La teoría económica sostiene que los bonos son menos volátiles que las acciones. Sin embargo, en un entorno de crecientes tensiones geopolíticas e incertidumbre fiscal, algunas de las certezas que han guiado a los mercados durante décadas empiezan a resquebrajarse. Y pocos activos reflejan mejor ese cambio que la deuda soberana de largo plazo. La incertidumbre sobre la trayectoria futura de los tipos en Estados Unidos, los temores inflacionistas derivados de la guerra en Oriente Próximo y el deterioro de las cuentas públicas de las grandes economías han llevado a los inversores a exigir una mayor compensación por mantener bonos a vencimientos largos. La presión se ha dejado sentir especialmente en ese tramo de la curva. Después de que la rentabilidad del bono estadounidense a 30 años rozara máximos no vistos desde 2007 y la del francés a 10 años superara el 4%, niveles inéditos desde 2009, los gestores han tomado nota y empiezan a reajustar sus carteras, reduciendo la duración de sus posiciones para protegerse de nuevas turbulencias.
La gestora reduce duración ante la volatilidad de la deuda soberana y sigue viendo valor en los bonos a corto plazo, que ofrecen rentabilidades superiores al 4%
La teoría económica sostiene que los bonos son menos volátiles que las acciones. Sin embargo, en un entorno de crecientes tensiones geopolíticas e incertidumbre fiscal, algunas de las certezas que han guiado a los mercados durante décadas empiezan a resquebrajarse. Y pocos activos reflejan mejor ese cambio que la deuda soberana de largo plazo. La incertidumbre sobre la trayectoria futura de los tipos en Estados Unidos, los temores inflacionistas derivados de la guerra en Oriente Próximo y el deterioro de las cuentas públicas de las grandes economías han llevado a los inversores a exigir una mayor compensación por mantener bonos a vencimientos largos. La presión se ha dejado sentir especialmente en ese tramo de la curva. Después de que la rentabilidad del bono estadounidense a 30 años rozara máximos no vistos desde 2007 y la del francés a 10 años superara el 4%, niveles inéditos desde 2009, los gestores han tomado nota y empiezan a reajustar sus carteras, reduciendo la duración de sus posiciones para protegerse de nuevas turbulencias.
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