorar un acuerdo con la izquierda soberanista», decían unos. «Nos vamos a sentar y vamos a hablar con todas aquellas fuerzas dispuestas a negociar honestamente. No obstante, consideramos inadecuado generar excesivas expectativas», trasladaban desde Sabin Etxea. Esta nueva aproximación derivó el miércoles en una publicación del PSE en X (antiguo Twitter) ridiculizando con un meme a Aitor Esteban a cuenta de sus palabras sobre los presuntos avances entorno a la negociación del nuevo Estatuto vasco. «Vaya. Ahora hay agua en la piscina del nuevo Estatuto… dice el PNV. Aunque ya es casualidad que coincida con un momento difícil para su partido, cuando han decidido seguir la estela de EH Bildu , aumentar la exigencia del euskera en las oposiciones y abandonar los consensos recientes, de hace dos años, trabajados con los y las socialistas», denunciaban sobre su acuerdo de 2024 en torno a los ‘índices de obligado cumplimiento’. Un conflicto sin cerrar En un primer momento, el PNV trasladó que la reunión cancelada era con Moncloa. Sin embargo, los socialistas se afanaron en desvelar que esta iba a producirse en Bilbao y que la interlocución no era directa con Pedro Sánchez, sino con Antonio Hernando, el designado por el PSOE para abordar las negociaciones sobre la reforma del Estatuto. «Ya veremos. No nos esperábamos ese tuit», decían esta semana fuentes del equipo de Aitor Esteban sobre los esfuerzos por recomponer las relaciones. Tras ver la imagen generada con IA de Aitor Esteban lanzándose sonriente a una piscina (todavía sigue en las redes sociales del PSE), el PNV cancelaba una reunión prevista con emisarios de Pedro Sánchez en Bilbao. Así, al filo de la fecha límite, cada uno de los partidos (incluidos los dos proponentes más el resto de los representados en la Cámara autonómica) acababa presentado enmiendas contrarias a los dos textos de reforma de la ley de empleo. El partido de Aitor Esteban, abandonando definitivamente las esperanzas de acordar con los socialistas, pedía ayuda a Bildu para sacar adelante su propuesta. «Este comportamiento no es serio», salía al corte la coalición de Arnaldo Otegi: «Nos piden que nos abstengamos sin iniciar ninguna negociación». Lejos de solventarse, al serial parecen quedarle más capítulos por delante. Ambos partidos, mirándose de reojo en cada palabra y propuesta, protagonizan un pulso ya con la vista puesta en las elecciones municipales y forales de mayo de 2027 en el País Vasco. Y es a ese medio plazo (también al largo) a donde mira Bildu que, en medio del frenesí de la última semana, ha presentado un plan que sobrepasa con mucho el debate sobre la ley de empleo. Orillado entre declaraciones cruzadas, intentos de acuerdo, tuits con memes y reuniones canceladas, este presenta una nueva estrategia para seguir utilizando el euskera en el camino hacia la «construcción nacional» de Euskal Herria. Es decir, aplicable no solo al País Vasco, también a Navarra e Iparralde (País Vasco francés, en el imaginario nacionalista). Una hoja de ruta que coincide con la línea política de futuro marcada por Bildu en su III Congreso. Con el PNV «abierto en canal», a causa de la guerra fratricida entre las facciones partidarias de Andoni Ortuzar y Aitor Esteban para liderar el partido, en febrero del año pasado Bildu reelegía sin oposición a Arnaldo Otegi como su secretario general. En la ponencia de su Mesa Política, el partido reconocía una falta de pulsión independentista entre la sociedad vasca y llamaba a iniciar un «proceso gradual» en la construcción de la República Confederal de Euskal Herria. Una postura más pragmática que maximalista, que también recogía cómo «el proceso de revitalización del euskera está inmerso en una fase de estancamiento».Un nuevo AranzazuEn ese marco y aprovechando el debate la ley de empleo, el martes de esta semana la responsable de programa de Bildu, Nerea Kortajarena, presentaba el documento que resume la nueva política lingüística del partido para la próxima década. En su análisis reconocen que «si no se hace nada radical» el «estancamiento» en el proceso de «normalización» del euskera «se convertirá en recesión». Recuperando la referencia