La noche del 17 al 18 de enero de 1945, Primo Levi no sabía si sería ejecutado por las SS al amanecer. La escarlatina había postrado al escritor en el barracón de los enfermos y, ante la inminente llegada de los rusos, los nazis no lo consideraron válido para trasladarlo a otro campo en una marcha de la muerte. Los soviéticos habían comenzado a bombardear el campo y, antes de huir, un ‘kapo’ le arrojó un libro a su catre y le dijo: «Toma, italiano, léetelo. ¡Ya me lo devolverás cuando volvamos a vernos!».«Aun hoy lo odio por aquellas palabras. Él sabía que estábamos condenados», escribiría Levi en ‘Si esto es un hombre’ . Sin embargo, como explica en este título que inauguró su célebre trilogía de Auschwitz , el desprecio no le impidió entender que se había topado con un refugio inesperado . ‘Remolques’, de Roger Vercel, fue su salvavidas. El escritor y periodista francés Fabrice Gaignault leyó ‘Si esto es un hombre’ hace más de veinte años, pero fue al releerlo hace dos cuando esas líneas le impactaron»: «Sí, un libro podía ayudar a resistir en situaciones dramáticas. Sí, un libro -en este caso, un libro de literatura- podía salvar a un hombre de la desesperación y, sin duda, de una muerte casi segura», explica a ABC.Noticia relacionada No No Mercedes Monmany «Hay un segundo ‘Ejército de las Sombras’: las mujeres» Karina Sainz BorgoAhí nació ‘Un libro’ (Muñeca Infinita), un breve ensayo en el que Gaignault rastrea la influencia de ese título no solo en la citada trilogía, sino también en toda su obra. «Tengo la convicción de que Primo Levi quedó marcado , más allá de lo que podamos imaginar, por ‘Remolques’, cuyo héroe, el capitán Renaud, seguirá siendo un personaje que ronda sus escritos aquí y allá. Al mando de su remolcador en un mar embravecido, debe tomar decisiones cruciales respecto al destino de su tripulación y al del carguero griego a la deriva . Posee un evidente parecido de carácter con Ulises, enfrentado a peligros de todo tipo en ‘La Odisea’ ».El periodista cree que el efecto refugio del libro comenzó en Primo Levi desde su primera frase: «El huracán asediaba la habitación» . No muy distinta debía ser la sensación que tenía el italiano, delirando de fiebre y sintiendo cada vez más cerca los bombardeos. «Estoy seguro de que la imagen tuvo una importancia determinante en su psique. No podía sino continuar, viviendo -salvando las distancias, pero en condiciones mucho peores- lo que sufría aquel puerto de Bretaña. El íncipit es potente. Un lector en una situación común siente el deseo de seguir leyendo. Es una de las magias de la buena literatura pues, aunque hoy esté olvidado, Roger Vercel poseía un talento indudable».Fabrice Gaignault, autor de ‘Un libro’Gaignault arropa la historia de Primo Levi con la de otros presos en campos de concentración, intelectuales y autores, que encontraron un dique de contención frente a la desesperación en la literatura. La escritora Charlotte Delbo, que tras pasar por Auschwitz, fue internada en Ravensbrück , donde cambió su ración de pan por ‘El misántropo’, de Moliére. Se fue aprendiendo fragmentos del libro cada noche y lo guardó en su pecho hasta la liberación del campo. Jacques Lusseyran, escritor y miembro de la Resistencia, que, ciego, recitaba a sus compañeros de Buchenwald ‘La muerte de los amantes’, el único poema de Baudelaire que conservaba en su memoria. O, en el otro extremo, el escritor soviético Varlam Shalámov, condenado a trabajos forzados en Siberia , al que le prestaron y luego le robaron ‘La parte de Guermantes’. «Proust era para mí más valioso que el sueño, escribiría en ‘Relatos de Kolimá’. «Me parecieron hermanos y hermanas de armas y de infortunio», asevera. «El libro oculto, real, los versos de poemas aprendidos de memoria, constituían la única escapatoria frente al horror absoluto y la prueba tangible de que existía otro mundo. Era como saltar sobre el Estigia [el río que separa el mundo de los vivos del de los muertos en la mitología griega] con la ayuda de una pértiga». ‘Un libro’ Autor Fabrice Gaignault Traducción Vanesa Cazorla Editorial Muñeca Infinita Páginas 90 Precio 12,90 eurosJunto a ellos, relata el suyo propio y apuntala el poder de la lectura como forma de supervivencia. «Ningún otro arte exige tanto de la reflexión y la imaginación. Uno ‘recibe’ un cuadro, una ópera, una película o una obra de teatro, aunque por supuesto reflexione ante las obras maestras. Pero la literatura posee ese poder