Juega al pádel tres veces por semana y en el cajón del despacho oficial que dejó el pasado jueves guardaba un tensiómetro y comprimidos para «curar» las crisis de sus señorías. Jesús Aguirre (Córdoba, 70 años) es, por encima de todo, un médico rural de «zapato gastado» que se niega a pasar a la reserva. El presidente saliente del Parlamento andaluz recibe a ABC justo antes de hacer las maletas y ceder el testigo a Ana Mestre para hacer balance de los últimos cuatro años con un lenguaje sin anestesia y la misma vitalidad desbordante con la que llegó al cargo. Su próximo destino es el Senado, pero que nadie se llame a engaño: no va a la Cámara Alta para «no hacer nada», sino para «meterse en todos los charcos». Quien fuera capaz de plantar cara al covid, la listeriosis y el virus del Nilo como consejero de Salud —presentándose ante Salvador Illa como «Moisés el de las plagas»— advierte de que cruza Despeñaperros dispuesto a demostrar que le queda mucha guerra por dar. —Cuando cambió la Consejería de Salud por el Parlamento andaluz dijo que seguiría hablando igual para que la gente lo entienda. ¿Lo ha cumplido?—Viendo mi historial de intervención en el Parlamento, mi jerga, yo soy yo mismo. Mi padre me acuerdo que me lo decía siempre: «Niño, para no equivocarte, sé tú mismo y yo siempre he sido el mismo. Mi forma de hablar y de actuar es la que aprendí como médico rural en la Universidad de zapato gastado cuando iba viendo a mis pacientes con mi maletín y con mi niña al lado. No cambio. En el momento en que alguien intenta aparentar lo que no es, la gente, que no es tonta, se da cuenta. Yo soy como soy.—Cuando asumió el cargo también dijo que pasaba de ser un médico rural a «pastorear a sus señorías». ¿En estos cuatro años ha sentido alguna vez que en el Parlamento había más rebaño que diputados?—Bueno, en el Parlamento hay diferentes grupos parlamentarios, cada uno con iniciativas diferentes. La disparidad de criterios es la esencia de la democracia. Es lógico que el abanico parlamentario sea igual que el abanico de la sociedad. Cada grupo tiene una forma de manifestarse diferente. Algunos, de una forma más vehemente y otros con mayor cortesía parlamentaria. A cada uno yo tengo que darle su sitio, que es lo que he intentado durante estos cuatro años. Si lo he conseguido, ha sido con muchísimo trabajo y si no, porque con alguno he tenido alguna que otra frase poco acertada, pues pido disculpas. No me importó nunca pedir disculpas cuando cuando me he equivocado. «Cuando alguien intenta aparentar lo que no es, la gente, que no es tonta, se da cuenta. Yo soy como soy»—¿Con que equivocación le ha dolido más la cabeza?—Alguna vez me he visto bloqueado ante la vehemencia parlamentaria y ves que no es acertado no dar la palabra en un momento determinado o no haber sido un poquito más drástico a la hora de llamar al orden a sus señorías. Alguna vez hasta con el micro abierto. Soy un poco desastre con esto y me han salido frases como «porque me da la gana» o alguna otra. He intentado que los grupos parlamentarios no vieran un presidente muy sesgado hacia el grupo que lo sustenta, en este caso el PP, y ser justo. Si lo he conseguido bien y si no lo he conseguido, me disculpo. —Mandó a «comprarse un mono» a una diputada por derramar arena en el escaño de Juanma Moreno en pleno debate sobre Doñana. ¿La política actual se ha contagiado en exceso del espectáculo y las redes sociales?—La política actual es un reflejo de la sociedad, que está más en la foto para meterla en el Twitter o el Instagram. Lo que se buscaba con echar arena en el escaño del presidente era el momento y ganarse su minuto de gloria. Utilicé una frase que no había usado en mi vida y viene de la época romana, de las mujeres que se compraban un mono y lo vestían para pasearlo por el foro. Me salió quizás fruto de del nerviosismo propio de un acto que lo veía totalmente absurdo, como manchar un escaño con arena.—Como médico, ¿le ha resultado más difícil curar la crispación política que una pandemia?