La mañana del viernes de feria tuvo un aire distinto en el encuentro informativo protagonizado por César Rincón, una cita conducida por el periodista José Enrique Moreno que, desde el inicio, quiso subrayar el carácter excepcional del momento. Moreno abrió el acto con una reflexión que marcó el tono de la jornada: «Los periodistas siempre decimos que todo es histórico y esta vez lo es de verdad, porque César nos va a contar algo muy importante en su vida, pero también para la nuestra, porque es parte de la historia del toreo». Recordó además la huella del maestro colombiano, destacando que «nos trajo una forma diferente de hacer el toreo y de disfrutarlo», así como su reciente reaparición en un festival en Madrid, impulsado por la petición de Morante de la Puebla. Fue, según César una experiencia de reencuentro con su esencia y con el público: «Ha sido una forma de mostrar lo que uno ha sido y lo que todavía siente dentro». Aquella tarde no solo tuvo un valor artístico, sino también generacional, al permitir que nuevos aficionados descubrieran en directo la tauromaquia de quien abrió en cuatro ocasiones la Puerta Grande de Las Ventas.Fue entonces cuando Rincón desveló un proyecto profundamente personal, cargado de simbolismo y también de resistencia cultural: «Mi proyecto es algo que hago desde la ilusión, de los sueños, porque, como saben, es el último año de las corridas en Colombia». Sus palabras no tardaron en adquirir un tono íntimo, evocando referentes y convicciones: «Yo soy el primero que ha admirado profundamente ver cómo maestros se vestían de torero a una edad avanzada, y yo en principio dije que nunca más iba a volver a torear, pero es mi forma de vida».El torero defendió la tauromaquia como esencia vital y cultural: «La tauromaquia recupera al hombre y yo necesito la tauromaquia para dejar un legado de vida que, por más que hagan, no nos lo van a quitar, y es libertad». En ese marco, explicó la base estética de su iniciativa: corridas inspiradas en la cultura precolombina, con una escenografía y una indumentaria que remitan a sus raíces. «Mi planteamiento es inspirarme en un toreo diferente, saber dónde están mis raíces, y están en las personas de la cultura hispánica y en esas esfinges maravillosas de Colombia».«Vuelvo a la tauromaquia por rebeldía, porque todo lo que yo debo en mi vida es a ella»Rincón insistió en el carácter universal de su propuesta, pese a las dificultades actuales: «Ese proyecto es para todo el mundo, porque la tauromaquia es universal». Y reconoció el impacto de la situación en su país: «En México y Colombia está prohibido en estos últimos años y yo me sentía abatido por todas estas circunstancias de vida, pero tengo que continuar con ese legado por derecho propio». En ese contexto, también dejó ver un tono de decepción por la falta de respaldo de fundaciones, ganaderos y toreros en la defensa de la tauromaquia en su país. Sin rodeos, deslizó su malestar al considerar que el sector no ha estado a la altura: vino a expresar que no ha habido el apoyo suficiente «por parte de nadie» para evitar la prohibición en Colombia, lo que, a su juicio, ha contribuido a una situación que amenaza con hacer desaparecer una tradición profundamente arraigada.Un emotivo regresoLejos de cualquier motivación económica, dejó clara su razón más íntima: «No lo hago por dinero, lo hago por la ilusión que tenía antes». Desde esa serenidad, también compartió su mirada sobre la evolución del toreo: «Hoy día se torea muchísimo mejor y he aprendido muchísimo y eso es lo bonito del toreo, que nunca se deja de aprender».El proyecto cuenta con el respaldo de su entorno, entre ellos el empresario y aficionado Guillermo Chapas, quien asume labores de apoderamiento. Sobre él, Rincón destacó la confianza mutua, mientras Chapas subrayó la motivación del torero: «Lo que me llama la atención es la motivación que él tiene y las ganas de salir de ese punto de confort y de querer regresar a los toros».Aunque se esperaba la confirmación de nuevas fechas, lo cierto es que César tan solo confirmó su presencia el 21 de junio en Istres, en un festival que calificó de «diferente», y a la dimensión simbólica de su regreso: «Vuelvo a la tauromaquia por rebeldía, porque todo lo que yo debo en mi vida es a ella».En el tramo final, el maestro dejó una reflexión cargada de preocupación por el futuro: «La gran tristeza es saber que, si no hay otros proyectos de ley, no van a poder vivir ganaderos con tantos años sin lidiar». Y cerró reafirmando el sentido profundo de su toreo: un intento de preservar una tradición que considera inseparable de la identidad cultural. La mañana del viernes de