Dicen llamarse Yassim y Ahmed. Uno es mecánico y el otro, camarero. Son hermanos, fanáticos del Barça y hace 15 días, cuando la frontera de Ceuta se diluyó por unas horas, cruzaron la frontera a nado junto a otras 75.000 almas. Tras aquella peripecia, ahora sorben un granizado en una cafetería de Castillejos, la ciudad fronteriza de Marruecos, junto al mercado que estalla de actividad cada sábado. «Nos quedamos sólo dos días en Ceuta porque aquello era terrible», admiten. «No teníamos dinero ni comida. Dormíamos en un parque. Así que nos volvimos a casa».
El pinchazo del 15-A deja una frontera blindada y una juventud magrebí que ya ha comprobado que el sueño español no es como lo pintan las redes
Dicen llamarse Yassim y Ahmed. Uno es mecánico y el otro, camarero. Son hermanos, fanáticos del Barça y hace 15 días, cuando la frontera de Ceuta se diluyó por unas horas, cruzaron la frontera a nado junto a otras 75.000 almas. Tras aquella peripecia, ahora sorben un granizado en una cafetería de Castillejos, la ciudad fronteriza de Marruecos, junto al mercado que estalla de actividad cada sábado. «Nos quedamos sólo dos días en Ceuta porque aquello era terrible», admiten. «No teníamos dinero ni comida. Dormíamos en un parque. Así que nos volvimos a casa».
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