El verano de 2022 ostentaba hasta ahora el récord de muertes atribuibles al calor en España . Fue, según la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), el más cálido hasta ese momento, con tres olas de calor que sumaron un total de 41 días. Desde mediados de mayo hasta septiembre, hubo un total de 4.789 fallecimientos que se atribuyeron a las altas temperaturas, la cifra más alta registrada hasta la fecha. Pero este verano se ha superado ya esa cantidad de decesos, alcanzando otro máximo: a falta de que termine el mes y de las que sucedan también en septiembre, hasta el viernes 21 de agosto se contabilizan ya 4.794 muertes atribuibles al calor. Así lo constatan los datos del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) del Instituto Carlos III, que mide el exceso de mortalidad por todas las causas y estima los fallecimientos que se atribuyen a las altas temperaturas. Ya el mes de julio anticipaba que la letalidad este verano sería elevada, pues en esos 30 días se superaron las 2.000 muertes por calor. Agosto va camino de alcanzar también esa cifra: hasta la fecha se han registrado 1.709 fallecimientos y cada día se notifican alrededor de un centenar.De hecho, de los últimos 10 días, en seis de ellos han fallecido más de 100 personas cuyas causas de muerte se atribuyen a las altas temperaturas . Pero el peor día del verano ha sido hasta ahora el 10 de julio, cuando fallecieron 143 personas. Fue en esa semana, la del 6 al 12 de julio, en la que se acumuló el mayor número de fallecimientos, con 796 en siete días. En 2022, sin embargo, el que hasta ahora había sido el verano con mayor mortalidad por calor, en un solo día se llegaron a registrar 184 decesos que se atribuyeron a las altas temperaturas. Pero este aumento depende de varios factores. Los expertos no creen que en los próximos años se sigan sucediendo récords de forma recurrente, aunque tampoco lo pueden descartar. Las tendencias actuales muestran que las olas de calor son cada vez más frecuentes e intensas, explica Zhaoyue Chen, investigador del ISGlobal de Barcelona, pero eso «no significa que las muertes relacionadas con el calor vayan a aumentar todos los años, ya que la mortalidad anual depende de la intensidad, la duración y el momento en que se produzcan los episodios de calor». Como suele ser habitual en este tipo de decesos, la mayoría de las muertes de este verano que se atribuyen al calor han sido de personas mayores. De los 4.800 fallecimientos en este período, 3.004 corresponden a mayores de 85 años; 1.199 a personas de entre 75 y 84 años y 461 tenían edades comprendidas entre los 65 y los 74. Pero también hubo muertes en personas más jóvenes: 283 tenían entre 45 y 64 años; 86 tenían entre 15 y 44 años y 7 de los fallecidos eran menores de 15. «El envejecimiento reduce la capacidad del organismo para regular la temperatura y mantener la hidratación, por lo que el calor suele suponer una mayor carga para los sistemas cardiovascular y termorregulador de las personas mayores», prosigue Zhaoyue Chen. Incide en que las personas de mayor edad son también más propensas a padecer enfermedades crónicas cardiovasculares o respiratorias, entre otras, que pueden agravarse cuando los termómetros se disparan. El impacto de la gripeY precisamente por el impacto que el calor tiene en los fallecimientos de las personas mayores, considera por su parte Alberto Ruano, miembro del Centro de Investigación Interdisciplinar en Tecnologías Ambientales (Cretus) de la Universidad de Santiago de Compostela, influirá también en el número de decesos por altas temperaturas los efectos de las enfermedades respiratorias del invierno anterior. «Si ha venido una época de gripe muy virulenta, con variantes muy agresivas, puede que una parte importante de personas mayores hayan fallecido durante esa época», explica. Pero además, continúa el también catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública, habría que saber si esas personas ya padecían situaciones de salud delicadas. La mayoría de los fallecimientos atribuidos al calor de este verano son de personas mayores de 85 añosPor ello, Ruano cree imprescindible mejorar los registros de las muertes que se atribuyen a las altas temperaturas para poder tener información más precisa. «Nos ayudaría a tener datos más precisos que en los certificados de defunción hubiese posibilidad de poner una causa de muerte como exceso de calor, porque nos ayudaría mucho a discriminar. Pero es muy difícil hacer este tipo de discriminaciones», sentencia. Así, el sistema MoMo se basa en estadísticas utilizando los datos de las defunciones