El médico sevillano Juan Manuel Parra suma 23 años de ejercicio en Urgencias. En este tiempo ha visto todo lo que se puede ver en un servicio de emergencias de un hospital. Pero lo que vivió el miércoles pasado cree que nunca podrá olvidarlo. Parra viajaba en el último vagón del AVE que chocó contra otro tren Iryo a la altura de la localidad toledana de Urda. Tras un frenazo muy brusco, saltaron asientos, vio gente volando en su vagón y después el pánico. Pensó que habían descarrilado hasta que consiguió salir por la ventana de emergencia. No hubo tiempo para calibrar la tragedia, vio el horror nada más saltar del vagón. «Desde el primer momento el espectáculo era dantesco », relata. «Era una escena horrorosa, como un escenario de guerra. Hacemos cursos en escenarios de emergencia para saber cómo reaccionar ante situaciones similares, pero la realidad es otra. Nadie te prepara para la medicina de guerra», cuenta a ABC con cierto cansancio, el de alguien que ha contado su historia una y otra vez y ya solo quiere dejar de recordar. Parra se convirtió en Urda en un héroe improvisado , junto a otros médicos y enfermeros que viajaban en los trenes siniestrados y tuvieron la suerte de resultar ilesos. «Recuerdo a un traumatólogo, a otra viajera que se identificó como médico…, todos intentamos atender como podíamos a las víctimas que encontrábamos hasta que llegaron los equipos de emergencia. Actúas como si estuvieras en piloto automático. Lo primero que haces es identificarte como médico y acudir en auxilio de quien te llama».Sin medicinas, sin instrumental médico, Parra hizo lo que primero que se aprende como médico de Urgencias: hacer un triaje mental y clasificar por orden de gravedad a quien veía. Quién necesitaba con urgencia atención, quién podía esperar o quien no necesitaba ayuda porque ya era demasiado tarde. Uno de los primeros en atender fue un chaval con el brazo amputado. Con él tuvo que improvisar un torniquete con un cinturón para evitar que se desangrara. «Cuando llegaron los primeros efectivos de la Guardia Civil les podíamos decir cómo debían sacar a los pasajeros de los vagones, cómo debían mover los cuerpos, quién urgía más…». Como él, otros profesionales sanitarios, hicieron lo que pudieron hasta que llegaron los primeros servicios de emergencia. «Hoy sigo pensando si podía haber hecho más por más viajeros. Lo que de verdad me preocupa es la gente que podía haber ayudado y no llegué a tiempo».El eco de los gritos de socorroJuan Manuel Parra no tiene una imagen de ese miércoles horrible que haya permanecido en su cabeza, pero sí sonidos. Un día después del accidente sigue oyendo los gritos de socorro de quienes pedían desesperadamente ayuda.Parra en 2014, el primer médico confinado por ébola, tras atender a Teresa RomeroNo es la primera vez que este médico se convierte en protagonista por accidente. En octubre de 2014 trató en el Hospital de Alcorcón, donde sigue trabajando, a la auxiliar de enfermería Teresa Romero. Cuando acudió al hospital de Alcorcón, Romero no sabía que tenía ébola. Se había contagiado por atender al misionero Miguel Pajares a quien se trasladó desde Liberia para ser atendido en Madrid. Sin un protocolo claro y sin un buen equipo de protección asistió a la auxiliar de enfermería y se convirtió después en el único médico español confinado por riesgo de contagio por ébola en aquel episodio inédito de 2014. Ahora aquello, dice, le queda muy lejano. Natural de Sevilla, Parra viajaba este fatídico miércoles a su ciudad. Solo quería ver a sus padres y descansar. Ahora lo hace en su casa de Madrid y repite, «solo quiero descansar y volver a olvidar». El médico sevillano Juan Manuel Parra suma 23 años de ejercicio en Urgencias. En este tiempo ha visto todo lo que se puede ver en un servicio de emergencias de un hospital. Pero lo que vivió el miércoles pasado cree que nunca podrá olvidarlo. Parra viajaba en el último vagón del AVE que chocó contra otro tren Iryo a la altura de la localidad toledana de Urda. Tras un frenazo muy brusco, saltaron asientos, vio gente volando en su vagón y después el pánico. Pensó que habían descarrilado hasta que consiguió salir por la ventana de emergencia. No hubo tiempo para calibrar la tragedia, vio el horror nada más saltar del vagón. «Desde el primer momento el espectáculo era dantesco », relata. «Era una escena horrorosa, como un escenario de guerra. Hacemos cursos en escenarios de emergencia para saber cómo reaccionar ante situaciones similares, pero la realidad es otra. Nadie te prepara para la medicina de guerra», cuenta a ABC con cierto cansancio, el de alguien que ha contado su historia una y otra vez y ya solo quiere dejar de recordar. Parra se convirtió en Urda en un héroe improvisado , junto a otros médicos y enfermeros que viajaban en los trenes siniestrados y tuvieron la suerte de resultar ilesos. «Recuerdo a un traumatólogo, a otra viajera que se identificó como médico…, todos intentamos atender como podíamos a las víctimas que encontrábamos hasta que llegaron los equipos de emergencia. Actúas como si estuvieras en piloto automático. Lo primero que haces es identificarte como médico y acudir en auxilio de quien te llama».Sin medicinas, sin instrumental médico, Parra hizo lo que primero que se aprende como médico de Urgencias: hacer un triaje mental y clasificar por orden de gravedad a quien veía. Quién necesitaba con urgencia atención, quién podía esperar o quien no necesitaba ayuda porque ya era demasiado tarde. Uno de los primeros