A un lado del rompeolas, unos jóvenes inmigrantes lavan sus camisetas y empapan sus cabezas para combatir el calor. Al otro, los ceutíes comienzan a recuperar una cotidianidad quebrada hace días, como es la de pasar una tarde bajo la sombrilla y entre zambullidas en el mar. El recuerdo de lo ocurrido permanece, en primer lugar, porque aún no ha terminado, y porque nada se olvida tan rápido. Cuentan que, estos días, han sentido que la ciudad ha sido abandonada , mientras que sus miradas están puestas en un futuro que prevén complejo porque piensan que si ha sucedido una vez y no se toman medidas, nada impedirá que vuelva a ocurrir.La situación sigue pendiendo de un hilo en determinadas zonas de la ciudad, como en Benítez, que concentra a la mayor parte de los inmigrantes que todavía permanecen, pero otras ya empiezan a descansar. En ellas, el Ejército pierde su presencia y los vecinos se entremezclan con los inmigrantes que han logrado burlar la orden de regreso a la frontera. En el centro reabren las terrazas y si fuese por playas como El Chorrillo, nada distinto de lo habitual se apreciaría en ellas. «Ceuta ha sido abandonada por el Gobierno de España y el de Ceuta», sentencia una mujer, residente en la calle Muelle de la Puntilla, en compañía de su hija y su nieto. Junto a ellos, relata un encierro que no pudo sino recordarles a la cuarentena por la pandemia de coronavirus. «Si no tienes cojones de defender la frontera, lárgate. La ciudad no puede estar tres días con el supermercado cerrado, jamás había visto esto», añade, visiblemente emocionada por lo ocurrido.Rafael y Francisco, pescaderos, estaban en las inmediaciones de la playa cuando comenzaron a llegar de manera masiva. «Todo se llenó y nosotros les vimos subir las piedras como hormigas, al monte y a la calle corriendo», relatan, y lamentan las expectativas con las que los magrebíes y subsaharianos cruzaron la frontera, porque «se creen que aquí hay trabajo para todo el mundo y no hay ni para el pueblo». Tuvieron que cerrar el comercio durante los días más problemáticos debido a que todos los recién llegados les pedían comida, agua y cargar sus teléfonos, pero ellos no podían atender a todos.Los vecinos de Ceuta la describen como la ciudad de las cuatro culturas, en la que se convive sin acritudes y todos son bien recibidos. Pero no de esta forma, sin control. Están descontentos con unas autoridades que, en su mayoría, consideran que llevan tiempo sin estar a la altura de la situación. «Se está haciendo una gestión muy frívola, no se atienden realmente los problemas y solo ponen unas boyas. ¿Y lo de matar a la gente de hambre para que se vaya a su casa? ¿Es una broma?», asegura, indignado, un vecino que reside junto a la playa de Benítez después de que un marroquí le pregunte si hay mucha policía en la ciudad. «Que se están muriendo de hambre como perros ahí, se van a morir ahí», dice, mientras señala a los subsaharianos tumbados en la orilla.«Se está haciendo una gestión muy frívola, solo ponen unas boyas. ¿Y lo de matar a la gente de hambre para que se vaya a su casa? ¿Es una broma?», se pregunta, indignado, un ceutíSienten pena por ellos, pero la gran mayoría coincide en que se necesita más «mano dura» y atajar los problemas de raíz. «Los ciudadanos del pueblo son los que hemos tenido más cojones porque el Gobierno no los ha tenido. La gente de las barriadas ha mandado porque tenían miedo de que hiciesen algo a sus críos», cuenta Rafael, en referencia a las noches en las que ceutíes emprendieron una vigilancia autogestionada al comienzo de sus barrios. Y lo hicieron porque no se vieron protegidos, según ellos, por falta de órdenes a un Ejército al que no ponen pegas. Así lo narraron los vecinos que organizaron tales operativos de vigilancia en sus barrios y lo corroboran quienes se mantuvieron en sus hogares días después. «El Ejército y la Policía tienen las manos amarradas, no pueden hacer nada porque si hacen algo, encima, pierden la ropa. Si les dieran carta blanca, sería otra cosa», apunta Francisco. A un lado del rompeolas, unos