diarias por todas las causas de los últimos diez años, que extrae del Instituto Nacional de Estadística (INE), las defunciones más recientes procedentes de los registros civiles y las temperaturas máximas y mínimas del día en curso y de los cinco días siguientes, procedentes de la Aemet. ‘Temperaturas de disparo’Desde 2004, España cuenta con el Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos del Exceso de Temperaturas Sobre la Salud del Ministerio de Sanidad, cuyo objetivo es reducir los efectos nocivos que el calor tiene sobre la salud y, por tanto, la mortalidad asociada a las altas temperaturas. Se activa desde el 16 de mayo y permanece vigente hasta el 30 de septiembre. Desde 2024, establece zonas de meteosalud para dividir el país en zonas con diferentes umbrales a partir de los cuales el exceso de calor supone un peligro para la salud.«No es lo mismo 32 grados en Sevilla que en La Coruña», sostiene Ruano, pues las ‘temperaturas de disparo’, aquellas a partir de las cuales aumenta la mortalidad asociada a las mismas, no pueden ser las mismas en todo el territorio, ya que la adaptación al calor no es igual en el norte que en el sur. La comunidad autónoma con mayor mortalidad asociada al calor este verano ha sido Cataluña, que acumula más de 1.500 decesos por estas causas. De lejos, le sigue Andalucía, con 466 muertes, Comunidad Valenciana, con 435 y el País Vasco, con 387 fallecimientos que se atribuyen a las altas temperaturas desde mediados de mayo. Más de 30.000 fallecimientos en Europa No solo España sufre las consecuencias que las altas temperaturas tienen en la salud. Las olas de calor que durante el verano han sufrido otros países europeos han impactado también en la mortalidad de naciones como Alemania o Francia. Entre mediados de junio y mediados de agosto, la plataforma europea de seguimiento de la sobremortalidad (EuroMomo), que incluye los datos de 23 países, estima que se produjeron más de 32.000 decesos adicionales en Europa. En Alemania, las autoridades estiman en 14.000 las muertes adicionales por calor hasta el 9 de agosto, a las que se suman otras 7.300 en Francia, casi 2.900 en Reino Unido o 2.570 en Bélgica. La última semana de junio fue la más mortífera, con casi 16.000 muertes adicionales, seguida por la primera semana de julio, con aproximadamente 8.000.Pero los expertos insisten en que no todo es la edad ni el lugar de residencia. Hay más factores que influyen en el impacto que las altas temperaturas tienen en la salud de las personas. «La vulnerabilidad no es solo biológica. Factores como la movilidad reducida, el hecho de vivir solo, las condiciones de la vivienda, el acceso a sistemas de refrigeración y a la asistencia sanitaria, así como las desventajas socioeconómicas, también pueden afectar en la capacidad de una persona para protegerse durante un episodio de calor», puntualiza Zhaoyue Chen. Además, inciden, el hecho de que la mortalidad aumente no significa que el plan existente sea ineficaz. «Nos enfrentamos a un calor cada vez más intenso y, al mismo tiempo, a una población que envejece. El plan es un avance útil, pero aún hay margen para reforzar la adaptación», prosigue el investigador del ISGlobal. En ese margen de mejora, destaca, estarían por ejemplo el hecho de poder identificar y contactar a las personas vulnerables antes de un episodio de calor, preparar a los servicios sanitarios y de asistencia social, proteger a los trabajadores al aire libre, garantizar el acceso a entornos más frescos y evaluar si esas intervenciones llegan a los grupos de mayor riesgo. «Debería seguir evolucionando hacia una prevención más específica y basada en el impacto sobre la salud», sentencia.«Nos enfrentamos a un calor cada vez más intenso y, al mismo tiempo, a una población que envejece. Hay que mejorar la adaptación»En la misma línea, Ruano aboga por seguir avanzando en esa prevención. Primero a nivel internacional, «con la necesaria colaboración para revertir el cambio climático». Pero también a nivel nacional y local, con mayor atención hacia los colectivos que los datos sitúan como más vulnerables. Los ayuntamientos, dice este catedrático, pueden también hacer mucho por mejorar las condiciones de sus habitantes para hacer frente a las altas temperaturas, por ejemplo apostando por espacios repletos de vegetación que constituyan un ‘refugio climático’ o con la disminución de espacios en los que predomine el cemento. «Sin una adaptación más firme y específica, es probable que aumente la carga de mortalidad relacionada con el calor», augura por su parte Zhaoyue Chen. El verano de 2022 ostentaba