«La verdad es que todo escritor de este planeta llamado Tierra quiere alcanzar alguna vez el premio Nobel , incluso los que no lo dicen y también los que lo niegan». Pablo Neruda admitió con estas palabras en ‘Confieso que he vivido’ que anhelaba el galardón que se anuncia este jueves y que él recibió en 1971. De Paul Valéry , que no llegó a obtenerlo, se cuenta la decepción que sufrió un año en que figuraba entre los favoritos. El poeta francés salió de excursión el día del fallo para calmar su ansiedad y cuando su secretaria le comunicó a su regreso que le habían llamado por teléfono desde Estocolmo, se emocionó. Se trataba, sin embargo, de una periodista sueca que deseaba conocer su opinión sobre un tema de actualidad y Valéry se llevó un buen chasco .Su compatriota Jean-Paul Sartre no debía ser de este planeta, porque el filósofo francés trató de evitar como pudo esa llamada de la Academia sueca y, al no conseguirlo, renunció al Nobel . No acudió a la ceremonia de entrega, como Bob Dylan , pero tampoco envió ningún discurso de aceptación ni cobró las 273.000 coronas suecas del premio, como sí hizo finalmente el cantautor estadounidense con los 819.000 euros en 2016. El día en que se entregaron los diplomas en Estocolmo , Sartre departía con su pareja Simone de Beauvoir y el filósofo Guy Berger en un café de París, ajeno a la celebración de Suecia. Sartre con Simone de Beauvoir durante una visita a la URSS en 1966, dirigiéndose a los estudiantes en la Sorbona durante una asamblea multitudinaria en mayo del 68, y el día en que se entregaron los Nobel de 1964 ABCSu renuncia levantó polvareda en Francia, aunque no sorprendió a la Fundación Nobel. Al verse como favorito en las quinielas, el máximo exponente del existencialismo había informado por carta que declinaría el honor si le era concedido. Sin embargo, la Academia sueca, encargada por la Fundación de elegir los galardonados en Literatura, no se dio por enterada y premió al pensador «por su obra abundante en ideas que, por el espíritu de la libertad y de búsqueda de la verdad que atestigua, ha ejercido una vasta influencia sobre nuestra época». Si Sartre estaba en su derecho de rechazar el importe del galardón y de no acudir a la ceremonia de entrega, la Fundación Nobel y la institución literaria sueca también lo estaban en el de otorgarle el premio, argumentaron desde la Academia.Tal vez pensaron que el escritor y dramaturgo acabaría aceptando la distinción, como Bernard Shaw, que la rechazó en un primer momento en 1926, pero después rectificó y cedió el dinero a una fundación. Al fin y al cabo, sólo Boris Pasternak había renunciado al prestigioso premio literario, obligado por las autoridades soviéticas que, sin embargo, no pudieron borrar su nombre de la lista Nobel. «El galardón es indeclinable», resaltaba Miguel Pérez Ferrero citando a la Academia de Suecia. Tampoco Sartre podía despojarse de él en su esencia. «Será, y es, premio Nobel, a pesar suyo, lo quiera o no», decía el corresponsal de ABC, y como tal figura en la relación de premiados , aunque el célebre intelectural rechazara la distinción por sus convicciones políticas y su concepción del compromiso. Militante comunista y destacado activista, Sartre defendía que un escritor que tomaba posiciones políticas, sociales o literarias, solamente debía actuar a través de la palabra escrita. El pensador, que ya había rehusado la Legión de Honor en 1945, consideraba perjudiciales las distinciones oficiales. «El escritor debe negarse a permitir que lo conviertan en una institución», decía convencido, además, de que los premios exponían a los lectores a una presión contraproducente. «Quiero que me lean quienes tienen deseo de leer mis libros, no los coleccionistas de celebridades», explicaba el autor de ‘La náusea ‘.Hubo quien criticó su decisión, aduciendo que se trataba de un honor para las Letras francesas que no podía ignorar, y quien vio su gesto soberbio, pero César González-Ruano creía no se debía juzgar a la ligera . «Hay que admitir, siquiera como posibilidad, la honestidad de un criterio. Cada cual intenta salvar su alma como puede. Incluso los que no creen». «La verdad es que todo