único de despojarnos de la mirada primaria, esa que nos permite ver la realidad -por muy espléndida que sea- para ofrecernos otra: misteriosa, secreta, íntima, gozosa por el hecho de que estamos ante alianzas de palabras que, de repente, provocan en nosotros choques a veces extraordinarios , conectándonos con la comprensión de otros mundos paralelos que somos los únicos en recorrer».El pasaje de Primo Levi ha perseguido a Gaignault porque ha sentido eso mismo cuando se ha enfrentado a la depresión o adversidad. Pero fue el verano pasado cuando decidió escribir acerca de ello, tras leer varios artículos que reflejaban el drástico descenso del interés de los franceses por la lectura y, más concretamente, por la literatura. Una tendencia que merma su poder de resistencia. «La lectura de reflexión, la literatura, ya no tiene en absoluto el peso que poseía hace apenas veinte años. No he visto a ningún Zola estadounidense levantarse contra la locura de Trump . ¿Pero es que acaso quedan? Lo dudo, tanto allí como en otros lugares».Por eso reaccionó con ‘Un libro’, deliberadamente breve para captar también al público reacio. «Me hace feliz que haya funcionado, ya que ha despertado un gran entusiasmo aquí», señala. El autor dedica esta obra a sus hijos . «Leen muy poco; mis dos hijos varones casi nada, mi hija un poco más, lo cual no es una sorpresa, ya que las mujeres leen más. Una pequeña luz de esperanza : han leído ‘Un libro’ y les ha gustado». La noche del 17 al 18 de enero de 1945, Primo Levi no sabía si sería ejecutado por las SS al amanecer. La escarlatina había postrado al escritor en el barracón de los enfermos y, ante la inminente llegada de los rusos, los nazis no lo consideraron válido para trasladarlo a otro campo en una marcha de la muerte. Los soviéticos habían comenzado a bombardear el campo y, antes de huir, un ‘kapo’ le arrojó un libro a su catre y le dijo: «Toma, italiano, léetelo. ¡Ya me lo devolverás cuando volvamos a vernos!».«Aun hoy lo odio por aquellas palabras. Él sabía que estábamos condenados», escribiría Levi en ‘Si esto es un hombre’ . Sin embargo, como explica en este título que inauguró su célebre trilogía de Auschwitz , el desprecio no le impidió entender que se había topado con un refugio inesperado . ‘Remolques’, de Roger Vercel, fue su salvavidas. El escritor y periodista francés Fabrice Gaignault leyó ‘Si esto es un hombre’ hace más de veinte años, pero fue al releerlo hace dos cuando esas líneas le impactaron»: «Sí, un libro podía ayudar a resistir en situaciones dramáticas. Sí, un libro -en este caso, un libro de literatura- podía salvar a un hombre de la desesperación y, sin duda, de una muerte casi segura», explica a ABC.Noticia relacionada No No Mercedes Monmany «Hay un segundo ‘Ejército de las Sombras’: las mujeres» Karina Sainz BorgoAhí nació ‘Un libro’ (Muñeca Infinita), un breve ensayo en el que Gaignault rastrea la influencia de ese título no solo en la citada trilogía, sino también en toda su obra. «Tengo la convicción de que Primo Levi quedó marcado , más allá de lo que podamos imaginar, por ‘Remolques’, cuyo héroe, el capitán Renaud, seguirá siendo un personaje que ronda sus escritos aquí y allá. Al mando de su remolcador en un mar embravecido, debe tomar decisiones cruciales respecto al destino de su tripulación y al del carguero griego a la deriva . Posee un evidente parecido de carácter con Ulises, enfrentado a peligros de todo tipo en ‘La Odisea’ ».El periodista cree que el efecto refugio del libro comenzó en Primo Levi desde su primera frase: «El huracán asediaba la habitación» . No muy distinta debía ser la sensación que tenía el italiano, delirando de fiebre y sintiendo cada vez más cerca los bombardeos. «Estoy seguro de que la imagen tuvo una importancia determinante en su psique. No podía sino continuar, viviendo -salvando las distancias, pero en condiciones mucho peores- lo que sufría aquel puerto de Bretaña. El íncipit es potente. Un lector en una situación común siente el deseo de seguir leyendo. Es una de las magias de la buena literatura pues, aunque hoy esté olvidado, Roger Vercel poseía un talento indudable».Fabrice Gaignault, autor de ‘Un libro’Gaignault arropa la historia de Primo Levi con la de otros presos en campos de concentración, intelectuales y autores, que encontraron un dique de contención frente a la desesperación en la literatura. La escritora Charlotte Delbo, que tras pasar por Auschwitz, fue internada en