La innovación abierta en el sector de la alimentación española ha dejado de ser un menú especial fuera de carta para convertirse en un ingrediente fundamental y en un verdadero plato fuerte de la transformación industrial. Precisamente esta provechosa sinergia entre grandes empresas y ágiles compañías emergentes ‘food tech’ fue una de las protagonistas del Ftalks Food Summit, el foro anual de KM ZERO y una de las citas de referencia sobre el futuro de la alimentación en Europa e Iberoamérica, una cita que reunió en Valencia a más de 50.000 asistentes y un ecosistema de startups, corporaciones, inversores y expertos de más de 30 países.En este contexto, la mesa ‘Innovación Invisible: cómo colaborar con startups mejora la rentabilidad de la industria alimentaria’ abordó cómo los retos del sector pueden encontrarse con una startup capaz de resolverlos. Una de las participantes en el encuentro, María Cardona, directora corporativa de Calidad y No Calidad de Familia Martínez, destacó la aportación de las startups «por su conocimiento técnico, su conexión con la industria y su flexibilidad para adaptar las soluciones. No se impone una solución, sino que se abre esa puerta a flexibilizar y adaptar sus productos para que realmente sean una solución real». Contribuciones que, como precisa Requena, «se convierten en motor del ‘foodtech’, ya que aportan conocimiento técnico y la capacidad de adaptar soluciones complejas a necesidades muy concretas de la industria».«En KM ZERO (continúa Requena) trabajamos para que esa conexión ocurra: acercamos a las startups a la industria y ayudamos a construir relaciones basadas en la confianza, poniendo el foco en que las soluciones se puedan escalar y generen un retorno real para ambas partes. Lo hacemos a través de nuestro programa de innovación abierta KM ZERO Open Innovation , que desde su creación en 2022 ha acompañado a más de 100 startups foodtech en su crecimiento, con una tasa de supervivencia del 80% y una financiación acumulada de aproximadamente 40 millones de euros».Retos sobre la mesaDesde Campofrío Food Group (también presente en esta cumbre ‘foodtech’), Florencio García, director de Sigma Ventures (matriz del grupo), destaca la esencia de este entorno de innovación abierta: «Se ha convertido en una herramienta clave para anticipar las necesidades futuras de la industria alimentaria. A la vez, las startups desempeñan un papel fundamental en la evolución del sector porque aportan nuevas perspectivas y una gran capacidad para desarrollar soluciones disruptivas». En el caso del programa Tastech by Sigma , se busca generar un entorno de colaboración «para crear (añade García) un entorno de colaboración donde emprendedores, empresas y expertos trabajen conjuntamente para convertir el conocimiento en soluciones escalables. Nuestro objetivo es impulsar proyectos que generen valor compartido y contribuyan a construir un sistema alimentario más innovador, competitivo y sostenible».De hecho, Sigma presentó en ftalks Food Summit, tres nuevos retos dirigidos a startups de todo el mundo «con el objetivo de identificar soluciones innovadoras que contribuyan a acelerar la transformación del sector alimentario ». Agilidad, creatividad y capacidad de innovación aplicadas al conocimiento del mercado, la experiencia industrial, la infraestructura y la capacidad de escalado en torno a tres grandes áreas prioritarias: Health Through Foods, Responsible Protein y Operational Excellence.¿Evoluciona adecuadamente esta aportación de las startups en el entorno ‘foodtech’? Como apunta Manuel González-Toruño, Profesor del Área de Política de Empresa y Negociación de San Telmo Business School: «El ‘foodtech’ español ha dejado atrás la fase de ‘fenómeno novedoso’ y ha entrado en una de consolidación , que no es lo mismo que estancamiento». El especialista no habla tanto de crisis como de «criba sana»: « La inversión, más escasa, se está yendo hacia proyectos con validación industrial real, no hacía ‘pitch decks’ bonitas».En el ámbito de la inversión, Juan Manuel Barrionuevo, CEO y fundador de Copernion Asset Management (más de tres décadas vinculado a la creación, inversión y desarrollo de compañías tecnológicas), identifica al ‘foodtech’ como oportunidad: «Ya no puede entenderse solo como tecnología aplicada a restauración o ‘delivery’, sino como