—La pandemia fue una intensidad de trabajo espectacular. Empezábamos a las 6.30 horas y no parábamos hasta bien entrada la noche. Había que tomar muchísimas decisiones en poco espacio de tiempo intentando salvar el máximo de vidas. Lo expliqué muchas veces. Te ponías a puerta gayola y salía un Miura y tú no sabías por dónde entraba. Si por la derecha, por la izquierda, por el centro. Era muy, muy difícil tomar decisiones en tan poco espacio de tiempo. Ahora en el Parlamento hay un ambiente de crispación, pero es más de toreo de salón. Sé perfectamente cómo actuar con cada grupo en los plenos. Ellos exponen su discrepancia, su vehemencia, yo le doy su espacio y cuando llega ya mi turno otra vez, digo «el siguiente». «En el Parlamento andaluz hay un ambiente de crispación, pero es más de toreo de salón» Jesús Aguirre Senador y expresidente de la Cámara—¿Qué necesita hoy la sanidad pública andaluza: una intervención ambulatoria o cirugía mayor?—El sistema está enfocado a una población con una edad media joven y poco demandante. Ahora mismo, estamos con una población de una edad media alta, multipatológica y muy demandante. El modelo sanitario hay que cambiarlo. El consejero de Salud, Antonio Sanz, lo sabe perfectamente y por eso el presidente va a poner en marcha un grupo de trabajo para hacer grandes medidas no coyunturales, sino estructurales. Hay que hacerlo porque ha habido una evolución en 40 años. La gente antes se moría. Ahora lo se cronifican las patologías. Eso tiene un coste tanto desde el punto de vista del personal sanitario altísimo. Pero gracias a eso vivimos mejor. Yo siempre digo que gracias a una cosa redondita y chiquitita que se llama píldora, vivimos más años y mejor. Yo tengo 70 años, juego al pádel tres veces a la semana, me muevo. El otro día un grupo parlamentario me dijo «te vas con la edad que tienes…» Ese edadismo me molesta muchísimo. Yo tengo una actividad espectacular y lo que quiero es seguir trabajando. Soy funcionario del Estado desde el año 1979. Me podía haber jubilado con 60 años, con el 100% [de la pensión], como ha hecho mi mujer, que es médico. Pero sé lo que puedo aportar todavía a la sociedad. Me voy al Senado y a Jesús Aguirre, el que lo conoce sabe que se mete en todos los charcos, igual que he hecho toda mi vida. Me meteré en los charcos y seguiré con una actividad frenética en beneficio de Andalucía.—El Senado carga con la fama de ser como una especie de retiro dorado de políticos, ¿cómo va a demostrar que no llega allí ni para jubilarse?—El Senado tiene tres plenos al mes y el Parlamento, dos. El Senado ha buscado un nicho que lo ha perdido en parte el Congreso, que ha pasado a tener menos relevancia. Yo pienso participar activamente. Cuando yo llegué a este Parlamento me decían: «Bueno, cuatro años tranquilo». La transformación digital que hemos hecho aquí ha sido espectacular. Tengo todo metido en obras, hemos hecho una relación de puestos de trabajo de cara a los próximos años… Yo no vengo [al Senado] para no hacer nada. Para no hacer nada, me voy a mi casa de jubilado y no tengo ningún problema, ni en mi familia tengo ningún problema. A mí es que me va la marcha. Me estoy intentando concienciar diciéndome «Jesús, piano, piano, tranquilo». Pero yo me conozco. A mi mujer le digo «a partir de ahora, mami, verás cómo voy a estar más contigo». Y mujer se pone «otro que no te conozca, que te compre». Sabe que si no, para eso me voy a mi casa.—¿De verdad esperaba que su segundo mandato fuera tan breve?—Yo esperaba que fuera breve. Había puesto ya a mi cargo [a disposición] del presidente. Sabía que uno de los temas que se iba a negociar con Vox era la Presidencia del Parlamento. Tengo 70 años. Es un cambio lógico que entre Ana Maestre, que lleva cuatro años a mi derecha y sabe perfectamente cómo controlar el Parlamento. Esta mañana [el pasado lunes] he estado planificando todo de aquí hasta diciembre. El Parlamento me tendrá para lo que quiera.—¿Qué consejo, sin tecnicismos y hablando «en cristiano», le ha dado a su sucesora, Ana Mestre?