La economía española superó la pasada primavera el primer test de estrés por la guerra de Irán y el estrangulamiento de la principal ruta de distribución de petróleo en el estrecho de Ormuz y mantuvo un ritmo de crecimiento del 2,6%, tras acreditar un avance del 0,7% en el segundo trimestre, según los datos proporcionados este viernes por el INE.Desde mediados de 2024 los datos de Contabilidad Nacional que trimestralmente proporciona el Instituto Nacional de Estadística muestran una estabilidad inusual, que contrasta con los extraordinarios vaivenes que está experimentando la economía global y, más cerca, el resto de las grandes economías del euro a cuenta de las turbulencias provocadas por ‘shocks’ como la ofensiva arancelaria de Trump o el tensionamiento de los precios energéticos globales en los últimos meses. En medio de estas marejadas globales, la información que proporciona Estadística muestra una tremenda estabilidad en el desempeño de la economía española, que en los últimos ocho trimestres se ha movido en un rango de crecimientos trimestrales constantes de entre el 0,5% y el 0,8% y que lleva más de un año atornillada a un crecimiento interanual del 2,6%, sin las fluctuaciones que se observan en el comportamiento de nuestras economías más próximas.Según los datos del INE, en el segundo trimestre de 2026 la aceleración del consumo de las familias, apoyado en el empleo, y el progresivo fortalecimiento de la inversión, por la llegada al fin de los fondos del plan de recuperación a la economía real, sostuvieron la economía española, en un contexto en el que todavía no fue especialmente perceptible el efecto de la inflación, que ha empezado a acelerarse después del verano. Es la demanda interna la que está tirando de la economía, y también es la que supuestamente estaría más expuesta a la espiral inflacionista que con especial virulencia está afectando a España los últimos meses. Los analistas llevan semanas advirtiendo de la exposición al riesgo del consumo de los familias, por el encarecimiento generalizado del coste de la vida; y de la inversión empresarial, por la subida de los tipos de interés y el inevitable encarecimiento de la financiación bancaria al tejido productivo. La OCDE ha advertido esta misma semana que ese horizonte augura una fuerte desaceleración de la economía española, desde el crecimiento del 2,6% que se espera para este año hasta un crecimiento del 1,8% en 2027. Pero estos augurios para la economía española ya se han formulado en el pasado, y nunca se han concretado, al menos hasta la fecha.De hecho, fuentes del Ministerio de Economía destacan que con este dato la economía española ya acumula a mitad de ejercicio un crecimiento del 2,2% en el año, lo que aproxima de forma sustancial el cumplimiento del objetivo oficial del 2,6% para 2026. Este dato revelado por Economía tiene otra consecuencia no menor, en este caso de naturaleza estadística, y es que el crecimiento acumulado en la primera mitad del año determina en buena medida la base para el crecimiento del ejercicio siguiente, por una pura cuestión metodológica, lo que hace que al menos a efectos estadísticos buena parte del trabajo para cumplir los objetivos de crecimiento del año que viene ya esté hecho.El análisis sectorial revela que el crecimiento doméstico está siendo impulsado por el sector primario, que presenta un ritmo de crecimiento interanual del 6%, pese a mostrar un fuerte desaceleración desde el ritmo del 14% al que crecía hace solo un año; y por el sector servicios, especialmente por las actividades profesionales, científicas y técnicas que crecen a un ritmo del 6,8%. En el otro lado de la balanza, la industria, anclada en un crecimiento del 1,4%, lo que se explica por tratarse del sector más expuesto a las turbulencias de los precios energéticos.El empleo muestra una cierta desaceleración. En el segundo trimestre de 2026, el número de puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo avanzó al 2,2%, por debajo del incremento del 3,2% en que se movía hace un año; si bien las horas trabajadas se han acelerado hasta el 2,8%. La productividad continúa siendo el gran talón de Aquiles de la economía española. La productividad por puesto de trabajo a tiempo completo avanzó un escaso 0,4%, muy por debajo del crecimiento general de la economía; y la productividad por hora incluso retrocedió un 0,2%.La distribución del crecimiento entre actores del tejido productivo mostró un perfil favorable al capital humano. Con un crecimiento nominal del PIB del 5,5%, la remuneración de los asalariados aumentó un 7% (impulsada por el incremento del 3,9% de la remuneración por asalariado), mientras los excedentes de las empresas lo hicieron un 4,3%, algo menos que el conjunto de la economía. Las administraciones públicas también sacaron tajada y pese a los planes de ayuda puestos en marcha en el segundo trimestre, por importe de 5.000 millones de euros, para paliar el impacto de la guerra en Irán sus ingresos netos de subvenciones avanzaron un 3,5%. La economía española superó