una cadena de valor mucho más amplia en de producción, nuevos alimentos, automatización, robótica, trazabilidad, logística, sostenibilidad, experiencia de cliente, datos e IA». IA que cotiza al alza: «La próxima generación de compañías podrá escalar de otra manera: combinando equipos humanos pequeños con sistemas de IA, agentes y procesos automatizados capaces de ejecutar una parte creciente de la operación. Eso cambia costes, velocidad y también el tipo de ventaja competitiva que una empresa puede construir».La compañía ya participó en la ideación, creación y gestión de la primera aceleradora del mundo de Food&Tech en el Basque Culinary Center, así como con la inversión en múltiples empresas de food&tech. «Esas experiencias (recuerda Barrionuevo) nos enseñaron que en sectores verticales el valor no es solo invertir en compañías, sino también crear los entornos para probar, encontrar clientes, colaborar con corporaciones y escalar». Un entorno de progreso en el que hay que estar muy fino: «Una startup tiene que demostrar no solo que su producto funciona, sino que puede producirlo, distribuirlo y crecer manteniendo unos ‘economics’ razonables».Renovando el menúSobre el terreno, Bosco Emparanza, CEO de Moatech (participante en South Summit) relata, desde Navarra, su experiencia: «Somos una empresa biotecnológica que desarrolla y comercializa ingredientes funcionales mediante fermentación de biomasa . Nuestro portfolio de ingredientes propios combina nuestra plataforma computacional de IA, Albatros, con fermentación industrial para transformar subproductos agroalimentarios en ingredientes de alto valor. Además, trabajamos en programas de codesarrollo de ingredientes a medida con socios industriales, ayudando a generar una nueva fuente de ingresos a partir de sus propios subproductos». Sus ingredientes destacan por su capacidad de aplicación en producto real, «actuando como emulsionantes y humectantes naturales que mejoran la jugosidad de los alimentos, sustituyen el huevo en distintas aplicaciones y eliminan aditivos artificiales, con declaración de etiqueta limpia».En el caso de la ilicitana Oscillum, Luis Chimeno, su COO, comenta cuál es su desempeño tecnológico-empresarial: «Nos dedicamos a desarrollar y comercializar tecnologías de envasado innovadoras mediante la aplicación de la biotecnología. Contamos con dos ramas de productos: envasado activo (Stiint®), que aporta funcionalidad al envase como capacidad antimicrobiana o regulación de humedad, y envasado inteligente (Addvibe®), para aportar información sobre el estado del producto a través de etiquetas inteligentes que cambian de color». Una valiosa aportación para evitar el malgasto de alimentos, mejorar la seguridad alimentaria, etc. («con soluciones diseñadas para que su adopción en industria sea fácil y sin coste de implementación y que el consumidor disfrute de ellas»).Desde el laboratorioTodo un sistema de investigación aplicada que cuenta en España con hitos como el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), IATA (Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos), AZTI (Centro de Investigación Marina y Alimentaria), Ainia Centro Tecnológico, Imdea Alimentación, etc., más universidades e iniciativas como los Programas de aceleración Agrotech y Foodtech de Asebio (Asociación Española de Bioempresas).Tecnología que debe sentarse a la mesa de la disrupción sin peligro de indigestión. Como señala González-Toruño: «Lo que aún nos falta es escalado industrial: generamos muy buena tecnología (biotecnología, IoT, trazabilidad…) que luego tropieza al salir del laboratorio o del piloto y enfrentarse a una planta de producción real. Esa brecha define hoy la madurez del sector, más que el número de rondas cerradas».Más deberes a tener en cuenta: «El ‘foodtech’ tiene ciclos de validación largos, necesidades de Capex que ningún ‘business angel’ cubre solo, y una regulación que no perdona atajos. Otra clave, más incómoda, el talento: seguimos formando muy buenos científicos de alimentos y muy buenos gestores, pero pocos perfiles híbridos capaces de traducir un hallazgo de laboratorio en un caso de negocio para «hacer caja». Mientras esa transferencia siga siendo el ‘cuello de botella’, seguiremos viendo startups con ciencia excelente y modelos de negocio que no cuajan». La innovación abierta en el