Cuando el semáforo se pone en rojo, Wang Jibing detiene la moto eléctrica, se quita un guante y saca su segundo teléfono del bolsillo. El del trabajo lo tiene enganchado al manillar, con un mapa que marca el recorrido hasta el siguiente cliente y un cronómetro que le recuerda que cada minuto de retraso puede costarle una penalización. Aprovechando la parada, abre una aplicación de notas y comienza a dictar unos versos. Cuando el semáforo está en verde, continúa su camino llevando pedidos de comida en Kunshan, una ciudad industrial situada a las afueras de Shanghái. Por la noche, ya en casa, se sienta tranquilamente en su despacho para pulir aquellas notas de voz hasta convertirlas en poemas.
Wang Jibing se ha convertido en nuevo símbolo del género tras ganar el prestigioso Premio Lu Xun
Cuando el semáforo se pone en rojo, Wang Jibing detiene la moto eléctrica, se quita un guante y saca su segundo teléfono del bolsillo. El del trabajo lo tiene enganchado al manillar, con un mapa que marca el recorrido hasta el siguiente cliente y un cronómetro que le recuerda que cada minuto de retraso puede costarle una penalización. Aprovechando la parada, abre una aplicación de notas y comienza a dictar unos versos. Cuando el semáforo está en verde, continúa su camino llevando pedidos de comida en Kunshan, una ciudad industrial situada a las afueras de Shanghái. Por la noche, ya en casa, se sienta tranquilamente en su despacho para pulir aquellas notas de voz hasta convertirlas en poemas.
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