Durante más de una década, en Estados Unidos había un nombre que en Pekín sonaba casi como una provocación: Marco Rubio. El ex senador republicano, hijo de exiliados cubanos, convirtió la cruzada contra el comunismo chino en una de las grandes banderas de su carrera política. Denunciaba a Xi Jinping como el arquitecto de una nueva tiranía global. Era el halcón que agitaba las sanciones contra Pekín, impulsaba leyes contra el trabajo forzoso de la minoría musulmana uigur y acusaba al Partido Comunista Chino de exportar vigilancia, censura y represión al resto del mundo.
El secretario de Estado convirtió durante años la confrontación con China en una de sus grandes banderas políticas y fue uno de los políticos estadounidenses más odiados y sancionados por Pekín
Durante más de una década, en Estados Unidos había un nombre que en Pekín sonaba casi como una provocación: Marco Rubio. El ex senador republicano, hijo de exiliados cubanos, convirtió la cruzada contra el comunismo chino en una de las grandes banderas de su carrera política. Denunciaba a Xi Jinping como el arquitecto de una nueva tiranía global. Era el halcón que agitaba las sanciones contra Pekín, impulsaba leyes contra el trabajo forzoso de la minoría musulmana uigur y acusaba al Partido Comunista Chino de exportar vigilancia, censura y represión al resto del mundo.
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