de Aranzazu, el Congreso que en 1968 sentó las bases del euskera ‘batua’ o unificado, explican que la «nueva transformación» necesita el empuje de la conciencia nacional activa, al mismo tiempo que esta «será un combustible para la reactivación de la conciencia nacional».La nueva política lingüística de Bildu critica abiertamente la libertad individual de las personas para decidir en qué lengua se expresanLa tesis principal es que la política seguida hasta el momento es insuficiente y la «euskaldunización de adultos» exige adaptaciones para crear «euskaldun osoak» (euskaldun integrales o completos), incidiendo en el uso del euskera más que en su conocimiento. Para eso, rechazan la libre elección de las personas, «sin condicionamientos externos», para usar una lengua u otra, y defienden directamente una mayor intervención de las instituciones públicas: «Se ha puesto en las personas la carga y la responsabilidad principal de la normalización lingüística». El giro para convertir al euskera «jurídicamente» en la lengua «nacional», superando la «hegemonía» del castellano, es transversal. Así, la citada intervención para que el «euskera sea la lengua habitual», va desde servicios públicos como la Educación y la Salud hasta los espacios de ocio de bebés y niños o las empresas. «La persona euskaldun no nace, se hace aquí , en Euskal Herria, todos los días y en todos los sitios», dicen. De esta forma, proponen pasar de un modelo de política lingüística «basado en la euskaldunización individual» a uno orientado a la «euskaldunización de espacios o ámbitos». Por ejemplo, a través de medidas todavía por determinar (el documento habla en términos generales), «protegiendo» y «conectando» entre ellos a los ‘arnasgune’ (zonas donde la densidad de hablantes es mayor) y prestando especial interés a los que se ubican en núcleos urbanos con poblaciones elevadas. El plan no deja de lado fenómenos actuales como el de la integración de la inmigración, que pasaría por el mismo proceso de «euskaldunización». Tampoco la creación y difusión de discursos favorables en la defensa de este plan, con especial mención a los medios de comunicación y a la esfera digital con los creadores de contenido, o el componente motivacional: «El euskera debe asegurar una aportación positiva al hablante, hay que fomentar que ésta persona quiera vivir en euskera. ¿Cómo? Creando espacios para expresarse en euskera; enlazando con los mensajes positivos; asociando con la acogida ( este mi pueblo y mi lengua, acércate ); poniéndote en contacto con la solidaridad y la comunidad (si vienes, no estarás sola)». «En lo institucional el PNV irá con el Partido Socialista de Euskadi (PSE). En lo identitario irá con Bildu» . Hace ya dos años, durante la investidura del lendakari Imanol Pradales, un trabajador con décadas de experiencia en los pasillos del Parlamento vasco hacía su predicción para lo que estaba por venir en Vitoria. Hoy, la reforma de la Ley de Empleo Público Vasco la demuestra cierta, pues son los partidos nacionalistas quienes tratan de protagonizar este cambio normativo para el que se necesitan mutuamente y con el que quieren blindar la exigencia del euskera en las Ofertas de Empleo Público (OPE). En ese pulso, es la coalición de Arnaldo Otegi quien mira más allá, habiendo deslizado en medio del debate un plan para los próximos diez años con el que crear «euskaldunes integrales» y que supera con mucho al ámbito de la Administración. Las diferencias entre socios del Gobierno vasco (PNV y PSE) en torno a esta cuestión pasaron de las palabras a los hechos el verano pasado. Entonces, el euskera ocupaba titulares en medios digitales e impresos, pues en la Conferencia de Presidentes celebrada el 9 de junio en Barcelona, Isabel Díaz Ayuso había dejado plantado a Pradales al empezar su intervención en vascuence. Con ese clima de fondo, el PNV trataba de alcanzar un acuerdo con los socialistas para modificar la ley de empleo vasca. Una medida dirigida a sortear la cascada de sentencias de los tribunales que vienen declarando ilegales múltiples OPE, al apreciar «discriminación» en la exigencia de perfiles lingüísticos de euskera (acreditación