La cercanía de Pentecostés pesó tanto que las condiciones meteorológicas no fueron impedimento. A diferencia del viernes, el Rocío ya rendía al cien por cien durante el sábado de romería, tanto en una mañana en la que llegaron las últimas filiales mientras se presentaban las más antiguas ante el santuario como durante una tarde en la que los romeros siguieron pasando ante la ermita cuando ya todo era fiesta a poco más de 24 horas de que saliera la Virgen del Rocío por las calles de la aldea almonteña.A mediodía se podía palpar la expectación y el entusiasmo por vivir a pleno rendimiento la romería del Rocío en la víspera de Pentecostés a pesar de la magnífica jornada de playa que se había quedado. La Virgen del Rocío mueve montañas. Tanto fue así que, quienes acudían a la aldea en coche tuvieron que comerse unos atascos colosales que, en algunos casos, impidieron que los fieles y curiosos disfrutaran de la presentación en la ermita de las hermandades más vetustas de cuantas peregrinan a las plantas de la Blanca Paloma.Era el caso de Villamanrique , la primera y más antigua, que se puso tras la Virgen del Rocío cuando apenas pasaban unos minutos del mediodía. La hermandad llegó a la aldea por primera vez la noche anterior tras un único y largo día de camino. Con su comitiva más descansada que de costumbre, Villamanrique selló el abrazo definitivo con Almonte tras los encontronazos del pasado año con una presentación en la que no faltaron los reiterados vivas a Almonte, respondidos con una sonora ovación de unos y otros devotos. La Virgen está por encima de todo, como ha quedado demostrado a lo largo de las décadas y los siglos. Los aplausos y abrazos apretados en la llegada de los romeros manriqueños despejaron todo ápice de duda al respecto para quien pudiera tenerlo.El calor no empañó la presentación de las filiales más antiguas ni el ambiente festivo, aunque sí desgastó las fuerzas de los romeros que llegaban a la aldea Después llegó Pilas en una suerte de puesta de largo de su carreta recién restaurada y, acto seguido, La Palma del Condado. La filial onubense más antigua acudió a las plantas de la Reina de las Marismas con sus ahijadas de Hortaleza y Valenciana de culto. La hermandad hizo una alegre y digna presentación pese a encontrarse de luto por la muerte de un hermano peregrino durante el camino de ida hacia la aldea almonteña. Ya entonces se acusaba el calor que, como el día anterior, iba a marcar en buena medida la jornada. Sin embargo, los romeros no estaban dispuestos a que el termómetro mermara el júbilo de un día tan importante como el sábado de romería, e hicieron todo lo posible por que la afección fuese mínima.Los valientes que acudieron a la ermita en las horas centrales de la jornada fueron conscientes de ello. «Hemos repartido un montón de programas para la gente que está asada se abanique con ellos. Aquí a las tres de la tarde no se puede aguantar», señalaba un miembro de la Matriz secándose el sudor de la frente antes de que la hermandad de Moguer hiciese su entrada en la explanada del santuario con su carreta vistosamente exornada con rosas rojas y gladiolos blancos. Los abrazos allí se sucedían. «¡Otro añito más!». «¡Y que sean muchos!», se decían dos viejos amigos antes de fundirse en un cálido abrazo.Las presentaciones ante el santuario son un formato que, pese a la división en dos jornadas, sigue causando hastío y hartazgo por su larga duración y su monótono carácter. Sin embargo, las filiales más señeras son dignas de contemplar de principio a fin. La hermandad de Sanlúcar de Barrameda iba precedida de un batallón de tamborileros que anunciaban la llegada de los romeros más antiguos de la provincia de Cádiz. Los numerosos peregrinos que iban tras la carreta no pudieron contener las ganas y comenzaron a cantar y dar vivas antes de que se terminara de rezar. «Desde Sanlúcar vengo por ver tú cara; cara como la tuya, quién la encontrara». La patrona de Almonte quita el sentido.Arriba, los tamborileros de Villamanrique se hacen notar; a la izquierda, el simpecado de Huelva y a la derecha, una devota de la Virgen empujando la carreta de Coria. Víctor Rodríguez / J.M. SerranoAquí estamos otra vezPoco después llegaba uno de los momentos más esperados de la jornada por propios y ajenos. El simpecado de Triana , que había cruzado el Ajolí a la hora del ángelus, se apresuró mucho para llegar a tiempo a la presentación con su amplia no, amplísima comitiva de fieles y carretas. A la una en punto llegó su escuadrón de caballistas a la explanada del santuario. Eran decenas y decenas, tantos que iban pasando por delante del templo y saliendo para contemplar desde la marisma la esperada presentación del simpecado.Los romeros que pasan ante el santuario a pie deben hacerlo detrás de la carreta, pero algunos intentaron adelantarse y se produjeron ciertas apreturas e instantes de tensión en los momentos previos a la presentación. Una vez pasó el simpecado, una descomunal masa de peregrinos fue siguiendo sus pasos. Los sombreros en el aire y los tradicionales sones de «Aquí estamos otra vez» invadieron de espíritu rociero a todos los presentes mientras las gotas de sudor se confundían con las lágrimas de los emocionados trianeros tras un camino bastante duro. Todo ello ante la mirada de numerosos rocieros congregados allí a pesar del intenso calor.Pero no se fueron cuando terminaron de pasar todas las carretas de Triana. Tras ellas venían Umbrete y Coria , dos corporaciones aljarafeñas de gran tradición rociera. El emblemático cajón de Umbrete lucía deslumbrante mientras los ineludibles rayos del sol se reflejaban en la pintura blanca de la madera que protegía su simpecado. El de Coria llegó acompañado de una masa de fieles y de sus reconocibles carretas blancas. Ya no había forma de esquivar el impacto directo del sol, adelantó del fuego de Pentecostés que en la madrugada del domingo al lunes descenderá sobre la Virgen del Rocío.La hermandad con más romeros de cuantas acuden a la romería del Rocío es también la que un mayor tiempo de paso tiene a la hora de presentarse ante la Blanca Paloma. Hablamos de Huelva, cuya carroza del simpecado lucía impoluta después de un arduo trabajo de limpieza y exorno tras su tardía y multitudinaria llegada a la aldea en la noche del viernes, horas después de haberse cubierto de polvo en el tramo de camino previo a la Charca. Las chaquetillas de sus romeros lucían ahora un blanco impoluto que brillaba aún más con los radiantes rayos de sol. Sus carrozas pasaron todas sin excepción ante la puerta de la ermita mientras algunos romeros ya iban pensando en la hora del refrigerio y de la comida.Víctor Rodríguez Domingo de Pentecostés La Iglesia católica celebra este domingo la fiesta de Pentecostés, con la que concluye el tiempo de Pascua. En Andalucía, el pontifical que desde el año pasado se celebra en el Paseo Marismeño es uno de los momentos clave de la romería del Rocío y el hito principal de la jornada de víspera de la procesión de la patrona de Almonte. Este año pondrá sus sones en el mismo a partir de las diez de la mañana el coro que de la coronación de la Virgen del Rocío del Beso de Judas el pasado 5 de julio en la Catedral de Sevilla. Ya a medianoche del lunes 25 de mayo comenzará el tradicional rosario con la participación de las 127 hermandades filiales y, a su término, el salto de la reja marcará el inicio de la anhelada procesión de la Virgen del Rocío por las calles de su aldea a tan solo tres meses de su Venida a Almonte coincidiendo con el Rocío chico. Los rocieros estallarán de gozo en un nuevo encuentro con la devoción más universal de la provincia de Huelva.Las presentaciones continuaron durante toda la jornada, pero no fueron lo único que deparó el sábado de romería en la aldea de El Rocío. Mientras Trigueros y Benacazón aguardaban para postrarse ante la Blanca Paloma, corporaciones como la de Triana, de las pocas que actualmente mantienen la llegada a su casa el mismo día de la presentación, comenzaban a acomodarse en su casa de hermandad. Huelva regresaba a su casa y Sanlúcar era pura fiesta , pero el viejo arrabal sevillano, a pesar del cansancio de tres exigentes días de camino, mantenía su tradición de ofrecer un almuerzo copioso a todos sus romeros y a aquellos que, por invitación expresa de los mismos, quisieran