sector de la alimentación española ha dejado de ser un menú especial fuera de carta para convertirse en un ingrediente fundamental y en un verdadero plato fuerte de la transformación industrial. Precisamente esta provechosa sinergia entre grandes empresas y ágiles compañías emergentes ‘food tech’ fue una de las protagonistas del Ftalks Food Summit, el foro anual de KM ZERO y una de las citas de referencia sobre el futuro de la alimentación en Europa e Iberoamérica, una cita que reunió en Valencia a más de 50.000 asistentes y un ecosistema de startups, corporaciones, inversores y expertos de más de 30 países.En este contexto, la mesa ‘Innovación Invisible: cómo colaborar con startups mejora la rentabilidad de la industria alimentaria’ abordó cómo los retos del sector pueden encontrarse con una startup capaz de resolverlos. Una de las participantes en el encuentro, María Cardona, directora corporativa de Calidad y No Calidad de Familia Martínez, destacó la aportación de las startups «por su conocimiento técnico, su conexión con la industria y su flexibilidad para adaptar las soluciones. No se impone una solución, sino que se abre esa puerta a flexibilizar y adaptar sus productos para que realmente sean una solución real». Contribuciones que, como precisa Requena, «se convierten en motor del ‘foodtech’, ya que aportan conocimiento técnico y la capacidad de adaptar soluciones complejas a necesidades muy concretas de la industria».«En KM ZERO (continúa Requena) trabajamos para que esa conexión ocurra: acercamos a las startups a la industria y ayudamos a construir relaciones basadas en la confianza, poniendo el foco en que las soluciones se puedan escalar y generen un retorno real para ambas partes. Lo hacemos a través de nuestro programa de innovación abierta KM ZERO Open Innovation , que desde su creación en 2022 ha acompañado a más de 100 startups foodtech en su crecimiento, con una tasa de supervivencia del 80% y una financiación acumulada de aproximadamente 40 millones de euros».Retos sobre la mesaDesde Campofrío Food Group (también presente en esta cumbre ‘foodtech’), Florencio García, director de Sigma Ventures (matriz del grupo), destaca la esencia de este entorno de innovación abierta: «Se ha convertido en una herramienta clave para anticipar las necesidades futuras de la industria alimentaria. A la vez, las startups desempeñan un papel fundamental en la evolución del sector porque aportan nuevas perspectivas y una gran capacidad para desarrollar soluciones disruptivas». En el caso del programa Tastech by Sigma , se busca generar un entorno de colaboración «para crear (añade García) un entorno de colaboración donde emprendedores, empresas y expertos trabajen conjuntamente para convertir el conocimiento en soluciones escalables. Nuestro objetivo es impulsar proyectos que generen valor compartido y contribuyan a construir un sistema alimentario más innovador, competitivo y sostenible».De hecho, Sigma presentó en ftalks Food Summit, tres nuevos retos dirigidos a startups de todo el mundo «con el objetivo de identificar soluciones innovadoras que contribuyan a acelerar la transformación del sector alimentario ». Agilidad, creatividad y capacidad de innovación aplicadas al conocimiento del mercado, la experiencia industrial, la infraestructura y la capacidad de escalado en torno a tres grandes áreas prioritarias: Health Through Foods, Responsible Protein y Operational Excellence.¿Evoluciona adecuadamente esta aportación de las startups en el entorno ‘foodtech’? Como apunta Manuel González-Toruño, Profesor del Área de Política de Empresa y Negociación de San Telmo Business School: «El ‘foodtech’ español ha dejado atrás la fase de ‘fenómeno novedoso’ y ha entrado en una de consolidación , que no es lo mismo que estancamiento». El especialista no habla tanto de crisis como de «criba sana»: « La inversión, más escasa, se está yendo hacia proyectos con validación industrial real, no hacía ‘pitch decks’ bonitas».En el ámbito de la inversión, Juan Manuel Barrionuevo, CEO y fundador de Copernion Asset Management (más de tres décadas vinculado a la creación, inversión y desarrollo de compañías tecnológicas), identifica al ‘foodtech’ como oportunidad: «Ya no puede entenderse solo como tecnología aplicada a restauración o ‘delivery’, sino como una cadena de valor mucho