Las tradiciones de los pueblos son el alma invisible y el aliento vivo de una comunidad, un patrimonio inmaterial que se siente y se vive , pero que no se puede tocar ni desaparecer. En Mora, Toledo, sus habitantes, los morachos y morachas, lo saben perfectamente. De una costumbre muy antigua, cuyo origen ni siquiera saben a cuándo se remonta, nació una tradición que este año ha alcanzado su 68ª edición.La Fiesta del Olivo no es solo una celebración: es un regreso. La vuelta a la tierra y a las raíces de aquellos que viven fuera y siempre buscan tener estos días libres para regresar a su hogar y disfrutar de esta tradición. Su origen se encuentra en el final de la campaña de la aceituna . Antiguamente, los jefes ofrecían comida a los trabajadores como recompensa final tras semanas de esfuerzo en el campo. Se engalanaban los carros que habían transportado la aceituna a la almazara durante la campaña y se festejaba así el final de un arduo trabajo. Sin embargo, esas reuniones fueron creciendo con el paso del tiempo hasta convertirse en un fin de semana con conciertos, damas de honor, desfiles de carrozas muy ornamentadas y una fiesta colectiva en cada rincón del municipio. De los tres días que dura esta festividad, el plato fuerte se encuentra en la mañana del domingo con el Desfile de Carros y Carrozas Engalanados . Unos, los más jóvenes, la viven sin ni siquiera haberse acostado. Otros vecinos, sin embargo, permanecen con ganas desde primera hora de la mañana, algunos incluso desde las 8:00 horas, esperando con sus sillas, mesas improvisadas y neveras repletas de comida y bebida para alimentar a un ejército, a que pase «la procesión». Noticia relacionada general No No Fiesta del Olivo de Mora: 30 peñas y tres grupos de folclore participarán en el desfile-concurso ABCCuando uno llega a Mora estos días, le llama la atención la indumentaria de sus vecinos, otro de los elementos que mantienen viva la tradición. La blusa azul oscuro de rayas , asociada al trabajo en el campo, y la negra, reservada para ocasiones más formales, siguen presentes. El pañuelo de hierba , que antiguamente se utilizaba para secar el sudor durante la jornada, se ha convertido en un símbolo identitario. «Se llevaba atado en la cintura para que se secara», recuerdan los mayores. Hoy, luce en el cuello como emblema del pasado.El desfile comienza en la calle Orgaz y avanza lentamente hasta la Plaza de la Constitución. Lo abre la elegancia de las carrozas de las damas infantiles y mayores , tiradas por caballos, que reparten caramelos y saludos al público. Tras ellas, la Asociación de Coros y Danzas de Mora aporta el componente más tradicional, bailes que recuerdan el pasado agrícola del municipio.Tras ellas, llegan las carrozas de las peñas, arrastradas por tractores. Entre una y otra, aparecen los antiguos carros tirados por burros, con olivos como símbolo central, evocando el origen de la fiesta, es decir, el hilo que conecta el presente con el pasado . Cada carroza es un universo propio. Las hay que recrean escenas clásicas vinculadas al campo, pero también otras que se inspiran en el imaginario popular: desde cuentos como Alicia en el País de las Maravillas hasta referencias televisivas como Up, Doraemon o La Ruleta de la Suerte versión ‘La Ruleta Morocha’ e, incluso, tanques, tragaperras o coliseos. No se repiten temáticas , y esa libertad creativa ha transformado el desfile en un espectáculo diverso y sorprendente.Carroza de Doraemon en el desfile de la Fiesta del Olivo de Mora 2026. ABCEl ritmo del desfile es lento. Dura casi cuatro horas . Las peñas se toman muy en serio el no solo avanzar, sino vivir el momento. Se detienen, interactúan con los vecinos, algunos de ellos, muy seguramente, familiares, y recargan energía con las neveras portátiles que arrastran.La novedad que se ha incorporado este año ha sido la instalación de vallas a lo largo del recorrido , una medida solicitada por las peñas, que veían cómo los burros se alteraban ante la cercanía de la gente. «Hay muchísima gente que se cruza en el trayecto y a los borricos les da miedo», señalan. Y es que la multitud, que llena cada metro cuadrado del recorrido