acompañarlos.Las tapas, los botellines y los guisos ayudaban a recomponer el cuerpo y el espíritu de esos y muchos otros peregrinos que apenas podían sostenerse en pie. Encontrar el punto de equilibrio entre el descanso necesario para aguantar toda la romería y disfrutar de los ratos de convivencia soñados durante todo un año puede ser una tarea complicada a veces, pero la mayor parte de ellas compensa y recompensa a los romeros. Otros optaron por una ducha reparadora y una siesta que repusiera las horas de sueño que han faltado durante el camino. Porque el Rocío no es sólo reír, beber y comer. Es también compartir, rezar y hacer sacrificios, como el mayor de todos: el que se queda en casa y tiene que conformarse con alguna visita puntual a su hermandad, a su reunión, a su gente.Las horas pasaban y las presentaciones no daban tregua. Así, Sevilla, Huévar y Aznalcázar se plantaron sin miedo alguno a las puertas del santuario de Nuestra Señora del Rocío alrededor de las cinco, igual que lo hicieron ya caída la tarde las hermandades del Cerro y Sevilla Sur, sin que ello supusiese una mengua de sus romeros en tan destacado momento de su peregrinación. Las filiales se iban asentando en sus casas, al igual que los entusiastas grupos de amigos, mientras todo comenzaba a apuntar de forma inexorable hacia el cada vez más cercano salto de la reja. La cercanía de Pentecostés pesó tanto que las condiciones meteorológicas no fueron impedimento. A diferencia del viernes, el Rocío ya rendía al cien por cien durante el sábado de romería, tanto en una mañana en la que llegaron las últimas filiales mientras se presentaban las más antiguas ante el santuario como durante una tarde en la que los romeros siguieron pasando ante la ermita cuando ya todo era fiesta a poco más de 24 horas de que saliera la Virgen del Rocío por las calles de la aldea almonteña.A mediodía se podía palpar la expectación y el entusiasmo por vivir a pleno rendimiento la romería del Rocío en la víspera de Pentecostés a pesar de la magnífica jornada de playa que se había quedado. La Virgen del Rocío mueve montañas. Tanto fue así que, quienes acudían a la aldea en coche tuvieron que comerse unos atascos colosales que, en algunos casos, impidieron que los fieles y curiosos disfrutaran de la presentación en la ermita de las hermandades más vetustas de cuantas peregrinan a las plantas de la Blanca Paloma.Era el caso de Villamanrique , la primera y más antigua, que se puso tras la Virgen del Rocío cuando apenas pasaban unos minutos del mediodía. La hermandad llegó a la aldea por primera vez la noche anterior tras un único y largo día de camino. Con su comitiva más descansada que de costumbre, Villamanrique selló el abrazo definitivo con Almonte tras los encontronazos del pasado año con una presentación en la que no faltaron los reiterados vivas a Almonte, respondidos con una sonora ovación de unos y otros devotos. La Virgen está por encima de todo, como ha quedado demostrado a lo largo de las décadas y los siglos. Los aplausos y abrazos apretados en la llegada de los romeros manriqueños despejaron todo ápice de duda al respecto para quien pudiera tenerlo.El calor no empañó la presentación de las filiales más antiguas ni el ambiente festivo, aunque sí desgastó las fuerzas de los romeros que llegaban a la aldea Después llegó Pilas en una suerte de puesta de largo de su carreta recién restaurada y, acto seguido, La Palma del Condado. La filial onubense más antigua acudió a las plantas de la Reina de las Marismas con sus ahijadas de Hortaleza y Valenciana de culto. La hermandad hizo una alegre y digna presentación pese a encontrarse de luto por la muerte de un hermano peregrino durante el camino de ida hacia la aldea almonteña. Ya entonces se acusaba el calor que, como el día anterior, iba a marcar en buena medida la jornada. Sin embargo, los romeros no estaban dispuestos a que el termómetro mermara el júbilo de un día tan importante como el sábado de romería, e hicieron todo lo posible por que la afección fuese mínima.Los valientes que acudieron a la ermita en las horas centrales de la jornada fueron conscientes de ello. «Hemos repartido un