feria tuvo un aire distinto en el encuentro informativo protagonizado por César Rincón, una cita conducida por el periodista José Enrique Moreno que, desde el inicio, quiso subrayar el carácter excepcional del momento. Moreno abrió el acto con una reflexión que marcó el tono de la jornada: «Los periodistas siempre decimos que todo es histórico y esta vez lo es de verdad, porque César nos va a contar algo muy importante en su vida, pero también para la nuestra, porque es parte de la historia del toreo». Recordó además la huella del maestro colombiano, destacando que «nos trajo una forma diferente de hacer el toreo y de disfrutarlo», así como su reciente reaparición en un festival en Madrid, impulsado por la petición de Morante de la Puebla. Fue, según César una experiencia de reencuentro con su esencia y con el público: «Ha sido una forma de mostrar lo que uno ha sido y lo que todavía siente dentro». Aquella tarde no solo tuvo un valor artístico, sino también generacional, al permitir que nuevos aficionados descubrieran en directo la tauromaquia de quien abrió en cuatro ocasiones la Puerta Grande de Las Ventas.Fue entonces cuando Rincón desveló un proyecto profundamente personal, cargado de simbolismo y también de resistencia cultural: «Mi proyecto es algo que hago desde la ilusión, de los sueños, porque, como saben, es el último año de las corridas en Colombia». Sus palabras no tardaron en adquirir un tono íntimo, evocando referentes y convicciones: «Yo soy el primero que ha admirado profundamente ver cómo maestros se vestían de torero a una edad avanzada, y yo en principio dije que nunca más iba a volver a torear, pero es mi forma de vida».El torero defendió la tauromaquia como esencia vital y cultural: «La tauromaquia recupera al hombre y yo necesito la tauromaquia para dejar un legado de vida que, por más que hagan, no nos lo van a quitar, y es libertad». En ese marco, explicó la base estética de su iniciativa: corridas inspiradas en la cultura precolombina, con una escenografía y una indumentaria que remitan a sus raíces. «Mi planteamiento es inspirarme en un toreo diferente, saber dónde están mis raíces, y están en las personas de la cultura hispánica y en esas esfinges maravillosas de Colombia».«Vuelvo a la tauromaquia por rebeldía, porque todo lo que yo debo en mi vida es a ella»Rincón insistió en el carácter universal de su propuesta, pese a las dificultades actuales: «Ese proyecto es para todo el mundo, porque la tauromaquia es universal». Y reconoció el impacto de la situación en su país: «En México y Colombia está prohibido en estos últimos años y yo me sentía abatido por todas estas circunstancias de vida, pero tengo que continuar con ese legado por derecho propio». En ese contexto, también dejó ver un tono de decepción por la falta de respaldo de fundaciones, ganaderos y toreros en la defensa de la tauromaquia en su país. Sin rodeos, deslizó su malestar al considerar que el sector no ha estado a la altura: vino a expresar que no ha habido el apoyo suficiente «por parte de nadie» para evitar la prohibición en Colombia, lo que, a su juicio, ha contribuido a una situación que amenaza con hacer desaparecer una tradición profundamente arraigada.Un emotivo regresoLejos de cualquier motivación económica, dejó clara su razón más íntima: «No lo hago por dinero, lo hago por la ilusión que tenía antes». Desde esa serenidad, también compartió su mirada sobre la evolución del toreo: «Hoy día se torea muchísimo mejor y he aprendido muchísimo y eso es lo bonito del toreo, que nunca se deja de aprender».El proyecto cuenta con el respaldo de su entorno, entre ellos el empresario y aficionado Guillermo Chapas, quien asume labores de apoderamiento. Sobre él, Rincón destacó la confianza mutua, mientras Chapas subrayó la motivación del torero: «Lo que me llama la atención es la motivación que él tiene y las ganas de salir de ese punto de confort y de querer regresar a los toros».Aunque se esperaba la confirmación de nuevas fechas, lo cierto es que César tan solo confirmó su presencia el 21 de junio en Istres, en un festival que calificó de «diferente», y a la dimensión simbólica de su regreso: «Vuelvo a la tauromaquia por rebeldía, porque todo lo que yo debo en mi vida es a ella».En el tramo final, el maestro dejó una reflexión cargada de preocupación por el futuro: «La gran tristeza es saber que, si no hay otros proyectos de ley, no van a poder vivir ganaderos con tantos años sin lidiar». Y cerró reafirmando el sentido profundo de su toreo: un intento de preservar una tradición que considera inseparable de la identidad cultural. La mañana del viernes de feria tuvo un aire distinto