del desfile, puede convertir cualquier despiste en un posible peligro.A medida que el desfile avanza, el pueblo entero se mueve con él. Cuando la última carroza pasa, el público se suma detrás en una especie de procesión festiva que culmina en el auditorio. Allí, participantes y asistentes cantan juntos «El Olivarito», el himno de la Fiesta del Olivo , cerrando el recorrido con un momento de comunión colectiva.Después, la fiesta continúa. Bares, peñas y locales se llenan de grupos que prolongan la celebración. Muchos han alquilado espacios para reunirse, otros simplemente improvisan. La jornada se estira hasta la noche, sobre todo entre los más jóvenes, que enlazan actividades sin apenas descanso.Pero más allá de los actos y del programa, hay algo que define la Fiesta del Olivo por encima de todo: su capacidad de reunir. « A un moracho le puedes tocar cualquier cosa menos esta fiesta », dicen. «Quienes viven fuera regresan expresamente para estas fechas», aseguran.En un mundo donde muchas tradiciones se diluyen, Mora resiste. La Fiesta del Olivo ha evolucionado, pero no ha perdido su esencia . Sigue siendo, como en sus orígenes, una celebración del esfuerzo compartido y de la necesidad de reunirse y celebrar juntos. Porque hay cosas que no se pueden tocar, pero que sostienen a todo un municipio. Y eso, en Mora, se hace visible cada año. Las tradiciones de los pueblos son el alma invisible y el aliento vivo de una comunidad, un patrimonio inmaterial que se siente y se vive , pero que no se puede tocar ni desaparecer. En Mora, Toledo, sus habitantes, los morachos y morachas, lo saben perfectamente. De una costumbre muy antigua, cuyo origen ni siquiera saben a cuándo se remonta, nació una tradición que este año ha alcanzado su 68ª edición.La Fiesta del Olivo no es solo una celebración: es un regreso. La vuelta a la tierra y a las raíces de aquellos que viven fuera y siempre buscan tener estos días libres para regresar a su hogar y disfrutar de esta tradición. Su origen se encuentra en el final de la campaña de la aceituna . Antiguamente, los jefes ofrecían comida a los trabajadores como recompensa final tras semanas de esfuerzo en el campo. Se engalanaban los carros que habían transportado la aceituna a la almazara durante la campaña y se festejaba así el final de un arduo trabajo. Sin embargo, esas reuniones fueron creciendo con el paso del tiempo hasta convertirse en un fin de semana con conciertos, damas de honor, desfiles de carrozas muy ornamentadas y una fiesta colectiva en cada rincón del municipio. De los tres días que dura esta festividad, el plato fuerte se encuentra en la mañana del domingo con el Desfile de Carros y Carrozas Engalanados . Unos, los más jóvenes, la viven sin ni siquiera haberse acostado. Otros vecinos, sin embargo, permanecen con ganas desde primera hora de la mañana, algunos incluso desde las 8:00 horas, esperando con sus sillas, mesas improvisadas y neveras repletas de comida y bebida para alimentar a un ejército, a que pase «la procesión». Noticia relacionada general No No Fiesta del Olivo de Mora: 30 peñas y tres grupos de folclore participarán en el desfile-concurso ABCCuando uno llega a Mora estos días, le llama la atención la indumentaria de sus vecinos, otro de los elementos que mantienen viva la tradición. La blusa azul oscuro de rayas , asociada al trabajo en el campo, y la negra, reservada para ocasiones más formales, siguen presentes. El pañuelo de hierba , que antiguamente se utilizaba para secar el sudor durante la jornada, se ha convertido en un símbolo identitario. «Se llevaba atado en la cintura para que se secara», recuerdan los mayores. Hoy, luce en el cuello como emblema del pasado.El desfile comienza en la calle Orgaz y avanza lentamente hasta la Plaza de la Constitución. Lo abre la elegancia de las carrozas de las damas infantiles y mayores , tiradas por caballos, que reparten caramelos y saludos al público. Tras ellas, la Asociación de Coros y Danzas de Mora aporta el componente más tradicional, bailes que recuerdan el pasado agrícola del municipio.Tras ellas, llegan las carrozas de las peñas, arrastradas por tractores. Entre una y