jóvenes inmigrantes lavan sus camisetas y empapan sus cabezas para combatir el calor. Al otro, los ceutíes comienzan a recuperar una cotidianidad quebrada hace días, como es la de pasar una tarde bajo la sombrilla y entre zambullidas en el mar. El recuerdo de lo ocurrido permanece, en primer lugar, porque aún no ha terminado, y porque nada se olvida tan rápido. Cuentan que, estos días, han sentido que la ciudad ha sido abandonada , mientras que sus miradas están puestas en un futuro que prevén complejo porque piensan que si ha sucedido una vez y no se toman medidas, nada impedirá que vuelva a ocurrir.La situación sigue pendiendo de un hilo en determinadas zonas de la ciudad, como en Benítez, que concentra a la mayor parte de los inmigrantes que todavía permanecen, pero otras ya empiezan a descansar. En ellas, el Ejército pierde su presencia y los vecinos se entremezclan con los inmigrantes que han logrado burlar la orden de regreso a la frontera. En el centro reabren las terrazas y si fuese por playas como El Chorrillo, nada distinto de lo habitual se apreciaría en ellas. «Ceuta ha sido abandonada por el Gobierno de España y el de Ceuta», sentencia una mujer, residente en la calle Muelle de la Puntilla, en compañía de su hija y su nieto. Junto a ellos, relata un encierro que no pudo sino recordarles a la cuarentena por la pandemia de coronavirus. «Si no tienes cojones de defender la frontera, lárgate. La ciudad no puede estar tres días con el supermercado cerrado, jamás había visto esto», añade, visiblemente emocionada por lo ocurrido.Rafael y Francisco, pescaderos, estaban en las inmediaciones de la playa cuando comenzaron a llegar de manera masiva. «Todo se llenó y nosotros les vimos subir las piedras como hormigas, al monte y a la calle corriendo», relatan, y lamentan las expectativas con las que los magrebíes y subsaharianos cruzaron la frontera, porque «se creen que aquí hay trabajo para todo el mundo y no hay ni para el pueblo». Tuvieron que cerrar el comercio durante los días más problemáticos debido a que todos los recién llegados les pedían comida, agua y cargar sus teléfonos, pero ellos no podían atender a todos.Los vecinos de Ceuta la describen como la ciudad de las cuatro culturas, en la que se convive sin acritudes y todos son bien recibidos. Pero no de esta forma, sin control. Están descontentos con unas autoridades que, en su mayoría, consideran que llevan tiempo sin estar a la altura de la situación. «Se está haciendo una gestión muy frívola, no se atienden realmente los problemas y solo ponen unas boyas. ¿Y lo de matar a la gente de hambre para que se vaya a su casa? ¿Es una broma?», asegura, indignado, un vecino que reside junto a la playa de Benítez después de que un marroquí le pregunte si hay mucha policía en la ciudad. «Que se están muriendo de hambre como perros ahí, se van a morir ahí», dice, mientras señala a los subsaharianos tumbados en la orilla.«Se está haciendo una gestión muy frívola, solo ponen unas boyas. ¿Y lo de matar a la gente de hambre para que se vaya a su casa? ¿Es una broma?», se pregunta, indignado, un ceutíSienten pena por ellos, pero la gran mayoría coincide en que se necesita más «mano dura» y atajar los problemas de raíz. «Los ciudadanos del pueblo son los que hemos tenido más cojones porque el Gobierno no los ha tenido. La gente de las barriadas ha mandado porque tenían miedo de que hiciesen algo a sus críos», cuenta Rafael, en referencia a las noches en las que ceutíes emprendieron una vigilancia autogestionada al comienzo de sus barrios. Y lo hicieron porque no se vieron protegidos, según ellos, por falta de órdenes a un Ejército al que no ponen pegas. Así lo narraron los vecinos que organizaron tales operativos de vigilancia en sus barrios y lo corroboran quienes se mantuvieron en sus hogares días después. «El Ejército y la Policía tienen las manos amarradas, no pueden hacer nada porque si hacen algo, encima, pierden la ropa. Si les dieran carta blanca, sería otra cosa», apunta Francisco. A un lado del rompeolas, unos jóvenes inmigrantes