la pasada primavera el primer test de estrés por la guerra de Irán y el estrangulamiento de la principal ruta de distribución de petróleo en el estrecho de Ormuz y mantuvo un ritmo de crecimiento del 2,6%, tras acreditar un avance del 0,7% en el segundo trimestre, según los datos proporcionados este viernes por el INE.Desde mediados de 2024 los datos de Contabilidad Nacional que trimestralmente proporciona el Instituto Nacional de Estadística muestran una estabilidad inusual, que contrasta con los extraordinarios vaivenes que está experimentando la economía global y, más cerca, el resto de las grandes economías del euro a cuenta de las turbulencias provocadas por ‘shocks’ como la ofensiva arancelaria de Trump o el tensionamiento de los precios energéticos globales en los últimos meses. En medio de estas marejadas globales, la información que proporciona Estadística muestra una tremenda estabilidad en el desempeño de la economía española, que en los últimos ocho trimestres se ha movido en un rango de crecimientos trimestrales constantes de entre el 0,5% y el 0,8% y que lleva más de un año atornillada a un crecimiento interanual del 2,6%, sin las fluctuaciones que se observan en el comportamiento de nuestras economías más próximas.Según los datos del INE, en el segundo trimestre de 2026 la aceleración del consumo de las familias, apoyado en el empleo, y el progresivo fortalecimiento de la inversión, por la llegada al fin de los fondos del plan de recuperación a la economía real, sostuvieron la economía española, en un contexto en el que todavía no fue especialmente perceptible el efecto de la inflación, que ha empezado a acelerarse después del verano. Es la demanda interna la que está tirando de la economía, y también es la que supuestamente estaría más expuesta a la espiral inflacionista que con especial virulencia está afectando a España los últimos meses. Los analistas llevan semanas advirtiendo de la exposición al riesgo del consumo de los familias, por el encarecimiento generalizado del coste de la vida; y de la inversión empresarial, por la subida de los tipos de interés y el inevitable encarecimiento de la financiación bancaria al tejido productivo. La OCDE ha advertido esta misma semana que ese horizonte augura una fuerte desaceleración de la economía española, desde el crecimiento del 2,6% que se espera para este año hasta un crecimiento del 1,8% en 2027. Pero estos augurios para la economía española ya se han formulado en el pasado, y nunca se han concretado, al menos hasta la fecha.De hecho, fuentes del Ministerio de Economía destacan que con este dato la economía española ya acumula a mitad de ejercicio un crecimiento del 2,2% en el año, lo que aproxima de forma sustancial el cumplimiento del objetivo oficial del 2,6% para 2026. Este dato revelado por Economía tiene otra consecuencia no menor, en este caso de naturaleza estadística, y es que el crecimiento acumulado en la primera mitad del año determina en buena medida la base para el crecimiento del ejercicio siguiente, por una pura cuestión metodológica, lo que hace que al menos a efectos estadísticos buena parte del trabajo para cumplir los objetivos de crecimiento del año que viene ya esté hecho.El análisis sectorial revela que el crecimiento doméstico está siendo impulsado por el sector primario, que presenta un ritmo de crecimiento interanual del 6%, pese a mostrar un fuerte desaceleración desde el ritmo del 14% al que crecía hace solo un año; y por el sector servicios, especialmente por las actividades profesionales, científicas y técnicas que crecen a un ritmo del 6,8%. En el otro lado de la balanza, la industria, anclada en un crecimiento del 1,4%, lo que se explica por tratarse del sector más expuesto a las turbulencias de los precios energéticos.El empleo muestra una cierta desaceleración. En el segundo trimestre de 2026, el número de puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo avanzó al 2,2%, por debajo del incremento del 3,2% en que se movía hace un año; si bien las horas trabajadas se han acelerado hasta el 2,8%. La productividad continúa siendo el gran talón de Aquiles de la economía española. La productividad por puesto de trabajo a tiempo completo avanzó un escaso 0,4%, muy por debajo del crecimiento general de la economía; y la productividad por hora incluso retrocedió un 0,2%.La distribución del crecimiento entre actores del tejido productivo mostró un perfil favorable al capital humano. Con un crecimiento nominal del PIB del 5,5%, la remuneración de los asalariados aumentó un 7% (impulsada por el incremento del 3,9% de la remuneración por asalariado), mientras los excedentes de las empresas lo hicieron un 4,3%, algo menos que el conjunto de la economía. Las administraciones públicas también sacaron tajada y pese a los planes de ayuda puestos en marcha en el segundo trimestre, por importe de 5.000 millones de euros, para paliar el impacto de la guerra en Irán sus ingresos netos de subvenciones avanzaron un 3,5%. La economía española superó la pasada primavera el