otra, aparecen los antiguos carros tirados por burros, con olivos como símbolo central, evocando el origen de la fiesta, es decir, el hilo que conecta el presente con el pasado . Cada carroza es un universo propio. Las hay que recrean escenas clásicas vinculadas al campo, pero también otras que se inspiran en el imaginario popular: desde cuentos como Alicia en el País de las Maravillas hasta referencias televisivas como Up, Doraemon o La Ruleta de la Suerte versión ‘La Ruleta Morocha’ e, incluso, tanques, tragaperras o coliseos. No se repiten temáticas , y esa libertad creativa ha transformado el desfile en un espectáculo diverso y sorprendente.Carroza de Doraemon en el desfile de la Fiesta del Olivo de Mora 2026. ABCEl ritmo del desfile es lento. Dura casi cuatro horas . Las peñas se toman muy en serio el no solo avanzar, sino vivir el momento. Se detienen, interactúan con los vecinos, algunos de ellos, muy seguramente, familiares, y recargan energía con las neveras portátiles que arrastran.La novedad que se ha incorporado este año ha sido la instalación de vallas a lo largo del recorrido , una medida solicitada por las peñas, que veían cómo los burros se alteraban ante la cercanía de la gente. «Hay muchísima gente que se cruza en el trayecto y a los borricos les da miedo», señalan. Y es que la multitud, que llena cada metro cuadrado del recorrido del desfile, puede convertir cualquier despiste en un posible peligro.A medida que el desfile avanza, el pueblo entero se mueve con él. Cuando la última carroza pasa, el público se suma detrás en una especie de procesión festiva que culmina en el auditorio. Allí, participantes y asistentes cantan juntos «El Olivarito», el himno de la Fiesta del Olivo , cerrando el recorrido con un momento de comunión colectiva.Después, la fiesta continúa. Bares, peñas y locales se llenan de grupos que prolongan la celebración. Muchos han alquilado espacios para reunirse, otros simplemente improvisan. La jornada se estira hasta la noche, sobre todo entre los más jóvenes, que enlazan actividades sin apenas descanso.Pero más allá de los actos y del programa, hay algo que define la Fiesta del Olivo por encima de todo: su capacidad de reunir. « A un moracho le puedes tocar cualquier cosa menos esta fiesta », dicen. «Quienes viven fuera regresan expresamente para estas fechas», aseguran.En un mundo donde muchas tradiciones se diluyen, Mora resiste. La Fiesta del Olivo ha evolucionado, pero no ha perdido su esencia . Sigue siendo, como en sus orígenes, una celebración del esfuerzo compartido y de la necesidad de reunirse y celebrar juntos. Porque hay cosas que no se pueden tocar, pero que sostienen a todo un municipio. Y eso, en Mora, se hace visible cada año. Las tradiciones de los pueblos son el alma invisible y el aliento vivo de una comunidad, un patrimonio inmaterial que se siente y se vive , pero que no se puede tocar ni desaparecer. En Mora, Toledo, sus habitantes, los morachos y morachas, lo saben perfectamente. De una costumbre muy antigua, cuyo origen ni siquiera saben a cuándo se remonta, nació una tradición que este año ha alcanzado su 68ª edición.La Fiesta del Olivo no es solo una celebración: es un regreso. La vuelta a la tierra y a las raíces de aquellos que viven fuera y siempre buscan tener estos días libres para regresar a su hogar y disfrutar de esta tradición. Su origen se encuentra en el final de la campaña de la aceituna . Antiguamente, los jefes ofrecían comida a los trabajadores como recompensa final tras semanas de esfuerzo en el campo. Se engalanaban los carros que habían transportado la aceituna a la almazara durante la campaña y se festejaba así el final de un arduo trabajo. Sin embargo, esas reuniones fueron creciendo con el paso del tiempo hasta convertirse en un fin de semana con conciertos, damas de honor, desfiles de carrozas muy ornamentadas y una fiesta colectiva en cada rincón del municipio. De los tres días que dura esta festividad, el plato fuerte se encuentra en la mañana del domingo con el Desfile de Carros y Carrozas Engalanados . Unos, los más jóvenes, la viven sin ni siquiera haberse acostado. Otros vecinos, sin embargo, permanecen