lavan sus camisetas y empapan sus cabezas para combatir el calor. Al otro, los ceutíes comienzan a recuperar una cotidianidad quebrada hace días, como es la de pasar una tarde bajo la sombrilla y entre zambullidas en el mar. El recuerdo de lo ocurrido permanece, en primer lugar, porque aún no ha terminado, y porque nada se olvida tan rápido. Cuentan que, estos días, han sentido que la ciudad ha sido abandonada , mientras que sus miradas están puestas en un futuro que prevén complejo porque piensan que si ha sucedido una vez y no se toman medidas, nada impedirá que vuelva a ocurrir.La situación sigue pendiendo de un hilo en determinadas zonas de la ciudad, como en Benítez, que concentra a la mayor parte de los inmigrantes que todavía permanecen, pero otras ya empiezan a descansar. En ellas, el Ejército pierde su presencia y los vecinos se entremezclan con los inmigrantes que han logrado burlar la orden de regreso a la frontera. En el centro reabren las terrazas y si fuese por playas como El Chorrillo, nada distinto de lo habitual se apreciaría en ellas. «Ceuta ha sido abandonada por el Gobierno de España y el de Ceuta», sentencia una mujer, residente en la calle Muelle de la Puntilla, en compañía de su hija y su nieto. Junto a ellos, relata un encierro que no pudo sino recordarles a la cuarentena por la pandemia de coronavirus. «Si no tienes cojones de defender la frontera, lárgate. La ciudad no puede estar tres días con el supermercado cerrado, jamás había visto esto», añade, visiblemente emocionada por lo ocurrido.Rafael y Francisco, pescaderos, estaban en las inmediaciones de la playa cuando comenzaron a llegar de manera masiva. «Todo se llenó y nosotros les vimos subir las piedras como hormigas, al monte y a la calle corriendo», relatan, y lamentan las expectativas con las que los magrebíes y subsaharianos cruzaron la frontera, porque «se creen que aquí hay trabajo para todo el mundo y no hay ni para el pueblo». Tuvieron que cerrar el comercio durante los días más problemáticos debido a que todos los recién llegados les pedían comida, agua y cargar sus teléfonos, pero ellos no podían atender a todos.Los vecinos de Ceuta la describen como la ciudad de las cuatro culturas, en la que se convive sin acritudes y todos son bien recibidos. Pero no de esta forma, sin control. Están descontentos con unas autoridades que, en su mayoría, consideran que llevan tiempo sin estar a la altura de la situación. «Se está haciendo una gestión muy frívola, no se atienden realmente los problemas y solo ponen unas boyas. ¿Y lo de matar a la gente de hambre para que se vaya a su casa? ¿Es una broma?», asegura, indignado, un vecino que reside junto a la playa de Benítez después de que un marroquí le pregunte si hay mucha policía en la ciudad. «Que se están muriendo de hambre como perros ahí, se van a morir ahí», dice, mientras señala a los subsaharianos tumbados en la orilla.«Se está haciendo una gestión muy frívola, solo ponen unas boyas. ¿Y lo de matar a la gente de hambre para que se vaya a su casa? ¿Es una broma?», se pregunta, indignado, un ceutíSienten pena por ellos, pero la gran mayoría coincide en que se necesita más «mano dura» y atajar los problemas de raíz. «Los ciudadanos del pueblo son los que hemos tenido más cojones porque el Gobierno no los ha tenido. La gente de las barriadas ha mandado porque tenían miedo de que hiciesen algo a sus críos», cuenta Rafael, en referencia a las noches en las que ceutíes emprendieron una vigilancia autogestionada al comienzo de sus barrios. Y lo hicieron porque no se vieron protegidos, según ellos, por falta de órdenes a un Ejército al que no ponen pegas. Así lo narraron los vecinos que organizaron tales operativos de vigilancia en sus barrios y lo corroboran quienes se mantuvieron en sus hogares días después. «El Ejército y la Policía tienen las manos amarradas, no pueden hacer nada porque si hacen algo, encima, pierden la ropa. Si les dieran carta blanca, sería otra cosa», apunta Francisco. RSS de noticias de espana
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