
El forense Manuel Aparcero (Chipiona, Cádiz, 47 años) se vio en la mañana del 30 de julio levantando cadáveres en la playa de El Tarajal de Ceuta e intentando reanimar a migrantes que acaban de sacar del agua. Le llamaron a las 11.00 y no hubo forma de salir de allí. Una riada de personas irrumpía a nado por el espigón y a pie por la frontera de la ciudad autónoma. “Algunos salieron hacia adelante y otros fallecían y se hacía un levantamiento. Luego salían otros dos y así”, describe. La vida y la muerte se encontraban en la misma orilla. Conforme veía que los buzos de la Guardia Civil o los propios migrantes sacaban los cuerpos a la playa, Aparcero, director del Instituto de Medicina Legal de Ceuta, supo que aquello iba a desbordar la capacidad de su instituto, que apenas cuenta con siete cámaras frigoríficas y tres médicos forenses. Más de dos semanas después, parte del equipo que practicó las autopsias a las 82 personas fallecidas en esta gran tragedia migratoria sigue sin procesarlo. “Muchos compañeros se rompieron, yo el primero”, reconoce.
Manuel Aparcero, director del Instituto de Medicina Legal de Ceuta, asegura que el enterramiento inminente de los fallecidos se hace inevitable 
El forense Manuel Aparcero (Chipiona, Cádiz, 47 años) se vio en la mañana del 30 de julio levantando cadáveres en la playa de El Tarajal de Ceuta e intentando reanimar a migrantes que acaban de sacar del agua. Le llamaron a las 11.00 y no hubo forma de salir de allí. Una riada de personas irrumpía a nado por el espigón y a pie por la frontera de la ciudad autónoma. “Algunos salieron hacia adelante y otros fallecían y se hacía un levantamiento. Luego salían otros dos y así”, describe. La vida y la muerte se encontraban en la misma orilla. Conforme veía que los buzos de la Guardia Civil o los propios migrantes sacaban los cuerpos a la playa, Aparcero, director del Instituto de Medicina Legal de Ceuta, supo que aquello iba a desbordar la capacidad de su instituto, que apenas cuenta con siete cámaras frigoríficas y tres médicos forenses. Más de dos semanas después, parte del equipo que practicó las autopsias a las 82 personas fallecidas en esta gran tragedia migratoria sigue sin procesarlo. “Muchos compañeros se rompieron, yo el primero”, reconoce.
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