«¿Estás abortando?» Esa fue la primera pregunta que María Medina escuchó al llegar a urgencias con una hemorragia interna en 2022. Cada minuto contaba. Entró al quirófano sin un diagnóstico claro. Horas antes, se resistía a buscar ayuda: había aprendido a normalizar el dolor menstrual: «Creía que, una vez más, me dirían: ‘Tómate una pastilla y vuelve a casa’». Pero su mejor amiga insistió. Aquella decisión probablemente le salvó la vida. «Estuve a punto de morirme», confiesa por videollamada desde su casa en Granada. «Tenía un quiste en el ovario izquierdo que nadie había detectado y reventó».
María estuvo a punto de morir por un quiste que nadie detectó; a Lorena le extirparon las trompas de Falopio. Entre ambas historias se dibuja el rostro de una enfermedad que afecta a 190 millones de mujeres y que, pese a su impacto en la salud, el trabajo y la vida cotidiana, puede tardar más de 10 años en ser diagnosticada
«¿Estás abortando?» Esa fue la primera pregunta que María Medina escuchó al llegar a urgencias con una hemorragia interna en 2022. Cada minuto contaba. Entró al quirófano sin un diagnóstico claro. Horas antes, se resistía a buscar ayuda: había aprendido a normalizar el dolor menstrual: «Creía que, una vez más, me dirían: ‘Tómate una pastilla y vuelve a casa’». Pero su mejor amiga insistió. Aquella decisión probablemente le salvó la vida. «Estuve a punto de morirme», confiesa por videollamada desde su casa en Granada. «Tenía un quiste en el ovario izquierdo que nadie había detectado y reventó».
Salud
