Reuniones de trabajo constantes, jornadas interminables, tareas domésticas, obligaciones familiares… Resultado: estrés crónico y fatiga mental. Probablemente, una de las grandes pandemias silenciosas del siglo XXI es, según apunta la doctora en Psicología y profesora de la Universidad Europea de Andalucía , Carolina Suárez, haber normalizado niveles de exigencia incompatibles con el equilibrio psicológico humano. Como consecuencia, muchas personas «vuelven de vacaciones más cansadas de lo que se fueron porque incluso el descanso ha terminado reproduciendo la lógica de la productividad y han pretendido aprovechar cada minuto, documentarlo todo y mantenerse conectados permanentemente», puntualiza.Insiste en que la disponibilidad permanente y la productividad constante tienen consecuencias directas sobre la salud mental, el sueño, la atención y la regulación emocional. «Vivimos en una sociedad marcada por la hiperconectividad , la disponibilidad permanente y la productividad constante. El móvil se ha convertido en uno de los símbolos de esta nueva realidad. Muchas personas se despiertan revisándolo antes incluso de levantarse de la cama y viven con la sensación de tener que estar siempre disponibles. El sistema nervioso -insiste- no está diseñado para permanecer en alerta continua sin consecuencias».Ante este panorama, el auge del turismo de bienestar , más conocido bajo el paraguas del ‘wellness’, cuenta cada vez con más seguidores porque «ya no sólo pretenden ‘desconectar’, sino que intentan recuperarse de una sobrecarga emocional y cognitiva sostenida en el tiempo», señala.En su opinión, la diferencia entre unas vacaciones relajantes y un auténtico viaje de bienestar está fundamentalmente en la intención y en el impacto que genera la experiencia. «Unas vacaciones relajantes pueden ofrecer descanso momentáneo; un viaje de bienestar pretende, además, promover cambios sostenibles en la salud física, emocional y relacional de la persona», sostiene.Para que la experiencia pueda considerarse transformadora, indica que es necesario reducir la hiperestimulación, limitar la exposición digital, practicar actividad física adaptada, entrar en contacto con la naturaleza, incorporar mindfulness o favorecer un descanso reparador. Pero, por encima de todo, Suárez destaca la importancia de recuperar la capacidad de escucharse. «Muchas personas llegan a las vacaciones profundamente agotadas, incluso incapaces de tolerar el silencio o el aburrimiento porque llevan años funcionando en piloto automático», apunta. Por eso, el viaje transformador «no depende únicamente del destino porque ‘no se trata de ‘escapar’ de la vida, sino de volver a ella con más claridad, regulación y salud psicológica», puntualiza.Promesas de cambio sin suficiente respaldo científicoSin embargo, esta experta considera que el crecimiento de la industria wellness también plantea riesgos. Advierte de que la estética del bienestar puede terminar sustituyendo al bienestar real y que algunas propuestas prometen transformaciones emocionales demasiado rápidas o sin suficiente respaldo científico. «A veces observamos iniciativas que prometen una transformación emocional y felicidad inmediata o ‘sanación’ sin suficiente respaldo científico», señala. El problema, añade, es que « no podemos resolver con un retiro de fin de semana niveles de agotamiento que muchas veces son estructurales».«El verdadero bienestar no debería entenderse como un lujo o moda, sino como un proceso humano de hábitos sostenibles»En su opinión, el verdadero bienestar «no debería entenderse como un lujo, una moda o una identidad aspiracional, sino como un proceso complejo y profundamente humano que implica descanso, vínculos, salud mental, hábitos sostenibles y contextos de vida saludables», afirma.Considera que se está produciendo un cambio y que frente al modelo basado en acumular actividades, visitar el mayor número posible de lugares y compartir constantemente la experiencia, cada vez gana más peso la búsqueda de lentitud, naturaleza, autenticidad y conexión. Desde la psicología, esta transformación se puede interpretar como una respuesta a estilos de vida excesivamente acelerados. «El silencio, la pausa y la contemplación -asegura- dejan de verse como pérdida de tiempo y empiezan a entenderse como necesidades regulatorias para el sistema nervioso y la salud mental».El cambio, por tanto, podría ser más profundo que una moda turística. «Probablemente estamos ante una redefinición del concepto de vacaciones: ya no solo descansar del trabajo, sino recuperar bienestar físico, mental y emocional», insiste.El ‘burnout’ impulsa la búsqueda de retirosEl agotamiento emocional y la fatiga mental son, según la especialista, algunos de los factores que explican el auge de los retiros. En este contexto, yoga, mindfulness, naturaleza o desconexión digital pueden convertirse en espacios para recuperar temporalmente el equilibrio. Sin embargo, Suárez introduce un matiz fundamental, asegurando que estas experiencias no sustituyen a la atención profesional cuando existe un problema de salud mental. « Un retiro no sustituye atención psicológica o médica cuando existe un problema de salud mental significativo. Puede ser una herramienta complementaria de prevención y cuidado, pero no la solución», advierte.El reto pasa, en su opinión, por normalizar el cuidado psicológico. «Necesitamos aprender a cuidar la mente con la misma naturalidad con la que cuidamos el cuerpo», señala, defendiendo una mayor educación emocional , prevención y alfabetización en salud mental. Aunque los Millennials y Generación Z han contribuido a popularizar el debate sobre salud mental, autocuidado y equilibrio vital, Suárez considera que la búsqueda de bienestar no es exclusiva de los jóvenes. «Lo que cambia entre generaciones no es tanto la necesidad de bienestar como la manera de expresarla», explica. Mientras los más jóvenes suelen hablar abiertamente de ansiedad o regulación emocional, otras generaciones pueden relacionar estas necesidades con el descanso, la salud física o la prevención del estrés. En definitiva, apunta que existe una necesidad común a las diferentes edades: «Todos los seres humanos necesitamos sentir seguridad emocional, descanso y conexión».«Hace falta recuperar ritmos humanos: dormir mejor, relacionarse, moverse más, disponer de silencio, aprender a descansar sin culpa…»La especialista lanza también una advertencia sobre la presión que puede acompañar al propio autocuidado, puesto que considera que el bienestar «no debería convertirse en una obligación más dentro de una sociedad ya excesivamente exigente», afirma. Incluso la búsqueda de bienestar puede convertirse en una fuente de perfeccionismo si se vive como otra tarea que hay que cumplir correctamente». Frente a ello, propone recuperar ‘ritmos humanos’: dormir mejor, relacionarse, disponer de espacios de silencio, mover el cuerpo y aprender a descansar sin culpa y sentir seguridad emocional. MÁS INFORMACIÓN noticia Si «La obsesión por cumplir hábitos no es saludable, produce ahogo» noticia Si Tony Rham, experto en meditación: «Nos están robando la atención… y no nos estamos dando cuenta» noticia Si Las preguntas que Sócrates nos haría hoy para ayudarnos a vivir mejor, según el filósofo Eduardo InfantePara Suárez, el turismo wellness puede tener un papel positivo si ayuda a poner de nuevo estas necesidades en el centro. Pero el objetivo último debería ir mucho más allá de reservar un retiro o unas vacaciones concretas: «El propósito no debería ser escapar constantemente de nuestra vida cotidiana, sino construir una vida de la que no necesitemos huir para sentirnos bien», concluye. Reuniones de trabajo constantes, jornadas interminables, tareas domésticas, obligaciones familiares… Resultado: estrés crónico y fatiga mental. Probablemente, una de las grandes pandemias silenciosas del siglo XXI es, según apunta la doctora en Psicología y profesora de la Universidad Europea de Andalucía , Carolina Suárez, haber normalizado niveles de exigencia incompatibles con el equilibrio psicológico humano. Como consecuencia, muchas personas «vuelven de vacaciones más cansadas de lo que se fueron porque incluso el descanso ha terminado reproduciendo la lógica de la productividad y han pretendido aprovechar cada minuto, documentarlo todo y mantenerse conectados permanentemente», puntualiza.Insiste en que la disponibilidad permanente y la productividad constante tienen consecuencias directas sobre la salud mental, el sueño, la atención y la regulación emocional. «Vivimos en una sociedad marcada por la hiperconectividad , la disponibilidad permanente y la productividad constante. El móvil se ha convertido en uno de los símbolos de esta nueva realidad. Muchas personas se despiertan revisándolo antes incluso de levantarse de la cama y viven con la sensación de tener que estar siempre disponibles. El sistema nervioso -insiste- no está diseñado para permanecer en alerta continua sin consecuencias».Ante este panorama, el auge del turismo de bienestar , más conocido bajo el paraguas del ‘wellness’, cuenta cada vez con más seguidores porque «ya no sólo pretenden ‘desconectar’, sino que intentan recuperarse de una sobrecarga emocional y cognitiva