Frida Kahlo no nació icono. Tampoco fue, en vida, la artista universal que hoy parece haber existido desde siempre. Durante décadas fue una pintora mexicana conocida en círculos reducidos, eclipsada en parte por la figura monumental —también física— de su marido, Diego Rivera, asociada al surrealismo pese a que ella rechazó siempre esa etiqueta, porque, como ella misma dijo «no pinto sueños. Pinto mi propia realidad».
La fridamanía de finales del siglo XX es uno de los fenómenos que se analizan en la exposición que la Tate de Londres dedica a la artista mexicana
Frida Kahlo no nació icono. Tampoco fue, en vida, la artista universal que hoy parece haber existido desde siempre. Durante décadas fue una pintora mexicana conocida en círculos reducidos, eclipsada en parte por la figura monumental —también física— de su marido, Diego Rivera, asociada al surrealismo pese a que ella rechazó siempre esa etiqueta, porque, como ella misma dijo «no pinto sueños. Pinto mi propia realidad».
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