más amplia en de producción, nuevos alimentos, automatización, robótica, trazabilidad, logística, sostenibilidad, experiencia de cliente, datos e IA». IA que cotiza al alza: «La próxima generación de compañías podrá escalar de otra manera: combinando equipos humanos pequeños con sistemas de IA, agentes y procesos automatizados capaces de ejecutar una parte creciente de la operación. Eso cambia costes, velocidad y también el tipo de ventaja competitiva que una empresa puede construir».La compañía ya participó en la ideación, creación y gestión de la primera aceleradora del mundo de Food&Tech en el Basque Culinary Center, así como con la inversión en múltiples empresas de food&tech. «Esas experiencias (recuerda Barrionuevo) nos enseñaron que en sectores verticales el valor no es solo invertir en compañías, sino también crear los entornos para probar, encontrar clientes, colaborar con corporaciones y escalar». Un entorno de progreso en el que hay que estar muy fino: «Una startup tiene que demostrar no solo que su producto funciona, sino que puede producirlo, distribuirlo y crecer manteniendo unos ‘economics’ razonables».Renovando el menúSobre el terreno, Bosco Emparanza, CEO de Moatech (participante en South Summit) relata, desde Navarra, su experiencia: «Somos una empresa biotecnológica que desarrolla y comercializa ingredientes funcionales mediante fermentación de biomasa . Nuestro portfolio de ingredientes propios combina nuestra plataforma computacional de IA, Albatros, con fermentación industrial para transformar subproductos agroalimentarios en ingredientes de alto valor. Además, trabajamos en programas de codesarrollo de ingredientes a medida con socios industriales, ayudando a generar una nueva fuente de ingresos a partir de sus propios subproductos». Sus ingredientes destacan por su capacidad de aplicación en producto real, «actuando como emulsionantes y humectantes naturales que mejoran la jugosidad de los alimentos, sustituyen el huevo en distintas aplicaciones y eliminan aditivos artificiales, con declaración de etiqueta limpia».En el caso de la ilicitana Oscillum, Luis Chimeno, su COO, comenta cuál es su desempeño tecnológico-empresarial: «Nos dedicamos a desarrollar y comercializar tecnologías de envasado innovadoras mediante la aplicación de la biotecnología. Contamos con dos ramas de productos: envasado activo (Stiint®), que aporta funcionalidad al envase como capacidad antimicrobiana o regulación de humedad, y envasado inteligente (Addvibe®), para aportar información sobre el estado del producto a través de etiquetas inteligentes que cambian de color». Una valiosa aportación para evitar el malgasto de alimentos, mejorar la seguridad alimentaria, etc. («con soluciones diseñadas para que su adopción en industria sea fácil y sin coste de implementación y que el consumidor disfrute de ellas»).Desde el laboratorioTodo un sistema de investigación aplicada que cuenta en España con hitos como el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), IATA (Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos), AZTI (Centro de Investigación Marina y Alimentaria), Ainia Centro Tecnológico, Imdea Alimentación, etc., más universidades e iniciativas como los Programas de aceleración Agrotech y Foodtech de Asebio (Asociación Española de Bioempresas).Tecnología que debe sentarse a la mesa de la disrupción sin peligro de indigestión. Como señala González-Toruño: «Lo que aún nos falta es escalado industrial: generamos muy buena tecnología (biotecnología, IoT, trazabilidad…) que luego tropieza al salir del laboratorio o del piloto y enfrentarse a una planta de producción real. Esa brecha define hoy la madurez del sector, más que el número de rondas cerradas».Más deberes a tener en cuenta: «El ‘foodtech’ tiene ciclos de validación largos, necesidades de Capex que ningún ‘business angel’ cubre solo, y una regulación que no perdona atajos. Otra clave, más incómoda, el talento: seguimos formando muy buenos científicos de alimentos y muy buenos gestores, pero pocos perfiles híbridos capaces de traducir un hallazgo de laboratorio en un caso de negocio para «hacer caja». Mientras esa transferencia siga siendo el ‘cuello de botella’, seguiremos viendo startups con ciencia excelente y modelos de negocio que no cuajan». La innovación abierta en el sector de la alimentación