sostenida en el tiempo», señala.En su opinión, la diferencia entre unas vacaciones relajantes y un auténtico viaje de bienestar está fundamentalmente en la intención y en el impacto que genera la experiencia. «Unas vacaciones relajantes pueden ofrecer descanso momentáneo; un viaje de bienestar pretende, además, promover cambios sostenibles en la salud física, emocional y relacional de la persona», sostiene.Para que la experiencia pueda considerarse transformadora, indica que es necesario reducir la hiperestimulación, limitar la exposición digital, practicar actividad física adaptada, entrar en contacto con la naturaleza, incorporar mindfulness o favorecer un descanso reparador. Pero, por encima de todo, Suárez destaca la importancia de recuperar la capacidad de escucharse. «Muchas personas llegan a las vacaciones profundamente agotadas, incluso incapaces de tolerar el silencio o el aburrimiento porque llevan años funcionando en piloto automático», apunta. Por eso, el viaje transformador «no depende únicamente del destino porque ‘no se trata de ‘escapar’ de la vida, sino de volver a ella con más claridad, regulación y salud psicológica», puntualiza.Promesas de cambio sin suficiente respaldo científicoSin embargo, esta experta considera que el crecimiento de la industria wellness también plantea riesgos. Advierte de que la estética del bienestar puede terminar sustituyendo al bienestar real y que algunas propuestas prometen transformaciones emocionales demasiado rápidas o sin suficiente respaldo científico. «A veces observamos iniciativas que prometen una transformación emocional y felicidad inmediata o ‘sanación’ sin suficiente respaldo científico», señala. El problema, añade, es que « no podemos resolver con un retiro de fin de semana niveles de agotamiento que muchas veces son estructurales».«El verdadero bienestar no debería entenderse como un lujo o moda, sino como un proceso humano de hábitos sostenibles»En su opinión, el verdadero bienestar «no debería entenderse como un lujo, una moda o una identidad aspiracional, sino como un proceso complejo y profundamente humano que implica descanso, vínculos, salud mental, hábitos sostenibles y contextos de vida saludables», afirma.Considera que se está produciendo un cambio y que frente al modelo basado en acumular actividades, visitar el mayor número posible de lugares y compartir constantemente la experiencia, cada vez gana más peso la búsqueda de lentitud, naturaleza, autenticidad y conexión. Desde la psicología, esta transformación se puede interpretar como una respuesta a estilos de vida excesivamente acelerados. «El silencio, la pausa y la contemplación -asegura- dejan de verse como pérdida de tiempo y empiezan a entenderse como necesidades regulatorias para el sistema nervioso y la salud mental».El cambio, por tanto, podría ser más profundo que una moda turística. «Probablemente estamos ante una redefinición del concepto de vacaciones: ya no solo descansar del trabajo, sino recuperar bienestar físico, mental y emocional», insiste.El ‘burnout’ impulsa la búsqueda de retirosEl agotamiento emocional y la fatiga mental son, según la especialista, algunos de los factores que explican el auge de los retiros. En este contexto, yoga, mindfulness, naturaleza o desconexión digital pueden convertirse en espacios para recuperar temporalmente el equilibrio. Sin embargo, Suárez introduce un matiz fundamental, asegurando que estas experiencias no sustituyen a la atención profesional cuando existe un problema de salud mental. « Un retiro no sustituye atención psicológica o médica cuando existe un problema de salud mental significativo. Puede ser una herramienta complementaria de prevención y cuidado, pero no la solución», advierte.El reto pasa, en su opinión, por normalizar el cuidado psicológico. «Necesitamos aprender a cuidar la mente con la misma naturalidad con la que cuidamos el cuerpo», señala, defendiendo una mayor educación emocional , prevención y alfabetización en salud mental. Aunque los Millennials y Generación Z han contribuido a popularizar el debate sobre salud mental, autocuidado y equilibrio vital, Suárez considera que la búsqueda de bienestar no es exclusiva de los jóvenes. «Lo que cambia entre generaciones no es tanto la necesidad de bienestar como la manera de expresarla», explica. Mientras los más jóvenes suelen hablar abiertamente de ansiedad o regulación emocional, otras generaciones pueden relacionar estas necesidades con el descanso, la salud física o la prevención del estrés. En definitiva, apunta que existe una necesidad común a las diferentes edades: «Todos los seres humanos necesitamos sentir seguridad emocional, descanso y conexión».