escritor de este planeta llamado Tierra quiere alcanzar alguna vez el premio Nobel , incluso los que no lo dicen y también los que lo niegan». Pablo Neruda admitió con estas palabras en ‘Confieso que he vivido’ que anhelaba el galardón que se anuncia este jueves y que él recibió en 1971. De Paul Valéry , que no llegó a obtenerlo, se cuenta la decepción que sufrió un año en que figuraba entre los favoritos. El poeta francés salió de excursión el día del fallo para calmar su ansiedad y cuando su secretaria le comunicó a su regreso que le habían llamado por teléfono desde Estocolmo, se emocionó. Se trataba, sin embargo, de una periodista sueca que deseaba conocer su opinión sobre un tema de actualidad y Valéry se llevó un buen chasco .Su compatriota Jean-Paul Sartre no debía ser de este planeta, porque el filósofo francés trató de evitar como pudo esa llamada de la Academia sueca y, al no conseguirlo, renunció al Nobel . No acudió a la ceremonia de entrega, como Bob Dylan , pero tampoco envió ningún discurso de aceptación ni cobró las 273.000 coronas suecas del premio, como sí hizo finalmente el cantautor estadounidense con los 819.000 euros en 2016. El día en que se entregaron los diplomas en Estocolmo , Sartre departía con su pareja Simone de Beauvoir y el filósofo Guy Berger en un café de París, ajeno a la celebración de Suecia. Sartre con Simone de Beauvoir durante una visita a la URSS en 1966, dirigiéndose a los estudiantes en la Sorbona durante una asamblea multitudinaria en mayo del 68, y el día en que se entregaron los Nobel de 1964 ABCSu renuncia levantó polvareda en Francia, aunque no sorprendió a la Fundación Nobel. Al verse como favorito en las quinielas, el máximo exponente del existencialismo había informado por carta que declinaría el honor si le era concedido. Sin embargo, la Academia sueca, encargada por la Fundación de elegir los galardonados en Literatura, no se dio por enterada y premió al pensador «por su obra abundante en ideas que, por el espíritu de la libertad y de búsqueda de la verdad que atestigua, ha ejercido una vasta influencia sobre nuestra época». Si Sartre estaba en su derecho de rechazar el importe del galardón y de no acudir a la ceremonia de entrega, la Fundación Nobel y la institución literaria sueca también lo estaban en el de otorgarle el premio, argumentaron desde la Academia.Tal vez pensaron que el escritor y dramaturgo acabaría aceptando la distinción, como Bernard Shaw, que la rechazó en un primer momento en 1926, pero después rectificó y cedió el dinero a una fundación. Al fin y al cabo, sólo Boris Pasternak había renunciado al prestigioso premio literario, obligado por las autoridades soviéticas que, sin embargo, no pudieron borrar su nombre de la lista Nobel. «El galardón es indeclinable», resaltaba Miguel Pérez Ferrero citando a la Academia de Suecia. Tampoco Sartre podía despojarse de él en su esencia. «Será, y es, premio Nobel, a pesar suyo, lo quiera o no», decía el corresponsal de ABC, y como tal figura en la relación de premiados , aunque el célebre intelectural rechazara la distinción por sus convicciones políticas y su concepción del compromiso. Militante comunista y destacado activista, Sartre defendía que un escritor que tomaba posiciones políticas, sociales o literarias, solamente debía actuar a través de la palabra escrita. El pensador, que ya había rehusado la Legión de Honor en 1945, consideraba perjudiciales las distinciones oficiales. «El escritor debe negarse a permitir que lo conviertan en una institución», decía convencido, además, de que los premios exponían a los lectores a una presión contraproducente. «Quiero que me lean quienes tienen deseo de leer mis libros, no los coleccionistas de celebridades», explicaba el autor de ‘La náusea ‘.Hubo quien criticó su decisión, aduciendo que se trataba de un honor para las Letras francesas que no podía ignorar, y quien vio su gesto soberbio, pero César González-Ruano creía no se debía juzgar a la ligera . «Hay que admitir, siquiera como posibilidad, la honestidad de un criterio. Cada cual intenta salvar su alma como puede. Incluso los que no creen». «La verdad es que todo escritor de este planeta llamado