del conocimiento de la lengua) en todas las plazas.No hubo entendimiento y EH Bildu decidió adelantarse registrando en Vitoria su propia proposición de ley. Un movimiento que provocó la reacción del partido de Aitor Esteban, que el 20 de junio presentaba en solitario su texto , sin el refrendo de los socialistas. La tramitación siguió adelante tras el verano, y el pasado 3 de octubre se produjo una alianza inédita esta legislatura en el País Vasco. El texto del PNV, que proponía eliminar los ‘índices de obligado cumplimiento’ (fijan los perfiles exigibles con carácter general y fueron aprobados por decreto con el PSE en abril de 2024), salía adelante gracias al apoyo de EH Bildu. Por su parte, la propuesta de la izquierda independentista, que buscaba que la exigencia del euskera fuese general , también lo hacía con la abstención del PNV. La votación en octubre para tramitar la ley de empleo supuso el primer desencuentro entre los socios del Gobierno vasco que iba más allá de las palabras«La foto de hoy no es bonita», decía entonces un diputado del PSE. Desde entonces, el tira y afloja entre socios ha sido constante. Hasta el martes de la semana pasada, cuando el líder de los socialistas vascos, Eneko Andueza, anunciaba que rompía las negociaciones con el PNV días antes de que venciera el plazo de presentación de enmiendas el 30 de abril. Bildu y el PNV, por su parte, se mostraban abiertos al entendimiento. «EH Bildu da la bienvenida a la decisión del PNV de explorar un acuerdo con la izquierda soberanista», decían unos. «Nos vamos a sentar y vamos a hablar con todas aquellas fuerzas dispuestas a negociar honestamente. No obstante, consideramos inadecuado generar excesivas expectativas», trasladaban desde Sabin Etxea. Esta nueva aproximación derivó el miércoles en una publicación del PSE en X (antiguo Twitter) ridiculizando con un meme a Aitor Esteban a cuenta de sus palabras sobre los presuntos avances entorno a la negociación del nuevo Estatuto vasco. «Vaya. Ahora hay agua en la piscina del nuevo Estatuto… dice el PNV. Aunque ya es casualidad que coincida con un momento difícil para su partido, cuando han decidido seguir la estela de EH Bildu , aumentar la exigencia del euskera en las oposiciones y abandonar los consensos recientes, de hace dos años, trabajados con los y las socialistas», denunciaban sobre su acuerdo de 2024 en torno a los ‘índices de obligado cumplimiento’. Un conflicto sin cerrar En un primer momento, el PNV trasladó que la reunión cancelada era con Moncloa. Sin embargo, los socialistas se afanaron en desvelar que esta iba a producirse en Bilbao y que la interlocución no era directa con Pedro Sánchez, sino con Antonio Hernando, el designado por el PSOE para abordar las negociaciones sobre la reforma del Estatuto. «Ya veremos. No nos esperábamos ese tuit», decían esta semana fuentes del equipo de Aitor Esteban sobre los esfuerzos por recomponer las relaciones. Tras ver la imagen generada con IA de Aitor Esteban lanzándose sonriente a una piscina (todavía sigue en las redes sociales del PSE), el PNV cancelaba una reunión prevista con emisarios de Pedro Sánchez en Bilbao. Así, al filo de la fecha límite, cada uno de los partidos (incluidos los dos proponentes más el resto de los representados en la Cámara autonómica) acababa presentado enmiendas contrarias a los dos textos de reforma de la ley de empleo. El partido de Aitor Esteban, abandonando definitivamente las esperanzas de acordar con los socialistas, pedía ayuda a Bildu para sacar adelante su propuesta. «Este comportamiento no es serio», salía al corte la coalición de Arnaldo Otegi: «Nos piden que nos abstengamos sin iniciar ninguna negociación». Lejos de solventarse, al serial parecen quedarle más capítulos por delante. Ambos partidos, mirándose de reojo en cada palabra y propuesta, protagonizan un pulso ya con la vista puesta en las elecciones municipales y forales de mayo de 2027 en el País Vasco. Y es a ese medio plazo (también al largo) a donde mira Bildu que, en medio del frenesí de la última semana, ha presentado un plan que sobrepasa con mucho el debate sobre la ley de empleo. Orillado entre declaraciones