en atender fue un chaval con el brazo amputado. Con él tuvo que improvisar un torniquete con un cinturón para evitar que se desangrara. «Cuando llegaron los primeros efectivos de la Guardia Civil les podíamos decir cómo debían sacar a los pasajeros de los vagones, cómo debían mover los cuerpos, quién urgía más…». Como él, otros profesionales sanitarios, hicieron lo que pudieron hasta que llegaron los primeros servicios de emergencia. «Hoy sigo pensando si podía haber hecho más por más viajeros. Lo que de verdad me preocupa es la gente que podía haber ayudado y no llegué a tiempo».El eco de los gritos de socorroJuan Manuel Parra no tiene una imagen de ese miércoles horrible que haya permanecido en su cabeza, pero sí sonidos. Un día después del accidente sigue oyendo los gritos de socorro de quienes pedían desesperadamente ayuda.Parra en 2014, el primer médico confinado por ébola, tras atender a Teresa RomeroNo es la primera vez que este médico se convierte en protagonista por accidente. En octubre de 2014 trató en el Hospital de Alcorcón, donde sigue trabajando, a la auxiliar de enfermería Teresa Romero. Cuando acudió al hospital de Alcorcón, Romero no sabía que tenía ébola. Se había contagiado por atender al misionero Miguel Pajares a quien se trasladó desde Liberia para ser atendido en Madrid. Sin un protocolo claro y sin un buen equipo de protección asistió a la auxiliar de enfermería y se convirtió después en el único médico español confinado por riesgo de contagio por ébola en aquel episodio inédito de 2014. Ahora aquello, dice, le queda muy lejano. Natural de Sevilla, Parra viajaba este fatídico miércoles a su ciudad. Solo quería ver a sus padres y descansar. Ahora lo hace en su casa de Madrid y repite, «solo quiero descansar y volver a olvidar». El médico sevillano Juan Manuel Parra suma 23 años de ejercicio en Urgencias. En este tiempo ha visto todo lo que se puede ver en un servicio de emergencias de un hospital. Pero lo que vivió el miércoles pasado cree que nunca podrá olvidarlo. Parra viajaba en el último vagón del AVE que chocó contra otro tren Iryo a la altura de la localidad toledana de Urda. Tras un frenazo muy brusco, saltaron asientos, vio gente volando en su vagón y después el pánico. Pensó que habían descarrilado hasta que consiguió salir por la ventana de emergencia. No hubo tiempo para calibrar la tragedia, vio el horror nada más saltar del vagón. «Desde el primer momento el espectáculo era dantesco », relata. «Era una escena horrorosa, como un escenario de guerra. Hacemos cursos en escenarios de emergencia para saber cómo reaccionar ante situaciones similares, pero la realidad es otra. Nadie te prepara para la medicina de guerra», cuenta a ABC con cierto cansancio, el de alguien que ha contado su historia una y otra vez y ya solo quiere dejar de recordar. Parra se convirtió en Urda en un héroe improvisado , junto a otros médicos y enfermeros que viajaban en los trenes siniestrados y tuvieron la suerte de resultar ilesos. «Recuerdo a un traumatólogo, a otra viajera que se identificó como médico…, todos intentamos atender como podíamos a las víctimas que encontrábamos hasta que llegaron los equipos de emergencia. Actúas como si estuvieras en piloto automático. Lo primero que haces es identificarte como médico y acudir en auxilio de quien te llama».Sin medicinas, sin instrumental médico, Parra hizo lo que primero que se aprende como médico de Urgencias: hacer un triaje mental y clasificar por orden de gravedad a quien veía. Quién necesitaba con urgencia atención, quién podía esperar o quien no necesitaba ayuda porque ya era demasiado tarde. Uno de los primeros en atender fue un chaval con el brazo amputado. Con él tuvo que improvisar un torniquete con un cinturón para evitar que se desangrara. «Cuando llegaron los primeros efectivos de la Guardia Civil les podíamos decir cómo debían sacar a los pasajeros de los vagones, cómo debían mover los cuerpos, quién urgía más…». Como él, otros profesionales sanitarios, hicieron lo que pudieron hasta que llegaron los primeros servicios de emergencia. «Hoy sigo pensando si podía haber hecho más por más viajeros. Lo que de verdad me preocupa es la gente que podía haber ayudado y no llegué a tiempo».El eco de los gritos de socorroJuan Manuel Parra no tiene una imagen de ese miércoles horrible que haya permanecido en su cabeza, pero sí sonidos. Un día después del accidente sigue oyendo los gritos de socorro de quienes pedían desesperadamente ayuda.Parra en 2014, el primer médico confinado por ébola, tras atender a Teresa RomeroNo es la primera vez que este médico se convierte en protagonista por accidente. En octubre de 2014 trató en el Hospital de Alcorcón, donde sigue trabajando, a la auxiliar de enfermería Teresa Romero. Cuando acudió al hospital de Alcorcón, Romero no sabía que tenía ébola. Se había contagiado por atender al misionero Miguel Pajares a quien se trasladó desde Liberia para ser atendido en Madrid. Sin un protocolo claro y sin un buen equipo de protección asistió a la auxiliar de enfermería y se convirtió después en el único médico español confinado por riesgo de contagio por ébola en aquel episodio inédito de 2014. Ahora aquello, dice, le queda muy lejano. Natural de Sevilla, Parra viajaba este fatídico miércoles a su ciudad. Solo quería ver a sus padres y descansar. Ahora lo hace en su casa de Madrid y repite, «solo quiero descansar y volver a olvidar». RSS de noticias de sociedad
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