montón de programas para la gente que está asada se abanique con ellos. Aquí a las tres de la tarde no se puede aguantar», señalaba un miembro de la Matriz secándose el sudor de la frente antes de que la hermandad de Moguer hiciese su entrada en la explanada del santuario con su carreta vistosamente exornada con rosas rojas y gladiolos blancos. Los abrazos allí se sucedían. «¡Otro añito más!». «¡Y que sean muchos!», se decían dos viejos amigos antes de fundirse en un cálido abrazo.Las presentaciones ante el santuario son un formato que, pese a la división en dos jornadas, sigue causando hastío y hartazgo por su larga duración y su monótono carácter. Sin embargo, las filiales más señeras son dignas de contemplar de principio a fin. La hermandad de Sanlúcar de Barrameda iba precedida de un batallón de tamborileros que anunciaban la llegada de los romeros más antiguos de la provincia de Cádiz. Los numerosos peregrinos que iban tras la carreta no pudieron contener las ganas y comenzaron a cantar y dar vivas antes de que se terminara de rezar. «Desde Sanlúcar vengo por ver tú cara; cara como la tuya, quién la encontrara». La patrona de Almonte quita el sentido.Arriba, los tamborileros de Villamanrique se hacen notar; a la izquierda, el simpecado de Huelva y a la derecha, una devota de la Virgen empujando la carreta de Coria. Víctor Rodríguez / J.M. SerranoAquí estamos otra vezPoco después llegaba uno de los momentos más esperados de la jornada por propios y ajenos. El simpecado de Triana , que había cruzado el Ajolí a la hora del ángelus, se apresuró mucho para llegar a tiempo a la presentación con su amplia no, amplísima comitiva de fieles y carretas. A la una en punto llegó su escuadrón de caballistas a la explanada del santuario. Eran decenas y decenas, tantos que iban pasando por delante del templo y saliendo para contemplar desde la marisma la esperada presentación del simpecado.Los romeros que pasan ante el santuario a pie deben hacerlo detrás de la carreta, pero algunos intentaron adelantarse y se produjeron ciertas apreturas e instantes de tensión en los momentos previos a la presentación. Una vez pasó el simpecado, una descomunal masa de peregrinos fue siguiendo sus pasos. Los sombreros en el aire y los tradicionales sones de «Aquí estamos otra vez» invadieron de espíritu rociero a todos los presentes mientras las gotas de sudor se confundían con las lágrimas de los emocionados trianeros tras un camino bastante duro. Todo ello ante la mirada de numerosos rocieros congregados allí a pesar del intenso calor.Pero no se fueron cuando terminaron de pasar todas las carretas de Triana. Tras ellas venían Umbrete y Coria , dos corporaciones aljarafeñas de gran tradición rociera. El emblemático cajón de Umbrete lucía deslumbrante mientras los ineludibles rayos del sol se reflejaban en la pintura blanca de la madera que protegía su simpecado. El de Coria llegó acompañado de una masa de fieles y de sus reconocibles carretas blancas. Ya no había forma de esquivar el impacto directo del sol, adelantó del fuego de Pentecostés que en la madrugada del domingo al lunes descenderá sobre la Virgen del Rocío.La hermandad con más romeros de cuantas acuden a la romería del Rocío es también la que un mayor tiempo de paso tiene a la hora de presentarse ante la Blanca Paloma. Hablamos de Huelva, cuya carroza del simpecado lucía impoluta después de un arduo trabajo de limpieza y exorno tras su tardía y multitudinaria llegada a la aldea en la noche del viernes, horas después de haberse cubierto de polvo en el tramo de camino previo a la Charca. Las chaquetillas de sus romeros lucían ahora un blanco impoluto que brillaba aún más con los radiantes rayos de sol. Sus carrozas pasaron todas sin excepción ante la puerta de la ermita mientras algunos romeros ya iban pensando en la hora del refrigerio y de la comida.Víctor Rodríguez Domingo de Pentecostés La Iglesia católica celebra este domingo la fiesta de Pentecostés, con la que concluye el tiempo de Pascua. En Andalucía, el pontifical que desde el año pasado se celebra en el Paseo Marismeño es uno de los momentos clave de la romería del Rocío y el hito principal de la