Entre el olor a libro, carteles antiguos, grabados y fotografías, Carlos pasa las horas en el corazón de Las Ventas. Dice que entre risas prácticamente vive en la plaza, y no exagera. Cuarta generación de libreros taurinos, hubo un momento en que pensó que todo aquello estaba condenado a desaparecer. «Hace quince años los toros estaban de capa caída y no había relevo generacional», recuerda desde su librería instalada en la Sala Antoñete . Tras capear la crisis de 2008 y la pandemia, se tuvo que trasladar de Marqués de Zafra, donde estaba ubicada, porque el alquiler era carísimo. Preguntó en la Monumental, y le dieron este espacio. Hace no muchos años, la sociedad vivía de espaldas a la Fiesta. Y la cultura en general, como recuerda el librero: «El mundo del libro y el mundo del toro siempre iban hacia abajo en esos tiempos, y parecía muy difícil nadar a contracorriente». El público que compraba era de cincuenta años, y sólo querían las novedades, porque tenían todo lo anterior. taurina_0639Pero Carlos echó la pata pa’lante, apostó por continuar: «Yo no quería ser la generación que cerrara, quería seguir dándole vida a la tauromaquia a través de los libros». Y la vida le ha premiado. La juventud que pobla los tendidos quiere aprender de toros desde el principio: «Se interesan por la literatura y noto el entusiasmo». Muchos compran manuales para empezar a entender este mundo, como ‘Cómo ver una corrida de toros’ de José Antonio del Moral: «Es de los más vendidos, es como un manualito que te regalan cuando empiezas a ir», explica.Noticia relacionada general No No San Isidro hace historia Colgados diez carteles de ‘No hay billetes’ antes del primer clarinazo Rosario PérezTambién piden mucho libros sobre figuras que despiertan mucho interés como Belmonte, Joselito, Manolete, y «ahora de Morante, que está muy de moda; están publicando muchos libros sobre él, y otros tantos que van a salir». Sin olvidar a Pepe Alameda y su hilo del toreo.«La tauromaquia nunca ha estado tan en boga en veinte años», afirma. Y buena parte de ese resurgir se nota también en las estanterías de la librería. Además, no sólo van a buscar libros, también los escriben jóvenes que, lejos de buscar el negocio, quieren aportar algo al mundo del toro, asegurando así la continuidad de la literatura taurina: «Los aficionados a veces son los que escriben los libros, se los autoeditan, y me los vienen a vender personalmente». «Yo no quería ser la generación que cerrara, quería seguir dándole vida a la tauromaquia a través de los libros»Feliz se siente en su espacio, con un ambiente difícil de encontrar en un trabajo de cara al público. «Nunca he tenido un problema, es un mundo muy agradecido, la gente es muy educada y agradable». Mexicanos, colombianos, peruanos, franceses… de todos los países taurinos de acercan a la Librería Rodríguez durante todo el año como parada obligada, ya que en sus países no tienen esta cantidad de libros de toros.Y mientras San Isidro continúa latiendo cada tarde al otro lado de la puerta, Carlos sigue al frente de su trinchera en Las Ventas. Rodeado de libros, aficionados y memoria taurina. Convencido, ahora sí, de que aquella librería familiar todavía tiene mucho futuro por delante. «Mi objetivo es que esto perdure», resume. Y viendo la cantidad de nuevas generaciones que hojean libros antes de entrar a la plaza, vaya si lo está consiguiendo. Entre el olor a libro, carteles antiguos, grabados y fotografías, Carlos pasa las horas en el corazón de Las Ventas. Dice que entre risas prácticamente vive en la plaza, y no exagera. Cuarta generación de libreros taurinos, hubo un momento en que pensó que todo aquello estaba condenado a desaparecer. «Hace quince años los toros estaban de capa caída y no había relevo generacional», recuerda desde su librería instalada en la Sala Antoñete . Tras capear la crisis de 2008 y la pandemia, se tuvo que trasladar de Marqués de Zafra, donde estaba ubicada, porque el alquiler era carísimo. Preguntó en la Monumental, y le dieron este espacio. Hace no muchos años, la sociedad vivía de espaldas a la Fiesta. Y la cultura en general, como recuerda el librero: «El mundo del libro y el mundo del toro siempre iban hacia abajo en esos tiempos, y parecía muy difícil nadar a contracorriente». El público que compraba era de cincuenta años, y sólo querían las novedades, porque tenían todo lo anterior. taurina_0639Pero Carlos echó la pata pa’lante, apostó por continuar: «Yo no quería ser la generación que cerrara, quería seguir dándole vida a la tauromaquia a través de los libros». Y la vida le ha premiado. La juventud que pobla los tendidos quiere aprender de toros desde el principio: «Se interesan por la literatura y noto el entusiasmo». Muchos compran manuales para empezar a entender este mundo, como ‘Cómo ver una corrida de toros’ de José Antonio del Moral: «Es de los más vendidos, es como un manualito que te regalan cuando empiezas a ir», explica.Noticia relacionada general No No San Isidro hace historia Colgados diez carteles de ‘No hay billetes’ antes del primer clarinazo Rosario PérezTambién piden mucho libros sobre figuras que despiertan mucho interés como Belmonte, Joselito, Manolete, y «ahora de Morante, que está muy de moda; están publicando muchos libros sobre él, y otros tantos que van a salir». Sin olvidar a Pepe Alameda y su hilo del toreo.