primer test de estrés por la guerra de Irán y el estrangulamiento de la principal ruta de distribución de petróleo en el estrecho de Ormuz y mantuvo un ritmo de crecimiento del 2,6%, tras acreditar un avance del 0,7% en el segundo trimestre, según los datos proporcionados este viernes por el INE.Desde mediados de 2024 los datos de Contabilidad Nacional que trimestralmente proporciona el Instituto Nacional de Estadística muestran una estabilidad inusual, que contrasta con los extraordinarios vaivenes que está experimentando la economía global y, más cerca, el resto de las grandes economías del euro a cuenta de las turbulencias provocadas por ‘shocks’ como la ofensiva arancelaria de Trump o el tensionamiento de los precios energéticos globales en los últimos meses. En medio de estas marejadas globales, la información que proporciona Estadística muestra una tremenda estabilidad en el desempeño de la economía española, que en los últimos ocho trimestres se ha movido en un rango de crecimientos trimestrales constantes de entre el 0,5% y el 0,8% y que lleva más de un año atornillada a un crecimiento interanual del 2,6%, sin las fluctuaciones que se observan en el comportamiento de nuestras economías más próximas.Según los datos del INE, en el segundo trimestre de 2026 la aceleración del consumo de las familias, apoyado en el empleo, y el progresivo fortalecimiento de la inversión, por la llegada al fin de los fondos del plan de recuperación a la economía real, sostuvieron la economía española, en un contexto en el que todavía no fue especialmente perceptible el efecto de la inflación, que ha empezado a acelerarse después del verano. Es la demanda interna la que está tirando de la economía, y también es la que supuestamente estaría más expuesta a la espiral inflacionista que con especial virulencia está afectando a España los últimos meses. Los analistas llevan semanas advirtiendo de la exposición al riesgo del consumo de los familias, por el encarecimiento generalizado del coste de la vida; y de la inversión empresarial, por la subida de los tipos de interés y el inevitable encarecimiento de la financiación bancaria al tejido productivo. La OCDE ha advertido esta misma semana que ese horizonte augura una fuerte desaceleración de la economía española, desde el crecimiento del 2,6% que se espera para este año hasta un crecimiento del 1,8% en 2027. Pero estos augurios para la economía española ya se han formulado en el pasado, y nunca se han concretado, al menos hasta la fecha.De hecho, fuentes del Ministerio de Economía destacan que con este dato la economía española ya acumula a mitad de ejercicio un crecimiento del 2,2% en el año, lo que aproxima de forma sustancial el cumplimiento del objetivo oficial del 2,6% para 2026. Este dato revelado por Economía tiene otra consecuencia no menor, en este caso de naturaleza estadística, y es que el crecimiento acumulado en la primera mitad del año determina en buena medida la base para el crecimiento del ejercicio siguiente, por una pura cuestión metodológica, lo que hace que al menos a efectos estadísticos buena parte del trabajo para cumplir los objetivos de crecimiento del año que viene ya esté hecho.El análisis sectorial revela que el crecimiento doméstico está siendo impulsado por el sector primario, que presenta un ritmo de crecimiento interanual del 6%, pese a mostrar un fuerte desaceleración desde el ritmo del 14% al que crecía hace solo un año; y por el sector servicios, especialmente por las actividades profesionales, científicas y técnicas que crecen a un ritmo del 6,8%. En el otro lado de la balanza, la industria, anclada en un crecimiento del 1,4%, lo que se explica por tratarse del sector más expuesto a las turbulencias de los precios energéticos.El empleo muestra una cierta desaceleración. En el segundo trimestre de 2026, el número de puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo avanzó al 2,2%, por debajo del incremento del 3,2% en que se movía hace un año; si bien las horas trabajadas se han acelerado hasta el 2,8%. La productividad continúa siendo el gran talón de Aquiles de la economía española. La productividad por puesto de trabajo a tiempo completo avanzó un escaso 0,4%, muy por debajo del crecimiento general de la economía; y la productividad por hora incluso retrocedió un 0,2%.La distribución del crecimiento entre actores del tejido productivo mostró un perfil favorable al capital humano. Con un crecimiento nominal del PIB del 5,5%, la remuneración de los asalariados aumentó un 7% (impulsada por el incremento del 3,9% de la remuneración por asalariado), mientras los excedentes de las empresas lo hicieron un 4,3%, algo menos que el conjunto de la economía. Las administraciones públicas también sacaron tajada y pese a los planes de ayuda puestos en marcha en el segundo trimestre, por importe de 5.000 millones de euros, para paliar el impacto de la guerra en Irán sus ingresos netos de subvenciones avanzaron un 3,5%. RSS de noticias de economia
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