jornada de víspera de la procesión de la patrona de Almonte. Este año pondrá sus sones en el mismo a partir de las diez de la mañana el coro que de la coronación de la Virgen del Rocío del Beso de Judas el pasado 5 de julio en la Catedral de Sevilla. Ya a medianoche del lunes 25 de mayo comenzará el tradicional rosario con la participación de las 127 hermandades filiales y, a su término, el salto de la reja marcará el inicio de la anhelada procesión de la Virgen del Rocío por las calles de su aldea a tan solo tres meses de su Venida a Almonte coincidiendo con el Rocío chico. Los rocieros estallarán de gozo en un nuevo encuentro con la devoción más universal de la provincia de Huelva.Las presentaciones continuaron durante toda la jornada, pero no fueron lo único que deparó el sábado de romería en la aldea de El Rocío. Mientras Trigueros y Benacazón aguardaban para postrarse ante la Blanca Paloma, corporaciones como la de Triana, de las pocas que actualmente mantienen la llegada a su casa el mismo día de la presentación, comenzaban a acomodarse en su casa de hermandad. Huelva regresaba a su casa y Sanlúcar era pura fiesta , pero el viejo arrabal sevillano, a pesar del cansancio de tres exigentes días de camino, mantenía su tradición de ofrecer un almuerzo copioso a todos sus romeros y a aquellos que, por invitación expresa de los mismos, quisieran acompañarlos.Las tapas, los botellines y los guisos ayudaban a recomponer el cuerpo y el espíritu de esos y muchos otros peregrinos que apenas podían sostenerse en pie. Encontrar el punto de equilibrio entre el descanso necesario para aguantar toda la romería y disfrutar de los ratos de convivencia soñados durante todo un año puede ser una tarea complicada a veces, pero la mayor parte de ellas compensa y recompensa a los romeros. Otros optaron por una ducha reparadora y una siesta que repusiera las horas de sueño que han faltado durante el camino. Porque el Rocío no es sólo reír, beber y comer. Es también compartir, rezar y hacer sacrificios, como el mayor de todos: el que se queda en casa y tiene que conformarse con alguna visita puntual a su hermandad, a su reunión, a su gente.Las horas pasaban y las presentaciones no daban tregua. Así, Sevilla, Huévar y Aznalcázar se plantaron sin miedo alguno a las puertas del santuario de Nuestra Señora del Rocío alrededor de las cinco, igual que lo hicieron ya caída la tarde las hermandades del Cerro y Sevilla Sur, sin que ello supusiese una mengua de sus romeros en tan destacado momento de su peregrinación. Las filiales se iban asentando en sus casas, al igual que los entusiastas grupos de amigos, mientras todo comenzaba a apuntar de forma inexorable hacia el cada vez más cercano salto de la reja. La cercanía de Pentecostés pesó tanto que las condiciones meteorológicas no fueron impedimento. A diferencia del viernes, el Rocío ya rendía al cien por cien durante el sábado de romería, tanto en una mañana en la que llegaron las últimas filiales mientras se presentaban las más antiguas ante el santuario como durante una tarde en la que los romeros siguieron pasando ante la ermita cuando ya todo era fiesta a poco más de 24 horas de que saliera la Virgen del Rocío por las calles de la aldea almonteña.A mediodía se podía palpar la expectación y el entusiasmo por vivir a pleno rendimiento la romería del Rocío en la víspera de Pentecostés a pesar de la magnífica jornada de playa que se había quedado. La Virgen del Rocío mueve montañas. Tanto fue así que, quienes acudían a la aldea en coche tuvieron que comerse unos atascos colosales que, en algunos casos, impidieron que los fieles y curiosos disfrutaran de la presentación en la ermita de las hermandades más vetustas de cuantas peregrinan a las plantas de la Blanca Paloma.Era el caso de Villamanrique , la primera y más antigua, que se puso tras la Virgen del Rocío cuando apenas pasaban unos minutos del mediodía. La hermandad llegó a la aldea por primera vez la noche anterior tras un único y largo día de camino. Con su comitiva más descansada que de costumbre, Villamanrique selló el abrazo definitivo con Almonte tras los encontronazos del pasado año con una presentación en