—Sobre todo, cordura y paciencia. A cada uno hay que darle su sitio y conocer la personalidad de cada portavoz. Viendo la proposición de ley o la comparecencia de quién es, yo sé cuál me va a dar algún quebradero de cabeza y quién no. Esto hay que estudiarlo e ir preparado. Juega al pádel tres veces por semana y en el cajón del despacho oficial que dejó el pasado jueves guardaba un tensiómetro y comprimidos para «curar» las crisis de sus señorías. Jesús Aguirre (Córdoba, 70 años) es, por encima de todo, un médico rural de «zapato gastado» que se niega a pasar a la reserva. El presidente saliente del Parlamento andaluz recibe a ABC justo antes de hacer las maletas y ceder el testigo a Ana Mestre para hacer balance de los últimos cuatro años con un lenguaje sin anestesia y la misma vitalidad desbordante con la que llegó al cargo. Su próximo destino es el Senado, pero que nadie se llame a engaño: no va a la Cámara Alta para «no hacer nada», sino para «meterse en todos los charcos». Quien fuera capaz de plantar cara al covid, la listeriosis y el virus del Nilo como consejero de Salud —presentándose ante Salvador Illa como «Moisés el de las plagas»— advierte de que cruza Despeñaperros dispuesto a demostrar que le queda mucha guerra por dar. —Cuando cambió la Consejería de Salud por el Parlamento andaluz dijo que seguiría hablando igual para que la gente lo entienda. ¿Lo ha cumplido?—Viendo mi historial de intervención en el Parlamento, mi jerga, yo soy yo mismo. Mi padre me acuerdo que me lo decía siempre: «Niño, para no equivocarte, sé tú mismo y yo siempre he sido el mismo. Mi forma de hablar y de actuar es la que aprendí como médico rural en la Universidad de zapato gastado cuando iba viendo a mis pacientes con mi maletín y con mi niña al lado. No cambio. En el momento en que alguien intenta aparentar lo que no es, la gente, que no es tonta, se da cuenta. Yo soy como soy.—Cuando asumió el cargo también dijo que pasaba de ser un médico rural a «pastorear a sus señorías». ¿En estos cuatro años ha sentido alguna vez que en el Parlamento había más rebaño que diputados?—Bueno, en el Parlamento hay diferentes grupos parlamentarios, cada uno con iniciativas diferentes. La disparidad de criterios es la esencia de la democracia. Es lógico que el abanico parlamentario sea igual que el abanico de la sociedad. Cada grupo tiene una forma de manifestarse diferente. Algunos, de una forma más vehemente y otros con mayor cortesía parlamentaria. A cada uno yo tengo que darle su sitio, que es lo que he intentado durante estos cuatro años. Si lo he conseguido, ha sido con muchísimo trabajo y si no, porque con alguno he tenido alguna que otra frase poco acertada, pues pido disculpas. No me importó nunca pedir disculpas cuando cuando me he equivocado. «Cuando alguien intenta aparentar lo que no es, la gente, que no es tonta, se da cuenta. Yo soy como soy»—¿Con que equivocación le ha dolido más la cabeza?—Alguna vez me he visto bloqueado ante la vehemencia parlamentaria y ves que no es acertado no dar la palabra en un momento determinado o no haber sido un poquito más drástico a la hora de llamar al orden a sus señorías. Alguna vez hasta con el micro abierto. Soy un poco desastre con esto y me han salido frases como «porque me da la gana» o alguna otra. He intentado que los grupos parlamentarios no vieran un presidente muy sesgado hacia el grupo que lo sustenta, en este caso el PP, y ser justo. Si lo he conseguido bien y si no lo he conseguido, me disculpo. —Mandó a «comprarse un mono» a una diputada por derramar arena en el escaño de Juanma Moreno en pleno debate sobre Doñana. ¿La política actual se ha contagiado en exceso del espectáculo y las redes sociales?—La política actual es un reflejo de la sociedad, que está más en la foto para meterla en el Twitter o el Instagram. Lo que se buscaba con echar arena en el escaño del presidente era el momento y ganarse su minuto de gloria. Utilicé una frase que no había usado en mi vida y viene de la época romana, de las mujeres que se compraban un mono y lo vestían para pasearlo por el foro. Me salió quizás fruto de del nerviosismo propio de un acto que lo veía totalmente absurdo, como manchar un escaño con arena.—Como médico, ¿le ha resultado más difícil curar la crispación política que una pandemia?