cruzadas, intentos de acuerdo, tuits con memes y reuniones canceladas, este presenta una nueva estrategia para seguir utilizando el euskera en el camino hacia la «construcción nacional» de Euskal Herria. Es decir, aplicable no solo al País Vasco, también a Navarra e Iparralde (País Vasco francés, en el imaginario nacionalista). Una hoja de ruta que coincide con la línea política de futuro marcada por Bildu en su III Congreso. Con el PNV «abierto en canal», a causa de la guerra fratricida entre las facciones partidarias de Andoni Ortuzar y Aitor Esteban para liderar el partido, en febrero del año pasado Bildu reelegía sin oposición a Arnaldo Otegi como su secretario general. En la ponencia de su Mesa Política, el partido reconocía una falta de pulsión independentista entre la sociedad vasca y llamaba a iniciar un «proceso gradual» en la construcción de la República Confederal de Euskal Herria. Una postura más pragmática que maximalista, que también recogía cómo «el proceso de revitalización del euskera está inmerso en una fase de estancamiento».Un nuevo AranzazuEn ese marco y aprovechando el debate la ley de empleo, el martes de esta semana la responsable de programa de Bildu, Nerea Kortajarena, presentaba el documento que resume la nueva política lingüística del partido para la próxima década. En su análisis reconocen que «si no se hace nada radical» el «estancamiento» en el proceso de «normalización» del euskera «se convertirá en recesión». Recuperando la referencia de Aranzazu, el Congreso que en 1968 sentó las bases del euskera ‘batua’ o unificado, explican que la «nueva transformación» necesita el empuje de la conciencia nacional activa, al mismo tiempo que esta «será un combustible para la reactivación de la conciencia nacional».La nueva política lingüística de Bildu critica abiertamente la libertad individual de las personas para decidir en qué lengua se expresanLa tesis principal es que la política seguida hasta el momento es insuficiente y la «euskaldunización de adultos» exige adaptaciones para crear «euskaldun osoak» (euskaldun integrales o completos), incidiendo en el uso del euskera más que en su conocimiento. Para eso, rechazan la libre elección de las personas, «sin condicionamientos externos», para usar una lengua u otra, y defienden directamente una mayor intervención de las instituciones públicas: «Se ha puesto en las personas la carga y la responsabilidad principal de la normalización lingüística». El giro para convertir al euskera «jurídicamente» en la lengua «nacional», superando la «hegemonía» del castellano, es transversal. Así, la citada intervención para que el «euskera sea la lengua habitual», va desde servicios públicos como la Educación y la Salud hasta los espacios de ocio de bebés y niños o las empresas. «La persona euskaldun no nace, se hace aquí , en Euskal Herria, todos los días y en todos los sitios», dicen. De esta forma, proponen pasar de un modelo de política lingüística «basado en la euskaldunización individual» a uno orientado a la «euskaldunización de espacios o ámbitos». Por ejemplo, a través de medidas todavía por determinar (el documento habla en términos generales), «protegiendo» y «conectando» entre ellos a los ‘arnasgune’ (zonas donde la densidad de hablantes es mayor) y prestando especial interés a los que se ubican en núcleos urbanos con poblaciones elevadas. El plan no deja de lado fenómenos actuales como el de la integración de la inmigración, que pasaría por el mismo proceso de «euskaldunización». Tampoco la creación y difusión de discursos favorables en la defensa de este plan, con especial mención a los medios de comunicación y a la esfera digital con los creadores de contenido, o el componente motivacional: «El euskera debe asegurar una aportación positiva al hablante, hay que fomentar que ésta persona quiera vivir en euskera. ¿Cómo? Creando espacios para expresarse en euskera; enlazando con los mensajes positivos; asociando con la acogida ( este mi pueblo y mi lengua, acércate ); poniéndote en contacto con la solidaridad y la comunidad (si vienes, no estarás sola)». RSS de noticias de espana
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