española ha dejado de ser un menú especial fuera de carta para convertirse en un ingrediente fundamental y en un verdadero plato fuerte de la transformación industrial. Precisamente esta provechosa sinergia entre grandes empresas y ágiles compañías emergentes ‘food tech’ fue una de las protagonistas del Ftalks Food Summit, el foro anual de KM ZERO y una de las citas de referencia sobre el futuro de la alimentación en Europa e Iberoamérica, una cita que reunió en Valencia a más de 50.000 asistentes y un ecosistema de startups, corporaciones, inversores y expertos de más de 30 países.En este contexto, la mesa ‘Innovación Invisible: cómo colaborar con startups mejora la rentabilidad de la industria alimentaria’ abordó cómo los retos del sector pueden encontrarse con una startup capaz de resolverlos. Una de las participantes en el encuentro, María Cardona, directora corporativa de Calidad y No Calidad de Familia Martínez, destacó la aportación de las startups «por su conocimiento técnico, su conexión con la industria y su flexibilidad para adaptar las soluciones. No se impone una solución, sino que se abre esa puerta a flexibilizar y adaptar sus productos para que realmente sean una solución real». Contribuciones que, como precisa Requena, «se convierten en motor del ‘foodtech’, ya que aportan conocimiento técnico y la capacidad de adaptar soluciones complejas a necesidades muy concretas de la industria».«En KM ZERO (continúa Requena) trabajamos para que esa conexión ocurra: acercamos a las startups a la industria y ayudamos a construir relaciones basadas en la confianza, poniendo el foco en que las soluciones se puedan escalar y generen un retorno real para ambas partes. Lo hacemos a través de nuestro programa de innovación abierta KM ZERO Open Innovation , que desde su creación en 2022 ha acompañado a más de 100 startups foodtech en su crecimiento, con una tasa de supervivencia del 80% y una financiación acumulada de aproximadamente 40 millones de euros».Retos sobre la mesaDesde Campofrío Food Group (también presente en esta cumbre ‘foodtech’), Florencio García, director de Sigma Ventures (matriz del grupo), destaca la esencia de este entorno de innovación abierta: «Se ha convertido en una herramienta clave para anticipar las necesidades futuras de la industria alimentaria. A la vez, las startups desempeñan un papel fundamental en la evolución del sector porque aportan nuevas perspectivas y una gran capacidad para desarrollar soluciones disruptivas». En el caso del programa Tastech by Sigma , se busca generar un entorno de colaboración «para crear (añade García) un entorno de colaboración donde emprendedores, empresas y expertos trabajen conjuntamente para convertir el conocimiento en soluciones escalables. Nuestro objetivo es impulsar proyectos que generen valor compartido y contribuyan a construir un sistema alimentario más innovador, competitivo y sostenible».De hecho, Sigma presentó en ftalks Food Summit, tres nuevos retos dirigidos a startups de todo el mundo «con el objetivo de identificar soluciones innovadoras que contribuyan a acelerar la transformación del sector alimentario ». Agilidad, creatividad y capacidad de innovación aplicadas al conocimiento del mercado, la experiencia industrial, la infraestructura y la capacidad de escalado en torno a tres grandes áreas prioritarias: Health Through Foods, Responsible Protein y Operational Excellence.¿Evoluciona adecuadamente esta aportación de las startups en el entorno ‘foodtech’? Como apunta Manuel González-Toruño, Profesor del Área de Política de Empresa y Negociación de San Telmo Business School: «El ‘foodtech’ español ha dejado atrás la fase de ‘fenómeno novedoso’ y ha entrado en una de consolidación , que no es lo mismo que estancamiento». El especialista no habla tanto de crisis como de «criba sana»: « La inversión, más escasa, se está yendo hacia proyectos con validación industrial real, no hacía ‘pitch decks’ bonitas».En el ámbito de la inversión, Juan Manuel Barrionuevo, CEO y fundador de Copernion Asset Management (más de tres décadas vinculado a la creación, inversión y desarrollo de compañías tecnológicas), identifica al ‘foodtech’ como oportunidad: «Ya no puede entenderse solo como tecnología aplicada a restauración o ‘delivery’, sino como una cadena de valor mucho más amplia en de producción, nuevos