—La pandemia fue una intensidad de trabajo espectacular. Empezábamos a las 6.30 horas y no parábamos hasta bien entrada la noche. Había que tomar muchísimas decisiones en poco espacio de tiempo intentando salvar el máximo de vidas. Lo expliqué muchas veces. Te ponías a puerta gayola y salía un Miura y tú no sabías por dónde entraba. Si por la derecha, por la izquierda, por el centro. Era muy, muy difícil tomar decisiones en tan poco espacio de tiempo. Ahora en el Parlamento hay un ambiente de crispación, pero es más de toreo de salón. Sé perfectamente cómo actuar con cada grupo en los plenos. Ellos exponen su discrepancia, su vehemencia, yo le doy su espacio y cuando llega ya mi turno otra vez, digo «el siguiente». «En el Parlamento andaluz hay un ambiente de crispación, pero es más de toreo de salón» Jesús Aguirre Senador y expresidente de la Cámara—¿Qué necesita hoy la sanidad pública andaluza: una intervención ambulatoria o cirugía mayor?—El sistema está enfocado a una población con una edad media joven y poco demandante. Ahora mismo, estamos con una población de una edad media alta, multipatológica y muy demandante. El modelo sanitario hay que cambiarlo. El consejero de Salud, Antonio Sanz, lo sabe perfectamente y por eso el presidente va a poner en marcha un grupo de trabajo para hacer grandes medidas no coyunturales, sino estructurales. Hay que hacerlo porque ha habido una evolución en 40 años. La gente antes se moría. Ahora lo se cronifican las patologías. Eso tiene un coste tanto desde el punto de vista del personal sanitario altísimo. Pero gracias a eso vivimos mejor. Yo siempre digo que gracias a una cosa redondita y chiquitita que se llama píldora, vivimos más años y mejor. Yo tengo 70 años, juego al pádel tres veces a la semana, me muevo. El otro día un grupo parlamentario me dijo «te vas con la edad que tienes…» Ese edadismo me molesta muchísimo. Yo tengo una actividad espectacular y lo que quiero es seguir trabajando. Soy funcionario del Estado desde el año 1979. Me podía haber jubilado con 60 años, con el 100% [de la pensión], como ha hecho mi mujer, que es médico. Pero sé lo que puedo aportar todavía a la sociedad. Me voy al Senado y a Jesús Aguirre, el que lo conoce sabe que se mete en todos los charcos, igual que he hecho toda mi vida. Me meteré en los charcos y seguiré con una actividad frenética en beneficio de Andalucía.—El Senado carga con la fama de ser como una especie de retiro dorado de políticos, ¿cómo va a demostrar que no llega allí ni para jubilarse?—El Senado tiene tres plenos al mes y el Parlamento, dos. El Senado ha buscado un nicho que lo ha perdido en parte el Congreso, que ha pasado a tener menos relevancia. Yo pienso participar activamente. Cuando yo llegué a este Parlamento me decían: «Bueno, cuatro años tranquilo». La transformación digital que hemos hecho aquí ha sido espectacular. Tengo todo metido en obras, hemos hecho una relación de puestos de trabajo de cara a los próximos años… Yo no vengo [al Senado] para no hacer nada. Para no hacer nada, me voy a mi casa de jubilado y no tengo ningún problema, ni en mi familia tengo ningún problema. A mí es que me va la marcha. Me estoy intentando concienciar diciéndome «Jesús, piano, piano, tranquilo». Pero yo me conozco. A mi mujer le digo «a partir de ahora, mami, verás cómo voy a estar más contigo». Y mujer se pone «otro que no te conozca, que te compre». Sabe que si no, para eso me voy a mi casa.—¿De verdad esperaba que su segundo mandato fuera tan breve?—Yo esperaba que fuera breve. Había puesto ya a mi cargo [a disposición] del presidente. Sabía que uno de los temas que se iba a negociar con Vox era la Presidencia del Parlamento. Tengo 70 años. Es un cambio lógico que entre Ana Maestre, que lleva cuatro años a mi derecha y sabe perfectamente cómo controlar el Parlamento. Esta mañana [el pasado lunes] he estado planificando todo de aquí hasta diciembre. El Parlamento me tendrá para lo que quiera.—¿Qué consejo, sin tecnicismos y hablando «en cristiano», le ha dado a su sucesora, Ana Mestre?