hasta ahora el récord de muertes atribuibles al calor en España . Fue, según la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), el más cálido hasta ese momento, con tres olas de calor que sumaron un total de 41 días. Desde mediados de mayo hasta septiembre, hubo un total de 4.789 fallecimientos que se atribuyeron a las altas temperaturas, la cifra más alta registrada hasta la fecha. Pero este verano se ha superado ya esa cantidad de decesos, alcanzando otro máximo: a falta de que termine el mes y de las que sucedan también en septiembre, hasta el viernes 21 de agosto se contabilizan ya 4.794 muertes atribuibles al calor. Así lo constatan los datos del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) del Instituto Carlos III, que mide el exceso de mortalidad por todas las causas y estima los fallecimientos que se atribuyen a las altas temperaturas. Ya el mes de julio anticipaba que la letalidad este verano sería elevada, pues en esos 30 días se superaron las 2.000 muertes por calor. Agosto va camino de alcanzar también esa cifra: hasta la fecha se han registrado 1.709 fallecimientos y cada día se notifican alrededor de un centenar.De hecho, de los últimos 10 días, en seis de ellos han fallecido más de 100 personas cuyas causas de muerte se atribuyen a las altas temperaturas . Pero el peor día del verano ha sido hasta ahora el 10 de julio, cuando fallecieron 143 personas. Fue en esa semana, la del 6 al 12 de julio, en la que se acumuló el mayor número de fallecimientos, con 796 en siete días. En 2022, sin embargo, el que hasta ahora había sido el verano con mayor mortalidad por calor, en un solo día se llegaron a registrar 184 decesos que se atribuyeron a las altas temperaturas. Pero este aumento depende de varios factores. Los expertos no creen que en los próximos años se sigan sucediendo récords de forma recurrente, aunque tampoco lo pueden descartar. Las tendencias actuales muestran que las olas de calor son cada vez más frecuentes e intensas, explica Zhaoyue Chen, investigador del ISGlobal de Barcelona, pero eso «no significa que las muertes relacionadas con el calor vayan a aumentar todos los años, ya que la mortalidad anual depende de la intensidad, la duración y el momento en que se produzcan los episodios de calor». Como suele ser habitual en este tipo de decesos, la mayoría de las muertes de este verano que se atribuyen al calor han sido de personas mayores. De los 4.800 fallecimientos en este período, 3.004 corresponden a mayores de 85 años; 1.199 a personas de entre 75 y 84 años y 461 tenían edades comprendidas entre los 65 y los 74. Pero también hubo muertes en personas más jóvenes: 283 tenían entre 45 y 64 años; 86 tenían entre 15 y 44 años y 7 de los fallecidos eran menores de 15. «El envejecimiento reduce la capacidad del organismo para regular la temperatura y mantener la hidratación, por lo que el calor suele suponer una mayor carga para los sistemas cardiovascular y termorregulador de las personas mayores», prosigue Zhaoyue Chen. Incide en que las personas de mayor edad son también más propensas a padecer enfermedades crónicas cardiovasculares o respiratorias, entre otras, que pueden agravarse cuando los termómetros se disparan. El impacto de la gripeY precisamente por el impacto que el calor tiene en los fallecimientos de las personas mayores, considera por su parte Alberto Ruano, miembro del Centro de Investigación Interdisciplinar en Tecnologías Ambientales (Cretus) de la Universidad de Santiago de Compostela, influirá también en el número de decesos por altas temperaturas los efectos de las enfermedades respiratorias del invierno anterior. «Si ha venido una época de gripe muy virulenta, con variantes muy agresivas, puede que una parte importante de personas mayores hayan fallecido durante esa época», explica. Pero además, continúa el también catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública, habría que saber si esas personas ya padecían situaciones de salud delicadas. La mayoría de los fallecimientos atribuidos al calor de este verano son de personas mayores de 85 añosPor ello, Ruano cree imprescindible mejorar los registros de las muertes que se atribuyen a las altas temperaturas para poder tener información más precisa. «Nos ayudaría a tener datos más precisos que en los certificados de defunción hubiese posibilidad de poner una causa de muerte como exceso de calor, porque nos ayudaría mucho a discriminar. Pero es muy difícil hacer este tipo de discriminaciones», sentencia. Así, el sistema MoMo se basa en estadísticas utilizando los datos de las defunciones diarias por todas las