«Las llamas estaban cada vez más cerca, no sabía qué me iba a encontrar ni qué hacer con los animales», relata Carlos Bernad a EL MUNDO al revivir el pánico que se apoderó de su finca pasadas las 23.00 horas del viernes pasado. Con el humo avanzando sobre las cuadras de la Sierra Oeste y la certidumbre de que había que huir, su reacción inmediata fue coger el teléfono. «Empecé a hacer llamadas desesperadas a ver dónde podría llevarlos», recuerda. Una de esas peticiones de auxilio acabó al otro lado de la línea con su amiga Diana Marsá, propietaria del centro ecuestre Emiralia, en el municipio de Villanueva de la Cañada.
Tras una noche angustiosa para la comunidad ecuestre, Carlos Bernad recuerda que «no sabía que hacer con los animales».
«Las llamas estaban cada vez más cerca, no sabía qué me iba a encontrar ni qué hacer con los animales», relata Carlos Bernad a EL MUNDO al revivir el pánico que se apoderó de su finca pasadas las 23.00 horas del viernes pasado. Con el humo avanzando sobre las cuadras de la Sierra Oeste y la certidumbre de que había que huir, su reacción inmediata fue coger el teléfono. «Empecé a hacer llamadas desesperadas a ver dónde podría llevarlos», recuerda. Una de esas peticiones de auxilio acabó al otro lado de la línea con su amiga Diana Marsá, propietaria del centro ecuestre Emiralia, en el municipio de Villanueva de la Cañada.
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