—Sobre todo, cordura y paciencia. A cada uno hay que darle su sitio y conocer la personalidad de cada portavoz. Viendo la proposición de ley o la comparecencia de quién es, yo sé cuál me va a dar algún quebradero de cabeza y quién no. Esto hay que estudiarlo e ir preparado. Juega al pádel tres veces por semana y en el cajón del despacho oficial que dejó el pasado jueves guardaba un tensiómetro y comprimidos para «curar» las crisis de sus señorías. Jesús Aguirre (Córdoba, 70 años) es, por encima de todo, un médico rural de «zapato gastado» que se niega a pasar a la reserva. El presidente saliente del Parlamento andaluz recibe a ABC justo antes de hacer las maletas y ceder el testigo a Ana Mestre para hacer balance de los últimos cuatro años con un lenguaje sin anestesia y la misma vitalidad desbordante con la que llegó al cargo. Su próximo destino es el Senado, pero que nadie se llame a engaño: no va a la Cámara Alta para «no hacer nada», sino para «meterse en todos los charcos». Quien fuera capaz de plantar cara al covid, la listeriosis y el virus del Nilo como consejero de Salud —presentándose ante Salvador Illa como «Moisés el de las plagas»— advierte de que cruza Despeñaperros dispuesto a demostrar que le queda mucha guerra por dar. —Cuando cambió la Consejería de Salud por el Parlamento andaluz dijo que seguiría hablando igual para que la gente lo entienda. ¿Lo ha cumplido?—Viendo mi historial de intervención en el Parlamento, mi jerga, yo soy yo mismo. Mi padre me acuerdo que me lo decía siempre: «Niño, para no equivocarte, sé tú mismo y yo siempre he sido el mismo. Mi forma de hablar y de actuar es la que aprendí como médico rural en la Universidad de zapato gastado cuando iba viendo a mis pacientes con mi maletín y con mi niña al lado. No cambio. En el momento en que alguien intenta aparentar lo que no es, la gente, que no es tonta, se da cuenta. Yo soy como soy.—Cuando asumió el cargo también dijo que pasaba de ser un médico rural a «pastorear a sus señorías». ¿En estos cuatro años ha sentido alguna vez que en el Parlamento había más rebaño que diputados?—Bueno, en el Parlamento hay diferentes grupos parlamentarios, cada uno con iniciativas diferentes. La disparidad de criterios es la esencia de la democracia. Es lógico que el abanico parlamentario sea igual que el abanico de la sociedad. Cada grupo tiene una forma de manifestarse diferente. Algunos, de una forma más vehemente y otros con mayor cortesía parlamentaria. A cada uno yo tengo que darle su sitio, que es lo que he intentado durante estos cuatro años. Si lo he conseguido, ha sido con muchísimo trabajo y si no, porque con alguno he tenido alguna que otra frase poco acertada, pues pido disculpas. No me importó nunca pedir disculpas cuando cuando me he equivocado. «Cuando alguien intenta aparentar lo que no es, la gente, que no es tonta, se da cuenta. Yo soy como soy»—¿Con que equivocación le ha dolido más la cabeza?—Alguna vez me he visto bloqueado ante la vehemencia parlamentaria y ves que no es acertado no dar la palabra en un momento determinado o no haber sido un poquito más drástico a la hora de llamar al orden a sus señorías. Alguna vez hasta con el micro abierto. Soy un poco desastre con esto y me han salido frases como «porque me da la gana» o alguna otra. He intentado que los grupos parlamentarios no vieran un presidente muy sesgado hacia el grupo que lo sustenta, en este caso el PP, y ser justo. Si lo he conseguido bien y si no lo he conseguido, me disculpo. —Mandó a «comprarse un mono» a una diputada por derramar arena en el escaño de Juanma Moreno en pleno debate sobre Doñana. ¿La política actual se ha contagiado en exceso del espectáculo y las redes sociales?—La política actual es un reflejo de la sociedad, que está más en la foto para meterla en el Twitter o el Instagram. Lo que se buscaba con echar arena en el escaño del presidente era el momento y ganarse su minuto de gloria. Utilicé una frase que no había usado en mi vida y viene de la época romana, de las mujeres que se compraban un mono y lo vestían para pasearlo por el foro. Me salió quizás fruto de del nerviosismo propio de un acto que lo veía totalmente absurdo, como manchar un escaño con arena.—Como médico, ¿le ha resultado más difícil curar la crispación política que una pandemia?