«Hace falta recuperar ritmos humanos: dormir mejor, relacionarse, moverse más, disponer de silencio, aprender a descansar sin culpa…»La especialista lanza también una advertencia sobre la presión que puede acompañar al propio autocuidado, puesto que considera que el bienestar «no debería convertirse en una obligación más dentro de una sociedad ya excesivamente exigente», afirma. Incluso la búsqueda de bienestar puede convertirse en una fuente de perfeccionismo si se vive como otra tarea que hay que cumplir correctamente». Frente a ello, propone recuperar ‘ritmos humanos’: dormir mejor, relacionarse, disponer de espacios de silencio, mover el cuerpo y aprender a descansar sin culpa y sentir seguridad emocional. MÁS INFORMACIÓN noticia Si «La obsesión por cumplir hábitos no es saludable, produce ahogo» noticia Si Tony Rham, experto en meditación: «Nos están robando la atención… y no nos estamos dando cuenta» noticia Si Las preguntas que Sócrates nos haría hoy para ayudarnos a vivir mejor, según el filósofo Eduardo InfantePara Suárez, el turismo wellness puede tener un papel positivo si ayuda a poner de nuevo estas necesidades en el centro. Pero el objetivo último debería ir mucho más allá de reservar un retiro o unas vacaciones concretas: «El propósito no debería ser escapar constantemente de nuestra vida cotidiana, sino construir una vida de la que no necesitemos huir para sentirnos bien», concluye. Reuniones de trabajo constantes, jornadas interminables, tareas domésticas, obligaciones familiares… Resultado: estrés crónico y fatiga mental. Probablemente, una de las grandes pandemias silenciosas del siglo XXI es, según apunta la doctora en Psicología y profesora de la Universidad Europea de Andalucía , Carolina Suárez, haber normalizado niveles de exigencia incompatibles con el equilibrio psicológico humano. Como consecuencia, muchas personas «vuelven de vacaciones más cansadas de lo que se fueron porque incluso el descanso ha terminado reproduciendo la lógica de la productividad y han pretendido aprovechar cada minuto, documentarlo todo y mantenerse conectados permanentemente», puntualiza.Insiste en que la disponibilidad permanente y la productividad constante tienen consecuencias directas sobre la salud mental, el sueño, la atención y la regulación emocional. «Vivimos en una sociedad marcada por la hiperconectividad , la disponibilidad permanente y la productividad constante. El móvil se ha convertido en uno de los símbolos de esta nueva realidad. Muchas personas se despiertan revisándolo antes incluso de levantarse de la cama y viven con la sensación de tener que estar siempre disponibles. El sistema nervioso -insiste- no está diseñado para permanecer en alerta continua sin consecuencias».Ante este panorama, el auge del turismo de bienestar , más conocido bajo el paraguas del ‘wellness’, cuenta cada vez con más seguidores porque «ya no sólo pretenden ‘desconectar’, sino que intentan recuperarse de una sobrecarga emocional y cognitiva sostenida en el tiempo», señala.En su opinión, la diferencia entre unas vacaciones relajantes y un auténtico viaje de bienestar está fundamentalmente en la intención y en el impacto que genera la experiencia. «Unas vacaciones relajantes pueden ofrecer descanso momentáneo; un viaje de bienestar pretende, además, promover cambios sostenibles en la salud física, emocional y relacional de la persona», sostiene.Para que la experiencia pueda considerarse transformadora, indica que es necesario reducir la hiperestimulación, limitar la exposición digital, practicar actividad física adaptada, entrar en contacto con la naturaleza, incorporar mindfulness o favorecer un descanso reparador. Pero, por encima de todo, Suárez destaca la importancia de recuperar la capacidad de escucharse. «Muchas personas llegan a las vacaciones profundamente agotadas, incluso incapaces de tolerar el silencio o el aburrimiento porque llevan años funcionando en piloto automático», apunta. Por eso, el viaje transformador «no depende únicamente del destino porque ‘no se trata de ‘escapar’ de la vida, sino de volver a ella con más claridad, regulación y salud psicológica», puntualiza.Promesas de cambio sin suficiente respaldo científicoSin embargo, esta experta considera que el crecimiento de la industria wellness también plantea riesgos. Advierte de que la estética del bienestar puede terminar sustituyendo al bienestar real y que algunas propuestas prometen transformaciones emocionales demasiado rápidas o sin suficiente respaldo científico. «A veces observamos iniciativas que prometen una transformación emocional y felicidad inmediata o ‘sanación’ sin suficiente respaldo científico», señala. El problema, añade, es que « no podemos resolver con un retiro de fin de semana niveles de agotamiento que muchas veces son estructurales».