causas de los últimos diez años, que extrae del Instituto Nacional de Estadística (INE), las defunciones más recientes procedentes de los registros civiles y las temperaturas máximas y mínimas del día en curso y de los cinco días siguientes, procedentes de la Aemet. ‘Temperaturas de disparo’Desde 2004, España cuenta con el Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos del Exceso de Temperaturas Sobre la Salud del Ministerio de Sanidad, cuyo objetivo es reducir los efectos nocivos que el calor tiene sobre la salud y, por tanto, la mortalidad asociada a las altas temperaturas. Se activa desde el 16 de mayo y permanece vigente hasta el 30 de septiembre. Desde 2024, establece zonas de meteosalud para dividir el país en zonas con diferentes umbrales a partir de los cuales el exceso de calor supone un peligro para la salud.«No es lo mismo 32 grados en Sevilla que en La Coruña», sostiene Ruano, pues las ‘temperaturas de disparo’, aquellas a partir de las cuales aumenta la mortalidad asociada a las mismas, no pueden ser las mismas en todo el territorio, ya que la adaptación al calor no es igual en el norte que en el sur. La comunidad autónoma con mayor mortalidad asociada al calor este verano ha sido Cataluña, que acumula más de 1.500 decesos por estas causas. De lejos, le sigue Andalucía, con 466 muertes, Comunidad Valenciana, con 435 y el País Vasco, con 387 fallecimientos que se atribuyen a las altas temperaturas desde mediados de mayo. Más de 30.000 fallecimientos en Europa No solo España sufre las consecuencias que las altas temperaturas tienen en la salud. Las olas de calor que durante el verano han sufrido otros países europeos han impactado también en la mortalidad de naciones como Alemania o Francia. Entre mediados de junio y mediados de agosto, la plataforma europea de seguimiento de la sobremortalidad (EuroMomo), que incluye los datos de 23 países, estima que se produjeron más de 32.000 decesos adicionales en Europa. En Alemania, las autoridades estiman en 14.000 las muertes adicionales por calor hasta el 9 de agosto, a las que se suman otras 7.300 en Francia, casi 2.900 en Reino Unido o 2.570 en Bélgica. La última semana de junio fue la más mortífera, con casi 16.000 muertes adicionales, seguida por la primera semana de julio, con aproximadamente 8.000.Pero los expertos insisten en que no todo es la edad ni el lugar de residencia. Hay más factores que influyen en el impacto que las altas temperaturas tienen en la salud de las personas. «La vulnerabilidad no es solo biológica. Factores como la movilidad reducida, el hecho de vivir solo, las condiciones de la vivienda, el acceso a sistemas de refrigeración y a la asistencia sanitaria, así como las desventajas socioeconómicas, también pueden afectar en la capacidad de una persona para protegerse durante un episodio de calor», puntualiza Zhaoyue Chen. Además, inciden, el hecho de que la mortalidad aumente no significa que el plan existente sea ineficaz. «Nos enfrentamos a un calor cada vez más intenso y, al mismo tiempo, a una población que envejece. El plan es un avance útil, pero aún hay margen para reforzar la adaptación», prosigue el investigador del ISGlobal. En ese margen de mejora, destaca, estarían por ejemplo el hecho de poder identificar y contactar a las personas vulnerables antes de un episodio de calor, preparar a los servicios sanitarios y de asistencia social, proteger a los trabajadores al aire libre, garantizar el acceso a entornos más frescos y evaluar si esas intervenciones llegan a los grupos de mayor riesgo. «Debería seguir evolucionando hacia una prevención más específica y basada en el impacto sobre la salud», sentencia.«Nos enfrentamos a un calor cada vez más intenso y, al mismo tiempo, a una población que envejece. Hay que mejorar la adaptación»En la misma línea, Ruano aboga por seguir avanzando en esa prevención. Primero a nivel internacional, «con la necesaria colaboración para revertir el cambio climático». Pero también a nivel nacional y local, con mayor atención hacia los colectivos que los datos sitúan como más vulnerables. Los ayuntamientos, dice este catedrático, pueden también hacer mucho por mejorar las condiciones de sus habitantes para hacer frente a las altas temperaturas, por ejemplo apostando por espacios repletos de vegetación que constituyan un ‘refugio climático’ o con la disminución de espacios en los que predomine el cemento. «Sin una adaptación más firme y específica, es probable que aumente la carga de mortalidad relacionada con el calor», augura por su parte Zhaoyue Chen. El verano de 2022 ostentaba hasta ahora el récord de