la que no faltaron los reiterados vivas a Almonte, respondidos con una sonora ovación de unos y otros devotos. La Virgen está por encima de todo, como ha quedado demostrado a lo largo de las décadas y los siglos. Los aplausos y abrazos apretados en la llegada de los romeros manriqueños despejaron todo ápice de duda al respecto para quien pudiera tenerlo.El calor no empañó la presentación de las filiales más antiguas ni el ambiente festivo, aunque sí desgastó las fuerzas de los romeros que llegaban a la aldea Después llegó Pilas en una suerte de puesta de largo de su carreta recién restaurada y, acto seguido, La Palma del Condado. La filial onubense más antigua acudió a las plantas de la Reina de las Marismas con sus ahijadas de Hortaleza y Valenciana de culto. La hermandad hizo una alegre y digna presentación pese a encontrarse de luto por la muerte de un hermano peregrino durante el camino de ida hacia la aldea almonteña. Ya entonces se acusaba el calor que, como el día anterior, iba a marcar en buena medida la jornada. Sin embargo, los romeros no estaban dispuestos a que el termómetro mermara el júbilo de un día tan importante como el sábado de romería, e hicieron todo lo posible por que la afección fuese mínima.Los valientes que acudieron a la ermita en las horas centrales de la jornada fueron conscientes de ello. «Hemos repartido un montón de programas para la gente que está asada se abanique con ellos. Aquí a las tres de la tarde no se puede aguantar», señalaba un miembro de la Matriz secándose el sudor de la frente antes de que la hermandad de Moguer hiciese su entrada en la explanada del santuario con su carreta vistosamente exornada con rosas rojas y gladiolos blancos. Los abrazos allí se sucedían. «¡Otro añito más!». «¡Y que sean muchos!», se decían dos viejos amigos antes de fundirse en un cálido abrazo.Las presentaciones ante el santuario son un formato que, pese a la división en dos jornadas, sigue causando hastío y hartazgo por su larga duración y su monótono carácter. Sin embargo, las filiales más señeras son dignas de contemplar de principio a fin. La hermandad de Sanlúcar de Barrameda iba precedida de un batallón de tamborileros que anunciaban la llegada de los romeros más antiguos de la provincia de Cádiz. Los numerosos peregrinos que iban tras la carreta no pudieron contener las ganas y comenzaron a cantar y dar vivas antes de que se terminara de rezar. «Desde Sanlúcar vengo por ver tú cara; cara como la tuya, quién la encontrara». La patrona de Almonte quita el sentido.Arriba, los tamborileros de Villamanrique se hacen notar; a la izquierda, el simpecado de Huelva y a la derecha, una devota de la Virgen empujando la carreta de Coria. Víctor Rodríguez / J.M. SerranoAquí estamos otra vezPoco después llegaba uno de los momentos más esperados de la jornada por propios y ajenos. El simpecado de Triana , que había cruzado el Ajolí a la hora del ángelus, se apresuró mucho para llegar a tiempo a la presentación con su amplia no, amplísima comitiva de fieles y carretas. A la una en punto llegó su escuadrón de caballistas a la explanada del santuario. Eran decenas y decenas, tantos que iban pasando por delante del templo y saliendo para contemplar desde la marisma la esperada presentación del simpecado.Los romeros que pasan ante el santuario a pie deben hacerlo detrás de la carreta, pero algunos intentaron adelantarse y se produjeron ciertas apreturas e instantes de tensión en los momentos previos a la presentación. Una vez pasó el simpecado, una descomunal masa de peregrinos fue siguiendo sus pasos. Los sombreros en el aire y los tradicionales sones de «Aquí estamos otra vez» invadieron de espíritu rociero a todos los presentes mientras las gotas de sudor se confundían con las lágrimas de los emocionados trianeros tras un camino bastante duro. Todo ello ante la mirada de numerosos rocieros congregados allí a pesar del intenso calor.Pero no se fueron cuando terminaron de pasar todas las carretas de Triana. Tras ellas venían Umbrete y Coria , dos corporaciones aljarafeñas de gran tradición rociera. El emblemático cajón de Umbrete lucía deslumbrante mientras los ineludibles rayos del