Ravensbrück , donde cambió su ración de pan por ‘El misántropo’, de Moliére. Se fue aprendiendo fragmentos del libro cada noche y lo guardó en su pecho hasta la liberación del campo. Jacques Lusseyran, escritor y miembro de la Resistencia, que, ciego, recitaba a sus compañeros de Buchenwald ‘La muerte de los amantes’, el único poema de Baudelaire que conservaba en su memoria. O, en el otro extremo, el escritor soviético Varlam Shalámov, condenado a trabajos forzados en Siberia , al que le prestaron y luego le robaron ‘La parte de Guermantes’. «Proust era para mí más valioso que el sueño, escribiría en ‘Relatos de Kolimá’. «Me parecieron hermanos y hermanas de armas y de infortunio», asevera. «El libro oculto, real, los versos de poemas aprendidos de memoria, constituían la única escapatoria frente al horror absoluto y la prueba tangible de que existía otro mundo. Era como saltar sobre el Estigia [el río que separa el mundo de los vivos del de los muertos en la mitología griega] con la ayuda de una pértiga». ‘Un libro’ Autor Fabrice Gaignault Traducción Vanesa Cazorla Editorial Muñeca Infinita Páginas 90 Precio 12,90 eurosJunto a ellos, relata el suyo propio y apuntala el poder de la lectura como forma de supervivencia. «Ningún otro arte exige tanto de la reflexión y la imaginación. Uno ‘recibe’ un cuadro, una ópera, una película o una obra de teatro, aunque por supuesto reflexione ante las obras maestras. Pero la literatura posee ese poder único de despojarnos de la mirada primaria, esa que nos permite ver la realidad -por muy espléndida que sea- para ofrecernos otra: misteriosa, secreta, íntima, gozosa por el hecho de que estamos ante alianzas de palabras que, de repente, provocan en nosotros choques a veces extraordinarios , conectándonos con la comprensión de otros mundos paralelos que somos los únicos en recorrer».El pasaje de Primo Levi ha perseguido a Gaignault porque ha sentido eso mismo cuando se ha enfrentado a la depresión o adversidad. Pero fue el verano pasado cuando decidió escribir acerca de ello, tras leer varios artículos que reflejaban el drástico descenso del interés de los franceses por la lectura y, más concretamente, por la literatura. Una tendencia que merma su poder de resistencia. «La lectura de reflexión, la literatura, ya no tiene en absoluto el peso que poseía hace apenas veinte años. No he visto a ningún Zola estadounidense levantarse contra la locura de Trump . ¿Pero es que acaso quedan? Lo dudo, tanto allí como en otros lugares».Por eso reaccionó con ‘Un libro’, deliberadamente breve para captar también al público reacio. «Me hace feliz que haya funcionado, ya que ha despertado un gran entusiasmo aquí», señala. El autor dedica esta obra a sus hijos . «Leen muy poco; mis dos hijos varones casi nada, mi hija un poco más, lo cual no es una sorpresa, ya que las mujeres leen más. Una pequeña luz de esperanza : han leído ‘Un libro’ y les ha gustado». La noche del 17 al 18 de enero de 1945, Primo Levi no sabía si sería ejecutado por las SS al amanecer. La escarlatina había postrado al escritor en el barracón de los enfermos y, ante la inminente llegada de los rusos, los nazis no lo consideraron válido para trasladarlo a otro campo en una marcha de la muerte. Los soviéticos habían comenzado a bombardear el campo y, antes de huir, un ‘kapo’ le arrojó un libro a su catre y le dijo: «Toma, italiano, léetelo. ¡Ya me lo devolverás cuando volvamos a vernos!».«Aun hoy lo odio por aquellas palabras. Él sabía que estábamos condenados», escribiría Levi en ‘Si esto es un hombre’ . Sin embargo, como explica en este título que inauguró su célebre trilogía de Auschwitz , el desprecio no le impidió entender que se había topado con un refugio inesperado . ‘Remolques’, de Roger Vercel, fue su salvavidas. El escritor y periodista francés Fabrice Gaignault leyó ‘Si esto es un hombre’ hace más de veinte años, pero fue al releerlo hace dos cuando esas líneas le impactaron»: «Sí, un libro podía ayudar a resistir en situaciones dramáticas. Sí, un libro -en este caso, un libro de literatura- podía salvar a un hombre de la desesperación y, sin duda, de una muerte casi segura», explica a ABC.Noticia relacionada No No Mercedes Monmany «Hay un segundo ‘Ejército de las Sombras’: las mujeres» Karina Sainz BorgoAhí nació ‘Un libro’ (Muñeca Infinita), un breve ensayo en el que Gaignault rastrea la influencia de ese título no solo en la citada trilogía, sino también en toda su obra. «Tengo la