en el encuentro informativo protagonizado por César Rincón, una cita conducida por el periodista José Enrique Moreno que, desde el inicio, quiso subrayar el carácter excepcional del momento. Moreno abrió el acto con una reflexión que marcó el tono de la jornada: «Los periodistas siempre decimos que todo es histórico y esta vez lo es de verdad, porque César nos va a contar algo muy importante en su vida, pero también para la nuestra, porque es parte de la historia del toreo». Recordó además la huella del maestro colombiano, destacando que «nos trajo una forma diferente de hacer el toreo y de disfrutarlo», así como su reciente reaparición en un festival en Madrid, impulsado por la petición de Morante de la Puebla. Fue, según César una experiencia de reencuentro con su esencia y con el público: «Ha sido una forma de mostrar lo que uno ha sido y lo que todavía siente dentro». Aquella tarde no solo tuvo un valor artístico, sino también generacional, al permitir que nuevos aficionados descubrieran en directo la tauromaquia de quien abrió en cuatro ocasiones la Puerta Grande de Las Ventas.Fue entonces cuando Rincón desveló un proyecto profundamente personal, cargado de simbolismo y también de resistencia cultural: «Mi proyecto es algo que hago desde la ilusión, de los sueños, porque, como saben, es el último año de las corridas en Colombia». Sus palabras no tardaron en adquirir un tono íntimo, evocando referentes y convicciones: «Yo soy el primero que ha admirado profundamente ver cómo maestros se vestían de torero a una edad avanzada, y yo en principio dije que nunca más iba a volver a torear, pero es mi forma de vida».El torero defendió la tauromaquia como esencia vital y cultural: «La tauromaquia recupera al hombre y yo necesito la tauromaquia para dejar un legado de vida que, por más que hagan, no nos lo van a quitar, y es libertad». En ese marco, explicó la base estética de su iniciativa: corridas inspiradas en la cultura precolombina, con una escenografía y una indumentaria que remitan a sus raíces. «Mi planteamiento es inspirarme en un toreo diferente, saber dónde están mis raíces, y están en las personas de la cultura hispánica y en esas esfinges maravillosas de Colombia».«Vuelvo a la tauromaquia por rebeldía, porque todo lo que yo debo en mi vida es a ella»Rincón insistió en el carácter universal de su propuesta, pese a las dificultades actuales: «Ese proyecto es para todo el mundo, porque la tauromaquia es universal». Y reconoció el impacto de la situación en su país: «En México y Colombia está prohibido en estos últimos años y yo me sentía abatido por todas estas circunstancias de vida, pero tengo que continuar con ese legado por derecho propio». En ese contexto, también dejó ver un tono de decepción por la falta de respaldo de fundaciones, ganaderos y toreros en la defensa de la tauromaquia en su país. Sin rodeos, deslizó su malestar al considerar que el sector no ha estado a la altura: vino a expresar que no ha habido el apoyo suficiente «por parte de nadie» para evitar la prohibición en Colombia, lo que, a su juicio, ha contribuido a una situación que amenaza con hacer desaparecer una tradición profundamente arraigada.Un emotivo regresoLejos de cualquier motivación económica, dejó clara su razón más íntima: «No lo hago por dinero, lo hago por la ilusión que tenía antes». Desde esa serenidad, también compartió su mirada sobre la evolución del toreo: «Hoy día se torea muchísimo mejor y he aprendido muchísimo y eso es lo bonito del toreo, que nunca se deja de aprender».El proyecto cuenta con el respaldo de su entorno, entre ellos el empresario y aficionado Guillermo Chapas, quien asume labores de apoderamiento. Sobre él, Rincón destacó la confianza mutua, mientras Chapas subrayó la motivación del torero: «Lo que me llama la atención es la motivación que él tiene y las ganas de salir de ese punto de confort y de querer regresar a los toros».Aunque se esperaba la confirmación de nuevas fechas, lo cierto es que César tan solo confirmó su presencia el 21 de junio en Istres, en un festival que calificó de «diferente», y a la dimensión simbólica de su regreso: «Vuelvo a la tauromaquia por rebeldía, porque todo lo que yo debo en mi vida es a ella».En el tramo final, el maestro dejó una reflexión cargada de preocupación por el futuro: «La gran tristeza es saber que, si no hay otros proyectos de ley, no van a poder vivir ganaderos con tantos años sin lidiar». Y cerró reafirmando el sentido profundo de su toreo: un intento de preservar una tradición que considera inseparable de la identidad cultural. RSS de noticias de cultura
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