Omayma, pelirroja, trenza perfectamente anudada, deja los guantes de boxeo y se seca el sudor. Durante años peleó profesionalmente, pero ahora es profesora en un gimnasio de pijos en el distrito tercero de París. Vive en Orly, cerca del aeropuerto, pero cada día se pasa una hora y media embutida en el cercanías para ir a trabajar al centro de la ciudad. Bien mirado, muy poco comparado con el viaje que hicieron sus padres desde Marruecos cuando ella no había nacido. “Eso sí era buscarse la vida”, sonríe. El jueves, en parte por ellos, también por su propia historia, irá con la selección que entrena Mohamed Ouahbi.
El encuentro, con un alto contenido simbólico, enciende las alarmas de las fuerzas de seguridad en París, que acoge la segunda mayor comunidad de ciudadanos originarios del país del Magreb
Omayma, pelirroja, trenza perfectamente anudada, deja los guantes de boxeo y se seca el sudor. Durante años peleó profesionalmente, pero ahora es profesora en un gimnasio de pijos en el distrito tercero de París. Vive en Orly, cerca del aeropuerto, pero cada día se pasa una hora y media embutida en el cercanías para ir a trabajar al centro de la ciudad. Bien mirado, muy poco comparado con el viaje que hicieron sus padres desde Marruecos cuando ella no había nacido. “Eso sí era buscarse la vida”, sonríe. El jueves, en parte por ellos, también por su propia historia, irá con la selección que entrena Mohamed Ouahbi.
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