muertes atribuibles al calor en España . Fue, según la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), el más cálido hasta ese momento, con tres olas de calor que sumaron un total de 41 días. Desde mediados de mayo hasta septiembre, hubo un total de 4.789 fallecimientos que se atribuyeron a las altas temperaturas, la cifra más alta registrada hasta la fecha. Pero este verano se ha superado ya esa cantidad de decesos, alcanzando otro máximo: a falta de que termine el mes y de las que sucedan también en septiembre, hasta el viernes 21 de agosto se contabilizan ya 4.794 muertes atribuibles al calor. Así lo constatan los datos del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) del Instituto Carlos III, que mide el exceso de mortalidad por todas las causas y estima los fallecimientos que se atribuyen a las altas temperaturas. Ya el mes de julio anticipaba que la letalidad este verano sería elevada, pues en esos 30 días se superaron las 2.000 muertes por calor. Agosto va camino de alcanzar también esa cifra: hasta la fecha se han registrado 1.709 fallecimientos y cada día se notifican alrededor de un centenar.De hecho, de los últimos 10 días, en seis de ellos han fallecido más de 100 personas cuyas causas de muerte se atribuyen a las altas temperaturas . Pero el peor día del verano ha sido hasta ahora el 10 de julio, cuando fallecieron 143 personas. Fue en esa semana, la del 6 al 12 de julio, en la que se acumuló el mayor número de fallecimientos, con 796 en siete días. En 2022, sin embargo, el que hasta ahora había sido el verano con mayor mortalidad por calor, en un solo día se llegaron a registrar 184 decesos que se atribuyeron a las altas temperaturas. Pero este aumento depende de varios factores. Los expertos no creen que en los próximos años se sigan sucediendo récords de forma recurrente, aunque tampoco lo pueden descartar. Las tendencias actuales muestran que las olas de calor son cada vez más frecuentes e intensas, explica Zhaoyue Chen, investigador del ISGlobal de Barcelona, pero eso «no significa que las muertes relacionadas con el calor vayan a aumentar todos los años, ya que la mortalidad anual depende de la intensidad, la duración y el momento en que se produzcan los episodios de calor». Como suele ser habitual en este tipo de decesos, la mayoría de las muertes de este verano que se atribuyen al calor han sido de personas mayores. De los 4.800 fallecimientos en este período, 3.004 corresponden a mayores de 85 años; 1.199 a personas de entre 75 y 84 años y 461 tenían edades comprendidas entre los 65 y los 74. Pero también hubo muertes en personas más jóvenes: 283 tenían entre 45 y 64 años; 86 tenían entre 15 y 44 años y 7 de los fallecidos eran menores de 15. «El envejecimiento reduce la capacidad del organismo para regular la temperatura y mantener la hidratación, por lo que el calor suele suponer una mayor carga para los sistemas cardiovascular y termorregulador de las personas mayores», prosigue Zhaoyue Chen. Incide en que las personas de mayor edad son también más propensas a padecer enfermedades crónicas cardiovasculares o respiratorias, entre otras, que pueden agravarse cuando los termómetros se disparan. El impacto de la gripeY precisamente por el impacto que el calor tiene en los fallecimientos de las personas mayores, considera por su parte Alberto Ruano, miembro del Centro de Investigación Interdisciplinar en Tecnologías Ambientales (Cretus) de la Universidad de Santiago de Compostela, influirá también en el número de decesos por altas temperaturas los efectos de las enfermedades respiratorias del invierno anterior. «Si ha venido una época de gripe muy virulenta, con variantes muy agresivas, puede que una parte importante de personas mayores hayan fallecido durante esa época», explica. Pero además, continúa el también catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública, habría que saber si esas personas ya padecían situaciones de salud delicadas. La mayoría de los fallecimientos atribuidos al calor de este verano son de personas mayores de 85 añosPor ello, Ruano cree imprescindible mejorar los registros de las muertes que se atribuyen a las altas temperaturas para poder tener información más precisa. «Nos ayudaría a tener datos más precisos que en los certificados de defunción hubiese posibilidad de poner una causa de muerte como exceso de calor, porque nos ayudaría mucho a discriminar. Pero es muy difícil hacer este tipo de discriminaciones», sentencia. Así, el sistema MoMo se basa en estadísticas utilizando los datos de las defunciones diarias por todas las causas de los últimos diez