—La pandemia fue una intensidad de trabajo espectacular. Empezábamos a las 6.30 horas y no parábamos hasta bien entrada la noche. Había que tomar muchísimas decisiones en poco espacio de tiempo intentando salvar el máximo de vidas. Lo expliqué muchas veces. Te ponías a puerta gayola y salía un Miura y tú no sabías por dónde entraba. Si por la derecha, por la izquierda, por el centro. Era muy, muy difícil tomar decisiones en tan poco espacio de tiempo. Ahora en el Parlamento hay un ambiente de crispación, pero es más de toreo de salón. Sé perfectamente cómo actuar con cada grupo en los plenos. Ellos exponen su discrepancia, su vehemencia, yo le doy su espacio y cuando llega ya mi turno otra vez, digo «el siguiente». «En el Parlamento andaluz hay un ambiente de crispación, pero es más de toreo de salón» Jesús Aguirre Senador y expresidente de la Cámara—¿Qué necesita hoy la sanidad pública andaluza: una intervención ambulatoria o cirugía mayor?—El sistema está enfocado a una población con una edad media joven y poco demandante. Ahora mismo, estamos con una población de una edad media alta, multipatológica y muy demandante. El modelo sanitario hay que cambiarlo. El consejero de Salud, Antonio Sanz, lo sabe perfectamente y por eso el presidente va a poner en marcha un grupo de trabajo para hacer grandes medidas no coyunturales, sino estructurales. Hay que hacerlo porque ha habido una evolución en 40 años. La gente antes se moría. Ahora lo se cronifican las patologías. Eso tiene un coste tanto desde el punto de vista del personal sanitario altísimo. Pero gracias a eso vivimos mejor. Yo siempre digo que gracias a una cosa redondita y chiquitita que se llama píldora, vivimos más años y mejor. Yo tengo 70 años, juego al pádel tres veces a la semana, me muevo. El otro día un grupo parlamentario me dijo «te vas con la edad que tienes…» Ese edadismo me molesta muchísimo. Yo tengo una actividad espectacular y lo que quiero es seguir trabajando. Soy funcionario del Estado desde el año 1979. Me podía haber jubilado con 60 años, con el 100% [de la pensión], como ha hecho mi mujer, que es médico. Pero sé lo que puedo aportar todavía a la sociedad. Me voy al Senado y a Jesús Aguirre, el que lo conoce sabe que se mete en todos los charcos, igual que he hecho toda mi vida. Me meteré en los charcos y seguiré con una actividad frenética en beneficio de Andalucía.—El Senado carga con la fama de ser como una especie de retiro dorado de políticos, ¿cómo va a demostrar que no llega allí ni para jubilarse?—El Senado tiene tres plenos al mes y el Parlamento, dos. El Senado ha buscado un nicho que lo ha perdido en parte el Congreso, que ha pasado a tener menos relevancia. Yo pienso participar activamente. Cuando yo llegué a este Parlamento me decían: «Bueno, cuatro años tranquilo». La transformación digital que hemos hecho aquí ha sido espectacular. Tengo todo metido en obras, hemos hecho una relación de puestos de trabajo de cara a los próximos años… Yo no vengo [al Senado] para no hacer nada. Para no hacer nada, me voy a mi casa de jubilado y no tengo ningún problema, ni en mi familia tengo ningún problema. A mí es que me va la marcha. Me estoy intentando concienciar diciéndome «Jesús, piano, piano, tranquilo». Pero yo me conozco. A mi mujer le digo «a partir de ahora, mami, verás cómo voy a estar más contigo». Y mujer se pone «otro que no te conozca, que te compre». Sabe que si no, para eso me voy a mi casa.—¿De verdad esperaba que su segundo mandato fuera tan breve?—Yo esperaba que fuera breve. Había puesto ya a mi cargo [a disposición] del presidente. Sabía que uno de los temas que se iba a negociar con Vox era la Presidencia del Parlamento. Tengo 70 años. Es un cambio lógico que entre Ana Maestre, que lleva cuatro años a mi derecha y sabe perfectamente cómo controlar el Parlamento. Esta mañana [el pasado lunes] he estado planificando todo de aquí hasta diciembre. El Parlamento me tendrá para lo que quiera.—¿Qué consejo, sin tecnicismos y hablando «en cristiano», le ha dado a su sucesora, Ana Mestre?—Sobre todo, cordura y paciencia. A cada uno hay que darle su sitio y conocer la personalidad de cada portavoz. Viendo la proposición de ley o la comparecencia de quién es, yo sé cuál me va a dar algún quebradero de cabeza y quién no. Esto hay que estudiarlo e ir preparado. RSS de noticias de espana/andalucia
Noticias Similares