alimentos, automatización, robótica, trazabilidad, logística, sostenibilidad, experiencia de cliente, datos e IA». IA que cotiza al alza: «La próxima generación de compañías podrá escalar de otra manera: combinando equipos humanos pequeños con sistemas de IA, agentes y procesos automatizados capaces de ejecutar una parte creciente de la operación. Eso cambia costes, velocidad y también el tipo de ventaja competitiva que una empresa puede construir».La compañía ya participó en la ideación, creación y gestión de la primera aceleradora del mundo de Food&Tech en el Basque Culinary Center, así como con la inversión en múltiples empresas de food&tech. «Esas experiencias (recuerda Barrionuevo) nos enseñaron que en sectores verticales el valor no es solo invertir en compañías, sino también crear los entornos para probar, encontrar clientes, colaborar con corporaciones y escalar». Un entorno de progreso en el que hay que estar muy fino: «Una startup tiene que demostrar no solo que su producto funciona, sino que puede producirlo, distribuirlo y crecer manteniendo unos ‘economics’ razonables».Renovando el menúSobre el terreno, Bosco Emparanza, CEO de Moatech (participante en South Summit) relata, desde Navarra, su experiencia: «Somos una empresa biotecnológica que desarrolla y comercializa ingredientes funcionales mediante fermentación de biomasa . Nuestro portfolio de ingredientes propios combina nuestra plataforma computacional de IA, Albatros, con fermentación industrial para transformar subproductos agroalimentarios en ingredientes de alto valor. Además, trabajamos en programas de codesarrollo de ingredientes a medida con socios industriales, ayudando a generar una nueva fuente de ingresos a partir de sus propios subproductos». Sus ingredientes destacan por su capacidad de aplicación en producto real, «actuando como emulsionantes y humectantes naturales que mejoran la jugosidad de los alimentos, sustituyen el huevo en distintas aplicaciones y eliminan aditivos artificiales, con declaración de etiqueta limpia».En el caso de la ilicitana Oscillum, Luis Chimeno, su COO, comenta cuál es su desempeño tecnológico-empresarial: «Nos dedicamos a desarrollar y comercializar tecnologías de envasado innovadoras mediante la aplicación de la biotecnología. Contamos con dos ramas de productos: envasado activo (Stiint®), que aporta funcionalidad al envase como capacidad antimicrobiana o regulación de humedad, y envasado inteligente (Addvibe®), para aportar información sobre el estado del producto a través de etiquetas inteligentes que cambian de color». Una valiosa aportación para evitar el malgasto de alimentos, mejorar la seguridad alimentaria, etc. («con soluciones diseñadas para que su adopción en industria sea fácil y sin coste de implementación y que el consumidor disfrute de ellas»).Desde el laboratorioTodo un sistema de investigación aplicada que cuenta en España con hitos como el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), IATA (Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos), AZTI (Centro de Investigación Marina y Alimentaria), Ainia Centro Tecnológico, Imdea Alimentación, etc., más universidades e iniciativas como los Programas de aceleración Agrotech y Foodtech de Asebio (Asociación Española de Bioempresas).Tecnología que debe sentarse a la mesa de la disrupción sin peligro de indigestión. Como señala González-Toruño: «Lo que aún nos falta es escalado industrial: generamos muy buena tecnología (biotecnología, IoT, trazabilidad…) que luego tropieza al salir del laboratorio o del piloto y enfrentarse a una planta de producción real. Esa brecha define hoy la madurez del sector, más que el número de rondas cerradas».Más deberes a tener en cuenta: «El ‘foodtech’ tiene ciclos de validación largos, necesidades de Capex que ningún ‘business angel’ cubre solo, y una regulación que no perdona atajos. Otra clave, más incómoda, el talento: seguimos formando muy buenos científicos de alimentos y muy buenos gestores, pero pocos perfiles híbridos capaces de traducir un hallazgo de laboratorio en un caso de negocio para «hacer caja». Mientras esa transferencia siga siendo el ‘cuello de botella’, seguiremos viendo startups con ciencia excelente y modelos de negocio que no cuajan». RSS de noticias de economia
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