sol se reflejaban en la pintura blanca de la madera que protegía su simpecado. El de Coria llegó acompañado de una masa de fieles y de sus reconocibles carretas blancas. Ya no había forma de esquivar el impacto directo del sol, adelantó del fuego de Pentecostés que en la madrugada del domingo al lunes descenderá sobre la Virgen del Rocío.La hermandad con más romeros de cuantas acuden a la romería del Rocío es también la que un mayor tiempo de paso tiene a la hora de presentarse ante la Blanca Paloma. Hablamos de Huelva, cuya carroza del simpecado lucía impoluta después de un arduo trabajo de limpieza y exorno tras su tardía y multitudinaria llegada a la aldea en la noche del viernes, horas después de haberse cubierto de polvo en el tramo de camino previo a la Charca. Las chaquetillas de sus romeros lucían ahora un blanco impoluto que brillaba aún más con los radiantes rayos de sol. Sus carrozas pasaron todas sin excepción ante la puerta de la ermita mientras algunos romeros ya iban pensando en la hora del refrigerio y de la comida.Víctor Rodríguez Domingo de Pentecostés La Iglesia católica celebra este domingo la fiesta de Pentecostés, con la que concluye el tiempo de Pascua. En Andalucía, el pontifical que desde el año pasado se celebra en el Paseo Marismeño es uno de los momentos clave de la romería del Rocío y el hito principal de la jornada de víspera de la procesión de la patrona de Almonte. Este año pondrá sus sones en el mismo a partir de las diez de la mañana el coro que de la coronación de la Virgen del Rocío del Beso de Judas el pasado 5 de julio en la Catedral de Sevilla. Ya a medianoche del lunes 25 de mayo comenzará el tradicional rosario con la participación de las 127 hermandades filiales y, a su término, el salto de la reja marcará el inicio de la anhelada procesión de la Virgen del Rocío por las calles de su aldea a tan solo tres meses de su Venida a Almonte coincidiendo con el Rocío chico. Los rocieros estallarán de gozo en un nuevo encuentro con la devoción más universal de la provincia de Huelva.Las presentaciones continuaron durante toda la jornada, pero no fueron lo único que deparó el sábado de romería en la aldea de El Rocío. Mientras Trigueros y Benacazón aguardaban para postrarse ante la Blanca Paloma, corporaciones como la de Triana, de las pocas que actualmente mantienen la llegada a su casa el mismo día de la presentación, comenzaban a acomodarse en su casa de hermandad. Huelva regresaba a su casa y Sanlúcar era pura fiesta , pero el viejo arrabal sevillano, a pesar del cansancio de tres exigentes días de camino, mantenía su tradición de ofrecer un almuerzo copioso a todos sus romeros y a aquellos que, por invitación expresa de los mismos, quisieran acompañarlos.Las tapas, los botellines y los guisos ayudaban a recomponer el cuerpo y el espíritu de esos y muchos otros peregrinos que apenas podían sostenerse en pie. Encontrar el punto de equilibrio entre el descanso necesario para aguantar toda la romería y disfrutar de los ratos de convivencia soñados durante todo un año puede ser una tarea complicada a veces, pero la mayor parte de ellas compensa y recompensa a los romeros. Otros optaron por una ducha reparadora y una siesta que repusiera las horas de sueño que han faltado durante el camino. Porque el Rocío no es sólo reír, beber y comer. Es también compartir, rezar y hacer sacrificios, como el mayor de todos: el que se queda en casa y tiene que conformarse con alguna visita puntual a su hermandad, a su reunión, a su gente.Las horas pasaban y las presentaciones no daban tregua. Así, Sevilla, Huévar y Aznalcázar se plantaron sin miedo alguno a las puertas del santuario de Nuestra Señora del Rocío alrededor de las cinco, igual que lo hicieron ya caída la tarde las hermandades del Cerro y Sevilla Sur, sin que ello supusiese una mengua de sus romeros en tan destacado momento de su peregrinación. Las filiales se iban asentando en sus casas, al igual que los entusiastas grupos de amigos, mientras todo comenzaba a apuntar de forma inexorable hacia el cada vez más cercano salto de la reja. RSS de noticias de espana
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