con ganas desde primera hora de la mañana, algunos incluso desde las 8:00 horas, esperando con sus sillas, mesas improvisadas y neveras repletas de comida y bebida para alimentar a un ejército, a que pase «la procesión». Noticia relacionada general No No Fiesta del Olivo de Mora: 30 peñas y tres grupos de folclore participarán en el desfile-concurso ABCCuando uno llega a Mora estos días, le llama la atención la indumentaria de sus vecinos, otro de los elementos que mantienen viva la tradición. La blusa azul oscuro de rayas , asociada al trabajo en el campo, y la negra, reservada para ocasiones más formales, siguen presentes. El pañuelo de hierba , que antiguamente se utilizaba para secar el sudor durante la jornada, se ha convertido en un símbolo identitario. «Se llevaba atado en la cintura para que se secara», recuerdan los mayores. Hoy, luce en el cuello como emblema del pasado.El desfile comienza en la calle Orgaz y avanza lentamente hasta la Plaza de la Constitución. Lo abre la elegancia de las carrozas de las damas infantiles y mayores , tiradas por caballos, que reparten caramelos y saludos al público. Tras ellas, la Asociación de Coros y Danzas de Mora aporta el componente más tradicional, bailes que recuerdan el pasado agrícola del municipio.Tras ellas, llegan las carrozas de las peñas, arrastradas por tractores. Entre una y otra, aparecen los antiguos carros tirados por burros, con olivos como símbolo central, evocando el origen de la fiesta, es decir, el hilo que conecta el presente con el pasado . Cada carroza es un universo propio. Las hay que recrean escenas clásicas vinculadas al campo, pero también otras que se inspiran en el imaginario popular: desde cuentos como Alicia en el País de las Maravillas hasta referencias televisivas como Up, Doraemon o La Ruleta de la Suerte versión ‘La Ruleta Morocha’ e, incluso, tanques, tragaperras o coliseos. No se repiten temáticas , y esa libertad creativa ha transformado el desfile en un espectáculo diverso y sorprendente.Carroza de Doraemon en el desfile de la Fiesta del Olivo de Mora 2026. ABCEl ritmo del desfile es lento. Dura casi cuatro horas . Las peñas se toman muy en serio el no solo avanzar, sino vivir el momento. Se detienen, interactúan con los vecinos, algunos de ellos, muy seguramente, familiares, y recargan energía con las neveras portátiles que arrastran.La novedad que se ha incorporado este año ha sido la instalación de vallas a lo largo del recorrido , una medida solicitada por las peñas, que veían cómo los burros se alteraban ante la cercanía de la gente. «Hay muchísima gente que se cruza en el trayecto y a los borricos les da miedo», señalan. Y es que la multitud, que llena cada metro cuadrado del recorrido del desfile, puede convertir cualquier despiste en un posible peligro.A medida que el desfile avanza, el pueblo entero se mueve con él. Cuando la última carroza pasa, el público se suma detrás en una especie de procesión festiva que culmina en el auditorio. Allí, participantes y asistentes cantan juntos «El Olivarito», el himno de la Fiesta del Olivo , cerrando el recorrido con un momento de comunión colectiva.Después, la fiesta continúa. Bares, peñas y locales se llenan de grupos que prolongan la celebración. Muchos han alquilado espacios para reunirse, otros simplemente improvisan. La jornada se estira hasta la noche, sobre todo entre los más jóvenes, que enlazan actividades sin apenas descanso.Pero más allá de los actos y del programa, hay algo que define la Fiesta del Olivo por encima de todo: su capacidad de reunir. « A un moracho le puedes tocar cualquier cosa menos esta fiesta », dicen. «Quienes viven fuera regresan expresamente para estas fechas», aseguran.En un mundo donde muchas tradiciones se diluyen, Mora resiste. La Fiesta del Olivo ha evolucionado, pero no ha perdido su esencia . Sigue siendo, como en sus orígenes, una celebración del esfuerzo compartido y de la necesidad de reunirse y celebrar juntos. Porque hay cosas que no se pueden tocar, pero que sostienen a todo un municipio. Y eso, en Mora, se hace visible cada año. RSS de noticias de espana
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