«El verdadero bienestar no debería entenderse como un lujo o moda, sino como un proceso humano de hábitos sostenibles»En su opinión, el verdadero bienestar «no debería entenderse como un lujo, una moda o una identidad aspiracional, sino como un proceso complejo y profundamente humano que implica descanso, vínculos, salud mental, hábitos sostenibles y contextos de vida saludables», afirma.Considera que se está produciendo un cambio y que frente al modelo basado en acumular actividades, visitar el mayor número posible de lugares y compartir constantemente la experiencia, cada vez gana más peso la búsqueda de lentitud, naturaleza, autenticidad y conexión. Desde la psicología, esta transformación se puede interpretar como una respuesta a estilos de vida excesivamente acelerados. «El silencio, la pausa y la contemplación -asegura- dejan de verse como pérdida de tiempo y empiezan a entenderse como necesidades regulatorias para el sistema nervioso y la salud mental».El cambio, por tanto, podría ser más profundo que una moda turística. «Probablemente estamos ante una redefinición del concepto de vacaciones: ya no solo descansar del trabajo, sino recuperar bienestar físico, mental y emocional», insiste.El ‘burnout’ impulsa la búsqueda de retirosEl agotamiento emocional y la fatiga mental son, según la especialista, algunos de los factores que explican el auge de los retiros. En este contexto, yoga, mindfulness, naturaleza o desconexión digital pueden convertirse en espacios para recuperar temporalmente el equilibrio. Sin embargo, Suárez introduce un matiz fundamental, asegurando que estas experiencias no sustituyen a la atención profesional cuando existe un problema de salud mental. « Un retiro no sustituye atención psicológica o médica cuando existe un problema de salud mental significativo. Puede ser una herramienta complementaria de prevención y cuidado, pero no la solución», advierte.El reto pasa, en su opinión, por normalizar el cuidado psicológico. «Necesitamos aprender a cuidar la mente con la misma naturalidad con la que cuidamos el cuerpo», señala, defendiendo una mayor educación emocional , prevención y alfabetización en salud mental. Aunque los Millennials y Generación Z han contribuido a popularizar el debate sobre salud mental, autocuidado y equilibrio vital, Suárez considera que la búsqueda de bienestar no es exclusiva de los jóvenes. «Lo que cambia entre generaciones no es tanto la necesidad de bienestar como la manera de expresarla», explica. Mientras los más jóvenes suelen hablar abiertamente de ansiedad o regulación emocional, otras generaciones pueden relacionar estas necesidades con el descanso, la salud física o la prevención del estrés. En definitiva, apunta que existe una necesidad común a las diferentes edades: «Todos los seres humanos necesitamos sentir seguridad emocional, descanso y conexión».«Hace falta recuperar ritmos humanos: dormir mejor, relacionarse, moverse más, disponer de silencio, aprender a descansar sin culpa…»La especialista lanza también una advertencia sobre la presión que puede acompañar al propio autocuidado, puesto que considera que el bienestar «no debería convertirse en una obligación más dentro de una sociedad ya excesivamente exigente», afirma. Incluso la búsqueda de bienestar puede convertirse en una fuente de perfeccionismo si se vive como otra tarea que hay que cumplir correctamente». Frente a ello, propone recuperar ‘ritmos humanos’: dormir mejor, relacionarse, disponer de espacios de silencio, mover el cuerpo y aprender a descansar sin culpa y sentir seguridad emocional. MÁS INFORMACIÓN noticia Si «La obsesión por cumplir hábitos no es saludable, produce ahogo» noticia Si Tony Rham, experto en meditación: «Nos están robando la atención… y no nos estamos dando cuenta» noticia Si Las preguntas que Sócrates nos haría hoy para ayudarnos a vivir mejor, según el filósofo Eduardo InfantePara Suárez, el turismo wellness puede tener un papel positivo si ayuda a poner de nuevo estas necesidades en el centro. Pero el objetivo último debería ir mucho más allá de reservar un retiro o unas vacaciones concretas: «El propósito no debería ser escapar constantemente de nuestra vida cotidiana, sino construir una vida de la que no necesitemos huir para sentirnos bien», concluye. RSS de noticias de bienestar
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