Tierra quiere alcanzar alguna vez el premio Nobel , incluso los que no lo dicen y también los que lo niegan». Pablo Neruda admitió con estas palabras en ‘Confieso que he vivido’ que anhelaba el galardón que se anuncia este jueves y que él recibió en 1971. De Paul Valéry , que no llegó a obtenerlo, se cuenta la decepción que sufrió un año en que figuraba entre los favoritos. El poeta francés salió de excursión el día del fallo para calmar su ansiedad y cuando su secretaria le comunicó a su regreso que le habían llamado por teléfono desde Estocolmo, se emocionó. Se trataba, sin embargo, de una periodista sueca que deseaba conocer su opinión sobre un tema de actualidad y Valéry se llevó un buen chasco .Su compatriota Jean-Paul Sartre no debía ser de este planeta, porque el filósofo francés trató de evitar como pudo esa llamada de la Academia sueca y, al no conseguirlo, renunció al Nobel . No acudió a la ceremonia de entrega, como Bob Dylan , pero tampoco envió ningún discurso de aceptación ni cobró las 273.000 coronas suecas del premio, como sí hizo finalmente el cantautor estadounidense con los 819.000 euros en 2016. El día en que se entregaron los diplomas en Estocolmo , Sartre departía con su pareja Simone de Beauvoir y el filósofo Guy Berger en un café de París, ajeno a la celebración de Suecia. Sartre con Simone de Beauvoir durante una visita a la URSS en 1966, dirigiéndose a los estudiantes en la Sorbona durante una asamblea multitudinaria en mayo del 68, y el día en que se entregaron los Nobel de 1964 ABCSu renuncia levantó polvareda en Francia, aunque no sorprendió a la Fundación Nobel. Al verse como favorito en las quinielas, el máximo exponente del existencialismo había informado por carta que declinaría el honor si le era concedido. Sin embargo, la Academia sueca, encargada por la Fundación de elegir los galardonados en Literatura, no se dio por enterada y premió al pensador «por su obra abundante en ideas que, por el espíritu de la libertad y de búsqueda de la verdad que atestigua, ha ejercido una vasta influencia sobre nuestra época». Si Sartre estaba en su derecho de rechazar el importe del galardón y de no acudir a la ceremonia de entrega, la Fundación Nobel y la institución literaria sueca también lo estaban en el de otorgarle el premio, argumentaron desde la Academia.Tal vez pensaron que el escritor y dramaturgo acabaría aceptando la distinción, como Bernard Shaw, que la rechazó en un primer momento en 1926, pero después rectificó y cedió el dinero a una fundación. Al fin y al cabo, sólo Boris Pasternak había renunciado al prestigioso premio literario, obligado por las autoridades soviéticas que, sin embargo, no pudieron borrar su nombre de la lista Nobel. «El galardón es indeclinable», resaltaba Miguel Pérez Ferrero citando a la Academia de Suecia. Tampoco Sartre podía despojarse de él en su esencia. «Será, y es, premio Nobel, a pesar suyo, lo quiera o no», decía el corresponsal de ABC, y como tal figura en la relación de premiados , aunque el célebre intelectural rechazara la distinción por sus convicciones políticas y su concepción del compromiso. Militante comunista y destacado activista, Sartre defendía que un escritor que tomaba posiciones políticas, sociales o literarias, solamente debía actuar a través de la palabra escrita. El pensador, que ya había rehusado la Legión de Honor en 1945, consideraba perjudiciales las distinciones oficiales. «El escritor debe negarse a permitir que lo conviertan en una institución», decía convencido, además, de que los premios exponían a los lectores a una presión contraproducente. «Quiero que me lean quienes tienen deseo de leer mis libros, no los coleccionistas de celebridades», explicaba el autor de ‘La náusea ‘.Hubo quien criticó su decisión, aduciendo que se trataba de un honor para las Letras francesas que no podía ignorar, y quien vio su gesto soberbio, pero César González-Ruano creía no se debía juzgar a la ligera . «Hay que admitir, siquiera como posibilidad, la honestidad de un criterio. Cada cual intenta salvar su alma como puede. Incluso los que no creen». RSS de noticias de cultura
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