convicción de que Primo Levi quedó marcado , más allá de lo que podamos imaginar, por ‘Remolques’, cuyo héroe, el capitán Renaud, seguirá siendo un personaje que ronda sus escritos aquí y allá. Al mando de su remolcador en un mar embravecido, debe tomar decisiones cruciales respecto al destino de su tripulación y al del carguero griego a la deriva . Posee un evidente parecido de carácter con Ulises, enfrentado a peligros de todo tipo en ‘La Odisea’ ».El periodista cree que el efecto refugio del libro comenzó en Primo Levi desde su primera frase: «El huracán asediaba la habitación» . No muy distinta debía ser la sensación que tenía el italiano, delirando de fiebre y sintiendo cada vez más cerca los bombardeos. «Estoy seguro de que la imagen tuvo una importancia determinante en su psique. No podía sino continuar, viviendo -salvando las distancias, pero en condiciones mucho peores- lo que sufría aquel puerto de Bretaña. El íncipit es potente. Un lector en una situación común siente el deseo de seguir leyendo. Es una de las magias de la buena literatura pues, aunque hoy esté olvidado, Roger Vercel poseía un talento indudable».Fabrice Gaignault, autor de ‘Un libro’Gaignault arropa la historia de Primo Levi con la de otros presos en campos de concentración, intelectuales y autores, que encontraron un dique de contención frente a la desesperación en la literatura. La escritora Charlotte Delbo, que tras pasar por Auschwitz, fue internada en Ravensbrück , donde cambió su ración de pan por ‘El misántropo’, de Moliére. Se fue aprendiendo fragmentos del libro cada noche y lo guardó en su pecho hasta la liberación del campo. Jacques Lusseyran, escritor y miembro de la Resistencia, que, ciego, recitaba a sus compañeros de Buchenwald ‘La muerte de los amantes’, el único poema de Baudelaire que conservaba en su memoria. O, en el otro extremo, el escritor soviético Varlam Shalámov, condenado a trabajos forzados en Siberia , al que le prestaron y luego le robaron ‘La parte de Guermantes’. «Proust era para mí más valioso que el sueño, escribiría en ‘Relatos de Kolimá’. «Me parecieron hermanos y hermanas de armas y de infortunio», asevera. «El libro oculto, real, los versos de poemas aprendidos de memoria, constituían la única escapatoria frente al horror absoluto y la prueba tangible de que existía otro mundo. Era como saltar sobre el Estigia [el río que separa el mundo de los vivos del de los muertos en la mitología griega] con la ayuda de una pértiga». ‘Un libro’ Autor Fabrice Gaignault Traducción Vanesa Cazorla Editorial Muñeca Infinita Páginas 90 Precio 12,90 eurosJunto a ellos, relata el suyo propio y apuntala el poder de la lectura como forma de supervivencia. «Ningún otro arte exige tanto de la reflexión y la imaginación. Uno ‘recibe’ un cuadro, una ópera, una película o una obra de teatro, aunque por supuesto reflexione ante las obras maestras. Pero la literatura posee ese poder único de despojarnos de la mirada primaria, esa que nos permite ver la realidad -por muy espléndida que sea- para ofrecernos otra: misteriosa, secreta, íntima, gozosa por el hecho de que estamos ante alianzas de palabras que, de repente, provocan en nosotros choques a veces extraordinarios , conectándonos con la comprensión de otros mundos paralelos que somos los únicos en recorrer».El pasaje de Primo Levi ha perseguido a Gaignault porque ha sentido eso mismo cuando se ha enfrentado a la depresión o adversidad. Pero fue el verano pasado cuando decidió escribir acerca de ello, tras leer varios artículos que reflejaban el drástico descenso del interés de los franceses por la lectura y, más concretamente, por la literatura. Una tendencia que merma su poder de resistencia. «La lectura de reflexión, la literatura, ya no tiene en absoluto el peso que poseía hace apenas veinte años. No he visto a ningún Zola estadounidense levantarse contra la locura de Trump . ¿Pero es que acaso quedan? Lo dudo, tanto allí como en otros lugares».Por eso reaccionó con ‘Un libro’, deliberadamente breve para captar también al público reacio. «Me hace feliz que haya funcionado, ya que ha despertado un gran entusiasmo aquí», señala. El autor dedica esta obra a sus hijos . «Leen muy poco; mis dos hijos varones casi nada, mi hija un poco más, lo cual no es una sorpresa, ya que las mujeres leen más. Una pequeña luz de esperanza : han leído ‘Un libro’ y les ha gustado». RSS de noticias de cultura
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