Durante diez años, María Isabel vivió pendiente de los mercados financieros internacionales. Su jornada empezaba cuando unos apenas se despertaban y terminaba cuando el otro lado del mundo se iba a dormir. Trabajaba para una compañía estadounidense especializada en operaciones financieras complejas y enlazaba las bolsas de Asia, Europa y América en una cadena casi ininterrumpida de llamadas, clientes y transacciones. Era un empleo exigente, bien remunerado y con un elevado nivel de responsabilidad. También era un trabajo que acabó devorando su tiempo, su salud y, según reconoce ahora, buena parte de su vida familiar. Dos años después de abandonar aquel sector, esta barcelonesa de 54 años se ha puesto al volante de Cabify y sostiene que el mayor beneficio de su cambio profesional no aparece en la nómina, sino en algo mucho más difícil de cuantificar: la tranquilidad.
De joven llegó a competir en ‘rallies’ y siempre sintió una conexión especial con la conducción, hasta que encontró un hueco inesperado en el sector VTC
Durante diez años, María Isabel vivió pendiente de los mercados financieros internacionales. Su jornada empezaba cuando unos apenas se despertaban y terminaba cuando el otro lado del mundo se iba a dormir. Trabajaba para una compañía estadounidense especializada en operaciones financieras complejas y enlazaba las bolsas de Asia, Europa y América en una cadena casi ininterrumpida de llamadas, clientes y transacciones. Era un empleo exigente, bien remunerado y con un elevado nivel de responsabilidad. También era un trabajo que acabó devorando su tiempo, su salud y, según reconoce ahora, buena parte de su vida familiar. Dos años después de abandonar aquel sector, esta barcelonesa de 54 años se ha puesto al volante de Cabify y sostiene que el mayor beneficio de su cambio profesional no aparece en la nómina, sino en algo mucho más difícil de cuantificar: la tranquilidad.
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