«La tauromaquia nunca ha estado tan en boga en veinte años», afirma. Y buena parte de ese resurgir se nota también en las estanterías de la librería. Además, no sólo van a buscar libros, también los escriben jóvenes que, lejos de buscar el negocio, quieren aportar algo al mundo del toro, asegurando así la continuidad de la literatura taurina: «Los aficionados a veces son los que escriben los libros, se los autoeditan, y me los vienen a vender personalmente». «Yo no quería ser la generación que cerrara, quería seguir dándole vida a la tauromaquia a través de los libros»Feliz se siente en su espacio, con un ambiente difícil de encontrar en un trabajo de cara al público. «Nunca he tenido un problema, es un mundo muy agradecido, la gente es muy educada y agradable». Mexicanos, colombianos, peruanos, franceses… de todos los países taurinos de acercan a la Librería Rodríguez durante todo el año como parada obligada, ya que en sus países no tienen esta cantidad de libros de toros.Y mientras San Isidro continúa latiendo cada tarde al otro lado de la puerta, Carlos sigue al frente de su trinchera en Las Ventas. Rodeado de libros, aficionados y memoria taurina. Convencido, ahora sí, de que aquella librería familiar todavía tiene mucho futuro por delante. «Mi objetivo es que esto perdure», resume. Y viendo la cantidad de nuevas generaciones que hojean libros antes de entrar a la plaza, vaya si lo está consiguiendo. Entre el olor a libro, carteles antiguos, grabados y fotografías, Carlos pasa las horas en el corazón de Las Ventas. Dice que entre risas prácticamente vive en la plaza, y no exagera. Cuarta generación de libreros taurinos, hubo un momento en que pensó que todo aquello estaba condenado a desaparecer. «Hace quince años los toros estaban de capa caída y no había relevo generacional», recuerda desde su librería instalada en la Sala Antoñete . Tras capear la crisis de 2008 y la pandemia, se tuvo que trasladar de Marqués de Zafra, donde estaba ubicada, porque el alquiler era carísimo. Preguntó en la Monumental, y le dieron este espacio. Hace no muchos años, la sociedad vivía de espaldas a la Fiesta. Y la cultura en general, como recuerda el librero: «El mundo del libro y el mundo del toro siempre iban hacia abajo en esos tiempos, y parecía muy difícil nadar a contracorriente». El público que compraba era de cincuenta años, y sólo querían las novedades, porque tenían todo lo anterior. taurina_0639Pero Carlos echó la pata pa’lante, apostó por continuar: «Yo no quería ser la generación que cerrara, quería seguir dándole vida a la tauromaquia a través de los libros». Y la vida le ha premiado. La juventud que pobla los tendidos quiere aprender de toros desde el principio: «Se interesan por la literatura y noto el entusiasmo». Muchos compran manuales para empezar a entender este mundo, como ‘Cómo ver una corrida de toros’ de José Antonio del Moral: «Es de los más vendidos, es como un manualito que te regalan cuando empiezas a ir», explica.Noticia relacionada general No No San Isidro hace historia Colgados diez carteles de ‘No hay billetes’ antes del primer clarinazo Rosario PérezTambién piden mucho libros sobre figuras que despiertan mucho interés como Belmonte, Joselito, Manolete, y «ahora de Morante, que está muy de moda; están publicando muchos libros sobre él, y otros tantos que van a salir». Sin olvidar a Pepe Alameda y su hilo del toreo.«La tauromaquia nunca ha estado tan en boga en veinte años», afirma. Y buena parte de ese resurgir se nota también en las estanterías de la librería. Además, no sólo van a buscar libros, también los escriben jóvenes que, lejos de buscar el negocio, quieren aportar algo al mundo del toro, asegurando así la continuidad de la literatura taurina: «Los aficionados a veces son los que escriben los libros, se los autoeditan, y me los vienen a vender personalmente». «Yo no quería ser la generación que cerrara, quería seguir dándole vida a la tauromaquia a través de los libros»Feliz se siente en su espacio, con un ambiente difícil de encontrar en un trabajo de cara al público. «Nunca he tenido un problema, es un mundo muy agradecido, la gente es muy educada y agradable». Mexicanos, colombianos, peruanos, franceses… de todos los países taurinos de acercan a la Librería Rodríguez durante todo el año como parada obligada, ya que en sus países no tienen esta cantidad de libros de toros.Y mientras San Isidro continúa latiendo cada tarde al otro lado de la puerta, Carlos sigue al frente de su trinchera en Las Ventas. Rodeado de libros, aficionados y memoria taurina. Convencido, ahora sí, de que aquella librería familiar todavía tiene mucho futuro por delante. «Mi objetivo es que esto perdure», resume. Y viendo la cantidad de nuevas generaciones que hojean libros antes de entrar a la plaza, vaya si lo está consiguiendo. RSS de noticias de cultura
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