años, que extrae del Instituto Nacional de Estadística (INE), las defunciones más recientes procedentes de los registros civiles y las temperaturas máximas y mínimas del día en curso y de los cinco días siguientes, procedentes de la Aemet. ‘Temperaturas de disparo’Desde 2004, España cuenta con el Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos del Exceso de Temperaturas Sobre la Salud del Ministerio de Sanidad, cuyo objetivo es reducir los efectos nocivos que el calor tiene sobre la salud y, por tanto, la mortalidad asociada a las altas temperaturas. Se activa desde el 16 de mayo y permanece vigente hasta el 30 de septiembre. Desde 2024, establece zonas de meteosalud para dividir el país en zonas con diferentes umbrales a partir de los cuales el exceso de calor supone un peligro para la salud.«No es lo mismo 32 grados en Sevilla que en La Coruña», sostiene Ruano, pues las ‘temperaturas de disparo’, aquellas a partir de las cuales aumenta la mortalidad asociada a las mismas, no pueden ser las mismas en todo el territorio, ya que la adaptación al calor no es igual en el norte que en el sur. La comunidad autónoma con mayor mortalidad asociada al calor este verano ha sido Cataluña, que acumula más de 1.500 decesos por estas causas. De lejos, le sigue Andalucía, con 466 muertes, Comunidad Valenciana, con 435 y el País Vasco, con 387 fallecimientos que se atribuyen a las altas temperaturas desde mediados de mayo. Más de 30.000 fallecimientos en Europa No solo España sufre las consecuencias que las altas temperaturas tienen en la salud. Las olas de calor que durante el verano han sufrido otros países europeos han impactado también en la mortalidad de naciones como Alemania o Francia. Entre mediados de junio y mediados de agosto, la plataforma europea de seguimiento de la sobremortalidad (EuroMomo), que incluye los datos de 23 países, estima que se produjeron más de 32.000 decesos adicionales en Europa. En Alemania, las autoridades estiman en 14.000 las muertes adicionales por calor hasta el 9 de agosto, a las que se suman otras 7.300 en Francia, casi 2.900 en Reino Unido o 2.570 en Bélgica. La última semana de junio fue la más mortífera, con casi 16.000 muertes adicionales, seguida por la primera semana de julio, con aproximadamente 8.000.Pero los expertos insisten en que no todo es la edad ni el lugar de residencia. Hay más factores que influyen en el impacto que las altas temperaturas tienen en la salud de las personas. «La vulnerabilidad no es solo biológica. Factores como la movilidad reducida, el hecho de vivir solo, las condiciones de la vivienda, el acceso a sistemas de refrigeración y a la asistencia sanitaria, así como las desventajas socioeconómicas, también pueden afectar en la capacidad de una persona para protegerse durante un episodio de calor», puntualiza Zhaoyue Chen. Además, inciden, el hecho de que la mortalidad aumente no significa que el plan existente sea ineficaz. «Nos enfrentamos a un calor cada vez más intenso y, al mismo tiempo, a una población que envejece. El plan es un avance útil, pero aún hay margen para reforzar la adaptación», prosigue el investigador del ISGlobal. En ese margen de mejora, destaca, estarían por ejemplo el hecho de poder identificar y contactar a las personas vulnerables antes de un episodio de calor, preparar a los servicios sanitarios y de asistencia social, proteger a los trabajadores al aire libre, garantizar el acceso a entornos más frescos y evaluar si esas intervenciones llegan a los grupos de mayor riesgo. «Debería seguir evolucionando hacia una prevención más específica y basada en el impacto sobre la salud», sentencia.«Nos enfrentamos a un calor cada vez más intenso y, al mismo tiempo, a una población que envejece. Hay que mejorar la adaptación»En la misma línea, Ruano aboga por seguir avanzando en esa prevención. Primero a nivel internacional, «con la necesaria colaboración para revertir el cambio climático». Pero también a nivel nacional y local, con mayor atención hacia los colectivos que los datos sitúan como más vulnerables. Los ayuntamientos, dice este catedrático, pueden también hacer mucho por mejorar las condiciones de sus habitantes para hacer frente a las altas temperaturas, por ejemplo apostando por espacios repletos de vegetación que constituyan un ‘refugio climático’ o con la disminución de espacios en los que predomine el cemento. «Sin una adaptación más firme y específica, es probable que aumente la carga de mortalidad relacionada con el calor», augura por su parte Zhaoyue Chen. RSS de noticias de sociedad
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